| VANIDAD DE VANIDADES
Benedicto XVI viaja a Estados Unidos. Celebra allí su cumpleaños. Más de 7.000 personas reciben al papa en los jardines de la Casa Blanca. Nada nuevo bajo el sol. El presidente Bush destaca que "los cumpleaños se celebran con los amigos". El papa pide más diplomacia a Estados Unidos, dejando fuera de su discurso algunos temas espinosos, como la guerra de Irak o la pena de muerte. En su encuentro con los obispos americanos reconoce que el abuso sexual de menores "causa profunda vergüenza" y que la situación "ha sido tratada a veces de pésimo modo". En el viaje papal no está previsto un encuentro con las víctimas de la pederastia. Según un estudio realizado en la Iglesia católica, 10.667 personas acusaron a 4.392 sacerdotes por abusos sexuales a menores entre 1950 y 2002 (El País, 16-4-2008). El teólogo Olegario González, son los vientos que soplan, lo achaca en parte al posconcilio, después de afirmar que el problema de los curas pederastas "no es cuantitativamente mayor que en otros grupos humanos": "Un hecho moral gravísimo en parte resultado de una evolución posconciliar, una relectura de la moral sexual en la Iglesia y una manera de pensar la preparación de los candidatos para el ministerio apostólico o para la vida religiosa, masculina y femenina" (ABC, 17-4-2008). El enviado especial de ABC, Juan Vicente Boo, da un paso más: "La pederastia es un problema muy extenso en la sociedad, y hasta ahora sólo la Iglesia católica ha recorrido las dos etapas lógicas, la de la vergüenza pública y la de las medidas incómodas: expulsar a los delincuentes e indemnizar a las víctimas", "la Iglesia católica ha ido por delante". En fin, de todo se puede presumir. Como dice el Eclesiastés, ¡vanidad de vanidades y todo vanidad! Otros detalles. La noche de su llegada, Bush le ofrece al papa una cena en su honor. El papa declina la invitación, alegando que no sería adecuado. Sin embargo, había viajado a bordo del avión Shepherd One (que parece emular al Air Force One, del presidente norteamericano) y había aterrizado en la base de la Fuerza Aérea (Andrews). Por supuesto, fue recibido como jefe de Estado con un saludo de 21 cañonazos. De nuevo, el clamor sapiencial: ¡Vanidad de vanidades! El 17 de abril, el papa celebra una misa en el National Stadium de Washington. Dice en la homilía:: "Reconozco el dolor que la Iglesia en América ha sufrido como consecuencia del abuso sexual de menores. Ninguna palabra mía podría describir el dolor y el daño producido por dicho abuso". ¿Y el dolor de las víctimas?, ¿queda en segundo plano?, ¿victimismo eclesial?, ¿se presenta la Iglesia como víctima? Tras la misa el papa se reúne en la nunciatura durante 25 minutos con un pequeño grupo, cinco personas que sufrieron abuso sexual por parte del clero. Menos mal, algo es algo. El 18 de abril, en Nueva York, el papa pronuncia un discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas. En nuestro tiempo, dice el papa, “experimentamos la manifiesta paradoja de un consenso multilateral que sigue padeciendo una crisis a causa de su subordinación a las decisiones de unos pocos, mientras que los problemas del mundo exigen intervenciones conjuntas por parte de la comunidad internacional”. Ciertamente, unos pocos (entre ellos, el presidente norteamericano) tienen poder de veto sobre cualquier resolución de la ONU. Benedicto XVI afirma también en su discurso: "Es inconcebible que los creyentes tengan que suprimir una parte de sí mismos - su fe - para ser ciudadanos activos". Pero ¿quién se lo impone?, ¿la cultura actual? Lo que no podemos es pretender imponer nuestra fe a los demás. Desde el concilio Vaticano II, hace más de cuarenta años, ya no estamos en situación de cristiandad. La llamada "dictadura del relativismo", fórmula que Ratzinger lanzó hace tres años en la víspera del cónclave y se ha convertido en consigna de su pontificado, es una vana abstracción que no puede recibir un mundo que (precisamente) escapa de la dictadura del absolutismo y del dogmatismo.
Jesús López Sáez |