UNA GRATA SORPRESA

 

Ricardo Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal, en su discurso de apertura de la Asamblea plenaria, se manifiesta abierto a los historiadores que han estudiado "lo que aconteció en España en el decenio de los treinta", define la contienda como "guerra fratricida" y muestra su deseo de que "se haga plena luz sobre nuestro pasado".

"Los historiadores españoles y extranjeros, dice el obispo, han estudiado mucho y previsiblemente continuarán estudiando lo que aconteció en España en el decenio de los treinta; la bibliografía es abundantísima. Fue un periodo agitado y doloroso de nuestra historia; la convivencia social se rompió hasta tal punto que en guerra fratricida lucharon unos contra otros", "deseamos que se haga plena luz sobre nuestro pasado".

Asimismo, el obispo se muestra abierto a revisar la posición de la Iglesia durante la República y la Guerra Civil: "En muchas ocasiones tendremos motivos para dar gracias a Dios por lo que se hizo y por las personas que actuaron; y probablemente en otros momentos ante actuaciones concretas, sin erigirnos orgullosamente en jueces de los demás, debemos pedir perdón y reorientarnos, ya que la purificación de la memoria, a que nos invitó Juan Pablo II, implica tanto el reconocimiento de las limitaciones y de los pecados como el cambio de actitud y el propósito de la enmienda”.

Ricardo cita un documento de la Conferencia Episcopal (20 de noviembre de 1999), donde se habla de la guerra civil: "También España se vio arrastrada a la guerra civil más destructiva de su historia. No queremos señalar culpas de nadie en esta trágica ruptura de la convivencia entre los españoles. Deseamos más bien pedir el perdón de Dios para todos los que se vieron implicados en acciones que el Evangelio reprueba, estuvieran en uno u otro lado de los frentes trazados por la guerra". Pero el presidente de los obispos españoles da un paso más, que entendemos (aquí y ahora) como justo y necesario. No se trata ya de pedir el perdón de Dios para otros, sino de revisar la propia posición: "Debemos estudiar la historia para conocerla siempre mejor; y una vez leídas sus páginas, aprendamos sus principales lecciones", "recordamos la historia no para enfrentarnos sino para recibir de ella o la corrección por lo que hicimos mal o el ánimo para proseguir en la senda acertada".

Ricardo recuerda la figura del cardenal Tarancón con motivo del centenario de su nacimiento en Burriana (Castellón), el 14 de mayo de 1907. En mirada retrospectiva, el propio cardenal manifestó la intención que le había guiado durante el decenio que presidió la Conferencia Episcopal: "Me propuse dos objetivos: Aplicar a España las enseñanzas del Concilio Vaticano II en lo referente a la independencia de la Iglesia  de todo poder político y económico, y procurar que la comunidad cristiana se convirtiese en instrumento eficaz de reconciliación para superar el enfrentamiento entre los españoles que había culminado en la guerra civil".

Las reacciones son diversas. Para unos "no supone una novedad", es el pensamiento del presidente de la Conferencia Episcopal, "no es algo programático". Para otros "es muy vago y ambiguo", se hace "con la boca pequeña". Para otros, "es un paso adelante", "una declaración positiva y sincera". Claro, hay que leer íntegro el discurso. Las afirmaciones de Ricardo se sitúan dentro de un escrito que tiene cuatro apartados: la beatificación de 498 mártires, la pastoral de las migraciones, el centenario del cardenal Tarancón y la visita de Juan Pablo II hace 25 años. Pues bien, leído y releído el discurso,  para nosotros sigue siendo una grata sorpresa.  Ver discurso completo.

 

Jesús López Sáez, 20 de noviembre de 2007