|
LOS BUFONES DE DIOS
Carta de María Eugenia
Madrid, 22 de marzo de 1.988 Querido Jesús: Soy María Eugenia, amiga de Carlos y Carolina y, como ellos, pertenezco también a la Comunidad Cristiana, de la que imagino te hablaron largo y tendido durante vuestro, creo, maravilloso viaje. Me han contado, por encima, el problema que tenéis con vuestra hija. Y me han pedido, por favor, que te ponga unas líneas para contarte un poco la experiencia con nuestro hijo Enrique, afectado de parálisis cerebral profunda y, sobre todo, que intentara transmitirte el sentido que hemos podido encontrar a ese “sin sentido” de tan grave problema, y cómo podemos vivir absolutamente felices con él. Comprendo que esta carta pueda parecerte un “rollo macabeo”. Pero necesito hacerte primero un poco de historia para que puedas entenderlo mejor. Tanto José Enrique (mi marido) como yo, vivíamos una vida bastante feliz. Teníamos una hija totalmente sana y maravillosa y no teníamos grandes problemas. Vivíamos absolutamente separados de todo lo que puedas relacionar con Dios, Iglesia, Religión,...etc., a pesar de haber sido educados los dos en sendos colegios de curas y monjas (quizás, precisamente por ello). Vivíamos en un escepticismo cómodo sin plantearnos absolutamente nada más sobre el tema. Intentamos tener un segundo hijo (a José Enrique le encantan los críos) y a mí un segundo me parecía muy acertado, pero teníamos problemas y no había forma de lograr un embarazo. Cuando, por fin, lo conseguimos, sufrí un aborto fortuito a los seis meses de gestación y perdimos el bebé, que era un varón. Más tarde, insistentes en el tema (porque para mí llegó a ser una obsesión), tuve un embarazo extra-uterino y tuvieron que operarme rápidamente - y muy mal - por lo que mis ansias de un segundo hijo (como podrás comprender) eran cada vez mayores, pero cada vez tenía más miedo. El caso es que - después de dos o tres años, y tras comprobar que todo había sido cuestión de mala suerte, y con los siguientes chequeos y demás - decidimos probar suerte, y logré quedarme embarazada. Puedes suponer que no ha habido un embarazo más vigilado, cuidado y seguido de cerca por el propio médico que éste. Efectivamente, todo fue sobre ruedas y después de un parto natural y sin ningún tipo de complicación, nació mi hijo Enrique (con 4 k. de peso y absolutamente normal). En todo este contexto - y para que puedas hacerte una idea en qué estado me encontraba yo en relación con Dios - te diré que ni siquiera creo que diera las gracias por haber tenido un hijo sano; si bien es verdad, que tampoco le culpaba a El de mis anteriores procesos. Simplemente, no me planteaba ni la existencia, ni mucho menos la intervención de Dios en mi vida. Pero a las ocho horas de nacer Enrique se plantearon los problemas. El niño empieza a tener unas crisis de cianosis tremendas y se lo tienen que llevar a un Centro Hospitalario porque no saben qué le pasa. Fue en ese mismo momento (yo estaba sola) cuando comprendí que Enrique iba a morir - y que se me negaba un segundo hijo como fuera -, cuando instintivamente empecé a rezar todo lo que me habían enseñado (de rutina, de carrerilla, sin saber lo que decía). Pero, por primera vez en mi vida, sentí la impotencia humana tan cerca, que sólo me quedaba recurrir a Aquel que me habían dicho que lo podía todo. Fueron unos días de angustia indescriptible - en los que Enrique luchó por sobrevivir - y en los que los médicos andaban perdidos en su caso, pues tenía un INSOLINOMA congénito, (un tumor en el páncreas) que le producía unas descargas tales de insulina que le quemaban la totalidad del azúcar de su organismo. Es un caso totalmente atípico y de difícil diagnóstico. A los dos meses le operaron y le quitaron la casi totalidad del páncreas. Durante este tiempo, el crío pasó todo lo habido y por haber y, por supuesto, con grandes pérdidas de azúcar y oxígeno, con lo cual su cerebro quedó dañado (nunca pensamos que tanto). Pero así fue. Superó ocho paros cardíacos y nueve respiratorios y vivió artificialmente conectado a un respirador. Pero, a la postre, nos lo dieron con vida a los tres meses y medio. Dios quiso que este niño viviera (yo no sabía entonces para qué, y tampoco me lo planteaba). Sólo sabía que le tenía conmigo y que me necesitaba más que a nadie. Comprendo que todo esto pueda parecerte un serial por entregas, pero creo importante contarte la historia del crío. Cuando llegamos a casa, puedes suponer - puesto que has vivido la misma experiencia - el dolor tan inmenso que sentíamos, y lo que hemos pasado viéndole crecer. Yo caí en una profunda depresión y creí verdaderamente que iba a morir. Porque físicamente no podía soportar el dolor que me causaba ver así a mi hijo. De verdad, te puedo prometer que creí que no superaría jamás la tristeza tan aplastante que se había apoderado de mí. Carlos y Carola (por esas fechas, más o menos), conectan con la Comunidad, y al vernos tan abatidos con el niño, nos hablan de ella como un camino de esperanza. Por otro lado, José Enrique - en su lucha interna durante los primeros meses de vida del niño - se había prometido que si el niño sobrevivía (fuera como fuera) iba a procurar enterarse de qué iba todo esto de Dios. Principalmente del papel de Jesucristo en la historia como auténtico hijo de Dios. Esa era la gran duda. Puesto que la existencia de Dios como tal, yo creo que en el fondo jamás habíamos dudado de ella. Así que, animada por José Enrique, empezamos a ir a las reuniones del Catecumenado que se celebraban los lunes por la noche. No se qué me impulsó a continuar asistiendo a ellas, puesto que en un principio no me gustaron nada: me parecían cosas de beatos y, en el fondo, un come-cocos. Si bien reconocía que podía ser una buena terapia de grupo. Lo que sí me impresionaba bastante del grupo (después de varios contactos) era comprobar que casi todo el mundo era feliz, o por lo menos tenía una alegría especial. Todo se centraba básicamente en el descubrimiento de que DIOS HABLA HOY. DE DESCUBRIR DESDE EL CORAZON QUE JESUCRISTO ESTA RESUCITADO, QUE VERDADERAMENTE RESUCITÓ HACE 2.000 AÑOS, Y QUE SIGUE VIVO. QUE ESTÁ PRESENTE EN LA HISTORIA DE CADA UNO DE NOSOTROS Y QUE INTERVIENE DIRECTAMENTE EN ELLA. DESCUBRIRLE EN MEDIO DE TU VIDA E INTENTAR ESTAR ATENTOS A SU PALABRA PARA DESCUBRIR EL PLAN DE FELICIDAD QUE TIENE PARA CADA UNO. Todo esto parece una teoría bastante coherente. Pero a mí, particularmente, me costó un tiempo y esfuerzo descubrirlo: fue un proceso largo y lleno de resistencias que me alejaban bastante de ello. Pero gracias a Dios se me fue regalando poco a poco. Y hoy te puedo asegurar que es lo más maravilloso que me ha pasado en mi vida. Y que verdaderamente la ha cambiado. Algo que iba oyendo, casi sin querer aceptarlo, era que EL SEÑOR ES DUEÑO HASTA DE LA CASUALIDAD: QUE NADA PASA PORQUE SÍ, QUE TODO TIENE SU PORQUÉ. Y QUE DIOS TE PUEDE HABLAR DE MUCHAS MANERAS: DESDE SU PALABRA, POR MEDIO DE LOS ACONTECIMIENTOS, ...ETC. Mi primera experiencia en este sentido fue, precisamente, con el problema de Enrique. Le habíamos llevado a revisión (tendría 8 o 9 meses) y tras hacerle un SCANNER, nos dijeron que habría que operarle pues tenía dos coágulos de líquido (no sabían que podía ser) que le oprimían de tal manera el cerebro que en cualquier caso, de no operarle, moriría. La operación era, dentro de lo que cabe, sencilla. Pero el riesgo era inmenso, y el porcentaje de que saliera bien de un 1%. Pero era recomendado intervenir en cualquier caso. Puedes imaginarte cómo volvimos a casa, cuando ya había pasado casi un año del nacimiento del niño -que parecía que iba mejorando - etc. Se nos ponía de nuevo entre la espada y la pared. En medio de la impotencia, de la indignación y de la angustia, esa noche se nos ocurrió - por primera vez - abrir la Biblia y rezar - por donde se abriera y donde se posaran los ojos -. Simplemente leer, por si acaso era verdad lo que decían Carlos y Carolina: que el Señor siempre tiene una palabra que darnos. Se abrió por el evangelio de S. Mateo (no recuerdo concretamente qué pasaje), pero sí que, más o menos, decía: Cuando dos de vosotros se reúnen en mi nombre, allí estoy Yo. (...) Cualquier cosa de este mundo, por difícil que parezca, si la pedís con fe, se os concederá. Sin creérmelo todavía, pero agarrándome a un clavo ardiendo, se lo pedía con toda la fe de que fui capaz. Creo que jamás en mi vida he vuelto a pedir algo con tantas ansias de que se concediese. Al día siguiente, cuando volvíamos al hospital para firmar la autorización de la operación, nos dijeron que SE HABIAN EQUIVOCADO DE DIAGNÓSTICO. Mi primera sensación fue la de querer matar al médico. Pero después empecé a plantearme si aquello sería por algo. Verdaderamente, a mi se me planteó ya la primera duda de si esto era verdad. El proceso fue largo como te digo. Pero, poco a poco, tuve que ir reconociendo que VERDADERAMENTE EL SEÑOR ESTABA CON NOSOTROS. Fue algo así como descubrir que Él, como Padre, no nos había mandado a este hijo enfermo. Pero, ya que se había producido el hecho irreversible, nos ayudaba a llevar la CARGA. Por esos días - y algo más animada - conseguí leer el libro que te mandamos y que te recomiendo que leas: LOS BUFONES DE DIOS. Desde las primeras páginas habla algo así como que cuando los cristianos no pueden escuchar la Palabra de Dios, por la masificación de la Iglesia, deberán reunirse en pequeñas comunidades, donde se comparta el hecho de la Palabra. Y que la Iglesia debería ser una Macrocomunidad de pequeñas Comunidades. Ya esto me llamó mucho la atención, pues era lo que yo estaba empezando a vivir. Y empecé a preguntarme si esto sería un libro corriente, o verdaderamente era una forma que el Señor había escogido para comunicarse conmigo. A lo largo de la novela - y sin que sea su tema - aparece una niña mongólica, con lo cual me identificaba bastante con el asunto, y me iba impresionando por lo que estaba viviendo de los SIGNOS DE DIOS. No quiero estropearte la novela, que es una maravilla, pero sí contarte que, casi al final de la misma, aparece de nuevo esta cría, y se dice de ella cosas tan maravillosas. Como que, verdaderamente no son los bufones de Dios, sino todo lo contrario, los que ha elegido así. Porque, para Él, son los seres más perfectos de la creación, tienen la inocencia perpetua, jamás pueden ofenderle, y los ama tal y como son. Y es precisamente a través de ellos donde más fácilmente, quizás, se pueden observar las maravillas del SEÑOR. Ya se que esto puede ser un consuelo tonto - a mí así me lo pareció en un principio - pero luego, cuando echo marcha atrás en la historia de mi hijo, descubro que: este libro, que es del Círculo de Lectores, yo no la había pedido y, al no hacerlo, el Círculo me envía el recomendado del mes con lo cual me llega - por primera vez desde que soy socia del Club - un libro que yo no elijo. Y que, además, entra en mi casa el día 9 de diciembre de 1980, fecha en que (POR CASUALIDAD) nace mi hijo. Y, como es normal, yo no lo leo (pues no estaba en situación anímica de leer nada) hasta pasado casi un año, fecha en la que EL SEÑOR ya sabe que quizás pueda ver en él algo más que una novela. La verdad es que este libro fue decisivo en mi proceso de conversión. No ya por lo que dice, sino por lo que significó para mí como auténtica PALABRA DE DIOS. Luego ha habido miles de acontecimientos en torno a Enrique - y a mi vida - en los que he podido descubrir palpablemente la presencia del SEÑOR en nuestra historia. Y, aunque te parezca mentira, el poder sentir con el corazón que Dios interviene en tu vida es tan grandioso, que no hay nada comparable a ello, y la alegría que produce, borra absolutamente todo resquicio de pena o tristeza. La verdad es que tanto José Enrique como yo, hemos comprobado que EL SEÑOR está pendiente de Enrique. Tanto, que continuamente vemos su intervención con él y, como te digo, esta alegría ha borrado toda la angustia. Al principio, me pasaba horas pidiéndole a Dios que le curase; luego le pedía que, si no podía ser, por lo menos que le ayudase a mantenerse en pie; más tarde, le pedía que le ayudase a mantener la cabeza, o a mantenerse sentadito; o simplemente a que me reconociera. Y, poco a poco, comprendí que lo que tenía que pedirle al Señor - si verdaderamente quería vivir feliz con Enrique - era la CURACIÓN: pero la mía. Que me curase de la angustia que vivía, y de la angustia que se había formado en mi matrimonio. Yo sé que todo esto puede sonarte a música celestial, pero yo no puedo por menos de contarte lo que he vivido y lo que siento ahora. Lejos de considerarme una beata, y lejos, por supuesto, de estar auténticamente convertida - y teniendo que pedirle al SEÑOR, día a día, que me aumente la fe - te puedo asegurar que vivo auténticamente feliz con mi hijo. Que, por supuesto, me encantaría que estuviese bien, y que me rebelo cuando su situación empeora. Pero, por encima de todo ello, se que está DIOS - y que esto ha tenido y tiene un sentido -. Sólo le pido que no deje nunca de sorprenderme cuando veo la presencia de Dios en mi vida. A título ya informativo, te diré que (cuando tenía 4 años) la medicina tradicional prácticamente le desahució. Pues, aparte de todo el mal que puede tener, sufría entonces unas crisis convulsivas - parece ser que de epilepsia - que estaban acabando con su vida. Así que hemos terminado llevándole a un grupo de Biólogos que, a base de medicina natural y homeopática, han conseguido acabar con las convulsiones. Hemos podido desintoxicarle de la cantidad de drogas antiepilépticas que tomaba. Y, hoy por hoy, está hecho un toro. Tenía prácticamente dañados todos los órganos - de tanta droga - y ahora mismo, desde luego, es un niño subnormal profundo. Pero sano. Esta es una historia que también ha tenido, como todas, la intervención de DIOS. Lo maravilloso es que hemos podido estar atentos y descubrirle en ella. Bueno, no quiero cansarte más, que ya está bien. ¡Ojalá hayas sido capaz de terminar mi carta! Y ¡ojalá! pueda serviros, tanto a tu mujer como a ti, para algo. Por lo menos para plantearos que verdaderamente, como te decía, EL SEÑOR ES EL DUEÑO DE LA HISTORIA DE CADA UNO Y ESTÁ PRESENTE EN TODO: HASTA EN LAS COSAS MÁS MÍNIMAS. QUE NO EXISTE LA CASUALIDAD, Y QUE CON ÉL NO HAY ANGUSTIA. QUE EL SEÑOR NOS LIBERA DE LAS CARGAS Y LAS COMPARTE CON NOSOTROS. Y, DESCUBRIRLO, CAMBIA RADICALMENTE TU VIDA: LA HACE FELIZ. Un abrazo. María Eugenia.
PD. Hace 4 años tuvimos una hija preciosa y sana, que se nos regaló con una historia maravillosa de la intervención de Dios.
|