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Voz
que clama
En tiempo de Jesús, la profecía no era corriente. Había sido sustituida por las Escrituras y la cadena de tradiciones interpretativas. Y en nuestro tiempo, ¿qué pasa? El Concilio ha recordado que la Iglesia tiene una misión profética y que cualquiera de sus miembros puede participar de ella (LG 35). En nuestro tiempo se necesitan voces que proclamen como Pedro y los apóstoles: Hemos de obedecer a Dios antes que a los hombres (Hch 5,29). O como Pablo: ¡Ay de mi, si no anuncio el evangelio! Si yo lo hiciera por propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio (1 Co 9,16-17).
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