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¿QUIÉN
SE CALLÓ?
1.- El viaje de Benedicto XVI a Polonia (del 25 al 28 de mayo) tiene diversos aspectos, que por su importancia histórica, política y religiosa es preciso analizar y discernir. El día 26, bajo una lluvia intensa, el papa celebró una misa en Varsovia, en la plaza de la Victoria. Se preguntó en la homilía: “¿Cómo no agradecer hoy a Dios por todo lo que se ha realizado en vuestra patria y en el mundo entero durante el pontificado de Juan Pablo II?”. El papa daba así en Polonia una visión occidental y triunfalista de la historia. Es una ley de la misma: antes o después, las dictaduras caen. El día 27 visitó el pueblo natal de Juan Pablo II: "He venido aquí, dijo, a rezar con vosotros para que sea elevado pronto a la gloria de los altares". La oración parece superflua. En el fondo, ¿no depende de él? 2.- Ha llamado especialmente la atención su visita, el día 28, a los campos de concentración de Auschwitz-Birkenau. Allí, entre 1940 y 1945, murió más de un millón de personas, la mayoría judíos. El papa leyó un discurso en italiano, que empezaba así: “Tomar la palabra en este lugar de horror, donde se han acumulado tantos crímenes contra Dios y contra el hombre que no tienen parangón en la historia, resulta casi imposible, y es particularmente difícil y opresor para un cristiano, para un Papa que proviene de Alemania. En un lugar como este faltan las palabras, en el fondo bastaría sólo un silencio desconcertado, un silencio que es un grito interior dirigido a Dios: ¿Por qué, Señor, has callado? ¿Por qué has podido tolerar todo esto?”. 3.- El papa indica el motivo de su visita y disculpa al pueblo alemán, que fue engañado por un grupo de criminales: “Era y es un deber frente a la verdad y al derecho de todos los que han sufrido, un deber ante Dios, estar aquí como sucesor de Juan Pablo II y como hijo del pueblo alemán, hijo de un pueblo sobre el que un grupo de criminales alcanzó el poder mediante promesas mentirosas, en nombre de un futuro de grandeza, de recuperación del honor de la nación y de su importancia, con previsiones de bienestar y también con la fuerza del terror y la intimidación, de forma que nuestro pueblo pudo ser usado y abusado como instrumento de sus manías de destrucción y dominio". 4.- Benedicto XVI visita este lugar de horror “por implorar la gracia de la reconciliación – sobre todo con Dios que, solo, puede abrir y purificar nuestros corazones; después con los hombres que aquí han sufrido, y finalmente la gracia de la reconciliación con todos aquellos que, en esta hora de nuestra historia, sufren de modo nuevo bajo el poder del odio y bajo la violencia fomentada por el odio”.
6.- Nuevas desventuras, dice el papa, se ciernen en esta hora presente: “por una parte, el abuso del nombre de Dios para justificar una violencia ciega contra personas inocentes y, por otra, el cinismo que no conoce a Dios y que ridiculiza la fe en El”. 7.- Benedicto XVI ha contemplado las lápidas que, en las diversas lenguas, recuerdan a las víctimas: ”Algunas lápidas invitan a un recuerdo especial. Está la de lengua hebrea. Los poderosos del Tercer Reich querían aplastar al pueblo hebreo en su totalidad”, “en el fondo, aquellos criminales violentos, con la aniquilación de este pueblo, querían matar al Dios que llamó a Abraham, que hablando sobre el Sinaí estableció los criterios orientadores de la humanidad que permanecen válidos para siempre”, “con la destrucción de Israel querían, a fin de cuentas, arrancar también la raíz sobre la que se basa la fe cristiana”. 8.- El papa reconoce el ejemplo “de todos aquellos que, como los tres jóvenes ante la amenaza del horno babilónico, supieron responder: Sólo nuestro Dios puede salvarnos...Y aunque no lo haga, conste, majestad, que no veneramos a tus dioses ni adoramos la estatua de oro que has erigido (Dn 3,17s)”. 9.- Detrás de las lápidas, dice el papa, se oculta el destino de innumerables seres humanos: “No quieren provocar en nosotros el odio: nos demuestran más bien lo terrible que es la obra del odio. Quieren llevar nuestra razón a reconocer el mal como mal y a rechazarlo; quieren suscitar en nosotros el coraje del bien, en la resistencia contra el mal; quieren llevarnos a aquellos sentimientos que se expresan en las palabras que Sófocles pone en los labios de Antígona frente al horror que la rodea: Estoy aquí no para odiar juntos, sino para amar juntos”. 10.- Con la purificación de la memoria, dice Ratzinger, crecen en torno a este lugar “múltiples iniciativas que quieren poner un límite al mal y dar fuerza al bien”, “aquí cerca se desarrolla la vida oculta de las monjas carmelitas, que se saben particularmente unidas al misterio de la cruz de Cristo y nos recuerdan la fe de los cristianos, que afirman que Dios mismo bajó al infierno del sufrimiento y sufre juntamente con nosotros”. 11.- Termina diciendo el papa: “La humanidad ha atravesado en Auschwitz-Birkenau un valle oscuro. Por esto querría precisamente en este lugar terminar con una oración de confianza, con un salmo de Israel que, al mismo tiempo, es una oración de la cristiandad: El Señor es mi pastor, nada me falta (Sal 23)”. 12.- El viaje del papa tuvo lugar después de la última catequesis, La renovación pendiente. Algunas claves de la misma ayudan a realizar el necesario discernimiento: ¿Elude el papa la denuncia del pasado nacional y religioso? ¿Denuncia los terribles azotes que asolan la tierra? ¿Tiene el sumo sacerdote las ropas limpias? ¿Se inclina ante la estatua de oro? ¿Se necesita un nuevo concilio, un re-concilio, que haga posible la reconciliación pendiente? 13.-En primer lugar,
es preciso decir: ¿Quién se calló? A lo largo de 1942, Pío XII recibió
continua información acerca del Holocausto. El 25 de junio el diario londinense
Daily Telegraph afirmaba lo siguiente: “Más de 700.000 judíos polacos
han sido asesinados por los alemanes en las mayores matanzas de la historia
del mundo”. Pío XII tuvo que escuchar el creciente clamor que llegaba
de todo el mundo para que pronunciara una clara denuncia de la situación. 14.-El 31 de julio
de 1942 el embajador británico ante la Santa Sede (Francis d`Árcy Osborne)
escribía a Bridget McEwan: “Sospecho que S.S. (Su Santidad) espera desempeñar
un gran papel como pacificador y que es en parte por esa razón por lo
que trata de mantener una posición de neutralidad entre ambos bandos beligerantes.
Pero, como usted dice, los crímenes alemanes no tienen nada que ver con
la neutralidad”. 15.- Durante el verano de 1942, unos cinco mil judíos holandeses fueron deportados a los campos de concentración. El arzobispo de Utrecht hizo pública una carta pastoral de denuncia, para que se leyera en todas las iglesias. Como represalia, los alemanes deportaron a todos los judíos católicos que pudieron encontrar, incluida Edith Stein, la carmelita judía que había pedido a Pío XI que hiciera un pronunciamiento urgente contra el antisemitismo en la primavera de 1933. Pero el 20 de julio de ese año el cardenal Pacelli (entonces Secretario de Estado y después papa Pío XII) firmaba el concordato con el Reich. 16.- En 1937 Pío XI
publicó la encíclica Mit brennender Sorge, que empezaba así:
“Con cuánta preocupación y creciente desaliento, hemos callado durante
algún tiempo los sufrimientos de la Iglesia en Alemania”. La condena de
la ideología nazi quedó un tanto apagada. Cinco días después Pío XI publicó
la encíclica Divini Redemptoris, condenando con mayor vehemencia
el comunismo: “Es intrínsecamente perverso y, por tanto, no puede admitirse
que colabore con él en territorio alguno quien quiera salvar la civilización
cristiana”. 17.- Volvemos sobre
el silencio de Pío XII. Sor Pasqualina, la religiosa que le atendía, dijo
al tribunal de beatificación que el papa había escrito un documento “condenando
el obrar de Hitler” cuando le llegaron noticias de los “cuarenta mil”
judíos holandeses asesinados tras la carta pastoral del arzobispo. “Recuerdo,
dijo, que el Santo Padre entró en la cocina un día a la hora del almuerzo,
llevando consigo dos hojas de papel llenas de su menuda letra”. “Contienen,
dijo el papa, mi protesta contra la cruel persecución de los judíos, e
iba a publicarla en L´Osservatore esta noche. Pero ahora sé que
si la carta del obispo le ha costado la vida a 40.000 personas, la mía,
cuyo tono es aún más enérgico, puede costarle la vida a 200.000 judíos.
No puedo asumir una responsabilidad tan grave. Es mejor permanecer en
silencio ante el público y hacer en privado lo que sea posible” (J. Cornwell,
El papa de Hitler, Planeta, Barcelona, 2000). 18.- Benedicto XVI trata de rechazar la acusación de la culpa colectiva de los alemanes respecto al Holocausto. Ciertamente, no se puede aceptar la teoría que atribuye a todos los alemanes “un carácter nacional perverso e inmutable”. Pero considerada literalmente la frase de Benedicto XVI contiene una falsedad histórica: “Todos saben cómo llegó Hitler al poder y lo fanática que fue la devoción popular hacia el führer”, afirma Lucio Caracciolo en La Repubblica (30-5-2006). 19.- El judío americano Daniel Jonah Goldhagen considera “mitológico” el relato que hace Benedicto XVI del pasado: exonera injustamente a los alemanes de su responsabilidad en el Holocausto, “los criminales alemanes consideraban que los judíos eran una raza malévola y poderosa, una raza, no un grupo religioso”, “está muy bien reconocer y recordar que los alemanes asesinaron a otros pueblos, pero de los 1.1 millones de víctimas de Auschwitz un millón fueron judíos”, “la manipulación histórica de Benedicto XVI para cristianizar el Holocausto es un escándalo moral porque oculta la realidad más inquietante sobre el papel de la Iglesia católica en este asunto” (El País, 8-6-2006). 20.- El teólogo alemán Jürgen Moltmann en su libro El Dios crucificado recoge este testimonio único de E.Wiesel, superviviente de Auschwitz: "La SS colgó a dos hombres judíos y a un joven delante de todos los internados del campo. Los hombres murieron rápidamente, la agonía del joven duró media hora. ¿Dónde está Dios? ¿Dónde está?, preguntó uno detrás de mi. Cuando después de largo tiempo el joven continuaba sufriendo, colgado del lazo, oí otra vez al hombre decir: ¿Dónde está Dios ahora? Y en mi mismo escuché la respuesta: ¿Dónde está? Aquí... Está allí colgado del patíbulo" (Sígueme, Salamanca, 1975, 393). Ciertamente, cualquier otra respuesta sería blasfemia. 21.- Una cuestión que resulta recurrente en la retórica vaticana es la apelación al secreto de Dios, eludiendo la propia responsabilidad. Es lo que sucedió con la muerte de Juan Pablo I En su funeral, pasado por agua, se leyó una lectura, que hablaba de los insondables caminos de Dios (Rm 11,33-36). La lectura fue utilizada al servicio de la posición oficial y al amparo de una oscuridad eficazmente mantenida por intereses ocultos. En el fondo, una blasfemia, que es lo contrario de la profecía. Lo denunciamos (una vez más) con motivo del viaje de Benedicto XVI a Alemania (¿Piedra de construcción o de escándalo?). 22.- Finalmente, un detalle que llama la atención. Al terminar su discurso el papa, un impresionante arco iris fue apareciendo en el cielo del campo de concentración. Lo recoge Antonio Pelayo y lo vimos en televisión: “En esos momentos se dibujaba con una nitidez que se fue haciendo cada vez más intensa un espléndido arco iris” (Vida Nueva, 3-6-2006). En la Biblia el arco iris es señal de alianza entre Dios y la humanidad, la alianza perpetua entre Dios y todo ser viviente (Gn 9,16). Es decir, Dios no es responsable del mal que hay en el mundo.¡Dios no se calla!
* Diálogo: Sobre lo que nos parece más importante |