3.
LA PERSONA DE ROMA
El testimonio
de la persona de Roma es muy importante, quizá el que más. Pero su
testimonio pierde mucha fuerza al ser publicado sin firma, al amparo
del anonimato.
Importa no sólo el mensaje, sino también el mensajero. Por tanto, hemos investigado
cuidadosamente quién es la persona de Roma, quién se esconde detrás
de esa misteriosa expresión.
Un pliego para Pironio
El 4
de octubre de 1985, aniversario del entierro de Juan Pablo I,
la revista Vida Nueva publicó mi pliego sobre la muerte del papa Luciani
. Poco después, comenzaba
en Roma el Sínodo extraordinario de los obispos, en el que se trataba
de hacer balance de 20 años de posconcilio. Obviamente, el pliego
de la revista llegó a muchos padres sinodales. No obstante, se lo
envié mediante personas de confianza a dos cardenales. Uno de ellos
vivía en Roma, el argentino Eduardo F. Pironio
. El otro era el
inglés Basil Hume, de Londres.
Pilar
Bellosillo, ya fallecida,
tenía amistad con el cardenal Pironio
. Nacida en Madrid
en 1913, había sido Presidenta Nacional de Acción Católica, Responsable
Internacional de Organizaciones Católicas, Auditora en el Concilio
Vaticano II y en el Tercer Sínodo de Obispos. En noviembre del 85
fue a Roma con una misión muy especial: entregar al cardenal Pironio
mi pliego sobre la muerte de Juan Pablo I
. Además, se daba
la circunstancia de que había sido invitada por Pironio a la conmemoración
del Decreto conciliar sobre Apostolado Seglar. Al volver de Roma,
Pilar comenta en la comunidad de Ayala (a la que pertenece) su viaje
a Roma y, especialmente, su entrevista con el cardenal:
“Lo
que hice, para llevar un poco de orden y no mezclar las cosas, es
que reservé presentarle el dossier después de haberle explicado todo
lo concerniente al pliego, y empiezo diciendo que se trata, lo que
quiero comunicarle, de la publicación de un pliego sobre la muerte
de Juan Pablo I,
escrito por Jesús López
. Y entonces leo
el curriculum de Jesús, lo llevaba también preparado. Voy a leeros
lo que le dije sobre toda la génesis de este pliego, un poco resumida,
se me habían dado todos los datos el viernes en casa”. “Es
un tema relacionado con la purificación del templo, se ha considerado
que esto es un servicio prestado a la Iglesia, realizado en conciencia
y de forma comprometida, y desde un discernimiento a la escucha de
la Palabra. Su autor, Jesús López
, hubiera preferido
la tradición oral, pero lo ha escrito porque se le dirigió la Palabra.
Ha habido una experiencia muy fuerte de la Palabra, contrastada montones
de veces, especialmente la palabra de Jeremías
36 (toma un rollo de escribir) y la palabra
de Apocalipsis 1 (escríbelo en un libro). Se ha metido en la comunidad
la presencia de Juan Pablo I,
comparamos su muerte con la muerte de Santo
Tomás Becket
. La Palabra nos
impulsa, ha impulsado a Jesús, a juzgar e impulsa a decirlo. Y en
ese momento llega la invitación de Roma, me llega a mí, para que yo
participe en la celebración de la promulgación del Decreto de Apostolado
Seglar. Entonces nos parece que esto no es una casualidad”. “En
la comunidad, especialmente Jesús López
, creemos que monseñor
Pironio
lo puede comprender y que a él se le puede decir.
Entonces yo le puedo decir a monseñor Pironio, se lo digo así, que
la primera motivación de mi viaje a Roma ha sido precisamente ésta,
el poder estar con él y el poder compartir con él esta experiencia,
comunicársela. En el pliego se recoge lo que es más valioso del libro
de Yallop
, y hay una segunda
parte de reinterpretación de Juan Pablo I,
situada en el contexto eclesial actual, a la
luz de la Palabra. Si no hubiera sido por la Palabra, dice expresamente
Jesús López, no nos metemos en este berenjenal, ella nos ha dicho
que se ponga en el rollo (Jr 36), que se conozca (Sal 79), que se
escriba (Ap 1), que se celebre (Sal 81). Insisto, si no hubiera sido
por la Palabra, no se hubiera hecho nada”. “Entonces,
una vez que termino la presentación, le presento ya el dossier, el
número de Vida Nueva con el pliego y el último número
con la desautorización, la nota desautorizando el pliego, y sin posibilidad
de réplica. Es decir, creemos que aquí hay un avasallamiento de la
libertad de expresión de una institución como Vida Nueva y - si se quiere replicar - hay que acudir a un medio laico.
Pero hay unas últimas noticias que yo he conocido porque me han llamado
desde Madrid para comunicármelas, y es que el obispo Yanes ha dicho
que si vuelve a hablar de ello (si sigue en esa línea) Jesús se tendrá
que marchar de la Conferencia Episcopal donde trabaja. Esta última
noticia se la doy a monseñor, diciéndole que la he sabido por teléfono
y él hace un gesto como diciendo: Claro”. “Monseñor
me escucha, revisa todo el dossier, me escucha con mucha atención
y me hace algunas preguntas para aclarar o fijar algún detalle. Le
indico, entre lo que hay en el dossier, los dos textos de Jesús: Escuchar
la Palabra, objetivo catecumenal y
España, país de misión. Le digo que los
lea, porque son estupendos, puede comprender muchas cosas. El, entre
otras cosas, revisa ese triángulo que ha dibujado Jesús con los tres
números de Vida Nueva, el del pliego, el del comentario
del director hablando de las otras cárceles (¡”Hay tantos que estamos
en la cárcel sin saberlo”!), y el tercero, el de la desautorización
sin posibilidad de réplica”. “Pero
lo que de verdad le interesa a monseñor es cómo vivimos la comunidad,
porque creo que es esto lo que le importa para la valoración de lo
que le entregamos. El no me pregunta sobre el tema, porque él me ha
dicho que lo va a leer atentamente todo, lo quiere leer y lo quiere
asimilar. Pero es aquí donde verdaderamente me interpela. Y es ahí
donde queda impresionado, cuando yo le comunico nuestras experiencias
de la comunidad. Empiezo por decirle cómo llegó un momento en que
nosotras, cuando yo dejé todas mis actividades y tuve mi crisis de
salud, estábamos buscando una comunidad viva, cómo la encontraron
mis hermanos, Carmen y Paco
, y cómo venían a
casa, porque yo entonces tenía muy poca actividad, casi no me movía,
para comunicarme lo que estaban viviendo. Y a mí me impresionaba,
porque me decían lo mismo que aquellos primeros discípulos que encontraron
a Jesús, decían a los otros: Hemos encontrado lo que buscábamos”. “Entonces
yo le dije: monseñor, yo puedo y quiero compartir con usted la experiencia
más fuerte de Palabra que yo he tenido, porque para mí ha sido un
cambio en mi vida, y le comuniqué mi experiencia de Oseas
, capítulo 2. A medida
que comparto con él mi experiencia, se experimenta la presencia del
Espíritu y yo siento también una experiencia de concordancia, de comprensión
profunda, de comunión, que nos impresiona yo creo a los dos. En algún
momento incluso hacemos algún comentario un poco jocoso, le digo:
monseñor, para nosotros a veces las cosas pueden ser, como en este
caso, o pueden parecernos frivolidades más o menos pasajeras, pero
el Señor utiliza palabras fuertes, él habla de prostitución, porque
efectivamente lo suyo es tan grande, su amor es tan grande, su fidelidad
es tan grande, que verdaderamente lo nuestro son verdaderas prostituciones”. “Hablamos
de lo que es escuchar. Yo le digo: monseñor, ¿verdad que no es lo
mismo oír que escuchar? El Señor lo explica a los apóstoles, cuando
les comenta la parábola del sembrador. Hablamos de que Dios sigue
hablando hoy, de que nos habla por los acontecimientos, de que él
va iluminando nuestra propia historia y le va dando un sentido. Hablamos
de la coincidencia de que el mismo día 18 se conmemoraba también la
constitución conciliar sobre la palabra de Dios, de cómo habría podido
vivir la Iglesia tantos siglos con la Palabra encadenada. Recordábamos
a Santa Teresa, lo que ella sufrió cuando le prohibieron leer la Biblia,
y lo que el Señor le dice: Yo te daré libro vivo. Comentamos que gracias
a la constitución sobre la Palabra tenemos la constitución sobre la
Iglesia (Luz de las gentes),
que esta Iglesia aquí en Roma teme a la libertad del Espíritu. Cuando
el Señor prometió el Espíritu a los apóstoles les dijo que él les
iría revelando muchas cosas, hasta llegar a revelarles toda la verdad,
que ahora no podrían con todo ello. Que el Espíritu haría las cosas
nuevas, y las está haciendo, y aquí en Roma no las comprenden, porque
aparecen realidades inéditas, y habrá muchas realidades inéditas,
nuevas, si se escucha y se vive la Palabra, y si se deja libre al
Espíritu. ¿Qué pasaría si en Roma, en lugar de tanta ley y tanta teología
de hombres, se escuchara la Palabra? De todo esto hablamos, era como
un río que fluía y fluía sin cesar. Fue inolvidable, será ya inolvidable.
Entonces monseñor, había pasado bastante tiempo, me dice: Pilar, ¿quiere
usted que recemos tres avemarías, que recemos a María? Y me dijo algo
que yo no olvidaré ya nunca: porque María acoge la Palabra y nos la
entrega”
[1]
.
Pironio
.
No puede ser otro
Pasaron
cinco años y Camilo publicó el testimonio de la persona de Roma. Un
análisis interno del documento me llevó a pensar que el perfil de
la persona de Roma encajaba perfectamente con el cardenal Pironio
y así se lo hice saber al mismo por carta en
la Navidad del 90. El cardenal no contestó explícitamente a la carta,
pero sí me envió (desde el 91 al 94) felicitaciones de Navidad, que
conservo como preciado tesoro. “En
la carta que la persona de Roma envía a Camilo, le dije a Pironio
, encontramos palabras
que usted repite mucho, como serenidad, sereno, etc”. Son su muletilla,
es decir, su firma no consciente. Si abrimos un libro suyo por cualquier
parte, nos lo podemos encontrar. La sintonía
entre Juan Pablo I y
Pironio
es evidente. Veamos lo que dijo el cardenal
argentino en la catedral de Vittorio Véneto el 27 de febrero de 1979:
“Cuando una persona es sencilla y transparente como lo era Albino
Luciani
, no hay necesidad
de mucho tiempo para conocerla. Diría que existe una simpatía que
provoca amor, un conocimiento casi intuitivo. Entonces se vislumbra
enseguida la acción del Espíritu en esta persona. Pienso que esto
les ha sucedido a todos los cardenales en la elección de Juan Pablo
I y esto lo he sentido yo también. Señal evidente de que ahora el
mundo busca y ama las cosas sencillas y necesita la alegría y la esperanza.
Cuando se ve a un hombre con la sencillez y el candor del papa Luciani,
sale espontáneo pensar: La mano de Dios está aquí”
[2]
. El periodista
jesuita Pedro Miguel Lamet
, buen conocedor
del mundo romano, tiene la misma opinión sobre la identidad de la
persona de Roma. Sin que yo previamente le indicara nada, me dijo
certeramente en enero del 91: “Pironio
. No puede ser otro,
en Roma no hay otro”. Camilo
Bassotto
dice que no, que no es el cardenal la persona
en cuestión. Sin embargo, siento mucho - en este caso - no dar crédito
a sus palabras, porque él se comprometió a callar y, además, le he
visto muy presionado.
Lo que veas escríbelo en un libro
Del
26 al 29 de septiembre de 1997 estuve en Alemania dando un seminario
de Formación de Catequistas, organizado por la Misión Española en
el mundo de la emigración. De paso hacia Bad Marienberg, lugar del
seminario, tuve la oportunidad de contemplar la imponente catedral
de Maguncia. En la celebración de su milenario, en 1975, estuvo el
cardenal Luciani
y allí tuvo el patriarca (al fin y al cabo,
hijo de emigrantes) un encuentro con los emigrantes italianos. Los
organizadores del seminario decidieron que ese día la comida fuera
en un restaurante italiano, que está junto a la catedral. El restaurante
tiene un nombre que nos resultaba significativo: Incontro,
es decir, encuentro. Después visitamos el museo de Guttenberg, donde
me obsequiaron con la reproducción de una página del Apocalipsis,
que resultó ser la primera y donde se puede leer la frase: Quod
vides, scribe in libro, o sea, Lo
que veas escríbelo en un libro
[3]
. Por
mi parte, yo llevaba un ejemplar de mi libro sobre Juan Pablo I p
ara el responsable
de la Misión, que se había manifestado interesado por él. Fue un precioso
intercambio: el pasaje del Apocalipsis citado figura en la contraportada
del libro. Por supuesto, estando en el contexto del aniversario de Juan Pablo I, los participantes en el seminario (y
un pequeño grupo en Dortmund, el domingo por la noche) celebramos
el detalle, como señal de su presencia misteriosa. Es un pasaje que
me había encontrado, creo que no por casualidad, el domingo anterior,
cuando redactaba la carta que con fecha 25-9-97 envié al cardenal
Pironio. En la carta le recuerdo los diversos momentos en que hemos
recurrido a su alta función pastoral
: “
La primera vez fue
hacia el año 80. En su búsqueda angustiosa, los padres y hermanas
del desaparecido argentino Jorge Alberto Tornay
Nigro contactaron con nosotros. De señal en
señal, tomamos conciencia de su presencia misteriosa en esa dimensión
en la que vive el Señor Resucitado. Hicimos las gestiones que pudimos
y entendimos que la dolorosa peregrinación de estos compatriotas suyos
tenía que llegarle a Vd. La segunda
vez que contactamos con Vd. fue en noviembre del 85 a través de Pilar
(Bellosillo), que, situándolo en la experiencia de la comunidad, le
entregó el pliego de Vida Nueva
y le informó de las presiones que había recibido la revista, su director
Pedro Miguel Lamet
y yo mismo. Coincidió entonces, creemos que
providencialmente, la invitación que Vd. hizo a Pilar a participar
en las reuniones del Consejo de Laicos, con motivo de la conmemoración
del Decreto de Apostolado Seglar. ¡Qué contenta volvió Pilar por lo
vivido esos días en Roma y cómo comunicó en la Eucaristía de la comunidad,
con el Magnificat en el corazón, todo el caudal que traía! Queda recogido
en la grabación que le adjunto. En el
pliego presentábamos la figura de Juan Pablo I c
omo la de un ‘papa
profeta’ que se marchó, como Elías
, ‘de una forma extraña’.
Se decía también: ‘pero hubo un Eliseo
que estaba a su lado atento a lo que ocurría
y recogió inmediatamente el manto del insigne profeta. Algo así tendrá
que suceder ahora’. La tercera
vez que contactamos con Vd. fue con mi carta del 24-12-90, al propio
tiempo que le enviaba mi libro sobre Juan Pablo I.
En dicha carta le decía a propósito del testimonio
de la persona de Roma, publicado
en el precioso libro de Camilo Bassotto
: ‘Sabemos que el
tema es delicado, pero no queremos ocultarle que un análisis del documento
y de la carta (adjunta) nos lleva a pensar que tal vez la persona
de Roma pudiera ser Vd.’. Es verdad
que Vd. no responde explícitamente a la carta, pero me envía unas
felicitaciones de Navidad (del 91 al 94), que implícitamente algo
dicen al respecto. El periodista jesuita Lamet
, buen conocedor
del mundo romano, comparte nuestra opinión. Me dijo en enero del 91:
‘Pironio
. No puede ser otro;
en Roma no hay otro’. Comprendemos
las razones que Vd. puede tener, si es que decide seguir callando.
Por supuesto, respetamos su decisión. Sin embargo, como sabe, nuestra
decisión ha sido siempre distinta, a pesar de las dificultades y de
la marginación que nos ha supuesto”.
Pero
la carta no miraba sólo al pasado, sino al inmediato futuro: “Ahora
tengo avanzado un nuevo libro,
continuación del primero. También tengo una entrevista
solicitada por un periodista: se llama Gabriel Carrión
, antiguo cursillista,
de orientación independiente. La entrevista ha sido convenientemente
aplazada (un par de meses) de modo que Vd. pudiera saber con tiempo
mi decisión de revelar (según los datos de que dispongo) la identidad
de la persona de Roma. Su testimonio sobre lo que le dijo Juan Pablo
I y
, particularmente,
sobre la comprometida situación que, a su pesar, como papa tuvo que
afrontar (destitución de Marcinkus
, degradación del
IOR, posición firme y clarificadora ‘delante de todos’ frente a la
masonería cubierta o descubierta y frente a la mafia) hace historia
y, sobre todo, hace justicia al papa Luciani
. Sin duda, su declaración
(fechada el 14 de mayo de 1989, fiesta de Pentecostés) fue un impulso
del Espíritu. Sin embargo, su testimonio queda incompleto y pierde
mucho ante nuestra generación al ser publicado sin firma, al amparo
del anonimato. A nuestro
modo de ver, el Señor le puso al lado del papa profeta con la función
de Eliseo
, atento
a lo que ocurría. No se trata de que Vd. diga más de lo que dijo,
si no procede. Se trata de que Eliseo no oculte su identidad, sino
que levante la cabeza con la dignidad que se deriva de la alta misión
que el Señor le ha confiado. Por
supuesto, le agradeceríamos cualquier indicación que considerara oportuno
hacer al respecto. Por nuestra parte, meditamos en la palabra del
Señor: Lo que os digo en la oscuridad, decidlo vosotros
a plena luz; y lo que ois al oído, proclamadlo desde los terrados
[4]
”. Para
que estuviera informado, le envié - como otras veces - copia de la
carta a Camilo Bassotto
. Camilo (por cierto,
muy preocupado, lo cual se puede entender) me pidió por teléfono que
escribiera a Pironio afirmando que él nunca me dijo que fuera el cardenal
la persona de Roma, cosa que no tuve ningún inconveniente en hacer,
pues respondía a la verdad; al propio tiempo, aproveché la ocasión
para recordar el perfil de la persona de Roma y precisar
algunas cosas. La nueva carta, con fecha 17 de octubre del 97, decía
lo siguiente:
“Muy
estimado cardenal Pironio
: A requerimiento
(por teléfono) de Camilo Bassotto
, me pongo de nuevo
en contacto con Vd. para decirle que él siempre ha guardado celosamente
la identidad de la ‘persona de Roma’. Nunca me dijo que fuera Vd.
ni tampoco yo se lo he preguntado, pues sabía que estaba comprometido
a no revelar la identidad de la persona. Comprendo
y respeto su posición: él está obligado a callar. Me dice en su carta
del día 8, cuya copia le adjunto: ‘La persona que me lo dio (el escrito)
me ha impuesto que su nombre jamás será revelado a nadie hasta después
de su muerte’. Me dice también, de diversas maneras, que no es Vd.
la persona en cuestión. Asimismo me adjunta copia de la carta que
le ha enviado. Quiero
comentarle también algunos aspectos. Así como Camilo está comprometido
a callar, yo no. Mi situación es distinta: llego a una conclusión
a partir de los datos que tengo y doy mi opinión. Nada impide que
yo haga un análisis del escrito (carta y documento) de la persona
de Roma y publique los datos que, a nuestro modo de ver, revelan su
identidad. Camilo
tiene copia de las cartas enviadas a Vd. con fecha 24-12-90 y 25-9-97.
Ahí están los datos que configuran el perfil de la persona de Roma
y que coinciden en Vd. Son los siguientes: - se
trata de un cargo, que no le permite revelar su identidad, un cargo
importante: Juan Pablo I revela sus intenciones al cardenal Secretario
de Estado y a él
[5]
; - reside
en Roma
[6]
; - el
documento manifiesta una gran sintonía entre Juan Pablo I y
Vd.: Juan Pablo le tiene ‘gran estima y confianza’,
le llama ‘el obispo de la esperanza’, dice que necesita hablarle,
quiere que le acompañe a Puebla, valora su condición de haber sido
‘secretario de Medellín’, dice que le será ‘de gran ayuda’’; - consta
que Juan Pablo I h
abló con Vd. a mediados
de septiembre; la persona de Roma dice que ‘habían pasado ya tres
semanas’ del nuevo pontificado
[7]
; - aparecen
referencias latinoamericanas (Medellín, Puebla, CELAM, Lorscheider
, Pironio
, representación
de obispos de América Latina, Romero
) y, además, tales
referencias son favorables a la orientación del CELAM (época de Medellín);
de Lorscheider, entonces presidente del CELAM, dice Juan Pablo I que
le conoce desde hace años, le dio su voto en el cónclave y ‘es un
gran obispo’’;
todo ello encaja bien en su personalidad. - al
final, el encendido elogio del arzobispo mártir Oscar Romero
, al que justamente
se compara con Tomás Becket
[8]
, se explica en Vd., no en el mundo romano
que le rodea; por cierto, en el pliego que le enviamos comparamos
con Becket a Juan Pablo I;
- la
referencia al cardenal Martini
, cuya orientación
abierta y renovadora todo el mundo conoce, no encaja en el ambiente
conservador de la curia romana, en Vd. sí
[9]
; - el
documento encaja perfectamente con la semblanza que de Juan Pablo
I dio Vd. en el momento de su muerte: ‘Ha abierto caminos nuevos.
Ha iniciado un periodo de fuerte renovación de la Iglesia”
[10]
; - en
la carta que la persona de Roma envía a Camilo encontramos expresiones
que nos son muy queridas, como hacer justicia a Juan Pablo I o proclamar
su testimonio; - sus
contactos con Camilo (ha hablado con Vd., le ha enviado su libro)
son datos pertinentes a la hora de atribuirle a Vd. la identidad de
la personas de Roma; - el
periodista jesuita Pedro Miguel Lamet
, buen conocedor
del mundo romano, comparte nuestra opinión. Sin que previamente yo
le indicara nada, me dijo certeramente en enero del 91: ‘Pironio
. No puede ser otro;
en Roma no hay otro’; - en
la carta de la persona de Roma encontramos palabras que Vd. repite
mucho, como serenidad, sereno, serenamente. Son su
muletilla, es decir, su firma no consciente. Por ejemplo, en su libro
Alegres en la esperanza (y en otros); - al
enviarle estos datos en mi carta del 24-12-90, diciéndole que ‘tal
vez la persona de Roma pudiera ser Vd.’, Vd. no responde explícitamente
a la carta, pero me envía unas felicitaciones de Navidad (del 91 al
94), que implícitamente algo dicen al respecto. Nuestro
querido cardenal, no es nuestra intención importunarle ni crearle
problemas, todos corremos riesgos, pero ¿podría Vd. liberar a Camilo
de su compromiso? ...
En el aniversario
del nacimiento de Juan Pablo I y
reiterándole mi deseo de saludarle personalmente
en mi próximo viaje a Roma, le saluda atentamente en el Señor...
Firmado: Jesús López
Sáez”.
Ambas
cartas fueron enviadas por correo certificado. Ninguna tuvo contestación,
lo cual se podía esperar. Además, el cardenal Pironio
, no lo sabíamos,
se encontraba ya gravemente enfermo del mal, cáncer de huesos, del
que moría poco después, el 5 de febrero de 1998.
El secretario del cardenal
En junio
del 98, en Roma, pude hablar con Fernando Vergez
, que durante muchos
años había sido secretario del cardenal Pironio
. Me sorprendió
que Fernando Vergez
, de quien se decía
lo conocía todo, no conociera las cartas que yo le había enviado a
Pironio
. Sólo conocía una
carta de Camilo. Tampoco conocía el informe de la persona de Roma.
Entre otras cosas, me dijo, no era el estilo de Pironio enviar anónimos:
si tenía que decir una cosa, la decía abiertamente. Le dije que no
se trataba propiamente de un anónimo; que el informe de la persona
de Roma estaba firmado y se le había entregado a Camilo con la condición
de que se publicara sin firma; que el asunto era delicado y comprometido,
y se comprendía que muchas personas en la Iglesia tomaran sus medidas
de protección; que un análisis interno del documento me había llevado
a mí (y no sólo a mí, también a Pedro Miguel Lamet
) a atribuir al cardenal
la autoría del mismo; que así se lo dije al cardenal en carta de 24
de diciembre del 90 y que el cardenal (aun no respondiendo explícitamente)
no sólo no me lo negó, sino que me envió felicitaciones de Navidad
del 91 al 94. El secretario
reconoció la letra del cardenal en las felicitaciones, así como la
máquina de escribir en los sobres correspondientes. También reconoció
la muletilla del cardenal (sereno, serenidad, serenamente), que aparece
en la carta que envía la persona de Roma con el informe. El secretario
se quedó con fotocopia de mis dos últimas cartas al cardenal y del
documento de la persona de Roma. Me dijo que todo lo que era personal
del cardenal se había enviado a Buenos Aires. Pensaba ir en verano
y, si encontraba algo, me lo diría. De hecho,
no me dijo nada. No ha sido fácil localizar en Buenos Aires el destino
del legado personal del cardenal. Su hermana Zulema
no dio ninguna pista. Sin embargo, el profesor
Lucio Gera
(del monasterio carmelita de Ezeiza, Buenos
Aires) ha publicado varios libros póstumos del cardenal. Además Susana
Pironio
, sobrina del cardenal
y profesora ya jubilada, realizó una valiosa mediación y me facilitó
la dirección del profesor Gera, a quien escribo con fecha de 5 de
marzo de 2001. Le digo que “en un nuevo libro, estudio la relación
del papa Luciani con el cardenal Pironio
, con quien tanto
sintonizaba y con quien compartió (así lo creemos) confidencias y
decisiones importantes”. Le digo
también al profesor Gera
, miembro de la Comisión
Teológica Internacional y consultor del Consejo Pontificio para los
laicos: “Es posible que del tema que le comento queden pocas huellas,
si es que queda alguna. Pero ¿podría, de algún modo, investigarlo
ahí? ¿Podría hablar con Vd. al respecto? Con mucho gusto, yo haría
un viaje a Buenos Aires en las fechas que Vd. me indicara. El tema
es delicado y las dificultades no son pocas, pero tengo presente lo
que dijo Santa Teresa: La verdad padece, pero no perece”. El carmelita
no ha contestado. Parece observar un riguroso silencio, propio de
clausura total.
Caso revelador y detonante
En 1986,
en un discurso a los periodistas, Juan Pablo II
dijo que el periodista debe ser “el hombre de
la verdad” y añadió: “Es necesario tener el coraje y la sinceridad
de proclamar abiertamente
que todas las formas de deformación y falsificación constituyen una
verdadera y propia desnaturalización del periodismo”. “Mi
experiencia profesional, dice Pedro Miguel Lamet
, es que una vez
más la Iglesia no cumple lo que predica. Voy a narrar sucintamente
acontecimientos de vida que prueban esta afirmación. Los hechos hablan
por sí mismos de este continuo conflicto que se ha
ido agudizando en los últimos años”. En una
mesa redonda del XX Congreso de Teología, convocado por la Asociación
de Teólogos Juan XXIII
, Lamet
pone dos ejemplos del pontificado de Juan Pablo
II
: el caso de la prelatura
del Opus Dei y el caso Luciani
. Refiriéndose a
este último dice: “Otro
caso revelador, y de alguna manera detonante de la forma de proceder
de la institución eclesial en los temas que le afectan, fue el de
la muerte de Juan Pablo I.
Un buen día llegó a mis manos un dossier sobre
su prematura desaparición escrito por un sacerdote que trabajaba en
la Comisión de Catequesis de la Conferencia Episcopal, Jesús López
Sáez, excelente persona y líder de una importante
comunidad cristiana madrileña, que estaba muy preocupado por las extrañas
circunstancias que rodearon la muerte del papa Luciani
. Posteriormente
este sacerdote ha publicado dos libros sobre el tema. La tesis de
Jesús López en su artículo coincidía en líneas generales con la de
Yallop
: Había muchas contradicciones
en la muerte de Juan Pablo I y muchos cabos sueltos. Pensé que Vida Nueva debía publicar aquel informe
como una opinión más, discutible, sin adherirse a él. Y así lo hice,
precedido de una breve introducción en la que aclaraba que aquella
no era la opinión editorial de la revista. Nunca
pude imaginar que se iba a provocar tan tremendo revuelo. El obispo
Antonio Montero
, a la sazón presidente
de PPC, me llamó inmediatamente y me indicó que sin demora debía escribir
una carta, como director, pidiendo perdón a la Santa Sede, pues era
tanto como considerar al papa actual encubridor de un asesinato. Escribí
la carta en la que decía que ni por asomo había intención de ofender
a nadie y menos a la Santa Sede y la llevé personalmente al nuncio. Pero
ahí no quedó la cosa. Acto
seguido, miembros de la curia llamaron al obispo a Roma, le dieron
toda clase de libros y materiales sobre Juan Pablo y lo agasajaron
en el Vaticano como nunca. Jamás se olvidará aquel incidente y cuando
en el futuro surgieron nuevos problemas en la revista siempre se recordará
‘lo que molestó en Roma el caso Luciani
’. En realidad tanta
insistencia comenzaba a resultar sospechosa de si en realidad no habría
realmente algún gato encerrado en el caso Luciani”
[11]
. El jesuita
Pedro Miguel Lamet
es un periodista silenciado. El Superior general
de la Compañía de Jesús, Peter Hans Kolvenbach
, le impuso la censura
previa para todos los textos religiosos que produzca. La medida tuvo
su origen en un artículo publicado por Lamet en Diario 16 en el que se hacía
eco de los insistentes rumores sobre la posibilidad de que el papa
Wojtyla
estuviera seriamente enfermo. En el
Vaticano, dijo Lamet
, ya es un secreto
a voces: “El papa tiene cáncer”. El 15 de julio de 1992 le había sido
extirpado un tumor del tamaño de una naranja, adherido a las paredes
del colon. Los médicos italianos tranquilizaron a la opinión pública.
Sin embargo, dijo también Lamet, “médicos norteamericanos no se contentaron
con esta versión. Aseguraron que el tamaño de la extirpación efectuada
al papa no era posible si no había células seriamente malignas”
[12]
. La repercusión
internacional que tuvo el artículo provocó la intervención del cardenal
Angelo Sodano
, Secretario de Estado,
quien escribió al Superior de la Compañía ordenándole que silenciara al periodista. En realidad, para un trabajo
de tipo periodístico la censura previa equivalía al silencio. Lamet
decidió seguir con su columna en el periódico
sin tocar temas religiosos.
[1]
El testimonio de Pilar Bellosillo
está grabado en cinta magnetofónica.
[2]
BASSOTTO,
158.
[3]
Ap 11,1.
[4]
Mt 10,27.
[5]
BASSOTTO,
227.
[6]
Ib.
y Premessa.
[7]
Ib.,
228.
[8]
Ib.,
246-247.
[9]
Ib., 246.
[10]
INFIESTA,J., Juan Pablo I.
Alegría de los pobres, Ed. Paulinas, Madrid, 1978, 282.
[11]
Ver LAMET, P.M., Conflictos en la Iglesia católica, en El cristianismo en un mundo plural y conflictivo,
Centro Evangelio y liberación, Madrid, 2000, 132-136.
[12]
Ver Diario 16, 16-10-1993. |