El sacerdote abulense Jesús López Sáez asegura que existen indicios suficientes para pensar que el Papa Juan Pablo I fue asesinado

21.05.08 -

ÁNGEL DEL POZO

"Esta mañana, 29 de septiembre de 1978, hacia las cinco y media, el secretario particular del Papa, no habiendo encontrado al Santo Padre en la capilla, como de costumbre, le ha buscado en su habitación y le ha encontrado muerto en la cama, con la luz encendida, como si aún leyera. El médico, doctor Renato Buzzonetti, que acudió inmediatamente, ha constatado su muerte, acaecida probablemente hacia las 23 horas del día anterior a causa de un infarto agudo de miocardio".

Este es el escueto y lacónico comunicado emitido por el Vaticano tres horas después del óbito del Papa Juan Pablo I. Nada que ver con el amplio informe medico emitido escasos minutos después de la muerte del anterior Papa, Pablo VI. Casi 30 años después de su inesperada muerte (sólo estuvo al frente del pontificado 33 días) se siguen manteniendo certeras sospechas y probables hipótesis de que su muerte no fue natural. Así por lo menos lo afirma el sacerdote abulense Jesús López.

Licenciado en Filosofía y Letras, Teología y Psicología, Jesús López ha escrito numerosos artículos y publicaciones, entre ellos 'Se pedirá cuenta' y 'El día de la cuenta', en las que analiza la muerte de Juan Pablo I.

«Hoy en día, -asegura López-, pocas cosas quedan en pie de las afirmadas en el comunicado emitido por el Vaticano, según el cual, el cadáver del Papa fue encontrado por el secretario particular». Después se dio el nombre del Padre Magee (secretario de Pablo VI). Lo cierto es que no fue ni uno ni otro sino que en realidad fue encontrado por la religiosa Sor Vicenza, quien lo desvelo años después, -agobiada por el peso de la conciencia-, asegurando que la Secretaría de Estado la impuso el silencio.

Además -continúa el sacerdote- la determinación de la causa de la muerte carece de fundamento. La disposición en la que se encuentra el cadáver no corresponde con la sintomatología de un infarto ya que no ha habido lucha con la muerte. El Papa Albino Luciani jamás había presentado un síndrome cardiopático, no tenía la tensión baja, no fumaba, raramente bebía alcohol y comía parcamente. Sólo una autopsia podría certificarlo. Una autopsia que nunca se hizo. ¿O sí?

Autopsia extraoficial

Jesús López interrogó en 1998 al periodista de la RAI Giovanni Gennari, quien le aseguró que a Albino Luciani, al que conocía personalmente, se le hizo una autopsia extraoficial, y que por ella se supo que había muerto por la ingestión de una dosis fortísima de un vasodilatador, recetada a través del teléfono por su médico personal. Estaríamos entonces ante un funesto error, pero tras 15 años de silencio, su médico personal, el Doctor Da Ros declaró que Luciani estaba bien, que aquella tarde no le prescribió absolutamente nada. Además -asegura Jesús- ya he constatado que aquel día la Farmacia Vaticana no dispenso ningún medicamento al Pontífice. Incluso existen diversos testigos asegurando que el cuerpo todavía estaba tibio cuando fue encontrado. Por tanto -dice el sacerdote-, la hora del fallecimiento que emite el comunicado también podría estar falseada. Unos datos sin duda estremecedores pero aun hay más

En aquel septiembre de 1978 sucedieron diversos incidentes anómalos. Se conoce que el Papa recibió varias amenazas de muerte. Los hermanos Gusso, Paolo y Guido, mayordomos de Luciani, fueron despedidos, acusados de introducir sin permiso a fotógrafos y otras personas en los aposentos del Pontífice. Horas antes de su muerte, unos técnicos, cuya identidad aún se desconoce, instalaron y probaron dos timbres de emergencias junto a su cama. Este hecho, sin saber por qué, no se supo hasta diez años después. Sorprendente fue la interpelación que un médico le hizo inesperadamente al Santo Padre: «Santidad, usted tiene el corazón destrozado». «Muerto un Papa, hacen otro», le respondió amablemente Luciani. Y quizás el hecho más desconcertante fue la repentina muerte de Nikodim, número dos de la Iglesia ortodoxa rusa, que murió en los brazos de Juan Pablo I, según dicen, tras tomar una taza de café.

Ante esta vorágine de datos, difíciles de digerir, le pregunto a Jesús López ¿Quién podría estar interesado en la desaparición del Pontífice? Esta fue su respuesta: «He conseguido identificar a la persona que me ofreció un testimonio anónimo sobre las prioridades que tenía Juan Pablo I al ocupar el cargo. El autor no puede ser otro que el cardenal argentino Eduardo Pironio. Y estas -continúa el abulense- eran sus principales intenciones: revisar la estructura de la Curia, publicar varias cartas pastorales sobre la colegialidad de los obispos, la mujer en la Iglesia, la pobreza en el mundo y la unidad de la Iglesia. Por tanto -continua el sacerdote- pretendía realizar una importante reforma eclesiástica con la que algunos sectores más retrógrados no estaban de acuerdo. Además pretendía acabar con los negocios del IOR (Instituto para las Obras de Religión) cortando de raíz sus vínculos con el Banco Ambrosiano. Un estamento que se lucraba con operaciones corruptas con un capitalismo salvaje y evasiones de impuestos», asegura Jesús López. De hecho cuando Albino Luciani accede al Papado, cuatro años antes de la escandalosa bancarrota del citado banco, y del inicio del reguero de tiros, suicidios y sangre que vino después, las autoridades italianas ya están investigando las conexiones del Ambrosiano con el IOR. Y es que la lista de 'incidentes' relacionados con la quiebra del Banco Ambrosiano o con la logia P2 (una organización mafiosa infiltrada en el mismo Gobierno italiano) es estremecedora.

Casualidades

«Mi primer escrito sobre la muerte de Juan pablo I -añade López- salió a la luz de forma no intencionada, el día 4 de octubre de 1985, el aniversario del entierro. Ese día, en todas las iglesias católicas se leía el siguiente salmo: 'Han entregado el cadáver de tus siervos por comida a los pájaros del cielo, la carne de tus amigos a las bestias de la tierra'. Y dice después: 'Que se conozca entre las gentes'. Pues ya saben: 'Que se conozca entre las gentes' .