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LA ADOPCION DE MAR
La historia de la adopción de Mar empezó en Diciembre de 2004. Siempre habíamos tenido deseos de tener más hijos, así como Julio, nuestro hijo, más hermanos. Teníamos en el corazón una palabra, la de Abraham y Sara (Gn 18,10), que nos prometía un hijo. Efectivamente hubo un embarazo que llenó nuestra vida de ilusión . Además suponía que el Señor cumplía su promesa con nosotros. Sin embargo, este hijo no llegó a nacer y sufrimos una decepción enorme. Julio padre se quedó muy defraudado. Nuestro “angelote”, que es como así le llamamos, en seguida nos hizo sentir su nueva presencia, pero continuaba la pena de no poder tenerle en nuestros brazos. Tuvimos muy presente en aquellos días la lectura de Isaías 49. Nos llegaba de manera especial el versículo 15: "¿Acaso olvida una mujer a su niña de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque esas lleguen a olvidarse yo no te olvido". Hubo complicaciones médicas que desaconsejaban un nuevo embarazo y nos resultaba difícil encontrar consuelo. ¡Habíamos tenido tan cerca nuestro sueño! Con el tiempo los problemas médicos se fueron disipando hasta el punto que nos planteábamos intentar un nuevo embarazo. Después de meditarlo, decidimos ser padres por otra vía, la adopción. Poco a poco nos fuimos haciendo a la idea. Nuestro hijo Julio tuvo una señal importante al encontrar en la Biblia de niños un comentario que hablaba de San José como padre adoptivo. Esa noche estábamos reunidos con Africa y Javier y su hija adoptada Clara. Julio comenzaba a aceptar la adopción como una forma más de tener una hermana. El Señor nos iba regalando pequeñas señales que guiaban el camino hacia la adopción. La palabra de Isaías 49 continuaba acompañándonos. En el versículo 22 nos decía:”Traerán a tus hijos en brazos y tus hijas serán llevadas a hombros”. El 7 de febrero de 2005 recibimos la apertura de nuestro expediente. En el grupo escuchamos un salmo que decía:”Libras al pequeño del que los despoja” (Sal 35, 10). Después de unos cursos de formación nos entrevistamos con dos profesionales que debían elaborar el informe psicosocial para concedernos o no la idoneidad para la adopción. Resultó que uno de ellos, el Trabajador Social, era vecino y compañero de Scout de mi Parroquia de soltera. A partir de ahí, todo fue más fácil incluso nos orientó sobre como resolver el papeleo para que nos resultara favorable. Nos llamó la atención que firmó su informe el 13 de Junio, que nos recuerda al abuelo Antonio que nos cuida constantemente. Pasaba el tiempo y se hacía interminable. Sin embargo todo se iba preparando. El Señor nos reconfortaba con su Palabra, escuchada por cada uno de nosotros en Madrid en nuestros grupos y en Asturias por mi marido Julio, donde entonces trabajaba. Cuando la poníamos en común , veíamos que el mensaje era el mismo. Nuestra espera sufría cada vez más retrasos. En Diciembre de 2005 sucede un “milagro”. A mi marido, después de más de 10 años trabajando por toda España, le destinan a Madrid. De este modo, la familia se reagrupa y ya estamos listos para recibir a Mar. Por fin, el 13 de junio, el día del abuelo Antonio, vemos por primera vez las fotos de nuestra hija que nos entrega la asociación AKUNA. Mi marido Julio se veía reconfortado y sentía que la promesa aquella de tener un nuevo hijo se hacía realidad. Partimos hacia China y todo fue sencillísimo. Mar en seguida nos adoptó como su nueva familia y estábamos todos encantados. Desde entonces nuestra vida ha cambiado por completo, llenándose nuestros corazones de una felicidad indescriptible. ¡MAR ES UNA MARAVILLA DEL SEÑOR PARA NOSOTROS! Contamos siempre con la ayuda de nuestro hijo Julio que era quien siempre daba la lata pidiendo un hermanito. Un par de días antes de preparar su bautizo, poniendo en común nuestra experiencia con algunos miembros de la Comunidad, nos encontramos con el remate final de esta historia. Aquella noche mi marido Julio se encuentra este pasaje: La palabra de Dios no se ha frustrado... no son hijos de Dios los hijos según la carne, sino que los hijos de Dios de la promesa se cuentan como descendencia. Porque estas son las palabras de la promesa: por este tiempo volveré, y Sara tendrá un hijo (Rm 9,6-9).
Lucía Cantero
Muñoz
31 de agosto
de 2009
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