LA
VISITA DEL PAPA
- Aunque no
lo parezca, la visita del papa ha suscitado reacciones muy diversas.
Por ejemplo: “Ha sido todo un éxito”, “una muestra del extraordinario
soporte de fieles que la Iglesia tiene en España”, “contrasta con
las filas vacías en los bancos de las parroquias”, “ha dado a la Iglesia
española el impulso pastoral que le falta”, “se ha manifestado la
incoherencia del Vaticano y de la Iglesia”, “no ha habido el más mínimo
tirón de orejas por el papel jugado por nuestro Gobierno ante la guerra
de Irak”, “ha sido una manifestación del nacionalismo católico español”,
“le sirve al Gobierno como baza electoral” ante las próximas elecciones
municipales y autonómicas. Se impone, por tanto, un adecuado discernimiento.
- La primera
cuestión que se plantea es el motivo del viaje. Es decir,
¿a qué ha venido el papa? El portavoz vaticano, Joaquín Navarro Valls,
ha comentado enigmáticamente que el viaje era “no sólo conveniente,
sino necesario”, “por razones que no tenían que ver con el viaje”.
En su opinión, se habían producido en nuestro país “discusiones y
diferencias”, aunque esos asuntos “no han sido tocados” de forma directa:
“la presencia del papa, y la oferta de valores que él hace han ayudado
a crear un marco en el que estas cosas, que tanta apasionan a la gente,
adquieren una perspectiva distinta, ponen cada una en su lugar, y
no se absolutizan”. Al llegar al aeropuerto de Barajas, el papa pidió
para España “una convivencia en la unidad, dentro de la maravillosa
y variada diversidad de sus pueblos y ciudades”. La expresión es,
más bien, preconstitucional.
La
visita papal ha tenido dos actos multitudinarios: el encuentro
con los jóvenes y la misa de canonización. El encuentro con los
jóvenes tuvo lugar en la base aérea (militar) de Cuatro Vientos
el 3 de mayo. Juan Pablo II dijo en su mensaje: "Sabéis bien
cuánto me preocupa la paz en el mundo. La espiral de la violencia,
el terrorismo y la guerra provoca, todavía en nuestros días, odio
y muerte. La paz - lo sabemos- es ante todo un don de lo Alto que
debemos pedir con insistencia y que, además, debemos construir entre
todos mediante una profunda conversión interior. Por eso, hoy quiero
comprometeros a ser operadores y artífices de paz. Responded a la
violencia ciega y al odio inhumano con el poder fascinante del amor.
Venced la enemistad con la fuerza del perdón. Manteneos lejos de toda
forma de nacionalismo exasperado, de racismo y de intolerancia. Testimoniad
con vuestra vida que las ideas no se imponen, sino que se proponen".
La
misa de canonización se celebró el 4 de mayo en la plaza de
Colón, donde se alza una inmensa bandera nacional y donde se recuerda
nuestro pasado imperial. El papa canonizó a cinco beatos: Pedro Poveda,
Angela de la Cruz, José María Rubio, Maravillas de Jesús y Genoveva
Torres. El papa propuso el ejemplo de los nuevos santos y exhortó
a los españoles a mantener sus “raíces cristianas”: “Sólo así seréis
capaces de aportar al mundo y a Europa la riqueza cultural de vuestra
historia”. Sin embargo, como se dijo hace tiempo y es preciso recordarlo,
en España se da (secularmente, no sólo ahora) una profunda contradicción:
muchos son los bautizados, pocos los evangelizados, España
es también país de misión.
- Como suele
hacerse, la visita papal ha sido preparada con meses de antelación.
Mientras tanto, la guerra contra Irak -según diversos recuentos-
ha causado más de cinco mil víctimas civiles y ha provocado una profunda
división en la sociedad, en España, en Europa y en el mundo. Además,
el Gobierno español se ha distinguido en promover la guerra, aunque
su colaboración se presente como humanitaria. El Ministro de Defensa,
Federico Trillo, afirmó que “las materias sociales no son de
fe “ y, por tanto, las palabras del papa a favor de la paz y en contra
de la guerra “no son vinculantes para un católico”. Por su parte,
el presidente del Gobierno comentó que respetaba la posición de Juan
Pablo II, “pero el papa sabe que la paz no cae del cielo”. En estas
circunstancias existía una lógica expectación por la actitud que pudiera
adoptar el papa ante las autoridades de nuestro país.
- En la catequesis
El cisma de los dos reinos, días 28 y 29 de abril, aparecía
el poderoso rey asirio (745 a.C.), lanzándose a la conquista de una
vasta parte del mundo. Surgía entonces la pregunta: ¿Guardará silencio
el Señor ante esta loca aventura? El Señor no se calla. Encomienda
al profeta Isaías una misión que sólo conseguirá endurecer el corazón
de un pueblo que no oye ni entiende ni quiere cambiar (Is 6,8-10).
La historia se repite.
- La primera
lectura del domingo día 4 es de los Hechos de los Apóstoles. San Pedro,
que no era jefe de Estado, se la juega: Rechazasteis al santo,
al justo y pedisteis el indulto de un asesino; matasteis al autor
de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos y nosotros
somos testigos. Sin embargo, hermanos, sé que lo hicisteis por ignorancia
y vuestras autoridades lo mismo; pero Dios cumplió de esta manera
lo que había dicho por los profetas: que su Mesías tenía que padecer.
Por tanto, arrepentios y convertios, para que se borren vuestros pecados
(Hch 3,13-15.17-19). Seguramente, no le era fácil a Pedro, que fue
detenido después (4,3), proclamar esta palabra crucial, una palabra
de anuncio y denuncia (matanza del inocente, indulgencia con el asesino),
una llamada a la conversión, dirigida al pueblo y a las autoridades.
Las palabras del papa fueron de agradecimiento: "Agradezco
particularmente la presencia aquí de las Autoridades civiles y sobre
todo la colaboración que han prestado para los distintos actos de
esta visita".
- La segunda
lectura, propia del día, es de la primera carta de San Juan (2,1-5),
un examen de conciencia: Os escribo esto para que no pequéis. Pero
si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre, a Jesucristo.
Lo vinculante para los cristianos, viene a decir, son los mandamientos
de Dios y de Cristo: Quien dice: Yo lo conozco, y no guarda sus
mandamientos es un mentiroso. El 23 de marzo, al comienzo de la
guerra contra Irak, se leía en todas las iglesias el texto del Decálogo:
No tomarás en falso el nombre de Dios, ... no matarás, no robarás
(Ex 20,1-17).
- El Evangelio
del día es un pasaje de San Lucas (24,35-48). Los caminantes de Emaús
vuelven a Jerusalén y encuentran reunidos a los Once y a los que están
con ellos: Contaban los discípulos lo que les había acontecido
en el camino y cómo reconocieron a Jesús al partir el pan. Mientras
hablaban, el Señor se presenta en medio de ellos y les dice: La
paz con vosotros. Sobresaltados, creen ver un fantasma. El acontecimiento
de la resurrección es trascendente, pero tiene sus señales, que los
creyentes perciben y palpan. El Resucitado es el Crucificado: Mirad
mis manos y mis pies: soy yo en persona. Aunque tardan en reconocerle,
el Señor actúa en medio de ellos, camina con ellos, come con ellos,
les abre el entendimiento para comprender las Escrituras. En
su nombre se anuncia la conversión y el perdón de los pecados a
todos los pueblos. La paz, la conversión, el perdón, todo está
profundamente relacionado.
- A propósito
de la canonización de víctimas de la guerra civil española, se echa
de menos la prudencia y la reserva que tuvieron papas
anteriores, como Juan XXIII y Pablo VI. Pero no sólo esto. Parece
necesario recordar a las otras víctimas, las víctimas de la
otra parte, así como revisar la posición de la Iglesia en esa
lucha fratricida: ¿fue parte beligerante? ¿fue sólo víctima o también
cómplice?
- La Asociación
para la Recuperación de la Memoria Histórica ha emitido este importante
comunicado: “Lamentamos la oportunidad que ha perdido el papa
para realizar un gesto simbólico de reconocimiento a las víctimas
republicanas y haber dado coherencia y consistencia a su discurso
acerca de la paz y la reconciliación. La canonización del sacerdote
Pedro Poveda habría sido la oportunidad para que la Iglesia hubiera
perdonado y pedido perdón por la colaboración que tuvo con la dictadura
franquista, y haber reconocido así a las miles de familias que buscan
todavía a sus seres queridos”. En España hay más de 30.000 cuerpos
no identificados que permanecen en fosas comunes.
En
el libro Las fosas de Franco (Madrid, 2003), Santiago Macías
“rastrea España de esquina a esquina y en cada punto cardinal encuentra
territorios sembrados de horror”, fosas comunes en cunetas, barrancos,
pozos y cementerios: fosas de Candeleda (Avila), Medellín (Badajoz),
Pikoketa (Guipúzcoa), Palma de Mallorca, Valladolid, Villarrube (La
Coruña), Soulecín (Orense), El Fuerte de San Cristóbal (Pamplona),
puerto de Pajares (León), La Barranca (Logroño), Los Pozos de Caudé
(Teruel), Las Minas de Castuera (Badajoz), La Sima de Jinámar (Gran
Canaria), Las Cañadas del Teide (Tenerife), El Barranco del Toro (Castellón),
cementerios de San Salvador (Oviedo), Ceares (Gijón), Ciriego (Santander),
Astorga (León), Mérida (Badajoz), Valdenoceda (Burgos), Badajoz, Zamora,
Talavera de la Reina (Toledo), Cartagena, Espinardo (Murcia), Melilla,
Colmenar Viejo (Madrid), Barcelona, Tarragona, Lérida, Gerona. Y en
tantos otros lugares de la geografía española.
- Comentando
estas cosas, el 9 de mayo, en el grupo de Tres Cantos, nos encontramos
el pasaje de los huesos secos del profeta Ezequiel: La mano
del Señor fue sobre mí y, por su espíritu, el Señor me sacó y me puso
en medio de la vega, la cual estaba llena de huesos. Me hizo pasar
por entre ellos en todas las direcciones. Los huesos eran muy numerosos
por el suelo de la vega, y estaban completamente secos. Me dijo: Hijo
de hombre, ¿podrán revivir estos huesos? Yo dije: Señor, tú lo sabes.
Entonces me dijo: Profetiza sobre estos huesos. Les dirás: Huesos
secos, escuchad la palabra del Señor.
- El pasaje
dice también: Dirás al espíritu: Así dice el Señor: Ven, espíritu,
de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos para que vivan.
Yo profeticé como se me había ordenado, y el espíritu entró en ellos;
revivieron y se incorporaron sobre sus pies; era un enorme, inmenso
ejército. Entonces me dijo: Hijo de hombre, estos huesos son toda
la casa de Israel. Ellos andan diciendo: Se han secado nuestros huesos,
se ha desvanecido nuestra esperanza, todo ha acabado para nosotros.
Por eso profetiza. Les dirás: Así dice el Señor: He aquí que yo abro
vuestras tumbas; os haré salir de vuestras tumbas, pueblo mío, y os
llevaré de nuevo al suelo de Israel (Ez 37,1-12). La situación
de la casa de Israel, en el destierro, es la de un campo de
huesos secos, sin vida, sin esperanza. Ha de escuchar la palabra de
Dios. Ha de venir el espíritu, de cada punto cardinal, de los cuatro
vientos, para que el pueblo de Dios vuelva a su tierra, a su lugar,
a su casa. O, lo que es lo mismo, salga de la tumba, resucite, viva.
Quien tenga oídos para oír, que oiga.
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