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EL CATECUMENADO EN ITALIA
1. Una buena muestra del catecumenado en Italia
es el congreso celebrado en Roma, los días 6 y 7 de febrero de 2006.
Organizado por el Servicio Nacional de Catecumenado de la Conferencia
Episcopal Italiana (CEI), el Servicio Diocesano de Roma y el Instituto
“Ecclesia Mater” de la Universidad Lateranense, estaba especialmente dirigido
a responsables diocesanos de Catecumenado, Catequesis y Liturgia. De la
Comunidad de Ayala han participado Jesús López, José Luis de la Rocha,
Carlos Muñoz y Carolina Baglietto. Presentamos aquí un amplio informe.
2. En la introducción al congreso, Giuseppe Betori,
Secretario General de la CEI, subraya la necesidad del catecumenado.
No se trata tanto de responder a una situación de crisis, cuanto de descubrir
que el Señor continúa su trabajo de siembra: “El libro de los Hechos,
las cartas de Pablo, la Primera carta de Pedro, y aún antes los encuentros
de Jesús con las personas en los evangelios, son claves permanentes de
las disposiciones y de las acciones que hacen un buen catecumenado”. El planteamiento eclesial del catecumenado
favorece un ejercicio de búsqueda, manteniendo un perfil
de comunión, caracterizado por algunos rasgos importantes: apertura
teológica y cultural, superando toda forma de rigidez; una continua
sensibilización de la comunidad eclesial en la que los catecúmenos
han de integrarse; una organización eficaz, no burocrática, pero
fiel a las etapas fundamentales de la pedagogía catecumenal; un intercambio
continuo de experiencias, pues estas son el mejor maestro y la verificación
de todo proyecto.
3. Walter Ruspi, director del Servicio Catequético
Nacional, menciona a los primeros protagonistas de una participación italiana
en el camino europeo del catecumenado: sor Lorenzina Colosi y Angelo
Giuliani. La pastoral catecumenal italiana se sitúa en un contexto
cada vez más europeo. En el XI Encuentro europeo de catecumenado (Gazzada,
1987) el cardenal Martini vio así la situación italiana: “Estamos
ante dos fenómenos que vivimos con cierta dificultad. En primer lugar,
se da el hecho de que un número creciente de adultos, jóvenes y niños
en edad escolar pide el bautismo. Es un fenómeno que ha comenzado en estos
años y no sabemos bien aún qué línea seguir, pero ciertamente es muy importante
y no nos encuentra bien preparados. No debemos retrasarnos más. En segundo
lugar, un número verdaderamente grande de bautizados debe rehacer el camino
de la propia iniciación cristiana o quizá hacerlo por primera vez. Muchas
familias, que en su momento pidieron el bautismo para sus hijos, no les
han dado después nada más. Para estos el bautismo no ha tenido ninguna
influencia tangible en su vida y se debe comenzar de nuevo”. En 1997 el Consejo Permanente de la CEI considera
la nueva situación italiana como una “oportunidad providencial
para nuestras viejas comunidades”: “Se asiste hoy también en Italia, como
en otros países de Occidente, a la conversión de adultos que se acercan
a la Iglesia y piden el Bautismo. Se trata, en general, de personas que
no fueron bautizadas en la primera infancia aun proviniendo de familias
tradicionalmente cristianas. Los padres, no creyentes o en situación conyugal
irregular o en actitud de contestación en relación con la Iglesia y sus
instituciones, consideraban su deber dejar a los hijos, llegados a la
edad juvenil o adulta, la opción de hacerse cristianos. Además es relevante,
y en ciertos ambientes mayoritario, el caso de jóvenes o adultos extranjeros,
europeos y extra-europeos, que piden el bautismo. Son emigrantes que llegan
a Italia por las graves situaciones económicas y sociales que caracterizan
hoy la vida de tantos países del sur y del este del mundo”. La opción catecumenal, más que por el número de adultos,
importa por su función en el presente y en el futuro de la Iglesia: "El
catecumenado es una función esencial de la Iglesia. Su restablecimiento
constituye hoy un criterio de validez y una ocasión providencial de renovación
eclesial. En una pastoral de evangelización la opción catecumenal debe
pasar de experiencia marginal o excepcional a praxis ordinaria. El catecumenado
no es una simple actividad que una parroquia puede subarrendar a un grupo
especializado. Tiene un impacto que transforma la comunidad existente
y la recuerda su incesante camino de conversión”. El catecumenado nos
lleva a comprender la pastoral de los inicios: “Los signos de Dios, de
su presencia, no los producimos nosotros. Nos son dados. La fe cristiana
en Dios pasa siempre a través de una sorpresa”, “los catecúmenos reclaman
a la Iglesia ser ella misma”, “la Iglesia se renueva profundamente”. Algunos datos de la situación italiana: “La presencia del catecumenado está siendo ahora un componente habitual en nuestras diócesis, con significativas celebraciones en la Vigilia de Pascua y cuidados itinerarios seguidos por generosos acompañantes. Cerca de 110 diócesis reciben solicitud de bautismo de adultos cada año, entre las cuales algunas aseguran un centenar de personas (en las grandes ciudades, como Roma, Milán, Turín) o varias decenas (en ciudades como Bolonia, Florencia, Brescia, Mantua, Bérgamo, Padua, Perugia, etc). Muchas diócesis se han dotado de un específico Servicio diocesano de catecumenado, otras han confiado el cuidado a los Servicios catequéticos o litúrgicos”. Se constata un problema: “El paso a la comunidad eclesial es siempre delicado de realizar”, “en general, nos interpela la tasa de perseverancia de los neófitos”.
4. Jean Pierre de Meulder, responsable del catecumenado
belga y miembro del Equipo europeo de Catecumenado desde los comienzos,
presenta una visión global del catecumenado en Europa: “Tras un
primer encuentro informal en 1968 y el encuentro en París de las delegaciones
de 5 países, se reúne en Ginebra en 1969 el primer encuentro europeo.
Están presentes Francia, Suiza, España, Bélgica, Alemania”. Francia
toma conciencia de la situación de secularización en Europa, desarrolla
la "pastoral del umbral" y revitaliza una “pastoral catecumenal"
con algunas intuiciones importantes (acogida, camino en etapas, comunidades
catecumenales, bautismo de adultos por etapas). Al encuentro europeo, inicialmente anual, después
cada dos años, se añaden poco a poco otros países: Inglaterra, primero
con los Anglicanos (teniendo como base común el Bautismo), los Países
Bajos, Italia (1981), Portugal, Austria, Suecia (luterana), Dinamarca,
Hungría, y esporádicamente Polonia, la República Checa, Eslovaquia, Irlanda.
Ha participado también Canadá (Québec francófono) y los EEUU que han promovido
el “North American Forum of Catechumenat”). En el último Encuentro Europeo
(2005), celebrado en Suecia, había personas que venían de Finlandia y
de Noruega (luteranas) y de Rusia (católicas). “La riqueza de estos encuentros,
dice Jean Pierre, la diversidad de las experiencias que reflejan colores
locales, las confrontaciones que las enriquecen a partir de las intuiciones
de base, las amistades tejidas han madurado una experiencia europea multiforme,
con la convicción de que así se realiza el acontecimiento de la Encarnación,
del Evangelio, de la presencia del Señor”. 5. Bruno Mioli toca el tema Catecumenado
y emigración. La emigración es “signo de los tiempos”, “areópago de
evangelización”. La historia de la salvación, del primer éxodo al último,
está llena de acontecimientos migratorios. En Italia los emigrantes pasan
de 3 millones, sin contar los que están sin papeles. Con frecuencia, la
emigración supone un camino que lleva al encuentro con Cristo y con
su Evangelio. He aquí algunos motivos que llevan a los emigrantes
a iniciar un proceso catecumenal: el matrimonio con una persona católica,
el deseo de integración plena y de acomodación ambiental, la simpatía
con un amigo católico, el bienestar experimentado en la parroquia, el
agradecimiento por los servicios recibidos, la búsqueda religiosa más
o menos explícita, la búsqueda del sentido de la vida, etc. Un caso especial lo constituyen los emigrantes
japoneses en Perú y en Brasil. Al pasar cinco generaciones, estos
emigrantes se hacen católicos. En consecuencia, Japón aumenta su población
católica. El cardenal japonés, Stephen Fumio Hamao, tenía unos 50.000
fieles, cuando llegó a la diócesis. Cuando la dejó en 1998, para trasladarse
a Roma, tenía 120.000. Este aumento es el resultado de esa emigración
de retorno. Sin embargo, el proceso de socialización es (de suyo)
insuficiente. El catecumenado es un proceso de evangelización, personal
y comunitario. 6. Marco Gnavi, responsable diocesano de Ecumenismo,
aborda el tema Catecumenado, ecumenismo y diálogo interreligioso. Destaca
la situación plural que vivimos en Europa. Los flujos migratorios nos
traen búsquedas religiosas de personas que pertenecen a otras tradiciones.
He aquí algunas orientaciones: Si se trata de cristianos de otra confesión, en
general, “la Iglesia católica los abraza con fraterno respeto y amor.
Porque estos, que creen en Cristo y recibieron debidamente el bautismo,
están en una cierta comunión con la Iglesia católica, aunque no perfecta”,
“tanto en materia doctrinal y a veces también disciplinar como en lo referente
a la estructura de la Iglesia, se oponen no pocos obstáculos”. Sin embargo,
“los hijos de la Iglesia católica los reconocen, con razón, como hermanos
en el Señor” (UR 3). Si proceden de las Iglesias Ortodoxas y de las
Antiguas Iglesias Orientales, hay que reconocer que sus auténticas
tradiciones "están arraigadas de modo manifiesto en la Sagrada Escritura,
se fomentan y se vigorizan con la vida litúrgica, se nutren de la viva
tradición apostólica y de las enseñanzas de los padres orientales y de
los autores espirituales, tienden hacia una recta ordenación de la vida;
más aún, hacia una contemplación cabal de la verdad cristiana” (UR 17).
Nos corresponde explicitar lo que para la Iglesia católica supone el primado
del obispo de Roma, el ejercicio de tal primado en la colegialidad episcopal,
los dogmas marianos que no comparten (Inmaculada Concepción, Asunción
de María). Si vienen de las Iglesias y comunidades vinculadas
a la Reforma, “hay que reconocer, ciertamente, que hay discrepancias
muy importantes, no sólo de índole histórica, sociológica, psicológica
y cultural, sino ante todo de interpretación de la verdad revelada” (UR
19), “existen graves divergencias con la doctrina de la Iglesia católica
aun respecto de Cristo, Verbo de Dios encarnado, y de la obra de la redención
y, por consiguiente, del misterio y ministerio de la Iglesia y de la función
de María en la obra de la salvación” (UR 20). Sin embargo, es grande su
amor por la palabra de Dios: “Si muchos cristianos no entienden siempre
el Evangelio en su aspecto moral de igual manera que los católicos...,
no obstante, quieren, como nosotros, seguir la palabra de Cristo, como
fuente de virtud cristiana” (UR 23). Si son hebreos, se deberá subrayar lo que
une al cristianismo con la fe hebrea, así como la novedad manifestada
en el acontecimiento de Jesús, en su muerte y resurrección, cumplimiento
de las Escrituras (LG 16). Si son musulmanes, se recuerda que “confesando
adherirse a la fe de Abraham, adoran con nosotros a un Dios único, misericordioso,
que juzgará a los hombres en el último día” (LG 16). Se recomienda discreción
y prudencia, pues la apostasía (desde su punto de vista) se castiga en
algunos países con la muerte. Si proceden de las religiones orientales,
se dan algunas claves. El budismo, que nace como rebelión a las
formas más antiguas de hinduismo, calla sobre Dios, no lo nombra y renuncia
a hablar de él. Dios es una realidad impersonal, muda. La vida humana
es prisionera del ciclo de la reencarnación (samsara), en una condición
superior o inferior según el comportamiento observado en la vida precedente
(el karma). La liberación de ese ciclo se llama nirvana. El
hinduismo es una religión de plegarias y ritos que presenta múltiples
formas y está dirigido por una casta de sacerdotes (los brahmanes).
Para el hinduismo, la esencia del hombre es Dios. Así se dice: “yo soy
dios”. Si son de New Age, se precisa alguna información.
Según esta corriente, el año 1962 habría marcado el comienzo de la era
del Acuario. Esta nueva fase cósmica traería la desaparición del cristianismo
y el nacimiento de comunidades que suponen un cambio de paradigma.
Se pasa de un modelo conflictual a un modelo que busca la armonía
y la integración de los opuestos. Ayudan a ello las filosofías orientales,
el taoísmo, las técnicas de meditación budista, las tradiciones de la
India. Es el retorno a una forma de paganismo, pre-cristiana, divinizadora
de la naturaleza, aunque se utilice un lenguaje que puede parecer cristiano,
pero vaciado de su significado originario.
7. El obispo Luca Brandolini comenta las vías
de la maduración cristiana según el Ritual de la Iniciación Cristiana
de Adultos (RICA), que recoge la tradición eclesial de los siglos
IV-V. El RICA describe sintéticamente en el n.7 las etapas del proceso
catecumenal: el precatecumenado, destinado a la primera evangelización;
el catecumenado, en sentido propio, que desarrolla la catequesis
de cara a una conversión; la purificación e iluminación,
que coincide con la cuaresma; finalmente, la mistagogía, que se
desarrolla durante el tiempo pascual como catequesis sacramental. El decreto
conciliar Ad gentes presenta el catecumenado como “formación y
noviciado convenientemente prolongado de toda la vida cristiana, con el
que los discípulos se unen a Cristo”. Al propio tiempo, se inician “en
el misterio de la salvación, en la práctica de las costumbres evangélicas
y en los ritos sagrados, que han de celebrarse en tiempos sucesivos” (AG
14). La vía de la catequesis está"orientada
a llevar a los catecúmenos no sólo a un adecuado conocimiento de los dogmas
y preceptos, sino también a un íntimo conocimiento del misterio de la
salvación" (RICA 19). Catequesis y catecumenado remiten al verbo
katecheo, que se refiere a la transmisión y a la escucha de la
Palabra. No se trata de una indoctrinación, sino de una catequesis radicada
en la Escritura, capaz de introducir en la historia de la salvación y
de transmitir los contenidos fundamentales del mensaje, de modo
que se favorezca el conocimiento, la respuesta de la fe, la conversión
del corazón, el desarrollo del comportamiento cristiano. La vía de la conversión hace posible que los
catecúmenos pasen “del hombre viejo al hombre nuevo"; "este
paso, que implica un progresivo cambio de mentalidad y de costumbres,
debe manifestarse en sus consecuencias sociales y desarrollarse progresivamente
en el tiempo del catecumenado" (RICA 19). Sobre los signos de este
cambio debe hacerse un discernimiento en los tiempos y modos considerados
más idóneos. En las inevitables y previsibles dificultades, los catecúmenos
han de ser sostenidos por el afecto, el testimonio y la oración de todos. La vía de la liturgia estáconstituida por
varias celebraciones, consideradas en la tradición catecumenal “como una
ayuda y una fuerza para la lucha”: Para ayudar a los catecúmenos “se promueven
celebraciones de la palabra y hasta pueden asistir con los fieles
a la liturgia de la palabra para prepararse mejor, poco a poco, a la futura
participación en la Eucaristía”(RICA 19). Finalmente, la vía del testimonio: “los catecúmenos
deben aprender también a cooperar activamente a la evangelización y a
la edificación de la Iglesia con el testimonio de su vida y con la profesión
de fe” (RICA 19). Una colaboración auténtica y plena en la evangelización
y edificación de la Iglesia es posible sólo cuando el discípulo de Jesús
está plenamente inserto en su misterio y, por tanto, en el de la Iglesia,
que es su Cuerpo. El RICA, más que un ritual, es un modelo en el
que inspirarse. Se refiere directamente a aquellos que no han sido
bautizados (n.1). Esta finalidad primaria del RICA puede parecer de escasa
importancia en Italia, donde la mayor parte de los adultos están bautizados.
Sin embargo, el RICA (con la necesaria adaptación a cada caso) interesa
también a aquellos que, aun estando bautizados, no han recibido ninguna
educación ni catequética ni sacramental (n.295). El catecumenado, con
sus vías, no es un sector más de la pastoral, sino su síntesis más rica
y estimulante, su modelo inspirador. 8. Paolo Sartor, responsable del Catecumenado
de Milán, reflexiona sobre La parroquia, lugar de la maduración cristiana.
Alude a la experiencia francesa, que toma conciencia de la descristianización
(1943) y de la necesidad del catecumenado. La preparación, muchas veces
apresurada, se confía a religiosas y se reduce a enseñanza. Falta la dimensión
litúrgica y la dimensión comunitaria. Se constata una escasa perseverancia.
Falta “la tierra donde pueda germinar la semilla”. Si la relación catecúmeno-comunidad
(parroquia) no existe, ¿habría que pensar en “ambientes de paso” (del
paganismo al cristianismo) donde sea posible vivir una liturgia adecuada
a la situación de los catecúmenos? En el catecumenado diocesano de Lyon se hacen “comunidades
de neofitado”. No se trata de centros o comunidades para catecúmenos,
sino de ambientes eclesiales adecuados para cristianos que proceden del
catecumenado. Por tanto, existen dos caminos para la formación cristiana,
la que pasa por la educación y la que se apoya en la conversión personal:
“El problema, dice Sartor, es que estas dos posibilidades formativas conducirían
a una Iglesia a dos velocidades o, si se prefiere, a dos modelos de comunidad
cristiana”. En cuanto a la situación italiana, “nuestra
condición no es ya la de cristiandad, pero tampoco es la de las comunidades
perseguidas o minoritarias”. La situación puede definirse “como un momento
fluido de transición”: “de una Iglesia que fundamentalmente coincidía
con la sociedad... a una Iglesia que ya no coincide con ella y que determina
cada vez menos la mentalidad, las costumbres, la cultura”, “en este marco,
la estructuración de la identidad cristiana de una persona no encuentra
apoyo en el contexto social”. Sin embargo, “el catolicismo italiano conserva
una dimensión popular que no sería bueno ignorar”. Los obispos italianos afirman en sus orientaciones
sobre el catecumenado de adultos: “En la Iglesia particular el lugar
ordinario y privilegiado de evangelización de la comunidad cristiana es
la parroquia” (1997). Esto se ha de entender en sentido amplio, no en
sentido “parroquialista”. La referencia parroquial es “ordinaria”, no
exclusiva. Eso sí, se impone una puntualización. No se trata
de decir: “Los franceses lo han hecho peor; los italianos, mejor”,
“unos olvidan la parroquia y otros la valoran en perspectiva de evangelización”.
Se trata de plantearnos algunas cuestiones: ¿La parroquia está
hecha para educar a los ya cristianos más que para convertir a los paganos?
¿La diócesis está llamada a sostener la iniciativa de las parroquias o
a realizar iniciativas por su cuenta? ¿La parroquia italiana puede asumir
el reto de la evangelización y del catecumenado? ¿En qué condiciones?
. 9. Virgilio La Rosa, director del Servicio
diocesano del matrimonio en Roma, aborda el tema Catecúmenos y matrimonio
cristiano. La Iglesia dedica una atención especial a los catecúmenos,
los invita a llevar una vida evangélica, los introduce en la celebración
de los sagrados ritos (c. 708,1), y les concede diversas prerrogativas
que son propias de cristianos, como la equiparación a los fieles en las
exequias eclesiásticas (c. 1183), el derecho de participar dentro de ciertos
límites en la vida litúrgica y en la actividad pastoral de la Iglesia
(c. 788,2), el derecho de recibir los sacramentales (c. 1170) y, sobre
todo, el de recibir el bautismo (c. 96); el catecúmeno ya forma parte
de la comunidad cristiana (c. 206). El catecúmeno puede celebrar el matrimonio cristiano,
con dispensa del impedimento de disparidad de culto (c. 1086), que concede
el Ordinario del lugar. Celebra así un matrimonio válido e indisoluble,
pero no es sacramento en cuanto que la sacramentalidad del vínculo se
produce sólo entre personas bautizadas (c. 1055). Con la recepción del
bautismo, el matrimonio del catecúmeno es elevado “ipso facto” a la dignidad
de sacramento (c. 1055). Si el matrimonio se celebró sólo por lo civil
entre parte catecúmena y parte bautizada, se precisa celebrar el rito
canónico. Algunos juristas abogan por el reconocimiento automático del
sacramento, considerando suficiente anotarlo en el registro de bautismo,
pues según el c. 1055 con el bautismo el matrimonio civil es elevado a
la dignidad de sacramento. Pero no siempre los fieles conocen estas disquisiciones
jurídicas, por lo que es pastoralmente aconsejable celebrar el rito del
matrimonio canónico tras el civil. José Luis de la Rocha criticó el planteamiento canonista
del tema, manifestando que, a su entender y apoyándose en lo dicho
por mons. Brandolini, el proceso catecumenal lleva a vivir la fe como
experiencia personal e interpersonal, y es bajo este planteamiento como
debe considerarse el matrimonio, hecho antropológico que la Iglesia reconoce
como sacramento cuando en él los esposos y la comunidad de creyentes viven
la experiencia de la acción de Dios y la presencia de Cristo. Sus palabras
fueron selladas con un aplauso de la asamblea. La Rosa aludió también al llamado privilegio paulino:
“El matrimonio contraído por dos personas no bautizadas, se disuelve
en favor de la fe de la parte que ha recibido el bautismo, por el mismo
hecho de que esta contraiga un nuevo matrimonio, con tal de que la parte
no bautizada se separe” (c. 1143,1). Por tanto, “el privilegio paulino
constituye una excepción a la ley de la indisolubilidad del matrimonio”.-
“Todo el mundo sabe, le dijo Jesús López al ponente, que la llamada excepción
paulina es una falsa tradición del siglo IV”.- “Ya, respondió él,
pero ¿qué puedo hacer yo? El derecho canónico es así”. Jesús le remitió
al evangelio propio del día: Anuláis la palabra de Dios
por vuestra tradición (Mc 7,1-13). La Rosa considera una moda o un fenómeno pasajero
la petición de renunciar a formar parte de la Iglesia Católica con anotación
al margen en el libro de bautismo. No se trata de una cancelación, pues
para la Iglesia documenta un hecho histórico. Desde la entrada en vigor
del Decreto de Ley para la protección de datos personales (año 2003),
las peticiones de “baja” en la diócesis de Roma han estado contenidas:
16 en 2003, 13 en 2004 y 35 en 2005. Pero no debemos desatender el fenómeno.
Nos conforta la petición de tantos hombres y mujeres que con el catecumenado
piden el bautismo. Desde 1991, año en que se restauró el servicio del
catecumenado en la diócesis de Roma, la estadística se ha mantenido constante
hasta alcanzar 136 en 2003, tras dos años de preparación. Ahora
se ha estabilizado en torno a 70-75 por año. 10. Antonio Mastantuono, profesor de la Pontificia
Universidad Lateranense, aborda la etapa de la mistagogía. En
la tradición catecumenal, mistagogía es catequesis sobre los misterios,
impartida después de Pascua o también antes, durante la cuaresma. La iniciación cristiana (bautismo, confirmación y
eucaristía) inserta al hombre en la naturaleza divina y participa de lo
que Dios es por naturaleza: “El hombre es una criatura que ha recibido
el mandato de hacerse dios”, dice Gregorio Nacianceno. Todo bautizado
tiene el deber de tomar conciencia de la dignidad que Dios le ha dado:
su divinización en Cristo. Asimismo, todo bautizado tiene el derecho
a ser instruido en esta gran realidad. La iniciación es tarea de la Iglesia, que es madre
y siente la necesidad de encauzar y acompañar a sus hijos en aquel camino
que debe llevarlos a completar su participación en la vida divina, transmitiéndoles
la fuerza vital que les ayude a alcanzar la madurez de Cristo. La visión
de la Iglesia como madre no es un residuo del pasado. Madre es “la que
comunica la vida”, es decir, la que da a luz una nueva vida. La solicitud
materna de la Iglesia debe ejercitarse, de modo especial, en “los catecúmenos
y neófitos, que han de ser gradualmente educados para que conozcan y vivan
la vida cristiana” (PO 6). 11. Pietro Sorci, miembro del Grupo Nacional
del Catecumenado de la CEI, trata de la penitencia y el catecumenado.
La iniciación cristiana es un itinerario de conversión o penitencia, que
implica abandonar el modo de pensar, de sentir y de actuar anterior. Para los catecúmenos no hay otra penitencia que el
bautismo preparado por el catecumenado. La conversión inicial es
la respuesta dada a la primera evangelización. Entonces comienza propiamente
el catecumenado, que es tiempo de catequesis, pero también tiempo de conversión,
“paso del hombre viejo al hombre nuevo”, “progresivo cambio de mentalidad
y de costumbres” (RICA 19). En la tradición catecumenal, el proceso de
conversión es discernido mediante los escrutinios, que se desarrollan
en los domingos III, IV y V de cuaresma con las lecturas evangélicas de
la samaritana, el ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro. La conversión de los bautizados, que incurren en
graves pecados, se llamará penitencia segunda, segunda respecto
al bautismo que es la primera. El sacramento de la penitencia es necesario
para aquellos que tienen conciencia de pecado grave. 12. El congreso tiene como lema un versículo tomado
del pasaje de los caminantes de Emaús: Jesús se puso a caminar con
ellos (Lc 24,15). El obispo Lorenzo Chiarinelli aborda la experiencia
central de la fe en su ponencia titulada Iniciados al misterio pascual
de Cristo. El cardenal Ratzinger, antes de entrar en el cónclave,
propuso con claridad la importancia del encuentro con Cristo, de
la “amistad con Cristo”, para una fe “madura y adulta”. Algunas preguntas se imponen: ¿Quién es el cristiano?
¿Dónde está Cristo presente? ¿Cómo encontrarle? He aquí algunas claves:
He muerto a la ley para vivir con Dios; con Cristo estoy crucificado,
y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mi (Ga 2,19-20). Es
el misterio, ahora revelado a sus apóstoles y profetas (Ef
3,4). La historia de la salvación encuentra su cumplimiento en el misterio
pascual de Cristo. No hay verdadera iniciación cristiana que no sea
experiencia consciente y progresiva de fe. La iniciación es personal y
comunitaria. La iniciación crea comunidad, hace un solo cuerpo (el cuerpo
de Cristo) y un solo espíritu. El que está en Cristo es una nueva creación
(2 Co 5,17). La salvación ya está presente y tiene sus signos: Los
ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen,
se anuncia a los pobres la buena nueva (Lc 7,19-23).
* El día 7, quien presidía la eucaristía hizo una oración,
que nos resulta especialmente significativa: El Señor te bendiga y
te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor... (Nm
6,24-26). Ese día fue la interpelación al canonista. Visitamos la tumba
de Juan Pablo I, llevando con nosotros El día de la cuenta. Termina
el congreso. El 8 de febrero volvemos a Madrid. En el camino de vuelta,
comentamos lo más importante: se cumple el pasaje de Emaús, el lema del
congreso. Recordamos...
Hace 25 años, el 28 de abril, tuvimos el primer
encuentro con sor Lorenzina. Quería visitar la Comunidad de Ayala y venía a participar
en el VIII Encuentro Europeo de Catecumenado, que ese año se celebraba
en Madrid. Hablamos de nuestra experiencia. Compartimos ese
pasaje de la carta a los Efesios, que dice: A mi, el menor de todos
los santos, me fue confiada esta gracia: la de anunciar a los gentiles
la inescrutable riqueza de Cristo (Ef 3,1-13). Era una buena carta
de presentación. El 30 de abril preparamos el curso de iniciación al catecumenado,
que había de darse en la diócesis de Roma. El 3 de mayo, en la eucaristía
del encuentro europeo, el evangelio propio del día era (¡precisamente!)
el pasaje de Emaús (Lc 24, 13-35). Del 5 al 11 de julio tuvimos en Monte Livata, la
montaña de Roma, el curso de iniciación al catecumenado: necesidad, líneas
básicas, constantes de la evangelización, etc. En 1982, del 29 de abril al 3 de mayo, preparamos
en Roma el encuentro europeo, que había de celebrarse en Londres. El día
30, visitando la basílica de San Pedro, nos encontramos con D. Maximino
Romero de Lema, que fue obispo de Avila y era secretario de la Congregación
del Clero, de la que depende la Catequesis. El 4 de mayo le visitamos.
Le informamos sobre el catecumenado europeo.
Visitamos también al cardenal Poletti, vicario de
la diócesis de Roma. En el Vicariato de Roma tuvimos un encuentro de catequistas
sobre las constantes de la evangelización. Nuestra aportación al catecumenado en las diócesis
de Roma, de Lisboa y de Coimbra, en numerosas diócesis españolas y en
el Equipo Europeo de Catecumenado, se recoge sumariamente en la Memoria
que Elías Yanes, Presidente de la Comisión Episcopal, pidió a Jesús López
al ser cesado en el Departamento de Catequesis de Adultos (1986). Se la
pidió, así le dijo, “para que se reconozca tu trabajo en la Comisión”
(ver Se pedirá cuenta, 21). El Manual del Educador (Guía Doctrinal) del catecismo Con vosotros está (1976), que Elías considera en el Diccionario de Catequética “como un verdadero manual para catequesis de adultos” (San Pablo, 1999), lo aplicamos al Proyecto catecumenal I y II (1981,1983). Ahora el proyecto está casi totalmente actualizado. Puede verse en la red: www.comayala.es. En el Diccionario de Catequética se puede ver la voz Catecumenado e inspiración catecumenal. Ante el cristianismo convencional, la situación de vieja cristiandad y el nacional-catolicismo, denunciamos el déficit de evangelización de nuestra sociedad: muchos son los bautizados, pocos los evangelizados. España es (también) país de misión (PPC,1979). Del encuentro de Gazzada, cerca de Milán, salió el libro europeo de catecumenado, Los comienzos de la fe (Ed. Paulinas, 1990), en el que participamos con el capítulo titulado Pastoral catecumenal y pastorales análogas. El congreso nos ha servido para contactar con la experiencia catecumenal italiana, para recordar algunos datos de nuestra historia y para reflexionar una vez más sobre lo que significa el catecumenado como proceso de evangelización. Ciertamente, el Señor continúa su trabajo: sigue sembrando la Palabra en el campo de la historia. Es preciso escuchar.
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