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Qué
hermosos son
En el proyecto original de Dios, el hombre es colocado en un jardín (Gn 2,8), en un mundo admirable que canta la gloria de Dios (Sal 8,2). Sin embargo, el hombre anda como expulsado, extraño a su mundo, buscando como un ciego, con la nostalgia profunda de un bien perdido o jamás encontrado. Por ello, en cada momento de la historia y en el seno de una creación que espera ansiosa su liberación, ¡qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero, que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que dice a Sión: Ya reina tu Dios (Is 52,7).
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