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MANIFIESTO CONTRA LA GUERRA Estados
Unidos y países aliados (entre ellos, España) están a punto de atacar
a Irak. Según estimaciones del Comité de Emergencia de la ONU, la guerra
puede sacrificar medio millón de personas, herir a dos millones y provocar
tres millones de refugiados. Como miembros de la Asociación de Fieles
Comunidad de Ayala manifestamos lo siguiente: 1)
Condenamos
la guerra que se prepara por injusta y criminal. No hay nada que la justifique:
intereses económicos, objetivos estratégicos, ambición de poder, necesidad
inmediata de defensa. La lucha contra el terrorismo ha de hacerse dentro
de la legalidad y del respeto a los derechos humanos. El concepto de “guerra
preventiva” manifiesta un retroceso moral de la humanidad. 2)
Por
tanto, consideramos un escándalo apoyar la guerra. Lo que está en juego
no es una cuestión meramente política, sino una grave responsabilidad
moral. 3)
Apoyamos
la posición del Papa y de los obispos contra “una guerra que podría recaer
sobre la población de Irak, ya extenuada por más de doce años de embargo”.
Nos unimos a la manifestación mundial contra la guerra, que recibimos
como una señal global de esperanza. Nos solidarizamos con todos aquellos
que trabajan por la paz y rechazan la violencia sean de cualquier raza,
ideología o religión: Ellos serán llamados hijos de Dios (Mt 5,9). 4)
Estar
contra la guerra no significa apoyar el régimen dictatorial de Sa dam
Husein, sino defender al pueblo iraquí. La guerra hay que hacerla al hambre,
a la enfermedad y a la muerte, dando cumplimiento a la esperanza profética:
Fundirán sus espadas para hacer arados y sus lanzas para hacer podaderas
(Is 2,4). 5)
En
estos momentos hay que recordar lo que dice el Concilio Vaticano II: ·
“La
paz no es la mera ausencia de la guerra, ni se reduce al solo equilibrio
de las fuerzas adversarias, ni surge de una hegemonía despótica” (GS 78).
·
“Una
cosa es utilizar la fuerza militar para defenderse con justicia y otra
muy distinta es querer someter a otras naciones” (GS 79). ·
“Toda
acción bélica que tiende indiscriminadamente a la destrucción de ciudades
enteras o de extensas regiones junto con sus habitantes, es un crimen
contra Dios y la humanidad” (GS 80). ·
“La
carrera de armamentos es la plaga más grave de la humanidad y perjudica
a los pobres de manera intolerable” (GS 81). ·
“La
paz ha de nacer de la mutua confianza de los pueblos y no debe ser impuesta
a las naciones por el terror de las armas”. La reducción de armamentos
ha de ser “no unilateral, sino simultánea, de mutuo acuerdo, con auténticas
y eficaces garantías“. A los responsables de los pueblos se les exige
“que amplíen su mente más allá de las fronteras de la propia nación, renuncien
al egoísmo nacional y a la ambición de dominar a otras naciones, alimenten
un profundo respeto por toda la humanidad” (GS 82).
Madrid, marzo de 2003
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