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Misión Abierta, enero 2000 LA COMUNIDAD DE AYALA Es una pedagogía de la escucha de la Palabra de Dios que se hace acontecimiento; una pedagogía de la relación, de la comunicación, del grupo. La Comunidad de Ayala nace en 1973 en la parroquia del Cristo de la Salud (c/Ayala,12) de Madrid. Así pues, ha cumplido ya 25 años de existencia. Un pequeño grupo de creyentes, insatisfechos del cristianismo convencional, buscábamos vivir hoy la renovación profunda de una Iglesia, que -siendo vieja y estéril- podía volver a ser fecunda. Empezamos por una reunión quincenal en torno a la Biblia (unos meses), seguimos con la orientación neocatecumenal (año y medio), hicimos una revisión que nos parecía necesaria y seguimos después por propia cuenta. Para entonces, abril de 1975, teníamos ya la síntesis de fe del catecismo "Con vosotros está", que se ha ido transformando poco a poco en nuestro "Proyecto catecumenal". Siguiendo la orientación del Concilio Vaticano II, la comunidad quiere volver a las fuentes y establecer un diálogo evangelizador con el mundo de hoy. Se inspira en el modelo de las primeras comunidades (Hch 2,42-47) y uno de sus objetivos es promover la reconstrucción del tejido comunitario de la Iglesia, mediante la creación de comunidades vivas en diversos medios y ambientes. "Levantaré la tienda" (Hch 15,16), dice una de nuestras canciones. En parroquias, colegios y casas: no importa el lugar. Lo que importa es que se cumpla la palabra del Señor que dice: "Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt 18,20). Dios habla hoy El proceso de evangelización que llevamos adelante recoge la definición más antigua de catequista: "el que instruye en la Palabra" (Ga 6,6) al discípulo o catecúmeno. Conecta, por tanto, con esta experiencia fundamental: Dios habla hoy. Y se pone al servicio de ella. En la Biblia, el mayor problema religioso del hombre no está en si Dios existe o no existe, sino en si Dios habla o no. Para quien le busca, quizá a tientas (Hch 17,27), la respuesta no está en las nubes de los razonamientos teóricos. La respuesta es la experiencia de fe, como escucha de la Palabra de Dios en el fondo de la historia. Lo dijo Pablo VI: "En el fondo ¿hay otra forma de evangelizar que no sea el comunicar a otro la propia experiencia de fe" (EN 46). La semilla que produce fruto Al propio tiempo, procuramos mantener viva la inspiración catecumenal. El proceso de evangelización (por el que una persona comienza a creer de forma personal y comunitaria) se realiza poco a poco, por etapas, que (sin rigidez, con flexibilidad) pueden ser promovidas, discernidas y celebradas. En efecto, el proceso catecumenal tiene unas etapas, que están ya en el evangelio y que es preciso identificar. Comienza con el primer anuncio de la experiencia de fe (siembra de la Palabra) y se cumple de forma básica y fundamental en la catequesis (crecimiento y maduración que produce fruto).
La relación que se da entre este primer anuncio del evangelio y
la catequesis (de inspiración catecumenal) es profunda, como es
profunda la relación que se da entre el grano y la espiga, la semilla
y el fruto. Es la parábola del sembrador (Mc 4,1-20). La catequesis,
para bautizados o para quienes se preparan a recibir el bautismo, implica
una entrega viva del evangelio a los hombres y mujeres de nuestro tiempo.
Este concepto renovado de catequesis puede verse más ampliamente
Lo que pasa en la reunión Todo el proceso de evangelización pasa por la reunión catecumenal. O comunitaria: no podemos olvidar que el lugar original de la catequesis es la reunión de la comunidad. San Pablo consideró importante lo que pasa en ella. Por eso escribe a la comunidad de Corinto: "Cuando os reunís, cada cual puede tener un salmo, una instrucción, una revelación, un discurso en lengua, una interpretación; pero que todo sea para edificación" (1 Co 14,26). Una cosa que es siempre importante: acoger las cuestiones y las situaciones de los miembros del grupo. Así, por ejemplo, en el encuentro de Pedro y Cornelio se asume el interrogante: "¿Por qué motivo me habéis enviado a llamar?" (Hch 10,29). Esto supuesto, con la adaptación necesaria en cada caso, utilizamos el esquema de reunión que Pablo propone a la comunidad de Corinto. En él se conjugan diversos elementos: oración (a partir de aquello que se está viviendo); enseñanza (de la Palabra de Dios, recogida en la Escritura y en la Tradición viva de la Iglesia); revelación (escucha de la Palabra de Dios dicha hoy en una situación concreta); discurso en lengua (comunicación realizada en otros lenguajes que necesitan interpretación para que puedan ser entendidos). También utilizamos el siguiente esquema, semejante al de "ver, juzgar, actuar": información (de lo más importante, acontecido desde la última reunión); escucha de la Palabra (dicha ya o dicha hoy); oración (desde lo escuchado, desde lo vivido, con un salmo, con propias palabras, con una canción); acción, que brota de la escucha de la Palabra de Dios en una situación concreta (Lc 8,21;Sant 1,22). No todos los elementos se dan en todas las reuniones ni tampoco se dan necesariamente todos desde el principio. Así, por ejemplo, a petición de uno de sus discípulos, Jesús les enseña a orar (Lc 11,1). Es fundamental la participación, la comunicación, realizada libremente al nivel que cada uno quiera expresarse. Conviene recordar que, originalmente, homilía significa conversación. No es un monólogo, sino un diálogo. ¿Y si hay silencio? Hay que ver lo que significa. Puede significar bloqueo, tensión, falta de comunicación, pero también reflexión, escucha, contemplación. En muchos casos, en el silencio se gesta la Palabra. Pedagogía catecumenal He aquí algunas claves más importantes. Es una pedagogía de la escucha de la Palabra de Dios que se hace acontecimiento. Es una pedagogía de la relación, de la comunicación, del grupo. De la experiencia humana común y de la experiencia de fe. De la información y documentación necesarias (datos objetivos: doctrinales, científicos, jurídicos, etc.). Del discernimiento personal, comunitario, pastoral. De la acción: compromiso, testimonio, liberación. De la confesión de fe, recapitulada en el símbolo de la fe. De la oración, como conversación con un Dios que habla. De la celebración de la fe, es decir, de la Palabra de Dios cumplida en los acontecimientos. Es muy importante el papel de quien lleva el grupo, de quien instruye en la Palabra. Su función es la de ser guía. Cuando Felipe oye al eunuco leer al profeta Isaías, le dice: ¿Entiendes lo que vas leyendo? Le contesta: ¿Cómo lo puedo entender si nadie me hace de guía? Felipe le orienta no sólo en el sentido de las Escrituras, sino también en el sentido de los acontecimientos. Todo lo que ha sucedido ese día tiene una clave: la Buena Nueva de Jesús (Hch 8,30-35). Grupo, comunidad, asociación Desde su fundación en 1973, la organización de la comunidad se ha ido configurando poco a poco, respondiendo a las necesidades de cada momento. Actualmente, presenta tres niveles: el grupo, la comunidad, la asociación. El grupo (de unas 15-20 personas) facilita la acogida, la maduración en la fe, el proceso de evangelización, el proceso de inspiración catecumenal; transmite esa enseñanza especial que le lleva al discípulo a comprender los misterios del Reino de Dios (Mc 4,10-12). Tiene también una función de catequesis permanente para aquellos que han terminado el proceso catecumenal; en realidad, es preciso "profundizar, consolidar, alimentar y hacer cada día más madura la fe", pues, de otro modo, corre el riesgo de "morir por asfixia o por inanición" (EN 54;ver CT 43). Se trata de promover siempre la madurez cristiana "a fin de que en los acontecimientos mismos, grandes o pequeños, (todos) puedan ver claramente qué exige la realidad y cuál es la voluntad de Dios" (PO 6). El grupo facilita la participación, la relación de fraternidad, la comunicación de experiencia de fe. En general, el grupo se reúne una vez por semana y está orientado por dos o tres personas que ya han vivido el proceso catecumenal y que pueden ayudar a otros, siguiendo el proceso personal de cada uno. El grupo, como la comunidad y la asociación, está siempre abierto a la incorporación de nuevos miembros. La comunidad (unas 300 personas) se reúne los sábados al atardecer para la celebración de la Eucaristía. Es una celebración participada, que puede durar dos horas y media. Seguimos el esquema litúrgico, facilitando la participación de todos, como dice el Concilio, "por medio de una celebración plena, activa, y comunitaria" (SC 21). Los miércoles tenemos una reunión, de inspiración catecumenal, en la que participan principalmente quienes llevan los grupos: no sólo es escuela, sino espacio donde se comparte una misión, como hacen aquellos setenta y dos discípulos enviados por Jesús a hacer discípulos (Lc 10,1). Además, siempre que hace falta, tenemos otras reuniones más pequeñas para abordar problemas concretos o para hacerlo a determinado nivel. En 1987 nos constituimos en asociación, reconocida eclesial y civilmente (c/Saliente,1. Madrid). Esto ha dado asentamiento a la acción evangelizadora que estamos desarrollando. Al propio tiempo, señala el horizonte en el que desemboca el proceso catecumenal: asociados para evangelizar. La asociación está dirigida por un consejo rector, elegido cada tres años por la asamblea general. Cada año tenemos una asamblea ordinaria, en la que se presenta la memoria del año y, también, el tema económico (balance y presupuesto). Asimismo, cada año tenemos dos asambleas extraordinarias, en las que celebramos la incorporación de nuevos asociados. Tras discernimiento personal, comunitario y pastoral, celebramos la historia personal que lleva al nuevo asociado a esa opción adulta de fe, por la que participa de la misión evangelizadora de la Iglesia. Esa opción manifiesta lo que significa el bautismo llevado a su madurez. Actualmente son más de cien los grupos promovidos por la Asociación Comunidad de Ayala. La Asociación tiene también proyección fuera de Madrid: la Asociación Comunidad del Puerto (Tenerife), la Asociación Comunidad de la Palabra (Gran Canaria), la Asociación Con vosotros está (Córdoba), la Asociación Comunidad de la Alianza (Nápoles) y los grupos de Cuenca, Guadalajara, Murcia, Vigo, Barcelona, León, Burgos, Toledo, Avila, Segovia, Lisboa, Londres, Maputo (Mozambique), Pinar del Río (Cuba), Santiago de Chile... Fundación Betesda, Residencia Belisana La Fundación Betesda y la Residencia Belisana (para disminuidos psíquicos no gravemente afectados) son fruto de la dimensión social del Evangelio, vivido en comunidad y en relación con los problemas de nuestra sociedad. Uno de ellos es la vivienda, sobre todo cuando faltan los padres, y el desarrollo integral de los minusválidos psíquicos. La Asociación Comunidad de Ayala asumió este problema que encontró dentro de sus propios grupos (también fuera), problema que no está resuelto en nuestra sociedad y que desborda y angustia a muchas familias. La Fundación Betesda, titular de la Residencia, quedó constituida el 30 de diciembre de 1994. También ese mismo día se constituyó la Asociación de Padres y Tutores Los Olivos. Como detalle, nos llamó la atención la viñeta que en "El País" se publicó ese día. Decía: "Quedan ustedes invitados a panes y peces". No sabemos exactamente qué se quería decir con eso. A nosotros nos resultó muy significativo, porque el proyecto se estaba haciendo posible por el compartir de la comunidad y estábamos viviendo el pasaje evangélico de la multiplicación de panes. Ahora podemos decir que lo compartido ha sido multiplicado por la aportación de muchas personas, de las familias afectadas y de diversas instituciones. Pusimos la primera piedra el 4 de octubre del 96 y la edificación se terminó en trece meses. Después vino el equipamiento y la puesta en marcha, que ha tenido lugar en el pasado mes de marzo, en torno a la fiesta de San José. La Residencia está situada en la calle Belisana, nº 22, de Madrid. Hemos celebrado la inauguración oficial el 25 de octubre. El salmo propio del día lo decía todo: "Padre de huérfanos, protector de viudas, Dios vive en su santa morada, Dios prepara casa a los desvalidos" (Sal 68,6-7). El nombre de la Fundación está tomado del pasaje evangélico de la curación del paralítico en la piscina de Betesda (Jn 5): el paralítico (minusválido) necesita de una mano que le meta en la piscina para ser curado y lograr la mayor autonomía posible. Jesús
López Sáez
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Misión Abierta, Septiembre 1999 Entrevista a Jesús López (por Bonifacio Fernández) 1. ¿Qué personas han influido más en su vida de creyente y en su creatividad pastoral?
2. Cuéntenos algunas de las mayores alegrías de su vida y de su ministerio pastoral en la actualidad. Son muchas dentro de una familia tan amplia como es la comunidad. Contaré algunas. Por ejemplo, ésta: acabamos de poner en marcha una residencia para disminuidos psíquicos no gravemente afectados (Residencia Belisana, Fundación Betesda), que se ha hecho posible gracias al compartir de la comunidad, de las familias afectadas y de diversas instituciones. Somos testigos de que el Señor ha multiplicado nuestros panes, pues el proyecto nos desbordaba totalmente. Asímismo, hemos celebrado recientemente la incorporación de nuevos asociados a la tarea de evangelizar, tras un proceso de maduración en la fe. He aquí el testimonio de Encarna, estudiante de periodismo: "Quién me iba a decir a mí que hoy iba a estar donde estoy y como estoy. Escuchar la Palabra me vino bien, pero me costó un gran esfuerzo entenderla y ponerla en práctica; yo he visto en todo este tiempo situaciones tremendas que se viven de manera diferente gracias a esa escucha. Una escucha que yo he integrado en mi vida y de por vida; una escucha abierta y permisiva; una escucha compatible con el resto de fórmulas de vida; una escucha que responsabiliza, que compensa y que recompone". 3. ¿Cómo suele Usted hablar de Dios en este año del Padre? Como siempre, con confianza, de un Padre que nos ama, nos trata como a hijos, nos habla de muchas maneras, nos manifiesta quién es por medio de Cristo, nos invita a una fraternidad universal. Y está con nosotros no sólo al principio, sino también al final. 4. ¿Cómo ha ido descubriendo la dimensión comunitaria de la existencia cristiana que ha cristalizado en la experiencia de Ayala? Cuando tomé la decisión de ordenarme, en Roma hace ahora treinta años, me puse al servicio de la Iglesia, de una Iglesia que necesitaba renovarse, ser comunidad, volver a los Hechos de los Apóstoles. Las dificultades eran enormes, para muchos todavía no había llegado la hora. Desde el principio, fui dando prioridad a lo que -de uno u otro modo- tuviera que ver con grupos y comunidades. Y desde esta clave, mientras completaba estudios de Psicología en Madrid, acepté la oportunidad de colaborar con la parroquia del Cristo de la Salud, en la calle Ayala. En esta parroquia, un pequeño grupo de creyentes, insatisfechos del cristianismo convencional, buscábamos -en la experiencia de las primeras comunidades cristianas- vivir hoy la renovación profunda de una Iglesia, que -siendo vieja y estéril- podía volver a ser fecunda. Empezamos por un grupo en torno a la Biblia (unos meses), seguimos después con la orientación neocatecumenal (año y medio), hicimos una revisión que nos parecía necesaria y seguimos después por propia cuenta. Para entonces, teníamos ya la síntesis de fe del catecismo "Con vosotros está". Hemos ido poco a poco, por aproximaciones sucesivas, pero ahora, veinticinco años después, podemos decir que no hemos quedado defraudados. En 1987 nos constituimos en Asociación, reconocida eclesial y civilmente (c/ Saliente,1). Actualmente, estamos animando en Madrid más de cien grupos en parroquias, colegios y casas. La Asociación tiene también proyección fuera de Madrid: la Asociación Comunidad del Puerto (Tenerife), la Asociación Comunidad de la Palabra (Gran Canaria), la Asociación Con vosotros está (Córdoba). El rumbo de la comunidad se ha ido definiendo mediante la escucha asidua de la Palabra de Dios en el fondo de los acontecimientos personales, sociales y eclesiales. Ha sido fundamental la comunicación de la propia experiencia de fe de quienes llevábamos el catecumenado, que poco a poco se iba convirtiendo en comunidad. También lo ha sido la revisión continua del proceso a seguir, así como el contacto con otros grupos, en numerosos cursillos y encuentros. 5. ¿Cómo enfoca concretamente la lectura y meditación de la Palabra de Dios en sus catequesis? Con la adaptación necesaria en cada caso, solemos utilizar el esquema de reunión que Pablo propone a la comunidad de Corinto: "Cuando os reunís, cada cual puede tener un salmo, una instrucción, una revelación, un discurso en lengua, una interpretación" (1 Co 14,26). También utilizamos este otro esquema, que es semejante: información de lo más importante, acontecido desde la última reunión; escucha de la Palabra de Dios, dicha ya (instrucción) o dicha hoy (en los diversos acontecimientos y situaciones); oración desde lo escuchado, desde lo vivido, con un salmo, con propias palabras, en el espíritu del Padre nuestro; acción, que brota de la Palabra escuchada. 6. ¿Qué es lo más positivo que ve en nuestra sociedad secular, democrática desde la perspectiva de la evangelización? Es la situación normal, anunciar el evangelio en medio de la libertad y no desde situaciones de privilegio ni por procedimientos (patentes o latentes) de coacción. Además, hay que destacar la progresiva toma de conciencia del respeto a la dignidad y derechos del hombre, así como de la necesidad de resolver los problemas sociales y políticos por vías pacíficas, no por la fuerza. 7. ¿Qué ideas y orientaciones básicas del Concilio Vaticano II están todavía pendientes de desarrollo, según su visión, o están siendo abandonadas? El objetivo fundamental del Concilio, "devolver al rostro de la Iglesia de Cristo todo su esplendor, revelando los rasgos más puros y simples de su origen" (Juan XXIII), a pesar de todos los esfuerzos y logros (al menos, a gran escala) no ha sido aún asimilado y aplicado suficientemente. Se ha dicho acertadamente que "la aparición de las pequeñas comunidades es la manifestación más importante de la recepción y realización del Concilio en la Iglesia" (J.Losada). Esto supuesto, he aquí algunas orientaciones básicas pendientes de desarrollo y de aplicación: la recuperación de la Palabra de Dios dicha hoy en las circunstancias ordinarias de la vida (DV); el diálogo evangelizador con el mundo de hoy (GS); la reconstrucción del tejido comunitario de la Iglesia, que es misterio de comunión vivido en comunidad (LG); la celebración renovada de la fe, fruto de una comunidad viva (SC); la restauración del proceso catecumenal como proceso de evangelización (AG); el diálogo ecuménico y la restauración de la unidad (UR). 8. ¿Cómo ve y juzga Usted la presencia de la Iglesia en nuestra sociedad? ¿Cree que ha encontrado su lugar propio y adecuado en la sociedad pluralista y secular? No termina de encontrar su lugar como comunidad que evangeliza en medio de la sociedad. En general, se sigue dando una ausencia alarmante de comunidades vivas. A pesar de los esfuerzos de renovación, subsiste el lastre de la vieja cristiandad. La vuelta a las fuentes se queda, en muchos casos, en una peregrinación medieval. 9. Desde su perspectiva de catequista y desde la experiencia de la comunidad de Ayala, ¿cuáles son las urgencias formativas de la Iglesia en España y especialmente de la formación de los seglares? Recuperar la dimensión actual de la Palabra de Dios en las situaciones concretas de la vida. Y recuperar, para bautizados o para quienes se preparan a recibir el bautismo, un tipo de catequesis (de inspiración catecumenal) que sea una entrega viva del evangelio y de todo el evangelio a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. 10. Desde su experiencia y observación, ¿cuáles son los logros pastorales más significativos y fecundos que ha conseguido la Iglesia de Dios en España en estos últimos años? Durante el posconcilio, quizá no tanto en estos últimos años, hay que destacar la progresiva toma de conciencia de que es preciso evangelizar a los bautizados, así como la floración (minoritaria) de grupos y comunidades, en los que se da una relación de fraternidad y se vive la experiencia del evangelio. Entre 1970 y 1984 se produce en la sociedad española un impresionante descenso del número de católicos practicantes: baja del 64 al 31%, para mantenerse durante estos años en torno al 30% (De Miguel,94-95). Si, además, nos preguntamos qué significa realmente esa práctica y quiénes la observan, hemos de valorar sobre todo aquello que intenta superar una pastoral que podría llamarse de conservación y de consumo. 11. ¿Qué dimensiones del evangelio le parece que son más difíciles de entender y aceptar por parte de la sociedad posmoderna y mediática de nuestro tiempo? Por ejemplo, la perspectiva cristiana del matrimonio, la necesidad de superar las grandes diferencias sociales, la denuncia de los nacionalismos absolutos, el anuncio profético de los caminos que conducen a la paz. 12. Se dice que los laicos sufren afonía en nuestra Iglesia y en nuestra sociedad, ¿qué pasos hay que seguir dando para continuar potenciando la vocación y misión de los cristianos laicos? La afonía es un mal endémico y estructural, propio de una Iglesia en situación de cristiandad. Arrastramos un déficit de evangelización que es secular: muchos son los bautizados, pocos los evangelizados. Es preciso reconstruir el tejido comunitario de la Iglesia, donde la gente pueda madurar en la fe, así como descubrir su vocación y su misión. 13. El Papa Juan Pablo II ha hablado de preparar el Jubileo del año 2000 mediante la conversión: dice que la Iglesia tiene que purificarse y arrepentirse de errores, infidelidades, incoherencias y retrasos, ¿cuáles habría que mencionar desde la perspectiva europea? En medio de una sociedad que envejece, no se ha hecho bien el anuncio de una paternidad responsable; en medio de una sociedad rica, no se ha superado generosamente el abismo social de la inmigración que se acerca a la mesa de Europa; en medio de una sociedad violenta, no se ha denunciado claramente la locura de los nacionalismos absolutos ni se ha anunciado proféticamente el camino que conduce a la paz. 14. ¿Qué actitudes básicas deben acentuar los evangelizadores de hoy y de mañana? Hablar desde la propia experiencia. Como dijo Pablo VI, ¿acaso hay otra forma de anunciar el evangelio que no sea el de comunicar a otro la propia experiencia de fe? Anunciar el evangelio en la debilidad de la libertad, vivirlo en comunidad, ofrecer al mundo de hoy las señales que liberan como algo que cualquiera puede oir y ver: "los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la buena nueva" (Mt 11,5). 15. ¿Qué sobra y qué falta en los procesos de iniciación y formación de los cristianos en nuestro país? Sobra
teoría, indoctrinación, divorcio entre fe y vida, anulación
de la Palabra de Dios, pastoral de consumo. Falta experiencia de fe, conciencia
de proceso, comunidad viva donde pueda desarrollarse el hombre nuevo nacido
del evangelio. No es el individuo, sino la comunidad quien puede evangelizar,
quien puede catequizar, quien puede celebrar. Es preciso levantar la tienda
caída (Hch 15,16), reconstruir el tejido comunitario de la Iglesia,
volver a las fuentes de las primeras comunidades, hacer ese viaje que
no viene en las agencias de peregrinación.
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Iglesia Nivariense Nº 2 Revista de la Diócesis de Tenerife (20 de mayo de 1999) LA COMUNIDAD DEL PUERTO: UNA ILUSIÓN VIVA Y RENOVADA |
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José Francisco Fariña González Presidente de la Asociación |
A través de una formación humana y cristiana, la Asociación del Puerto ayuda a descubrir los carismas de cada uno, y favorece el compromiso en diferentes campos, integrando a sus miembros en diferentes ámbitos de la vida social. |
| La Asociación Privada de Fieles Comunidad del Puerto recibió con alegría hace algunos meses su "carnet de identidad", su reconocimiento oficial como asociación. Nació el año 81, a partir de los grupos catecumenales de "opción diocesana", como una opción que parte de una experiencia: de la vivencia catecumenal y comunitaria que en ellos se ha ido definiendo en la escucha asidua de la Palabra de Dios, que se confronta en el fondo de los acontecimientos de la vida cotidiana. Es la forma en que el catecumenado se va convirtiendo en comunidad. Se vuelve a las fuentes de la Iglesia Primitiva y se tiene como modelo a las primeras comunidades cristianas. Actualmente, La Comunidad del Puerto, presidida por José Francisco Fariña González, anima una decena de grupos que se reúnen en parroquias, casas u otros lugares. Mantiene una atención especial hacia los alejados, con un fuerte acento y talante misionero. A través de una formación humana y cristiana, la Asociación del Puerto ayuda a descubrir los carismas de cada uno, y favorece el compromiso en los diferentes campos, insertándose sus miembros en los ambientes de trabajo, en la familia, en la educación, en el barrio, en la parroquia, en las asociaciones no gubernamentales... Se intenta siempre, a través del discernimiento y la oración personal y comunitaria, descubrir el plan de Dios, con el convencimiento de que no hay realidad humana que no pueda ser iluminada, juzgada y transfigurada por su Palabra. Juega un papel importante para la Comunidad del puerto, la revisión continua y el contacto con otros grupos. Vinculados a la Delegación de Apostolado Seglar, participan habitualmente en reuniones de grupos, movimientos y comunidades a nivel diocesano y arciprestal. Colaboran también con las parroquias, a las que entienden en una dimensión abierta, como comunidad de comunidades.
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