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MENSAJE DE PAZ
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Trillo
en el lugar del accidente
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El 26 de mayo murieron 62 militares españoles
en accidente aéreo, cuando volvían de Afganistán. El avión ucraniano
en el que viajaban se estrelló contra una montaña cerca de la base turca
de Trebisonda, en plena noche y con niebla: "en circunstancias
meteorológicas fortísimas de tormenta y niebla", según Federico
Trillo, ministro de Defensa. Los restos del avión y de los cuerpos quedaron
esparcidos en una amplia zona. La semana de las Fuerzas Armadas, que
culminaba el día 31 con un acto presidido por el Rey en Canarias, se
tiñó de luto. Murieron también los 13 miembros de la tripulación. La
catástrofe no tiene precedentes en las Fuerzas Armadas españolas. El
Papa ha manifestado su "profundo pesar" por la tragedia. La
investigación correspondiente tendrá que aclarar las causas del accidente
y las responsabilidades a que hubiere lugar.
- El día 27, en la reunión del grupo de
Mirasierra, comentamos el accidente. Estaba en el ambiente. Además,
cinco víctimas nos resultaban cercanas. Nos encontramos con el salmo
142 con el que murió San Francisco: En torno a mí los justos harán
corro por tu favor para conmigo. Entendemos que el santo de Asís
repite su mensaje de paz en medio de un mundo violento. Como
hace un año, a propósito de la guerra contra Afganistán (Ver El día
de la cuenta, 417-418).
- El 29 de mayo, familiares de los militares
muertos increpan a Trillo y a Aznar en el funeral celebrado en la base
aérea de Torrejón (Madrid). Los militares fallecidos reciben honores
sin precedentes, presididos por el Rey. Es un día de luto, no sólo para
las Fuerzas Armadas, sino para toda España. Una mujer grita desde la
tribuna: "Mi hijo ha muerto por el dinero", aludiendo al tipo
de avión elegido y al recorte presupuestario. Otra mujer dice a una
anciana, señalando los 62 féretros cubiertos por la bandera nacional:
"No sé, abuela, no sé cuál es el de él". Una mujer joven vestida
de luto abandona la tribuna, corre entre los féretros y se abraza a
uno de ellos. Mientras la ayudan a retirarse, grita fuera de sí: "No
a la guerra, viva el Ejército".
- Ese mismo día, en la reunión de Saliente,
comentamos el accidente y leemos el pasaje de los Hechos de los Apóstoles
(Hch 17,15.22-18,1), propio del día: Dios manda a todos los hombres
en todas partes que se conviertan; además, tiene señalado un
día en que juzgará el universo con justicia. En cierto sentido,
dice el salmo 149, también propio del día, ese juicio ya está presente.
Sobre todo, los grandes de este mundo deberían tenerlo en cuenta.
- El 31 de mayo los periódicos difunden
la noticia: dos policías nacionales, Bonifacio Martín y Julián
Envit, han sido asesinados por ETA. La condena es general. Como dice
Fernando Sebastián, arzobispo de Pamplona: “En nombre de Dios y de la
conciencia humana, rechazamos y condenamos estos procedimientos criminales,
absolutamente inaceptables para una conciencia cristiana y humana”.
Ese mismo día, el Ejército celebra a puerta cerrada el día de las Fuerzas
Armadas en medio de un gran malestar, provocado por el accidente aéreo
de Turquía.
- En la eucaristía oramos por las víctimas
del accidente y del atentado. También recordamos a las víctimas de la
guerra de Afganistán y de Irak. Con la primera lectura (Hch 1,1-11),
destacamos tres aspectos de la pascua: Cristo vive, es el Señor,
seréis mis testigos. En la fiesta de la Ascensión, celebramos el
segundo aspecto: Jesús no es un resucitado más, es el Señor, viene a
juzgar. Comentamos la actitud nacionalista de los discípulos, preocupados
por la soberanía de Israel. Los nacionalismos relativos
son legítimos, sus vías son pacíficas. Los nacionalismos absolutos matan,
sus medios son violentos. Comentamos también la actitud estéril de los
discípulos, que se quedan plantados mirando al cielo. Como en
la transfiguración (Lc 9,30) y en la resurrección (24,4), aparecen dos
hombres vestidos de blanco, en gloria, resucitados. En la transfiguración
hablan de la muerte (9,31). En la muerte, anuncian la resurrección (24,6).
Ahora dicen: El mismo Jesús que os ha sido llevado al cielo volverá
como le habéis visto marcharse. Viene sobre las nubes, es
decir, con el poder de Dios (Mt 26,64), pero discretamente. El día
del Señor no llega de forma espectacular, como parecen esperar los
discípulos que han acudido al monte de los Olivos (Hch 1,12;Zac 14,4).
Lo dijo Jesús en la última cena: Dentro de poco el mundo ya no me
verá, pero vosotros sí me veréis (Jn 14,19). Que Dios ilumine
los ojos de vuestro corazón, dice la segunda lectura (Ef 1,17-23).
Aunque no lo parezca, Cristo está por encima de todo principado,
potestad, fuerza y dominación.
- El evangelio del día (Mc 16,15-20) es,
precisamente, el pasaje que lleva San Francisco, cuando va a hablar
con el sultán de Daimieta, ese que dice: Tomarán serpientes en sus
manos. El sultán le pregunta por qué los cristianos predican el
amor y hacen la guerra. A Francisco se le saltan las lágrimas. Tampoco
él entiende la cruzada de las armas y responde: “El amor no es amado”.
Como entonces, como hace un año, el santo de Asís repite su mensaje
de paz en medio de un mundo violento (ver El día de la cuenta,
417-418). Además, así lo entendemos, se cumple de nuevo el evangelio:
El Señor confirma la palabra anunciada con las señales que la acompañan.
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