GESTO ECUMENICO
El sábado 18 de octubre, fiesta de San Lucas, se celebró en la Capilla Sixtina un gesto ecuménico, en el marco de unas solemnes Vísperas, presididas conjuntamente por el papa Benedicto XVI y el patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, cabeza de la Iglesia ortodoxa. Asistieron los padres sinodales. Se leyeron los salmos y el pasaje de la carta de San Pablo a los Filipenses que dice: “Cristo se hizo obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz; por eso Dios le exaltó y le dio el nombre sobre todo nombre”; se cantó el Magníficat, se rezó el Padre nuestro y dieron la bendición final Bartolomé I en griego y Benedicto XVI en latín. “Esta amable invitación de Vuestra Santidad a mi modesta persona, dijo el patriarca ecuménico, es un gesto lleno de significado y de importancia, atrevámonos a decirlo, un acontecimiento histórico en sí mismo. Es, en efecto, la primera vez en la historia que se le ha ofrecido a un Patriarca Ecuménico la oportunidad de dirigirse a un Sínodo de Obispos de la Iglesia Católica Romana y, por lo tanto, de participar en la vida de esta Iglesia hermana a un nivel tan alto”. Citando ampliamente a los padres de la Iglesia, afirmó: “La injusticia social y la desigualdad, la pobreza global y la guerra, la contaminación y la degradación ecológica derivan de la incapacidad y la falta de voluntad de compartir la Palabra”, “como discípulos de la palabra de Dios es hoy más obligado que nunca que ofrezcamos una perspectiva única (más allá de lo social, lo político y lo económico) acerca de la necesidad de erradicar la pobreza, ofrecer equilibrio en un mundo globalizado, combatir el fundamentalismo y el racismo, desarrollar la tolerancia religiosa en un mundo lleno de conflictos”. Benedicto XVI pronunció unas palabras de acogida y de agradecimiento: “El aplauso de los padres sinodales era mucho más que una expresión de cortesía, era verdaderamente expresión de una profunda alegría espiritual y de una viva experiencia de nuestra comunión. En este momento hemos vivido realmente el Sínodo; hemos estado juntos en camino en la tierra de la Palabra divina bajo la guía de Vuestra Santidad”, “todo lo que ha dicho Usted estaba profundamente nutrido por el espíritu de los Padres, de la Sagrada Liturgia y precisamente por eso también fuertemente contextualizado en nuestro tiempo con un gran realismo cristiano que nos hace ver los desafíos”, “era también una alegre experiencia, una experiencia de unidad tal vez no perfecta pero verdadera y profunda. He pensado: vuestros Padres, que Usted ha citado ampliamente, son también nuestros Padres, y los nuestros son también los vuestros: si tenemos Padres comunes ¿cómo podremos nosotros no ser hermanos? Gracias, Santidad, sus palabras nos acompañarán en el trabajo de la próxima semana y, más allá, en un camino común al suyo”. Más allá del gesto ecuménico, para que la comunión sea real, cada confesión cristiana ha de revisar la propia tradición a la luz de la palabra de Dios. Se trata de seguir la inspiración conciliar que renueva a la Iglesia: volver a las fuentes y, en este proceso, recuperar la unidad perdida. Jesús López Sáez |