MI PADRE VIVIÓ DE VERDAD HASTA EL ÚLTIMO DÍA

 

ESE DIA FUE EL PRIMERO DE SU NUEVA VIDA

 

La última semana de Septiembre de 2006 diagnosticaron a mi padre (81 años) un cáncer de estómago. En mi familia siempre se ha hablado claro y con la verdad por delante, así que desde antes de tener el diagnóstico ya íbamos viendo todos que la cosa no iba bien, incluido él.

Cuando se confirmó lo que era y los médicos propusieron la cirugía, también le informaron muy detenidamente y con mucha claridad a la par que delicadeza (sí, eso se puede hacer, poniendo un poco de cuidado), de las complicaciones a las que se exponía, si se operaba, y del pronóstico ineludible de muerte, si no se operaba. Nadie de la familia quiso hablar con los médicos sin él delante. Él estuvo seguro siempre de que nadie le engañaba y por eso podíamos hablar francamente y sin temor.

Mi padre ha sido montañero, un enamorado de la naturaleza y siempre ha sido consciente de que no vamos a estar aquí siempre. Ahora le tocaba tomar una decisión, una de las más importantes de su vida, y se puso a valorar todo con gran sentido común. Su razonamiento final fue: He vivido más de 80 años sano, en algún momento el cuerpo ha de romper por algún lado y a mí me interesa mas vivir lo que reste con calidad, que vivir más y más, sea como sea. Decidió no operarse y dejarse de hospitales, tratamientos, sondas, ambulancias para acá y para allá, Urgencias, UVIS, etc. Una parte muy importante de la dignidad de los enfermos consiste en que tomen sus propias decisiones sobre lo que les proponen sin que NADIE les imponga lo que hay que hacer.

Tanto mi padre como mi madre tenían firmado un Documento de instrucciones previas hacía 4 años. Entonces lo tenían superclaro, pero ahora no era ni en frío ni para después, ahora era YA. No fue una decisión rápida ni inconsciente ni fácil. El salmo de ese día era el 88: "Lamento en la extrema aflicción” ¡Fíjate!

Mi madre, mi hermano y yo, le habríamos apoyado si hubiera tomado otra decisión, pero decidió ésta y también le apoyamos. Él quería seguir en su habitación de la residencia donde vivió los últimos cuatro años, compartiéndola con su esposa y teniendo las visitas de sus hijos y amigos. El mes de Octubre lo pasó bastante bien y aprovechó para organizar sus cuentas del banco, "arreglar sus asuntos" (Salmo 112) y dejarlo todo preparado. Mi amiga Juani me prestó su apartamento en el pueblo de al lado en una Urbanización llamada Cumbres, fíjate, se llama igual que el club de montaña que mi padre fundó en su juventud. A él le emocionó este detalle y quiso ir a visitarlo. Le encantaron los pinos de la terraza. Yo me había pedido un permiso en el trabajo para poder estar al tanto, así que el apartamento fue un auténtico regalo. Me ahorró 100 Km. de ida y 100 de vuelta diarios a casa o un alquiler de otro sitio. El compartir de los hermanos no es sólo bla bla bla. También me llevé un par de libros, uno de ellos "La rueda de la vida" de Elizabeth Kübler Ross. Esta psiquiatra escribió sobre la muerte y los moribundos. (Ya que estamos en ello, vamos hasta el fondo. Varias de sus claves me sirvieron).

A primeros de Noviembre tuvo un episodio de sangrado del que se recuperó, ya no le apetecía comer, se encontraba cada vez más flojo y un día decidió que, si volvía a ponerse muy malo, no quería ni siquiera un suero. Era el momento de los cuidados paliativos.

En la residencia no entendían muy bien qué era eso de no querer operarse y sólo querer atención paliativa. Uno de los médicos estaba muy  enterado y fue magnífico, pero no estaba siempre. A los otros no les parecía bien que estuviera en su habitación, deteriorándose poco a poco. Quizás pensaban que estaba desasistido. No entendían que él estaba eligiendo su propio proceso y que ellos estaban obligados a respetarlo. La situación se puso muy tensa, con comentarios como: "No está en su casa, está institucionalizado así que es responsabilidad de la residencia", "Nosotros no vamos a entrar en vuestro juego", "No sabemos cómo está atendido y, si no va al comedor, tendrá que ingresar en la clínica, porque así lo dicen los estatutos". De tal forma estaba el panorama que yo empecé a buscar otras opciones por si había que irse de allí. No estábamos dispuestos a renunciar al derecho de mi padre a poder elegir. La ley  3/2005, de 23 de mayo, estaba de nuestra parte. Puse en marcha todos mis contactos: compañeros de trabajo, amigos y sobre todo la comunidad que funcionaron estupendamente, ya teníamos un plan B, pero dos cosas me indicaron el mejor camino: Una fue lo que me dijo Pilar Arranz del Instituto ANTAE:  "No pierdas de vista el objetivo. El objetivo es tu padre". Me puse en su lugar: Claro, probablemente lo último que le apetece es andar cambiando de residencia a estas alturas, por muy enfadados que nos tuvieran.

La otra cosa fue la lectura de ese domingo que hablaba de que los caminos se allanarían y las colinas serían rebajadas. No dudé de que eso sería  así, pero en concreto ¿cómo? Paré, respiré y pensé que por algo estaba allí y no en otro lado y que quizás este proceso le sirviera al director, al médico y a otros para comprender que se puede llevar una enfermedad terminal de esta forma. Ellos tenían una ocasión de formación en vivo y en directo (y además gratis), y jugaríamos esa baza. (Nadie nace enseñado).

De nuevo, mi madre mi hermano y yo estuvimos de acuerdo en intentar reconducir la situación.

Pilar también me puso en contacto con el ESAD (Equipo de Soporte de Atención Domiciliaria),  los que llevan cuidados paliativos hasta la cabecera de tu cama. En el Área 8 habían empezado a trabajar justo el día 1 de Diciembre. ¡Fíjate! Hablé con ellos directamente, aunque la vía de acceso normal es a través del médico de cabecera. Decidimos esperar unos días para que fuera el médico el que les llamara. Pasó Nochebuena y  Navidad. Estaba muy dormido, aunque consciente cuando despertaba. El día 26 por la mañana estaba yo pensando qué hacer, si llamar otra vez yo al ESAD  o al médico, que quería alimentarle a toda costa, llevarle a la clínica, etc. Mientras desayunaba y pensaba, me llamó Carmen, ¡la Dra. del ESAD!, ¡Fíjate!, para preguntar qué tal... (El Espíritu siempre a punto). Nos pusimos en marcha y ese mismo día le visitaron. Coincidió que también estaba esa mañana allí mi hermano. ¡Fíjate! Hicieron el plan y nos dejaron la medicación. Le enseñaron a mi madre, como cuidadora principal, a ponerle la medicación de forma fácil y segura. Allí estaba también el médico y la enfermera de la residencia que se quedaron pasmados con el plan y fueron entrando poco a poco. Ya teníamos a todos de nuestra parte. El director no dijo ni mú. Dos días después volvió a visitarle el ESAD para comprobar que todo funcionaba.

Mi padre les dijo ese día que él estaba siendo un pionero y que muchos podrían aprovecharse de este proceso suyo. A él le hubiera gustado donar sus órganos pero con su diagnóstico no fue posible. Lo que si estaba haciendo era donar su proceso para otros. Eso le sostenía,  le fortalecía y le daba sentido a los últimos días. Les deseó muchos éxitos en su nueva actividad que comenzaban. Les entregamos un libro de Fidel Delgado "Saber cuidarse para poder cuidar" en agradecimiento. Fue realmente muy emocionante. De esta manera, sin dolor (ni suyo, ni nuestro), llegamos a Nochevieja. Estuvo sentado en el sillón, como un Señor, viendo la San Silvestre vallecana y acompañándonos a mi hermano, mi madre y yo mientras cenábamos. Estaba que se caía el pobre, pero hizo un esfuerzo de campeón de maratón y aguantó sentado un buen rato. Al día siguiente, Año Nuevo, ya estuvo inconsciente todo el día. Pasé la noche con ellos y a las 8 h del día 2 simplemente dejó de respirar.

Todo fue solucionándose fácil y de una forma íntima y entrañable. (Era muy buena hora y en día laborable ¡un detalle de caballero!). Él había donado su cadáver a la Facultad de Medicina. La secretaria de la Facultad con la que hablé tiene una casa cerca de allí y conocía la residencia... ¡Fíjate! Al recoger las cosas del apartamento de Juani aproveché para hacer una oración. Me encontré el salmo 95: "El Señor es un Dios grande, suyas son las CUMBRES de los montes" ¡Seguro que lo has pillado! También decía: "Ojalá escucharais hoy su voz, no endurezcáis el corazón".

Mi madre dice ahora que le gusta pensar que aún está sirviendo para algo útil, y que seguirá sirviendo en el futuro, que es como si siguiera estando por aquí.

Mi padre no era creyente, pero todos hemos jugado en su campo, cada uno desde nuestra creencia sin imponer nuestros valores y pensando más en sus necesidades que en lo que cada uno haría, si se tratara de nosotros. Se trataba de él. No quería ver a un cura ni en pintura. Yo, como creyente, he encontrado fortaleza en la comunidad y en la Palabra que tanto con lecturas como con señales (y ha habido unas cuantas), me ha ido indicando el camino sin perder la paz ni la alegría. Como dice Fidel, el del libro: "Dichoso el Humor balsámico que contiene ternura fresca y confianza madura: hace digerible y hasta nutritivo lo duro de la vida que hay que tragar sin remedio" No he tenido problema en no encasquetarle lo mío. Total, yo ya se que es un Dios más grande que nuestras entendederas y dudo que haya habido otro enfermo más ungido que él.

El día de Reyes celebramos en la comunidad la Resurrección de mi padre. Si te fijas, montones de detalles indican que está ya en la Vida Nueva pero el colmo fue su regalo de Reyes. Ángeles Ramos (buen nombre el de esta mujer) había estado el DIA 2 con Fidel Delgado y me traía uno de sus libros para mí. De señal en señal, quizás sea una ayuda en el futuro.

Es lógico, como todo el mundo sabe, "los Reyes son los Padres y Padre solo hay uno".

 

Almudena,  2-1-07

 

Ver también: Dejarse llevar