USTEDES ESTABAN CON NOSOTROS

 

Hubiera querido que el corazón se serenara un poco más antes de sentarme a escribir; es imposible. Hay tantos recuerdos que se agolpan en mi cabeza en una alegre y emocionada danza y me dicen que es cierto, que se podía soñar, que era necesario para poder ir siempre hacia delante, para llegar a algún sitio, para cambiar las cosas…

 

Ayer, 3 de febrero, para todos nosotros fue un día de fiesta. Quien no nos conoce, o quien no ha compartido nunca nuestra vida, no comprendería que “la boca se nos llenara de risas y la lengua de cantares” (sal. 126), pero es que ante nuestros asombrados ojos - ¡por fin!- se alzaban los primeros edificios, ya terminados, de la Ciudad de la Esperanza. Y así, lo que cuando empezó la aventura de Comunidad Esperanza, era algo lejano, algo en lo que se pensaba incluso con temor, ha comenzado a ser realidad.

 

Fue un acto muy sencillo, muy breve, pero de un profundo significado. Con nosotros estaban todos los chicos que hacen ya parte de nuestra vida: aquellos con quienes desde un principio hemos caminado, y aquellos otros que se han ido agregando año con año*.  De pronto nos damos cuenta de que somos una gran familia, que ya no es la locura de uno solo; que somos tantos sumando talentos, fatigas, ambiciones, esfuerzos, ilusiones; que nos une esa misteriosa corriente del amor hecho esperanza, de la esperanza hecha trabajo, del trabajo hecho vida.

 

Allí estaban ellos, precisamente ellos, los que inspiraron todo esto. ¿Se imaginan al Conejo y a Irma, vestidos como para un día de fiesta, dejada a un lado la fatiga del trabajo en el basurero, izando por primera vez la bandera de Guatemala en la Ciudad de la Esperanza? No es porque no lo hubiera podido hacer otra persona; tampoco que fuera necesario hacerlo; pero el que fueran ellos, era una manera de reconocer a todos los chicos y chicas del basurero, su esfuerzo, su dignidad, su derecho a una vida distinta, su derecho a construir un sueño. Yo no me lo podía creer. ¿Se imaginan a toda la comunidad, unida en oración para darle gracias a Dios en un momento en el que no contaban para nada las diferencias de tipo religioso, ni las culturales, ni las sociales? Todos nos sentíamos hijos de Dios, y éramos un solo corazón y un solo espíritu: signo diminuto de ese tiempo nuevo que todos soñamos para el mundo.

 

Uno a uno, los grupos fueron llevando sus ofrendas: libros, luz, agua, basura, tortillas… todo lo que hace parte de nuestra vida cotidiana. Y en cada ofrenda, la historia de tantas vidas que quieren levantarse.

 

Pero no estábamos solos: ustedes estaban con nosotros. Sus rostros, su afecto sincero, el amor que han venido a dejar en este pequeño rincón del mundo, el amor que en la distancia nos ha mantenido tan unidos. Ustedes estaban con nosotros, en nuestras palabras, en nuestro canto, en nuestra oración conmovida. Pedimos al Dios de la Vida, al Dios Padre-Madre, que les llene de su paz y de sus bendiciones y le dimos gracias por haberles puesto a nuestro lado.

 

Mañana será otro día; hay que seguir caminando, hay que seguir luchando. Estamos seguros de que ustedes estarán con nosotros.

 

Sergio, desde Guatemala, para APROEDI

 

 

* El 2007 nos ha encontrado con nuevas experiencias en marcha: 1er. año de primaria, alfabetización y primaria acelerada, niños en tutorías, ciclo básico (ESO) y 4to. Bachillerato. Un promedio de 230 niños.