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EL
CAMINO DE CASA Y LA MESA COMUN
1.- No es fácil de leer, pero tendrá su impacto. Lo notarán incluso los que no la lean. Hablamos de la exhortación sobre la Eucaristía, titulada El sacramento de la caridad, que Benedicto XVI ha publicado recientemente para “retomar la riqueza multiforme de reflexiones y propuestas” surgidas en el Sínodo de los Obispos (5), celebrado en Roma en octubre de 2005. Y el impacto ¿es positivo o negativo? 2.- En las palabras del papa no aparece la necesidad de revisar la propia tradición a la luz de la palabra de Dios. Al contrario: “Admiramos llenos de gratitud cómo se han desarrollado ordenadamente en el tiempo las formas rituales con que conmemoramos el acontecimiento de nuestra salvación”, “desde las diversas modalidades de los primeros siglos...hasta la difusión del rito romano; desde las indicaciones claras del Concilio de Trento y del Misal de san Pío V hasta la renovación litúrgica establecida por el Concilio Vaticano II”(3). 3.- Las cosas no han podido ir mejor, salvo algunas dificultades y abusos del pos-concilio. Se constata “el influjo benéfico” de la reforma litúrgica promovida por el Concilio y se valora cómo ha sido su recepción: “Los juicios positivos han sido muy numerosos. Se han constatado también las dificultades y algunos abusos cometidos, pero que no oscurecen el valor y la validez de la renovación litúrgica, la cual tiene aún riquezas no descubiertas del todo” (3).
4.- Al parecer, queda mucho por descubrir. Sorprende el rancio lenguaje, necesitado de profunda renovación. El tufo pre-conciliar apesta. Los latinajos son de uso normal. Veamos una serie de palabras y expresiones empleadas, que son de otra época: las palabras de la consagración, la conversión sustancial del pan y del vino, el sacramento del altar (6), la santa Misa (9), la representación sacramental, la forma litúrgica del sacramento (11), la transustanciación (13), el influjo causal de la eucaristía en el origen de la Iglesia revela la precedencia no sólo cronológica, sino también ontológica del habernos “amado primero” (14). 5.- Sigamos: subrayar la raíz eucarística de la comunión eclesial puede contribuir eficazmente al diálogo ecuménico (15), la res (cosa) del Sacramento eucarístico incluye la unidad de los fieles (15), se ha de fomentar la confesión frecuente, los confesionarios de nuestras iglesias deben estar bien visibles, en cada diócesis ha de haber un Penitenciario, se recuerda el recurso a las indulgencias (21), el santo Viático (22), respetando la praxis oriental diferente, se confirma el carácter obligatorio del celibato sacerdotal para la tradición latina (24), también la importancia de la oración de sufragio por los difuntos y la celebración de las santas Misas por ellos (32). 6.- El ars celebrandi (arte de celebrar) proviene de la obediencia fiel a las normas litúrgicas (38), pone de relieve el valor de las mismas, el sentido de lo sagrado, el uso de las formas exteriores, la armonía del rito, los ornamentos litúrgicos, la decoración, el lugar sagrado, también los colores de los ornamentos (40), se destaca la unidad entre los elementos propios del presbiterio: altar, crucifijo, tabernáculo, ambón, sede, también los vasos sagrados (41), se ha de valorar adecuadamente el canto gregoriano (42). 7.- Hay que considerar la unidad intrínseca del rito de la santa Misa, se ha de evitar una visión yuxtapuesta de las dos partes del rito, la liturgia de la Palabra y la liturgia eucarística (44), se ha de promover como forma de oración la Liturgia de las Horas (sobre todo Laudes, Vísperas, Completas), también el Oficio Divino (45), se ha de preparar la homilía con esmero (46), prestar atención a la presentación de las ofrendas (47), el rito de la paz ha de limitarse a los más cercanos (49), ha surgido alguna incomprensión sobre el sentido de la actuosa participatio (participación activa), no es una simple actividad externa (52), debe haber claridad sobre las tareas específicas del sacerdote (53), son condiciones para una fructuosa participación: el espíritu de conversión continua, el recogimiento, el silencio, el ayuno y, cuando sea necesario, la confesión sacramental, la Comunión; cuando esta no es posible, se aconseja la comunión espiritual (55); en encuentros internacionales, salvo las lecturas, la homilía y la oración de los fieles, es bueno que dichas celebraciones sean en latín; los mismos fieles han de conocer las oraciones más comunes en latín y cantar en gregoriano algunas partes de la liturgia (62). 8.- Los grupos pequeños han de servir para unificar la comunidad parroquial, no para fragmentarla (63), la mejor catequesis sobre la Eucaristía es una Eucaristía bien celebrada, el objetivo de toda la educación cristiana es formar al fiel como hombre nuevo, con una fe adulta (64), se destaca la importancia de los gestos y de la postura, como arrodillarse durante los momentos principales de la plegaria eucarística (65), se ha de promover la adoración eucarística, el Pan eucarístico ha sido dado para ser comido y para ser contemplado (66), las parroquias y otros grupos eclesiales han de promover momentos de adoración comunitaria, procesiones, la práctica de las Cuarenta Horas (68), se destaca la importancia de la reserva eucarística, la adecuada colocación del sagrario, la lamparilla encendida, la capilla del Santísimo (69), el precepto dominical (73). 9.- Ante la escasez de clero se celebran asambleas dominicales en ausencia de sacerdote, debe quedar clara la diferencia con la santa Misa y se ha de evitar que dichas asambleas provoquen confusión sobre el papel central del sacerdote (75); asociaciones, movimientos y nuevas comunidades tienen el deber de ofrecer su contribución específica para favorecer en los fieles la percepción de su pertenencia al Cuerpo de Cristo, que se realiza a través de las diócesis y de las parroquias; el fenómeno de la secularización comporta aspectos marcadamente individualistas (76); se recomienda a los sacerdotes la celebración cotidiana de la santa Misa, aun cuando no hubiera participación de fieles, por el valor infinito de cada celebración eucarística (80). 10.- En su parte mejor, la exhortación destaca las implicaciones sociales de la Eucaristía: quien participa en ella ha de empeñarse en construir la paz en un mundo marcado por violencias y guerras, terrorismo, corrupción económica y explotación sexual; debe denunciar lo que vaya contra la dignidad del hombre (89); no puede permanecer pasivo ante procesos de globalización, que aumentan desmesuradamente la diferencia entre ricos y pobres; la mitad de lo que se destina a armamento sería más que suficiente para sacar de la indigencia al inmenso ejército de los pobres (90); hemos de hacer lo posible para que cese o, al menos, disminuya el escándalo del hambre (91), se asume la fundada preocupación por las cuestiones ecológicas (92). 11.- Al final, se pone el ejemplo de los discípulos de Emaús, que vuelven a Jerusalén para compartir la alegría con los hermanos y hermanas en la fe (97). De acuerdo, pero el Evangelio dice que conversaron (homilía significa conversación, no sermón): Ellos contaron lo que había pasado por el camino y cómo le reconocieron al partir el pan (Lc 24,35). En la experiencia de Pentecostés se da una activa participación que no sólo no está prevista en las normas litúrgicas, sino que está prohibida: Profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas (Hch 2,17). Era normal en las primeras comunidades: Podéis profetizar todos por turno (1 Co 14,31). 12.- En general, choca bastante el lenguaje empleado, pero no es sólo cuestión de lenguaje, sino de profunda renovación. ¡Qué lejos quedan aquellos tiempos pos-conciliares, en que un ilustre teólogo, amigo del papa actual, presentaba una colección de textos eucarísticos antiguos y modernos. El teólogo denunciaba la cosificación de la Eucaristía por causa de la teoría hilemórfica (teoría aristotélica de la materia y de la forma) y celebraba la recuperación de la palabra del Señor y de la palabra eucarística: “Reasumiendo la palabra del Señor, amasándola con su propia palabra, la iglesia va diciéndose a sí misma su propio misterio”; se produce así todo un descubrimiento: "la humanización de la palabra eucarística, en cuanto que, siendo palabra del Señor la revive la iglesia con toda su alma propia y distinta no en la artificiosidad del mimetismo, sino en la creatividad personal. Y esto ya significa un retorno de la cautividad babilónica, en que vivió al ser cosificada por una teoría hilemórfica, ignoradora de su carácter personal y significante, que nada tiene que ver con una extraña fuerza mágica” (V. Martín Pindado y J.M. Sánchez Caro, La gran oración eucarística, Madrid, 1969). Pues bien, ¿volvemos a la cautividad?, ¿volvemos a la magia? 13.- No parece importar aquella inspiración conciliar que requería una vuelta a las fuentes y un diálogo con el mundo de hoy. En realidad, la exhortación destila una teología medieval, poco bíblica y poco actual. El recurso al pasado pre-conciliar no es una solución de acuerdo con el Concilio. Al contrario, según los casos, es una desviación, una incapacidad, una alienación, un escándalo, una piedra de tropiezo en el camino de la necesaria renovación. Lamentablemente, una vez más, se cumple la parábola: la teología dogmática es una señora mayor que se pierde de noche en la ciudad y no encuentra el camino de casa. 14.- Todo ello tiene una dimensión ecuménica. Las grandes iglesias cristianas, también la católica, han de revisar la propia tradición a la luz de la palabra de Dios. Sólo así, tomaremos en serio el camino de la unidad. No lo olvidemos, la reconstrucción de la unidad es objetivo principal del Concilio (UR 1). Para ello, para que poco a poco los cristianos sean congregados en la celebración de una sola Eucaristía y en la unidad de una sola Iglesia, "todos examinan su fidelidad a la voluntad de Cristo acerca de la Iglesia y, como es debido, emprenden con energía la obra de renovación, y aun la de reforma" (UR 4). Es un reto, una llamada, una profecía. El camino de casa, que supone renovación y reforma, es también el camino de la unidad, es decir, el camino de la mesa común.
* Diálogo: -en general, el lenguaje es rancio, pre-conciliar -pero no sólo es cuestión de lenguaje, sino de profunda renovación -no parece importar aquella inspiración conciliar, que requería una vuelta a las fuentes y un diálogo con el mundo de hoy -el recurso pre-conciliar no es una solución de acuerdo con el Concilio -según los casos, es una desviación, una incapacidad, un escándalo, una vuelta a la cautividad que tenía cosificada la Eucaristía, una vuelta a la magia. -una vez más, se cumple la parábola: la teología dogmática es una señora mayor que se pierde de noche en la ciudad y no encuentra el camino de casa. -dimensión ecuménica: las grandes iglesias cristianas, también la católica, han de revisar la propia tradición a la luz de la palabra de Dios. -la reconstrucción de la unidad es objetivo principal del Concilio. -el camino de casa, que supone renovación y reforma, es también el camino de la unidad, el camino de la mesa común. |