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Historia
de Sofía Bi Yi
Nuestro
viaje a China a recoger a nuestra hija Jin Bi Yi (ahora Sofía Bi Yi) comienza
el 6 de junio del año 2002, pero en realidad empezó mucho antes en nosotros.
Por una oportunidad que entonces parecía de trabajo en Shanghai, hace
ahora seis años, tanto Carmiña como yo pensamos que sería buena idea adoptar
una niña en aquel país si aquello iba adelante: la primera conversación
con alguien que había estado en China fue con una pareja que tenía dos
niñas adoptadas de la India, Águeda y Juan. Mientras hablábamos con ellos,
nos surgió a los dos la misma motivación.
Teníamos ya dos hijos, Lucas
y Santiago, que ahora tienen 13 y 9 años. Fueron dos historias regaladas
después de tratamientos de esterilidad. Ya en la primera historia, un
año antes del nacimiento de Lucas, se nos había anunciado con la palabra
del Libro de los Reyes (2 Re, 4) “al año próximo, por este mismo tiempo,
abrazarás un hijo”, que tenía señalada Jesús, el cura, en el misal, justo
cuando fuimos a contarle que médicamente estaba todo aparentemente resuelto
para un embarazo. Después de Lucas vino Santiago, también como un regalo
una vez que se lo pedimos al Señor un día de Pascua.
Pero médicamente no podíamos
correr riesgos de otro embarazo, así que la adopción podía ser una buena
vía para tener una niña. Aunque la oferta de trabajo no se confirmó, después
de pensarlo mucho y una vez que los dos niños eran ya algo mayores, finalmente
nos planteamos iniciar los trámites para adoptar en China, en octubre
de 2000. Habíamos contactado ese verano con un matrimonio de Torrelodones,
José y Guiomar, que nos abrieron las puertas de su casa y de su análoga
historia con su hija Inés unos años antes y apadrinaron esta historia
desde el principio. A través de ellos, ANDENI, como asociación de padres
adoptivos, y en concreto Ángel y Gloria, de Salamanca, nos ponían fácil
la tramitación del expediente por libre, sin necesidad de agencia. Con
China los trámites eran claros y relativamente rápidos en comparación
con otros países.
En esos días algunos detalles
no nos parecieron casuales: yo había tenido más dudas que Carmiña, y dejaba
pasar los días sin decidir. Una mañana, pensando en ello abrí al azar
el evangelio y me encontré con el pasaje de “dejad que los niños se acerquen
a Mí, no se lo impidáis …” ¿Estaría yo dificultando algo que el
Señor quería ? Esa tarde pusieron en televisión una película que comenzaba
con las dudas de una pareja, de él en concreto, sobre adoptar un niño.
Finalmente se decidía y … ¡adoptaban una niña oriental !
Un mes después quedamos a
comer con Jesús y pusimos en común nuestro deseo, unido a muchos miedos
de cómo estábamos la pareja, los niños (Lucas no veía clara la adopción),
si sería oportuno, si sería una huida hacia delante, si sería una decisión
suficientemente madura… Nos despedimos con la recomendación de Jesús de
estar atentos a los acontecimientos, a las señales, mientras íbamos dando
pasos, como los magos a la estrella que se les aparecía en el camino.
El primer detalle lo
tuvimos cuando nos avisaron para realizar el informe psicosocial. Había
que pagar una cantidad nada desdeñable por el informe, y para ello contábamos
con la devolución de Hacienda, pero esta se retrasaba. Pues bien, el mismo
día que nos avisaron los psicólogos, Hacienda nos ingresaba el dinero.
Se nos ponía fácil el camino.
Santiago estaba encantado
con la idea de tener una hermana china. En cambio Lucas no lo tenía claro,
así que le dijimos que no había nada cerrado por nuestra parte, pero que
estuviera abierto, porque podía descubrir que también era una cosa buena
para él. Después de hablar, se fue a hacer sus deberes y, al cabo de un
rato, nos llamó por un diálogo que aparecía en el libro de lengua y reflejaba
las posturas de dos niños sobre tener un bebé en la familia, uno a favor
y otro en contra. Santiago y Lucas leyeron el diálogo, cada uno parecía
representar su postura. Aquello a Lucas le recordó a esas “casualidades”
que le hemos contado a veces que son señales, como las de la presencia
del abuelo Félix. Aquello y lo que en clase hablaron también en esa época
de los niños del tercer mundo fueron abriendo su corazón.
En febrero de 2001 nos
concedieron el certificado de idoneidad. Al ponerlo en común en la celebración
de la comunidad, pedimos que el proyecto de adopción no sólo fuera nuestro,
sino que también fuera un plan del Señor. Al lunes siguiente, cuando nuestro
expediente estaba ya listo para salir de León vía Valladolid y Madrid,
rumbo a China, me llama mi jefe y me dice que aquél proyecto de Shanghai
que creíamos muerto vuelve a estar en pie y me propone ir a China en marzo.
Así fue, yo volé el día 3 y nuestro expediente seis días después, convirtiéndose
en algo significativo para nosotros. Un año después, cuando nos comunicaron
la asignación de Bi Yi y vimos su día de nacimiento, no pude evitar sentir
una fuerte impresión: el mismo día que pasé en China por vez primera nacía
nuestra hija en el mismo gran país, cientos de kilómetros más al sur.
Como dice en una de sus canciones Joan Manuel Serrat “de vez en cuando
la vida toma contigo café y está tan bonita que da gusto verla”. Fue un
guiño de la historia, una estrella, algo para nosotros providencial y
también al parecer para los chinos, que consideran la fecha de nacimiento
como algo muy importante, y que creen que hay como un hilo rojo que une
a los padres y a los hijos y se estira más o menos, no se rompe nunca.
Yo descubrí entonces aquel hilo con Bi Yi para siempre. Además, compartí
mi primer día en China con Almudena, una amiga de la comunidad de Periodistas
que fue hace algunos años a vivir a Shanghai. Ella ha sido también testigo
de la señal, ha visto también la estrella.
Al conocer la asignación
de Bi Yi y las señales de su nacimiento, el 29 de abril de 2002, Carmiña
se encontró en la Biblia el salmo 138, de acción de gracias, que dice
“Te doy gracias Yahveh … pues tu promesa ha superado tu renombre” … es
verdad, se cumple. La fecha, 29, nos recordaba a la abuela Sofía, que
murió un 29 de agosto; no en vano lleva su nombre.
Ese domingo decidimos
celebrar la asignación yéndonos a pasar el día fuera. Habíamos comunicado
la buena noticia a casi todas las personas cercanas, pero no habíamos
podido localizar a José y Guiomar, y eso que nos apetecía muchísimo que
lo supieran. Pues nos fuimos a pasar el día a Asturias, y en el coche
leímos el Sal. 139 que nos habíamos encontrado. Tratamos de explicar a
Lucas y Santiago lo que decía el Salmo: “Porque tú mis riñones has formado,
me has tejido en el vientre de mi madre; te doy gracias por tantas maravillas:
prodigio soy, prodigio son tus obras …” “…mi embrión tus ojos lo veían;
en tu libro están inscritos todos los días que han sido señalados , sin
que aún exista uno solo de ellos”. Les contamos algunas de las cosas que
relatamos aquí, de la historia que ya podíamos escribir en ese libro del
Señor. Al llegar a Tazones, asomarnos al puerto y respirar la brisa del
mar, nos hacíamos eco de otro de los versículos del salmo “si voy a parar
a lo último del mar, también allí tu mano me conduce, tu diestra me aprehende”.
Efectivamente, a muchos miles de kilómetros en otro mar estaba Bi Yi,
y el Señor también la llevaba de su mano.
Al volver la mirada,
vimos a alguien conocido que se acercaba: ¡era José, José y Guiomar,
con Inés ! Aquello no podía ser una casualidad. Era ver de nuevo la estrella,
y celebrar con ellos toda la historia que nos llevaba hasta Bi Yi.
El 10 de junio, día en
que en principio nos daban a la niña, las lecturas del día eran “Vete
de aquí hacia el oriente” (1 R 17, 1-6) y el evangelio de las bienaventuranzas
(Mt 5, 1-12): “Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados”.
La Palabra se estaba cumpliendo en los acontecimientos. Cuando volvimos
con Sofía a finales de junio y la presentamos en la comunidad, se repetía
de nuevo en la liturgia del domingo la palabra del Libro de los Reyes
(2 Re, 4) “al año próximo, por este mismo tiempo, abrazarás un hijo” que
había anunciado el nacimiento de Lucas. Esta vez Lucas era testigo, y
de qué manera, del cumplimiento de la Palabra en la historia de su hermana,
y con ello podía también celebrar su propia historia.
Desde que está con nosotros,
Sofía ha sido un continuo regalo, y su historia se ve también de esta
forma para quien la conoce, incluso por encima de las diferencias culturales.
El mes de enero de 2003, estando de nuevo en Shanghai por trabajo, le
conté los detalles del nacimiento de Sofía a uno de los compañeros chinos
de la fábrica. Él me contestó: “then, she is a gift of God” (o sea, que
es un regalo de Dios). Eso mismo, le dije. Ahora, cuando cumple los dos
años, el día 4 de marzo, vuelo de nuevo a China. ¿La estrella vuelve
a brillar?
Quique y Carmiña, marzo de 2003
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