3. LA PERSONA DE ROMA

           

El testimonio de la persona de Roma es muy importante, quizá el que más. Pero su testimonio pierde mucha fuerza al ser publicado sin firma, al amparo del anonimato.  Importa no sólo el  mensaje, sino también el mensajero. Por tanto, hemos investigado cuidadosamente quién es la persona de Roma, quién se esconde detrás de esa misteriosa expresión.

 

Un pliego para Pironio

El 4 de octubre de 1985, aniversario del entierro de Juan Pablo I,  la revista Vida Nueva publicó mi pliego sobre la muerte del papa Luciani . Poco después, comenzaba en Roma el Sínodo extraordinario de los obispos, en el que se trataba de hacer balance de 20 años de posconcilio. Obviamente, el pliego de la revista llegó a muchos padres sinodales. No obstante, se lo envié mediante personas de confianza a dos cardenales. Uno de ellos vivía en Roma, el  argentino Eduardo F. Pironio . El otro era el inglés Basil Hume, de Londres.  

Pilar Bellosillo, ya fallecida,  tenía amistad con el cardenal Pironio . Nacida en Madrid en 1913, había sido Presidenta Nacional de Acción Católica, Responsable Internacional de Organizaciones Católicas, Auditora en el Concilio Vaticano II y en el Tercer Sínodo de Obispos. En noviembre del 85 fue a Roma con una misión muy especial: entregar al cardenal Pironio mi pliego sobre la muerte de Juan Pablo I . Además, se daba la circunstancia de que había sido invitada por Pironio a la conmemoración del Decreto conciliar sobre Apostolado Seglar. Al volver de Roma, Pilar comenta en la comunidad de Ayala (a la que pertenece) su viaje a Roma y, especialmente, su entrevista con el cardenal:

 

“Lo que hice, para llevar un poco de orden y no mezclar las cosas, es que reservé presentarle el dossier después de haberle explicado todo lo concerniente al pliego, y empiezo diciendo que se trata, lo que quiero comunicarle, de la publicación de un pliego sobre la muerte de Juan Pablo I,  escrito por Jesús López . Y entonces leo el curriculum de Jesús, lo llevaba también preparado. Voy a leeros lo que le dije sobre toda la génesis de este pliego, un poco resumida, se me habían dado todos los datos el viernes en casa”.

“Es un tema relacionado con la purificación del templo, se ha considerado que esto es un servicio prestado a la Iglesia, realizado en conciencia y de forma comprometida, y desde un discernimiento a la escucha de la Palabra. Su autor, Jesús López , hubiera preferido la tradición oral, pero lo ha escrito porque se le dirigió la Palabra. Ha habido una experiencia muy fuerte de la Palabra, contrastada montones de veces, especialmente la palabra de Jeremías  36 (toma un rollo de escribir) y la palabra de Apocalipsis 1 (escríbelo en un libro). Se ha metido en la comunidad la presencia de Juan Pablo I,  comparamos su muerte con la muerte de Santo Tomás Becket . La Palabra nos impulsa, ha impulsado a Jesús, a juzgar e impulsa a decirlo. Y en ese momento llega la invitación de Roma, me llega a mí, para que yo participe en la celebración de la promulgación del Decreto de Apostolado Seglar. Entonces nos parece que esto no es una casualidad”.

“En la comunidad, especialmente Jesús López , creemos que monseñor Pironio  lo puede comprender y que a él se le puede decir. Entonces yo le puedo decir a monseñor Pironio, se lo digo así, que la primera motivación de mi viaje a Roma ha sido precisamente ésta, el poder estar con él y el poder compartir con él esta experiencia, comunicársela. En el pliego se recoge lo que es más valioso del libro de Yallop , y hay una segunda parte de reinterpretación de Juan Pablo I,  situada en el contexto eclesial actual, a la luz de la Palabra. Si no hubiera sido por la Palabra, dice expresamente Jesús López, no nos metemos en este berenjenal, ella nos ha dicho que se ponga en el rollo (Jr 36), que se conozca (Sal 79), que se escriba (Ap 1), que se celebre (Sal 81). Insisto, si no hubiera sido por la Palabra, no se hubiera hecho nada”.

“Entonces, una vez que termino la presentación, le presento ya el dossier, el número de Vida Nueva con el pliego y el último número con la desautorización, la nota desautorizando el pliego, y sin posibilidad de réplica. Es decir, creemos que aquí hay un avasallamiento de la libertad de expresión de una institución como Vida Nueva y - si se quiere replicar - hay que acudir a un medio laico. Pero hay unas últimas noticias que yo he conocido porque me han llamado desde Madrid para comunicármelas, y es que el obispo Yanes ha dicho que si vuelve a hablar de ello (si sigue en esa línea) Jesús se tendrá que marchar de la Conferencia Episcopal donde trabaja. Esta última noticia se la doy a monseñor, diciéndole que la he sabido por teléfono y él hace un gesto como diciendo: Claro”.

“Monseñor me escucha, revisa todo el dossier, me escucha con mucha atención y me hace algunas preguntas para aclarar o fijar algún detalle. Le indico, entre lo que hay en el dossier, los dos textos de Jesús: Escuchar la Palabra, objetivo catecumenal  y España, país de misión. Le digo que los lea, porque son estupendos, puede comprender muchas cosas. El, entre otras cosas, revisa ese triángulo que ha dibujado Jesús con los tres números de Vida Nueva, el del pliego, el del comentario del director hablando de las otras cárceles (¡”Hay tantos que estamos en la cárcel sin saberlo”!), y el tercero, el de la desautorización sin posibilidad de réplica”.

“Pero lo que de verdad le interesa a monseñor es cómo vivimos la comunidad, porque creo que es esto lo que le importa para la valoración de lo que le entregamos. El no me pregunta sobre el tema, porque él me ha dicho que lo va a leer atentamente todo, lo quiere leer y lo quiere asimilar. Pero es aquí donde verdaderamente me interpela. Y es ahí donde queda impresionado, cuando yo le comunico nuestras experiencias de la comunidad. Empiezo por decirle cómo llegó un momento en que nosotras, cuando yo dejé todas mis actividades y tuve mi crisis de salud, estábamos buscando una comunidad viva, cómo la encontraron mis hermanos, Carmen y Paco , y cómo venían a casa, porque yo entonces tenía muy poca actividad, casi no me movía, para comunicarme lo que estaban viviendo. Y a mí me impresionaba, porque me decían lo mismo que aquellos primeros discípulos que encontraron a Jesús, decían a los otros: Hemos encontrado lo que buscábamos”.

“Entonces yo le dije: monseñor, yo puedo y quiero compartir con usted la experiencia más fuerte de Palabra que yo he tenido, porque para mí ha sido un cambio en mi vida, y le comuniqué mi experiencia de Oseas , capítulo 2. A medida que comparto con él mi experiencia, se experimenta la presencia del Espíritu y yo siento también una experiencia de concordancia, de comprensión profunda, de comunión, que nos impresiona yo creo a los dos. En algún momento incluso hacemos algún comentario un poco jocoso, le digo: monseñor, para nosotros a veces las cosas pueden ser, como en este caso, o pueden parecernos frivolidades más o menos pasajeras, pero el Señor utiliza palabras fuertes, él habla de prostitución, porque efectivamente lo suyo es tan grande, su amor es tan grande, su fidelidad es tan grande, que verdaderamente lo nuestro son verdaderas prostituciones”.

“Hablamos de lo que es escuchar. Yo le digo: monseñor, ¿verdad que no es lo mismo oír que escuchar? El Señor lo explica a los apóstoles, cuando les comenta la parábola del sembrador. Hablamos de que Dios sigue hablando hoy, de que nos habla por los acontecimientos, de que él va iluminando nuestra propia historia y le va dando un sentido. Hablamos de la coincidencia de que el mismo día 18 se conmemoraba también la constitución conciliar sobre la palabra de Dios, de cómo habría podido vivir la Iglesia tantos siglos con la Palabra encadenada. Recordábamos a Santa Teresa, lo que ella sufrió cuando le prohibieron leer la Biblia, y lo que el Señor le dice: Yo te daré libro vivo. Comentamos que gracias a la constitución sobre la Palabra tenemos la constitución sobre la Iglesia (Luz de las gentes), que esta Iglesia aquí en Roma teme a la libertad del Espíritu. Cuando el Señor prometió el Espíritu a los apóstoles les dijo que él les iría revelando muchas cosas, hasta llegar a revelarles toda la verdad, que ahora no podrían con todo ello. Que el Espíritu haría las cosas nuevas, y las está haciendo, y aquí en Roma no las comprenden, porque aparecen realidades inéditas, y habrá muchas realidades inéditas, nuevas, si se escucha y se vive la Palabra, y si se deja libre al Espíritu. ¿Qué pasaría si en Roma, en lugar de tanta ley y tanta teología de hombres, se escuchara la Palabra? De todo esto hablamos, era como un río que fluía y fluía sin cesar. Fue inolvidable, será ya inolvidable. Entonces monseñor, había pasado bastante tiempo, me dice: Pilar, ¿quiere usted que recemos tres avemarías, que recemos a María? Y me dijo algo que yo no olvidaré ya nunca: porque María acoge la Palabra y nos la entrega” [1] .   

 

Pironio . No puede ser otro

Pasaron cinco años y Camilo publicó el testimonio de la persona de Roma. Un análisis interno del documento me llevó a pensar que el perfil de la persona de Roma encajaba perfectamente con el cardenal Pironio  y así se lo hice saber al mismo por carta en la Navidad del 90. El cardenal no contestó explícitamente a la carta, pero sí me envió (desde el 91 al 94) felicitaciones de Navidad, que conservo como preciado tesoro.

“En la carta que la persona de Roma envía a Camilo, le dije a Pironio , encontramos palabras que usted repite mucho, como serenidad, sereno, etc”. Son su muletilla, es decir, su firma no consciente. Si abrimos un libro suyo por cualquier parte, nos lo podemos encontrar.

La sintonía entre Juan Pablo I y  Pironio  es evidente. Veamos lo que dijo el cardenal argentino en la catedral de Vittorio Véneto el 27 de febrero de 1979: “Cuando una persona es sencilla y transparente como lo era Albino Luciani , no hay necesidad de mucho tiempo para conocerla. Diría que existe una simpatía que provoca amor, un conocimiento casi intuitivo. Entonces se vislumbra enseguida la acción del Espíritu en esta persona. Pienso que esto les ha sucedido a todos los cardenales en la elección de Juan Pablo I y esto lo he sentido yo también. Señal evidente de que ahora el mundo busca y ama las cosas sencillas y necesita la alegría y la esperanza. Cuando se ve a un hombre con la sencillez y el candor del papa Luciani, sale espontáneo pensar: La mano de Dios está aquí” [2] . 

El periodista jesuita Pedro Miguel Lamet , buen conocedor del mundo romano, tiene la misma opinión sobre la identidad de la persona de Roma. Sin que yo previamente le indicara nada, me dijo certeramente en enero del 91: “Pironio . No puede ser otro, en Roma no hay otro”.

Camilo Bassotto  dice que no, que no es el cardenal la persona en cuestión. Sin embargo, siento mucho - en este caso - no dar crédito a sus palabras, porque él se comprometió a callar y, además, le he visto muy presionado.

 

Lo que veas escríbelo en un libro

Del 26 al 29 de septiembre de 1997 estuve en Alemania dando un seminario de Formación de Catequistas, organizado por la Misión Española en el mundo de la emigración. De paso hacia Bad Marienberg, lugar del seminario, tuve la oportunidad de contemplar la imponente catedral de Maguncia. En la celebración de su milenario, en 1975, estuvo el cardenal Luciani  y allí tuvo el patriarca (al fin y al cabo, hijo de emigrantes) un encuentro con los emigrantes italianos.

Los organizadores del seminario decidieron que ese día la comida fuera en un restaurante italiano, que está junto a la catedral. El restaurante tiene un nombre que nos resultaba significativo: Incontro, es decir, encuentro. Después visitamos el museo de Guttenberg, donde me obsequiaron con la reproducción de una página del Apocalipsis, que resultó ser la primera y donde se puede leer la frase: Quod vides, scribe in libro, o sea, Lo que veas escríbelo en un libro [3] .

Por mi parte, yo llevaba un ejemplar de mi libro sobre Juan Pablo I p ara el responsable de la Misión, que se había manifestado interesado por él. Fue un precioso intercambio: el pasaje del Apocalipsis citado figura en la contraportada del libro. Por supuesto, estando en el contexto del  aniversario de Juan Pablo I, los participantes en el seminario (y un pequeño grupo en Dortmund, el domingo por la noche) celebramos el detalle, como señal de su presencia misteriosa. Es un pasaje que me había encontrado, creo que no por casualidad, el domingo anterior, cuando redactaba la carta que con fecha 25-9-97 envié al cardenal Pironio. En la carta le recuerdo los diversos momentos en que hemos recurrido a su alta función pastoral :

 

La primera vez fue hacia el año 80. En su búsqueda angustiosa, los padres y hermanas del desaparecido argentino Jorge Alberto Tornay  Nigro contactaron con nosotros. De señal en señal, tomamos conciencia de su presencia misteriosa en esa dimensión en la que vive el Señor Resucitado. Hicimos las gestiones que pudimos y entendimos que la dolorosa peregrinación de estos compatriotas suyos tenía que llegarle a Vd.

La segunda vez que contactamos con Vd. fue en noviembre del 85 a través de Pilar (Bellosillo), que, situándolo en la experiencia de la comunidad, le entregó el pliego de Vida Nueva y le informó de las presiones que había recibido la revista, su director Pedro Miguel Lamet  y yo mismo. Coincidió entonces, creemos que providencialmente, la invitación que Vd. hizo a Pilar a participar en las reuniones del Consejo de Laicos, con motivo de la conmemoración del Decreto de Apostolado Seglar. ¡Qué contenta volvió Pilar por lo vivido esos días en Roma y cómo comunicó en la Eucaristía de la comunidad, con el Magnificat en el corazón, todo el caudal que traía! Queda recogido en la grabación que le adjunto.

En el pliego presentábamos la figura de Juan Pablo I c omo la de un ‘papa profeta’ que se marchó, como Elías , ‘de una forma extraña’. Se decía también: ‘pero hubo un Eliseo  que estaba a su lado atento a lo que ocurría y recogió inmediatamente el manto del insigne profeta. Algo así tendrá que suceder ahora’.

La tercera vez que contactamos con Vd. fue con mi carta del 24-12-90, al propio tiempo que le enviaba mi libro sobre Juan Pablo I.  En dicha carta le decía a propósito del testimonio de la persona de Roma, publicado en el precioso libro de Camilo Bassotto : ‘Sabemos que el tema es delicado, pero no queremos ocultarle que un análisis del documento y de la carta (adjunta) nos lleva a pensar que tal vez la persona de Roma pudiera ser Vd.’.

Es verdad que Vd. no responde explícitamente a la carta, pero me envía unas felicitaciones de Navidad (del 91 al 94), que implícitamente algo dicen al respecto. El periodista jesuita Lamet , buen conocedor del mundo romano, comparte nuestra opinión. Me dijo en enero del 91: ‘Pironio . No puede ser otro; en Roma no hay otro’.

Comprendemos las razones que Vd. puede tener, si es que decide seguir callando. Por supuesto, respetamos su decisión. Sin embargo, como sabe, nuestra decisión ha sido siempre distinta, a pesar de las dificultades y de la marginación que nos ha supuesto”.

 

Pero la carta no miraba sólo al pasado, sino al inmediato futuro:

“Ahora tengo avanzado un nuevo libro, continuación del primero. También tengo una entrevista solicitada por un periodista: se llama Gabriel Carrión , antiguo cursillista, de orientación independiente. La entrevista ha sido convenientemente aplazada (un par de meses) de modo que Vd. pudiera saber con tiempo mi decisión de revelar (según los datos de que dispongo) la identidad de la persona de Roma.

Su testimonio sobre lo que le dijo Juan Pablo I y , particularmente, sobre la comprometida situación que, a su pesar, como papa tuvo que afrontar (destitución de Marcinkus , degradación del IOR, posición firme y clarificadora ‘delante de todos’ frente a la masonería cubierta o descubierta y frente a la mafia) hace historia y, sobre todo, hace justicia al papa Luciani . Sin duda, su declaración (fechada el 14 de mayo de 1989, fiesta de Pentecostés) fue un impulso del Espíritu. Sin embargo, su testimonio queda incompleto y pierde mucho ante nuestra generación al ser publicado sin firma, al amparo del anonimato.

A nuestro modo de ver, el Señor le puso al lado del papa profeta con la función de Eliseo , atento a lo que ocurría. No se trata de que Vd. diga más de lo que dijo, si no procede. Se trata de que Eliseo no oculte su identidad, sino que levante la cabeza con la dignidad que se deriva de la alta misión que el Señor le ha confiado.

Por supuesto, le agradeceríamos cualquier indicación que considerara oportuno hacer al respecto. Por nuestra parte, meditamos en la palabra del Señor: Lo que os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a plena luz; y lo que ois al oído, proclamadlo desde los terrados [4] ”.

     

Para que estuviera informado, le envié - como otras veces - copia de la carta a Camilo Bassotto . Camilo (por cierto, muy preocupado, lo cual se puede entender) me pidió por teléfono que escribiera a Pironio afirmando que él nunca me dijo que fuera el cardenal la persona de Roma, cosa que no tuve ningún inconveniente en hacer, pues respondía a la verdad; al propio tiempo, aproveché la ocasión para recordar el perfil de la persona de Roma y precisar algunas cosas. La nueva carta, con fecha 17 de octubre del 97, decía lo siguiente:

 

“Muy estimado cardenal Pironio : A requerimiento (por teléfono) de Camilo Bassotto , me pongo de nuevo en contacto con Vd. para decirle que él siempre ha guardado celosamente la identidad de la ‘persona de Roma’. Nunca me dijo que fuera Vd. ni tampoco yo se lo he preguntado, pues sabía que estaba comprometido a no revelar la identidad de la persona.

Comprendo y respeto su posición: él está obligado a callar. Me dice en su carta del día 8, cuya copia le adjunto: ‘La persona que me lo dio (el escrito) me ha impuesto que su nombre jamás será revelado a nadie hasta después de su muerte’. Me dice también, de diversas maneras, que no es Vd. la persona en cuestión. Asimismo me adjunta copia de la carta que le ha enviado.

Quiero comentarle también algunos aspectos. Así como Camilo está comprometido a callar, yo no. Mi situación es distinta: llego a una conclusión a partir de los datos que tengo y doy mi opinión. Nada impide que yo haga un análisis del escrito (carta y documento) de la persona de Roma y publique los datos que, a nuestro modo de ver, revelan su identidad.

Camilo tiene copia de las cartas enviadas a Vd. con fecha 24-12-90 y 25-9-97. Ahí están los datos que configuran el perfil de la persona de Roma y que coinciden en Vd. Son los siguientes:

- se trata de un cargo, que no le permite revelar su identidad, un cargo importante: Juan Pablo I revela sus intenciones al cardenal Secretario de Estado y a él [5] ;

- reside en Roma [6] ;

- el documento manifiesta una gran sintonía entre Juan Pablo I y  Vd.: Juan Pablo le tiene ‘gran estima y confianza’, le llama ‘el obispo de la esperanza’, dice que necesita hablarle, quiere que le acompañe a Puebla, valora su condición de haber sido ‘secretario de Medellín’, dice que le será ‘de gran ayuda’;

- consta que Juan Pablo I h abló con Vd. a mediados de septiembre; la persona de Roma dice que ‘habían pasado ya tres semanas’ del nuevo pontificado [7] ;

- aparecen referencias latinoamericanas (Medellín, Puebla, CELAM, Lorscheider , Pironio , representación de obispos de América Latina, Romero ) y, además, tales referencias son favorables a la orientación del CELAM (época de Medellín); de Lorscheider, entonces presidente del CELAM, dice Juan Pablo I que le conoce desde hace años, le dio su voto en el cónclave y ‘es un gran obispo’; todo ello encaja bien en su personalidad.

- al final, el encendido elogio del arzobispo mártir Oscar Romero , al que justamente se compara con Tomás Becket [8] , se explica en Vd., no en el mundo romano que le rodea; por cierto, en el pliego que le enviamos comparamos con Becket a Juan Pablo I;

- la referencia al cardenal Martini , cuya orientación abierta y renovadora todo el mundo conoce, no encaja en el ambiente conservador de la curia romana, en Vd. sí [9] ;

- el documento encaja perfectamente con la semblanza que de Juan Pablo I dio Vd. en el momento de su muerte: ‘Ha abierto caminos nuevos. Ha iniciado un periodo de fuerte renovación de la Iglesia” [10] ;

- en la carta que la persona de Roma envía a Camilo encontramos expresiones que nos son muy queridas, como hacer justicia a Juan Pablo I o proclamar su testimonio;

- sus contactos con Camilo (ha hablado con Vd., le ha enviado su libro) son datos pertinentes a la hora de atribuirle a Vd. la identidad de la personas de Roma;

- el periodista jesuita Pedro Miguel Lamet , buen conocedor del mundo romano, comparte nuestra opinión. Sin que previamente yo le indicara nada, me dijo certeramente en enero del 91: ‘Pironio . No puede ser otro; en Roma no hay otro’;

- en la carta de la persona de Roma encontramos palabras que Vd. repite mucho, como serenidad, sereno, serenamente. Son su muletilla, es decir, su firma no consciente. Por ejemplo, en su libro Alegres en la esperanza (y en otros);

- al enviarle estos datos en mi carta del 24-12-90, diciéndole que ‘tal vez la persona de Roma pudiera ser Vd.’, Vd. no responde explícitamente a la carta, pero me envía unas felicitaciones de Navidad (del 91 al 94), que implícitamente algo dicen al respecto.

Nuestro querido cardenal, no es nuestra intención importunarle ni crearle problemas, todos corremos riesgos, pero ¿podría Vd. liberar a Camilo de su compromiso? ... En el aniversario del nacimiento de Juan Pablo I y  reiterándole mi deseo de saludarle personalmente en mi próximo viaje a Roma, le saluda atentamente en el Señor...  Firmado: Jesús López  Sáez”.

 

Ambas cartas fueron enviadas por correo certificado. Ninguna tuvo contestación, lo cual se podía esperar. Además, el cardenal Pironio , no lo sabíamos, se encontraba ya gravemente enfermo del mal, cáncer de huesos, del que moría poco después, el 5 de febrero de 1998.

 

El secretario del cardenal

En junio del 98, en Roma, pude hablar con Fernando Vergez , que durante muchos años había sido secretario del cardenal Pironio .

Me sorprendió que Fernando Vergez , de quien se decía lo conocía todo, no conociera las cartas que yo le había enviado a Pironio . Sólo conocía una carta de Camilo. Tampoco conocía el informe de la persona de Roma. Entre otras cosas, me dijo, no era el estilo de Pironio enviar anónimos: si tenía que decir una cosa, la decía abiertamente. Le dije que no se trataba propiamente de un anónimo; que el informe de la persona de Roma estaba firmado y se le había entregado a Camilo con la condición de que se publicara sin firma; que el asunto era delicado y comprometido, y se comprendía que muchas personas en la Iglesia tomaran sus medidas de protección; que un análisis interno del documento me había llevado a mí (y no sólo a mí, también a Pedro Miguel Lamet ) a atribuir al cardenal la autoría del mismo; que así se lo dije al cardenal en carta de 24 de diciembre del 90 y que el cardenal (aun no respondiendo explícitamente) no sólo no me lo negó, sino que me envió felicitaciones de Navidad del 91 al 94.

El secretario reconoció la letra del cardenal en las felicitaciones, así como la máquina de escribir en los sobres correspondientes. También reconoció la muletilla del cardenal (sereno, serenidad, serenamente), que aparece en la carta que envía la persona de Roma con el informe.

El secretario se quedó con fotocopia de mis dos últimas cartas al cardenal y del documento de la persona de Roma. Me dijo que todo lo que era personal del cardenal se había enviado a Buenos Aires. Pensaba ir en verano y, si encontraba algo, me lo diría.

De hecho, no me dijo nada. No ha sido fácil localizar en Buenos Aires el destino del legado personal del cardenal. Su hermana Zulema  no dio ninguna pista. Sin embargo, el profesor Lucio Gera  (del monasterio carmelita de Ezeiza, Buenos Aires) ha publicado varios libros póstumos del cardenal. Además Susana Pironio , sobrina del cardenal y profesora ya jubilada, realizó una valiosa mediación y me facilitó la dirección del profesor Gera, a quien escribo con fecha de 5 de marzo de 2001. Le digo que “en un nuevo libro, estudio la relación del papa Luciani con el cardenal Pironio , con quien tanto sintonizaba y con quien compartió (así lo creemos) confidencias y decisiones importantes”.

Le digo también al profesor Gera , miembro de la Comisión Teológica Internacional y consultor del Consejo Pontificio para los laicos: “Es posible que del tema que le comento queden pocas huellas, si es que queda alguna. Pero ¿podría, de algún modo, investigarlo ahí? ¿Podría hablar con Vd. al respecto? Con mucho gusto, yo haría un viaje a Buenos Aires en las fechas que Vd. me indicara. El tema es delicado y las dificultades no son pocas, pero tengo presente lo que dijo Santa Teresa: La verdad padece, pero no perece”. El carmelita no ha contestado. Parece observar un riguroso silencio, propio de clausura total.

 

Caso revelador y detonante

En 1986, en un discurso a los periodistas, Juan Pablo II  dijo que el periodista debe ser “el hombre de la verdad” y añadió: “Es necesario tener el coraje y la sinceridad de proclamar  abiertamente que todas las formas de deformación y falsificación constituyen una verdadera y propia desnaturalización del periodismo”.

“Mi experiencia profesional, dice Pedro Miguel Lamet , es que una vez más la Iglesia no cumple lo que predica. Voy a narrar sucintamente acontecimientos de vida que prueban esta afirmación. Los hechos hablan por sí mismos de este continuo conflicto que se ha  ido agudizando en los últimos años”.

En una mesa redonda del XX Congreso de Teología, convocado por la Asociación de Teólogos Juan XXIII , Lamet  pone dos ejemplos del pontificado de Juan Pablo II : el caso de la prelatura del Opus Dei y el caso Luciani . Refiriéndose a este último dice:

“Otro caso revelador, y de alguna manera detonante de la forma de proceder de la institución eclesial en los temas que le afectan, fue el de la muerte de Juan Pablo I.  Un buen día llegó a mis manos un dossier sobre su prematura desaparición escrito por un sacerdote que trabajaba en la Comisión de Catequesis de la Conferencia Episcopal, Jesús López  Sáez, excelente persona y líder de una importante comunidad cristiana madrileña, que estaba muy preocupado por las extrañas circunstancias que rodearon la muerte del papa Luciani . Posteriormente este sacerdote ha publicado dos libros sobre el tema. La tesis de Jesús López en su artículo coincidía en líneas generales con la de Yallop : Había muchas contradicciones en la muerte de Juan Pablo I y muchos cabos sueltos. Pensé que Vida Nueva debía publicar aquel informe como una opinión más, discutible, sin adherirse a él. Y así lo hice, precedido de una breve introducción en la que aclaraba que aquella no era la opinión editorial de la revista.

Nunca pude imaginar que se iba a provocar tan tremendo revuelo. El obispo Antonio Montero , a la sazón presidente de PPC, me llamó inmediatamente y me indicó que sin demora debía escribir una carta, como director, pidiendo perdón a la Santa Sede, pues era tanto como considerar al papa actual encubridor de un asesinato. Escribí la carta en la que decía que ni por asomo había intención de ofender a nadie y menos a la Santa Sede y la llevé personalmente al nuncio.

Pero ahí  no quedó la cosa. Acto seguido, miembros de la curia llamaron al obispo a Roma, le dieron toda clase de libros y materiales sobre Juan Pablo y lo agasajaron en el Vaticano como nunca. Jamás se olvidará aquel incidente y cuando en el futuro surgieron nuevos problemas en la revista siempre se recordará ‘lo que molestó en Roma el caso Luciani ’. En realidad tanta insistencia comenzaba a resultar sospechosa de si en realidad no habría realmente algún gato encerrado en el caso Luciani” [11] .

El jesuita Pedro Miguel Lamet  es un periodista silenciado. El Superior general de la Compañía de Jesús, Peter Hans Kolvenbach , le impuso la censura previa para todos los textos religiosos que produzca. La medida tuvo su origen en un artículo publicado por Lamet en Diario 16  en el que se hacía eco de los insistentes rumores sobre la posibilidad de que el papa Wojtyla  estuviera seriamente enfermo.

En el Vaticano, dijo Lamet , ya es un secreto a voces: “El papa tiene cáncer”. El 15 de julio de 1992 le había sido extirpado un tumor del tamaño de una naranja, adherido a las paredes del colon. Los médicos italianos tranquilizaron a la opinión pública. Sin embargo, dijo también Lamet, “médicos norteamericanos no se contentaron con esta versión. Aseguraron que el tamaño de la extirpación efectuada al papa no era posible si no había células seriamente malignas” [12] .

La repercusión internacional que tuvo el artículo provocó la intervención del cardenal Angelo Sodano , Secretario de Estado, quien escribió al Superior de la Compañía  ordenándole que silenciara al periodista. En realidad, para un trabajo de tipo periodístico la censura previa equivalía al silencio. Lamet  decidió seguir con su columna en el periódico sin tocar temas religiosos.

 



[1] El testimonio de Pilar Bellosillo  está grabado en cinta magnetofónica.

[2] BASSOTTO, 158.

[3] Ap 11,1.

[4] Mt 10,27.

[5] BASSOTTO, 227.

[6] Ib. y Premessa.

[7] Ib., 228.

[8] Ib., 246-247.

[9] Ib., 246.

[10] INFIESTA,J., Juan Pablo I.  Alegría de los pobres, Ed. Paulinas, Madrid, 1978, 282.

[11] Ver LAMET, P.M., Conflictos en la Iglesia católica, en El cristianismo en un mundo plural y conflictivo, Centro Evangelio y liberación, Madrid, 2000, 132-136.

[12] Ver Diario 16, 16-10-1993.