MATRIMONIO Una aventura de dos (o más)
En primer lugar, esta presentación no pretende ser escuela de nada, sino simplemente unos puntos de reflexión para el matrimonio, la pareja o muchas veces los amigos, pera darnos cuenta de si nuestras relaciones son de una u otra forma y si podemos mejorarlas. Más adelante explicaremos lo que significa este dos o más con más detalle. Se trata de analizar las influencias que pesan sobre nuestras relaciones y cuales queremos y cuales no. Desde el punto de vista cristiano, hablar del matrimonio de tres es hablar del formado por un hombre, una mujer y el Espíritu de Dios en medio de ellos. Claro está que también podemos hablar de más en el caso de tener hijos, pero no queremos en ningún caso, que esta sea una presentación de la familia, sino del matrimonio. Al escoger una pareja no estamos solos. Hay muchas coses que nos influyen. El entorno familiar, el lugar por el que nos movemos, pero también hay un mucho de aquello que llamamos ”Encontrar tu media naranja”. Buscamos alguien que nos de alguna cosa diferente a lo que nos dan todos los demás. En principio, en nuestro compromiso matrimonial, queremos que esta pareja nos acompañe para siempre, pero esto no siempre es fácil. Las relaciones entre les personas necesitan de una buena comunicación, pero ¿somos realmente conscientes del que esto significa? El conocimiento del otro necesita llegar a la intimidad de las ambiciones y frustraciones. Es importante conocer los sueños del otro, como veremos, una de las cosas importantes es ayudarlo a crecer, pero también es necesario saber donde ha sufrido y por qué, solo así podremos gestionar muchas situaciones que son fruto de las experiencias propias de cada cual y ayudarlo a superarlas. En toda relación humana podemos detectar posiciones que se acercan, en mayor o menor medida, a los paradigmas siguientes:
Figura de niño ó hijo: Son actitudes de personalidades que buscan la protección, tutela, dominio, etc... de una figura superior y más fuerte que ella, y que le den la seguridad que a menudo le falta a ella misma. De tanto en tanto puede demostrar rabietas poco fundamentadas y caprichosas.
Figura del Padre-Madre: Paradigma de la persona dominante (no necesariamente con violencia) ó bien protectora.
Figura del adulto: Adopta el papel del equilibrio. De la persona estable que ha formado su personalidad.
Estas figuras no pertenecen permanentemente a un actor de la relación, si no que en nuestras relaciones con otros (laborales, estudios, amistades, familia, pareja, ...) vamos adoptando diferentes actitudes en las que nos podemos identificar en cualquiera de las figuras. Un día somos padres, otro adultos ó niños en una misma relación ó en diferentes. Pero es necesario analizar nuestras actitudes par ir tendiendo a la madurez, estabilidad, equilibrio de la relación.
Partiendo del análisis de las relaciones y de como nos situamos, podemos distinguir cuatro tipos de relaciones:
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¿Qué te parecería si escojo Medicina?. Es una buena carrera, difícil. ¿Te ves capacitado? Si es así, adelante. Bien, quizás sí que no me la sacaría. ¿Y si hago Farmacia? ¿Realmente te gusta? No lo sé, quizás no. ¿Tu que harías? Chico, es tu elección no la mía. Yo Ya he escogido mis opciones. Sí, claro, ¿pero tu que harías? Tu opinión me importa. Yo analizaría bien cual es mi vocación y mis capacidades. Sí, bien, eso haré.¿YI si cojo Arquitectura? Me queda cerca de casa. Chico, adiós. Ahora tengo prisa.
“He decidido que pintaremos la casa de color quema, que me gusta mucho. Si tú no tienes gusto ni nada, lo haremos como yo he dicho. Total ésta es mi casa.”
Evidentemente puede haber las posiciones Niño - Niño y Padre - Padre que también se volverán conflictivas, pero es más difícil que de entrada fructifiquen. Lógicamente siempre hablamos que las posiciones no tienen por que ser fijas. Pero sería bueno reflexionar sobre como nos situamos en cada una de las situaciones. Si las situaciones son mayoritarias hacia una u otro posición, nos permitirán reflexionar y ver si las podemos corregir si conviene y ayudándonos entre los dos. Estas preguntas nos ayudarán a situarnos. El ayudar al otro en lograr sus anhelos, nos ayuda a crecer a nosotros y nos mejora la autoestima. Una autoestima baja, comporta siempre situaciones de riesgo ya que aumenta la susceptibilidad. Y por lo tanto el peligro de daño. La pareja, tiene que actuar en dos cuerpos y un espíritu. Por ello pese a todo, es necesario respetar la intimidad del otro. Una cosa es hacer las cosas juntos, pero cada cual necesita un espacio para poder estar consigo mismo, encontrarse..., sino, no será capaz de mostrarse al otro en libertad. Al igual que en la forma de relacionarnos, en las formas de actuar, el ser peregrinos o nómadas no es una cosa rígida. No siempre actuemos de la misma manera. Pero mirar el camino hecho y planificar el camino a hacer, nos reporta más beneficios ya que nos ayuda a aprender de las situaciones y prever las situaciones nuevas. A partir de este momento, damos unas pautas para mejorar las relaciones a manera de ser más asertivos.
En conclusión podemos decir: que para relacionarse íntimamente de manera saludable, es preciso tener una idea clara de los límites, saber donde acaba uno y donde comienza el otro. Los límites claros y apropiados actúan como antenas que indican cuando el comportamiento del otro representa una intrusión o una amenaza. También permiten establecer el tono justo en la relación, saber decir: “No, no me puedes tratar así” o “ Eso que me pides , se demasiado” Solo cuando las personas establecen límites saludables, son capaces de llegar al equilibrio entre la proximidad y la distancia que la intimidad requiere sin sentirse amenazadas. Si durante la infancia y adolescencia los límites han sido constantemente violados, la persona acostumbra a protegerse con un muro que la hace más impenetrable. Por ello es preciso hacer un esfuerzo para conocer las situaciones sufridas por la pareja y ayudarlo a superarlas. Al final, os ponemos dos textos: El primero sobre el estudio científico de las discusiones y el otro, un ejemplo de lo que puede suponer el desconocimiento de la realidad vivida por el otro. Pero en todo este tiempo, aún no hemos hablado bajo el punto de vista cristiano, de lo que dice el Señor. Él es claro: Hombre y mujer serán una sola carne y para hacerlo dejarán el padre y la madre. Que quiere decir todo eso: En primer lugar el dejar padre y madre quiere decir acabar de romper los cordones umbilicales. No podemos ir al matrimonio continuando siendo dependientes de nuestros padres, y no nos refiramos al tema económico. Las relaciones que fijemos con nuestros padres marcarán nuestra relación de pareja. Fácilmente si no pasamos a relacionarnos con ellos de forma adulto-adulto, trasladaremos nuestro estado de hijo a la pareja y derivaremos en ella el buscar al padre/madre que ahora dejemos, por lo tanto la relación ya comenzará sesgada. Por otro parte nuestra pareja no soportará el estarla continuamente comparando con nuestros progenitores. Por lo tanto tienen que dejar los padres en este sentido, que evidentemente no quiere decir dejarlos de amar. En segundo lugar ser una sola carne significa actuar en una misma dirección, teniendo un mismo sentir, amándose profundamente. Al principio hemos hablado de ser tres: en el tercer nos refiramos a Dios. Pero como se explica eso de ser dos en una sola carne y ser tres pero mantener la individualidad? No se trata de hacer juegos de palabras. Si en éste ser una sola carne, incluimos Dios en nuestro proyecto ya somos los tres y en nuestro proyecto tenemos que incluir el ir potenciando el otro, mantener su espacio y límites saludables que hemos dicho antes, y par tanto ya estamos cumpliendo el tercer punto de la sentencia. No podíamos acabar sin hacer una pequeña referencia a lo que puedan representar los hijos. Son nuestros y los tenemos que ayudar a crecer, a madurar y a hacerse adultos. pero no pueden ocupar todo nuestro tiempo. No tenemos que descuidar la pareja, eso quiere decir que no podemos versar todas nuestras conversaciones sobre nuestros hijos. Si a la llama del amor no le vamos añadiendo gas, acaba por apagarse. Además los hijos no se quedan siempre con nosotros, y llega un punto de nuestra vida que nos reencontramos de nuevo el matrimonio solo, frente a nuestra pareja que si no la hemos ido cuidando, aparece de nueve como un extraño del que desconocemos sus ambiciones y frustraciones, y por tanto es preciso iniciar de nuevo todo el proceso. Pero como siempre, somos optimistas. Podemos, si queremos. Los cambios que necesitamos imprimir en nuestra vida para mejorar y crecer en nuestra vida de pareja, no harán que perdemos nuestra personalidad.
El trabajo de Gottman es fascinante porque a través de las grabaciones en vídeo él puede mostrar el punto en el que una discusión conyugal se convierte en pura defensividad, hostilidad e insultos. Este deterioro coincide con una aceleración del pulso de cada miembro de la pareja. A medida que las pulsaciones aumentan, la capacidad de discutir razonablemente desaparece. Es una correlación directa y llamativa: tan nítida que Gottman les aconseja a las parejas en conflicto que se tomen el pulso en medio de la disputa. Según su experiencia, cuando un hombre llega a un promedio de ochenta pulsaciones por minuto, y una mujer a noventa, no tiene mucho sentido continuar. Para ambos sexos, escribe Gottman, haber pasado las cien pulsaciones es razón suficiente para terminar la discusión. Una persona cuyo corazón late a una velocidad de cien pulsaciones por minuto, debido a la furia y no a un ejercicio de aerobismo, ya no es capaz de comprender ni de responder inteligentemente lo que su compañero o compañera está tratando de decirle.
HISTORIA DE JORGE Y SUSANA
Las personas tienden a relacionarse con sus parejas en la edad adulta de modos similares a como aprendieron a relacionarse con sus padres durante su infancia. Si las relaciones con sus padres fueron sanas, equilibradas y satisfactorias, tenderán a buscar parejas similares a sus padres en su modo de relacionarse, con quienes podrán mantener relaciones igualmente satisfactorias, lo cual resulta positivo. En cambio, cuando las relaciones con los padres fueron insatisfactorias y conflictivas, sigue existiendo la misma tendencia a repetir patrones en futuras relaciones. Eso es debido a que en la relación con los padres se crearon una serie de miedos y necesidades insatisfechas que dejaron lo que podemos llamar "asignaturas pendientes", temas no resueltos que la persona se ve inconscientemente empujada a revivir en sus relaciones de pareja como un modo de superarlo. Es decir, es como si esta persona buscara una segunda oportunidad para que al fin salieran las cosas de otro modo. Así, eligen inconscientemente parejas con quienes van a vivir situaciones similares a las vividas en su infancia. Este proceso puede suceder de diferentes formas: Supongamos que una persona, que llamaremos Susana, ha vivido una infancia de rechazo y falta de cariño por parte de sus padres. En principio buscará como pareja a una persona que sea muy diferente a ella, que sea cariñosa y le muestre aceptación. Supongamos ahora que encuentra a alguien así, a quien llamaremos Jorge y comienza con él una relación que, en principio resulta gratificante. Sin embargo, debido a las experiencias de su infancia, Susana es especialmente sensible a cualquier indicio real o imaginado de rechazo, de modo que si Jorge se muestra un poco distante un día, debido al cansancio o preocupaciones laborales que nada tienen que ver con la relación de pareja, Susana puede sentirse ansiosa y mostrar una conducta excesivamente dependiente, que llegue a asfixiar a su pareja, que en ese momento solo deseaba un poco de soledad para descansar. Al mismo tiempo, es muy probable que Jorge sea el tipo de persona que ha vivido una infancia con una madre o padre absorbente, que invadía su intimidad y lo asfixiaba, de modo que tiene miedo a este tipo de conductas. Por este motivo, cuando Susana, ansiosa por el rechazo imaginado por parte de Jorge, trata de aferrarse más a él, Jorge se asusta y la rechaza más, temiendo acabar de nuevo en una relación como la que tuvo con su madre. Si Jorge no tuviera este miedo a se absorbido, reaccionaría de un modo más cariñoso, que aplacara la ansiedad de ella y su miedo al rechazo o abandono, de modo que el comportamiento de ella volvería a ser normal, pero dado que él reacciona con más rechazo, ella se vuelve más ansiosa y por tanto, se aferra más a él y acaba convirtiéndose en la persona absorbente que Jorge tanto teme. Así, los miedos y reacciones de ambos provocan que el otro se acabe comportando del modo que más temen y acaben recreando el mismo tipo de relación insatisfactoria que mantuvieron con sus padres. Es decir, aunque Susana se sintió atraída en un principio, por alguien que parecía muy diferente a sus padres (o a aquél de sus progenitores con quien tuviera problemas en su infancia, bien sea la madre o el padre), Jorge tenía algo que le recordaba a ellos, tal vez cierta tendencia al distanciamiento, que no supuso ningún problema al principio, pero que inconscientemente le indicaba a Susana que con ese hombre podría revivir su pasado para "hacerlo mejor esta vez". Después, fue ella misma la que despertó los miedos de Jorge y, lo cual provocó que él pasara de ser el hombre cariñoso y atento que siempre había buscado, a convertirse a alguien similar a sus padres. Y exactamente lo mismo podemos decir de Jorge, que, aunque en un principio pudo ver la parte más equilibrada de Susana y relacionarse con ella de un modo satisfactorio, pronto despertó en ella su miedo al abandono, lo cual la llevó a empezar a actuar del modo absorbente e invasor que tanto detestaba. Llegados a este punto ambos se sienten decepcionados con la otra persona. Piensan que les engañó, que es muy diferente de como habían creído al principio. En realidad no es que sean diferentes, sino que si bien en un principio se estaban relacionando de modos más sanos, una vez activados sus miedos, comenzaron relacionarse desde el miedo, desde los patrones inadecuados aprendidos en la infancia, de modo que, a los ojos del otro, parecían ser dos personas diferentes a las que eran al principio de la relación. Para salir de este círculo vicioso y romperlo, ambos necesitan superar sus miedos, y el mejor modo de hacerlo es precisamente dentro de esa relación, pues en ella pueden aprender lo que cada uno necesita aprender. Es decir, Susana ha de aprender a no temer tanto al abandono, a aceptar que el hecho de que Jorge necesite un poco de soledad no significa que la esté rechazando a ella, sino que esa es su forma de reponerse de un duro día de trabajo, y que en cuanto se haya relajado estará ahí para ella tan cariñoso como siempre. Jorge, por su parte, necesita aprender que la conducta de aferrarse a él que mostraba Susana sólo significa que en ese momento se siente insegura y que necesita saber que no pasa nada. Jorge necesita aprender a no tener tanto miedo a verse absorbido por ella y a confiar en que ella le dejará su espacio pero que al mismo tiempo puede necesitar más muestras de cariño que otra persona que haya vivido una infancia más saludable. Si él pierde ese miedo a verse absorbido será más capaz de responderle a ella de un modo adecuado y demostrarle que no existe ninguna amenaza para la relación. Por ejemplo, si Susana empieza a mostrarse ansiosa cuando lo ve distanciado, tal vez puede bastar un simple abrazo cariñoso para hacerle saber a ella que todo va bien, y luego decirle que necesita relajarse un rato porque está cansado, de modo que consigue la soledad que necesita sin provocar en ella una conducta de aferramiento ansioso. Por supuesto, para poder llegar a esto es necesario conocerse a uno mismo y a la otra persona y saber cuáles son los miedos de cada uno y los patrones de sus infancias que tienden a revivir con sus parejas. De este modo podrán hablarlo y darse cuenta de cuándo están repitiendo alguno de esos patrones y acordar el mejor modo de comportarse en esos momentos para romper el círculo de la repetición y superar, con la ayuda de la pareja, los viejos problemas no superados de la infancia.
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