|
MENSAJE
DEL XXV CONGRESO DE TEOLOGÍA SOBRE CRISTIANISMO Y VIOLENCIA
1. La paz es uno de los bienes más preciados y anhelados por
la humanidad, pero, al mismo tiempo, uno de los más frágiles
y amenazados. Rastreando las huellas de la historia humana,
en vano buscaríamos un estado duradero de paz. La humanidad
pareciera seguir la consigna: "Si quieres la paz, prepara
la guerra".
A la causa de la guerra total está contribuyendo hoy el choque
de civilizaciones, que constituye el guión de la política internacional
y asigna a las religiones la función ideológica de legitimar
el enfrentamiento entre civilizaciones y culturas. Otro obstáculo
para el logro de la paz en el mundo son los distintos terrorismos:
el de Estado y del Imperio, que, en aras de su poder omnímodo,
agrede a sociedades enteras; el ecológico, que defiende las
hazañas tecnológicas más deslumbrantes generando muerte en derredor,
sin resolver el problema de la pobreza; el terrorismo de masas,
que, a veces, surge de la miseria y de la marginación; el terrorismo
de raíz religiosa, que apela a la imagen de un Dios violento,
muy presente en la mayoría de las religiones y en los teísmos
políticos, para justificar las acciones terroristas, las agresiones
bélicas y las invasiones de otros países.
2. No podemos desconocer otra de las más graves manifestaciones
de la violencia: la que genera desigualdad y pobreza: 2.500 millones
de seres humanos malviven con menos de dos euros al día; 35.000
niños y niñas mueren de hambre; las 500 personas más ricas del planeta
suman más ingresos que los 416 millones de personas más pobres;
18 países, con 460 millones de habitantes, han empeorado su nivel
de vida en los últimos 15 años; en España hay más de 8 millones
de pobres. Llama la atención, sin embargo, que se condene la violencia
del terrorismo y se silencie la violencia que sufren
los pobres.
3. Objeto de análisis en el Congreso ha sido la violencia contra
las mujeres en la sociedad y en las religiones, que no se llevan
bien con las mujeres, y especialmente en la Iglesia católica, cuya
jerarquía no suele condenar la violencia de género y, en algunos
casos, la fomenta y la ejerce. La violencia está muy presente también
en el deporte y en la educación; clama al cielo la que se ejerce
contra los niños, como demuestra la terrible situación de los niños
esclavos en África.
4. Al actual clima de violencia contribuye el incremento en los
gastos militares, que en 2004 ascendió a 1 billón de dólares en
todo el mundo, cuyas principales consecuencias son: el sobredimensionamiento
de las fuerzas armadas, la potenciación de la industria de armas
y de su comercio y la investigación científica con fines militares.
5. Tras el análisis hemos intentado buscar las raíces de las distintas
formas de violencia, ya que sólo yendo a las causas se puede poner
remedio a sus efectos perversos. Y éstas son las siguientes: antropológica:
la agresividad es tan innata en el ser humano como el hambre, el
sexo y el miedo; económica: el sistema neoliberal vigente hoy en
la mayoría de las sociedades es estructuralmente injusto y generador
de pobreza y exclusión; el sistema patriarcal, que ejerce sistemáticamente
la violencia de género contra las mujeres; las propias religiones:
existe una falta de sintonía entre los mensajes de paz que ofrecen
las religiones y algunas de sus manifestaciones históricas
violentas a través de las cuales han logrado imponerse por la fuerza
de las armas. El cristianismo ha fomentado y practicado la violencia
para convertir a los creyentes de otras religiones, conquistar territorios
e imponer su fe. Incluso la doctrina social de la Iglesia ha elaborado
una teología de la guerra justa sin preocuparse por elaborar una
teología de la paz. No fue ése, sin embargo, el espíritu de
Jesús de Nazaret, quien continúa las huellas del pacifismo de los
profetas, se inscribe en el camino de la sabiduría, trata a Dios
con la cariñosa apelación de Abba y fue él mismo víctima de la violencia
por denunciar un status político-religioso injusto y violento.
6. Tras el análisis de la violencia y de sus causas, el Congreso
quiere ofrecer unas propuestas concretas:
- Creemos necesario transferir recursos del
gasto militar a las necesidades sociales, que exigiría entre otras
prácticas: la destrucción generalizada de los arsenales nucleares
y convencionales, la reconversión de la industria militar hacia
las producciones civiles y la desaparición de las alianzas militares,
junto con acciones de responsabilidad individual y colectiva como
las objeciones fiscal, laboral, científica y financiera.
- Somos partidarios del método de la no-violencia
activa liberadora, defendida por la mayoría de los líderes religiosos
y morales que trabajan por un mundo reconciliado frente a guerras,
dominaciones y terrorismos, aun reconociendo sus importantes limitaciones.
En la tradición cristiana nunca han faltado minorías críticas con
la violencia y defensoras de la paz, basadas en el Sermón
de la Montaña, como Francisco de Asís, los mennonitas (siglo XVI),
el Movimiento de los Hermanos (siglo XVII) y los cuáqueros (siglo
XVIII). Los teólogos de la liberación han dado importantes pasos
en este terreno.
- Es necesario pasar de la actual globalización
de la violencia a la mundialización de la paz, que implica la solución
de los conflictos a través del diálogo, y sustituir la actual teología
de la guerra justa por una teología de la paz. Ello exige comprometerse
con la causa de la reconciliación para fomentar una convivencia
pacífica y un desarrollo justo y sostenible, y crear una cultura
de la paz en todos los ámbitos de la realidad: la educación, la
familia, las religiones, el deporte...
En definitiva, la alternativa a la violencia
es el diálogo entre culturas y religiones y el trabajo por la justicia.
No hay paz social, sin justicia económica y ecológica. Como afirma
el salmo "la justicia y la paz se besan".
Madrid, 11 de septiembre de 2005.
|