4. EL ESCANDALO IOR-AMBROSIANO

 

Se han escrito libros enteros sobre el papa Luciani  sin hacer referencia a los escándalos económicos, que como obispo, como patriarca o como papa hubo de afrontar. Se suele dar esta razón: Luciani no entendía de dineros ni de negocios. Sin embargo, se ocultan los problemas de tipo económico que con rectitud y firmeza afrontó, cuando estaba en juego la misión y la credibilidad de la Iglesia. Así sucedió con el caso Antoniutti  (1962), con la venta de la Banca Católica del Véneto (1972) y con el problema de la conexión IOR-Ambrosiano (1978).  Juan Pablo I h abía tomado la decisión importante y valiente de terminar con los negocios vaticanos.      

 

Descargo de conciencia

El 9 de agosto de 1962, Albino Luciani , obispo de Vittorio Véneto, dirigía una carta a sus diocesanos: “Dos de mis sacerdotes – les decía - han errado. No en las cifras exageradas que alguno dice o escribe, no haciéndose de alguna manera responsables por tráfico de drogas o de armas o por cosas aún peores, pero han errado”.

¿Qué había sucedido? El 17 de junio de 1962, el mismo día en que desapareció Calvi  veinte años después, Carlo Luigi Antoniutti  se pegó un tiro. En muchos años de dudosa actividad, Antoniutti había conseguido levantar en Treviso un notable imperio financiero, un banco secreto, a base de préstamos que recogía e invertía en oscuros tráficos bancarios y en especulaciones arriesgadas. Entre los muchos que se vieron atraídos por la perspectiva de un rico negocio estaban dos sacerdotes de Vittorio Véneto: monseñor Stefani , párroco y además consejero del servicio administrativo diocesano, y don Cescon , tesorero de dicho servicio. Al fin, la terrible noticia: Antoniutti está en quiebra. La intentan evitar a toda costa. El tesorero no ve otra solución: la administración diocesana. Pero con ello solamente va a complicar aún más las cosas. Viéndose sin salida, lo confiesa todo al obispo Luciani , que le cesa inmediatamente en su cargo, quedándose la diócesis con un descubierto de más de 283 millones de liras. El tesorero fue condenado a un año y cuatro meses de cárcel. El monseñor dejó la diócesis. El obispo Luciani no dudó en presentar a Juan XXIII  su propia dimisión, si no podía resolver la cuestión como creía que debía hacerse. El papa le dio carta blanca y la diócesis restituyó hasta el último céntimo a los pequeños ahorradores defraudados: “no porque esté obligada, dijo Luciani, sino porque se trata de gente no rica, que ha prestado poniendo su confianza en el sacerdote” [1] .

La biógrafa alemana Regina Kummer  lo dio a conocer en su libro sobre Albino Luciani , publicado en 1988, pero el obispo de Vittorio Véneto se molestó con ella, porque entendía que eso no debía publicarse. Esta confidencia de la autora me la comunicó Antonia , la mujer de Eduardo  Luciani, en su casa de Canale d’Agordo, casa natal de Juan Pablo I.

Loris Francesco Capovilla , que fue secretario de Juan XXIII  y actualmente es arzobispo de Mesembria, no tiene inconveniente en comentar la historia de Vittorio Véneto. Lo hace para rebatir la idea de que el obispo Luciani  fuera tímido. Dice: “Es firme, prudente. Lo demuestra en una coyuntura inquietante en la que ve implicados, en una operación financiera poco limpia, a dos de sus sacerdotes. El obispo no lo duda. Compromete a su clero en la obra de reparación hasta enajenar los bienes de la Iglesia. Verdad, justicia, caridad se conjugan juntamente, no sin gestos de misericordia hacia los culpables” [2] .

En 1972, Albino Luciani , patriarca de Venecia, se encuentra por primera vez con el problema del IOR. Su presidente Marcinkus , sin consultar a nadie, había vendido la Banca Católica del Véneto a Roberto Calvi , principal administrador del Banco Ambrosiano.

La Banca Católica, fundada para las diócesis vénetas, daba préstamos a bajo interés y se había distinguido por ayudar a esos sectores de la sociedad que no tienen peso político, como los deficientes y los minusválidos. Luciani  se había mostrado vivamente preocupado por apoyar a los centros especiales de trabajo. A mediados de 1972, terminaron los préstamos a bajo interés. El IOR había vendido la Banca Católica al Banco Ambrosiano. Los obispos de la región urgieron al patriarca de Venecia para que fuera directamente a Roma. Con prudencia, Luciani empezó a indagar. Lo que fue descubriendo sobre Calvi  y Sindona  le dejó anonadado. Sin embargo, gozaban de la confianza de Pablo VI .

Luciani  fue a ver a Benelli , entonces sustituto de la Secretaría de Estado, y le contó el problema. Benelli se explicó ampliamente. La venta de la Banca Católica era el resultado de un plan que habían puesto en marcha Calvi , Sindona  y Marcinkus . Marcinkus ayudaba a Calvi a disfrazar la verdadera naturaleza de esta y otras operaciones financieras, sustrayéndolas a la vigilancia de los inspectores del Banco de Italia, aprovechando las amplias facilidades de que gozaba el Banco Vaticano. Fondo de la cuestión: “evasión de impuestos, movimiento ilegal de acciones”. La reacción de Luciani no se hizo esperar: “¿Qué tiene que ver todo esto con la Iglesia de los pobres? En nombre de Dios... “ Benelli le interrumpió: “No, Albino, en nombre del dividendo” [3] .

Luciani  sacó a los obispos vénetos de la Banca Católica. Tras su conversación con Benelli , le comentó a su secretario Mario Senigaglia : “Estoy liberado. Lo he dicho todo”. Esta confidencia me la comunicó el propio Senigaglia, en Venecia, en presencia de Camilo Bassotto . El patriarca Luciani sabía que algo olía mal en las finanzas vaticanas. Cuando fue elegido papa, se encontró de frente con el problema.

 

El IOR, el Banco Vaticano

Un poco de historia. En 1887, León XIII  constituyó una Comisión cuya función consistía en “guardar y administrar los capitales de las fundaciones pías”. En 1904 Pío X  modificó este organismo y, posteriormente, cambió su nombre por el de Comisión para las Obras de Religión, ampliando su actividad a toda Italia.

El 11 de febrero de 1929, cincuenta y nueve años después de la toma de Roma por las tropas italianas, Italia y el Vaticano firman la paz en los Pactos de Letrán. El Concordato con Benito Mussolini reconocía al papa el poder temporal sobre el Estado Pontificio o Ciudad del Vaticano. Además, un acuerdo financiero resolvía todas las cuestiones económicas pendientes: “Como compensación por las pérdidas, el Estado italiano donaba a la Santa Sede cien millones de pesetas en bonos del tesoro público, al cinco por ciento anual de interés, además del equivalente a setenta y cinco millones de pesetas en efectivo” [4] .

La mayor parte de este patrimonio fue confiada a una comisión, la Administración Especial de la Santa Sede, que invirtió el dinero de la siguiente forma: un tercio en acciones de industrias italianas, otro tercio en inmuebles y un último tercio en divisas y en oro. Otro organismo, la Administración General de la Santa Sede, seguía administrando el patrimonio constituido en 1876 por el cardenal Antonelli .

Como consecuencia de los pactos de Letrán nació también el Governatorato, órgano de gobierno del Estado Ciudad del Vaticano, que se ocupaba de resolver los problemas inherentes a cualquier Estado: carreteras, gasolina, matriculación de automóviles, correos, víveres, etc.

En 1942 Pío XII  constituye el Instituto para las Obras de Religión (IOR), cuya finalidad es “velar por la custodia y la administración de los capitales (en títulos o en efectivo) y de los inmuebles transferidos o confiados al Instituto, por personas físicas o jurídicas, destinados a obras de religión y piedad cristiana”.

El IOR funciona con una fórmula original: los clientes se comprometen a ceder o a destinar, al menos parcialmente y con vistas al futuro, una parte de sus ahorros para obras religiosas, lo que sustituye a las comisiones que cobran los bancos ordinarios: “A cambio de ello, los clientes del IOR cobran intereses libres de impuestos, pueden convertir los capitales invertidos en el IOR en cualquier divisa, sin ningún tipo de limitaciones y, lo que es más importante, pueden transferir su dinero a cualquier parte del mundo. Si se tiene en cuenta que entre Italia y el Estado del Vaticano no existen aduanas ni fronteras, se entenderá fácilmente que el IOR haya sido una plataforma importante y cómodamente utilizada para evadir capitales desde Italia hacia el extranjero” [5] .  

Los Pactos de Letrán fueron la base financiera de la economía moderna de la Santa Sede. El Vaticano empezó a intervenir en el campo de las finanzas italianas e internacionales de una forma que hubiera sido impensable años atrás: “En la década de 1950, los organismos económicos del Vaticano compraban en todos los rincones de Italia, contribuyendo así a la reconstrucción del país, destrozado por la guerra, pero obviamente mirando también por los propios intereses... Se entraba a formar parte de las cajas de ahorro y de los bancos, o se compraban bonos del tesoro público inglés; se accedía a la fábrica de armas Beretta o al Instituto Farmacológico Serono, fabricante de píldoras anticonceptivas; se compraban acciones de una fábrica de bicicletas en Japón, de una industria de tranvías en los Estados Unidos o se entraba a formar parte de multinacionales que fabricaban material bélico, como en el caso de la Lockheed” [6] .

Eran los años de la gran expansión económica europea. Los beneficios que obtenía el Vaticano “estaban exentos de impuestos gracias a una concesión de Benito Mussolini [7] . Se afirma que “Pío XII murió con un patrimonio de 80 millones de marcos en oro y valores y sus tres sobrinos (Carlo, Marcantonio y Giulio) acumularon 120 en los diecinueve años de pontificado del tío” [8] . Sin embargo, Juan XXIII decidió interrumpir los negocios vaticanos, limitándose el IOR a la administración ordinaria y ateniéndose el papa Roncalli a las donaciones de la comunidad católica (Obolo de San Pedro) [9] .

 

La reforma del Concilio

Según el Concilio Vaticano II (1962-1965), la Iglesia es misterio de comunión, vivido en comunidad. El Concilio ve en la experiencia comunitaria de los orígenes [10] el modelo no sólo de la vida religiosa, de los misioneros y de los sacerdotes, sino de todo el pueblo de Dios [11] . La Iglesia es Comunidad, no Estado (y menos, del peor estilo, dictatorial). Por tanto, el Estado de la Ciudad del Vaticano no sólo es una antigualla histórica, sino una contradicción estructural, un ejemplo de lo que no debe ser la Iglesia.

Siguiendo las indicaciones del Concilio, Pablo VI  publicó un documento para la reforma de la curia el 15 de agosto de 1967, Regimini Ecclesiae Universae. Por lo que respecta a los asuntos económicos, la idea del papa era someterlo todo a un gran ministerio para la economía, llamado Prefectura para los Asuntos Económicos de la Santa Sede.

            El cardenal Alberto Di Jorio, presidente del IOR,  convenció a Pablo VI de la necesidad de salvaguardar la independencia del banco: “Usted sabe bien, Padre Santo, - repetía el cardenal – que sería imposible conservar el secreto de los nombres de los clientes si el IOR fuese inscrito entre las demás administraciones” [12] . La idea de subordinar al IOR tampoco gustaba al secretario del papa, don Pasquale Macchi . Así pues, el banco se mantuvo al margen de todo control.  

 

Sindona y Calvi

Michele Sindona  nació en 1920, en la ciudad siciliana de Patti. Se licenció en derecho fiscal en la Universidad de Messina. Durante la segunda guerra mundial, se dedicó al negocio de los limones. Lo hacía con la ayuda de la mafia, que controlaba la industria de los productos agrícolas. El obispo de Patti le puso en contacto con Vito Genovese , un importante miembro de la mafia estadounidense que había colaborado en la invasión de Sicilia por parte de las fuerzas aliadas. Entonces se dio cuenta de que “si quería hacer algo grande tenía que tener amigos en Estados Unidos” [13] .

En 1948 Sindona  se trasladó con su familia a Milán. Con una carta de presentación del obispo de Messina, conoció a Massimo Spada , miembro de la nobleza vaticana y principal laico del IOR, y a Giovanni Battista Montini , que entonces era sustituto de la secretaría de Estado.

El atractivo del banco vaticano para un financiero como Sindona  era obvio: “El IOR es el mejor banco extranjero que se pueda imaginar. En lugar de tener la reputación indeseable de un banco del Caribe, cuenta con el respaldo moral de la Iglesia. No es responsable ante ningún gobernador de un banco central, el secreto es total...  y a ningún papa lo eligen por su perspicacia financiera” [14] .

En 1954 Montini  es nombrado arzobispo de Milán y Sindona  le acompaña en sus visitas a fábricas y talleres. En 1958 el arzobispo necesita una suma importante para un hogar de ancianos. Montini recurre a Sindona, el cual, según se dice, “consiguió el dinero de un agente de la CIA que estaba destinado en Italia en aquella época” [15] .

En 1963 Montini  fue elegido papa con el nombre de Pablo VI . Pablo VI consideraba a Sindona un genio de las finanzas.

En 1968, el gobierno italiano se desplaza hacia la izquierda y resuelve derogar la ley fiscal que otorgaba privilegios a la Iglesia en cuestión de impuestos. El Vaticano reacciona y adopta un cambio de política económica: despojarse de su opulencia italiana e invertir la mayor parte de sus fondos en diversos países. En la primavera de 1969 Sindona  es incluido entre los principales asesores financieros del Vaticano [16] .

Durante los años siguientes, Sindona  se asocia íntimamente a los negocios del banco vaticano en estrecha relación con Marcinkus , que desde 1969 era secretario general del IOR y en 1971 fue nombrado presidente. Los negocios de Sindona y del Vaticano estaban tan entrelazados que “cuando Sindona culminaba uno de sus negocios espectaculares en Italia, no se sabía con precisión si se trataba de un negocio del Vaticano, de Sindona, o de ambos” [17] .

Pero Sindona  no se relaciona sólo con eclesiásticos, banqueros y políticos, sino con centros ocultos de poder. El 2 de noviembre de 1957, en Palermo , un comité de importantes mafiosos sicilianos eligen a Sindona para llevar a cabo “un plan de la mafia de infiltrarse en negocios legítimos de todo el mundo”, “para reinvertir los beneficios de la heroína” [18] . Además, Sindona se hizo miembro de la logia Propaganda Dos en 1964: “Con la ayuda de la P2, ... en diez años escasos, Sindona adquirió media docena de bancos en cuatro países: Italia, Alemania, Suiza y los Estados Unidos” [19] . La logia P2, con Licio Gelli  como gran maestro,  se convirtió en “la organización secreta política más poderosa y violenta de Italia” [20] .

Giuseppe Carlo Marino, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Palermo, comenta el caso Sindona: “Un negocio cuyo corazón estaba constituido por el tráfico de drogas y de armas no podía prescindir, sobre todo para el blanqueo de dinero negro y otras actividades similares, así como por sus orígenes y el mercado necesariamente internacional al que se dirigía, de una conexión orgánica con las adecuadas estructuras financieras”. Sindona es “el personaje en que se evidencia cómo la masonería – desde siempre parte importante de la historia general de la burguesía mafiosa – se convirtió en un componente esencial de la mafia”, “no es casual que las actividades de Sindona dieran como fruto, con las de la logia masónica P2 de Licio Gelli,la existencia de una especie de partido en la sombra de la CIA en Italia, una organización tan especulativa y funcional a los intereses de una red amplísima de personajes a la caza del poder en Italia”, “tanto para Sindona como para Gelli el mejor recurso-base a su disposición era el comunismo, en el sentido de que la lucha contra éste constituía la coartada de sus empresas, incluídas las de carácter criminal” [21] .

El senador y masón Giusseppe Corsini , que fue alcalde comunista de Pistoia, la ciudad natal de Gelli , informa sobre el pasado fascista del jefe de la P2: “Era el factótum de la federación fascista y era el organizador de todas las acciones de represalia, aun sin motivación, que se hicieron entonces. Tenía un jeep a su disposición y la inseparable metralleta con la que apuntaba sin dudar e incluso disparaba, cuando quería imponer su voluntad. Junto a su digno compadre Fronzaroli  da Bardolino practicaban las más despiadadas torturas sobre aquellos que eran detenidos bajo pretexto de pertenencia o incluso de simple simpatía  hacia las formaciones partisanas” [22] .

A finales de los sesenta, Sindona  conoce a Roberto Calvi (Milán, 1920)  y decide ayudarle en su carrera: “Cuando conocí a Calvi, dice Sindona, era un director de poca envergadura en el departamento de exterior del Banco Ambrosiano. Pero vi que Calvi era el único, entre todo el personal del banco, que tenía mentalidad internacional... y un gran cerebro para las operaciones internacionales” [23] .

 

Banco de negocios

El Banco Ambrosiano, fundado en 1896 por Giuseppe Tovini , ofrecía los servicios propios de una entidad de crédito y, al mismo tiempo, era instrumento de confianza de “congregaciones, obras pías y organizaciones religiosas de carácter benéfico” [24] . Los fundadores esperaban demostrar cómo se puede ejercer la función de otorgar crédito “sin ofender los grandes principios éticos de la enseñanza cristiana, que incluso podían servir de guía para regular la vida económica” [25] . Se limitaba el peso específico de los más importantes paquetes de títulos, para evitar que surgiesen accionistas tan poderosos, que pudiesen reivindicar el control de la gestión. En ningún caso los accionistas individuales podían poseer paquetes superiores al cinco por ciento [26] .

En febrero de 1971, Calvi  accede a la dirección general del Banco Ambrosiano. Calvi y Sindona  quieren convertirlo en un moderno banco de negocios, “un banco que no sólo aceptaba depósitos y concedía préstamos a corto plazo, sino que además operaba agresivamente en el mercado de valores, compraba y vendía empresas y desempeñaba en términos generales el papel de una fuerza dinámica de la economía” [27] . Pero había un obstáculo: la ley de banca de 1936 impedía en Italia a los institutos de crédito ordinarios operar como un banco de negocios. Sin embargo, había una forma de dar la vuelta a la ley. Bastaba con constituir un holding fuera del territorio nacional y, a continuación, crear conexiones en todo el mundo, sobre todo en los paraísos fiscales de Luxemburgo, Liechtenstein y Centroamérica. Y si más tarde esa sociedad extranjera de finanzas deseaba hacer incursiones también en Italia, resultaría difícil averiguar si el dinero procedía del banco matriz o, por el contrario, de clientes foráneos.

Así pues, Calvi  va creando, uno tras otro, todos los bastiones de su imperio, empezando en Luxemburgo con la Compendium, convertida más tarde en Ambrosiano Holding. La Compendium tiene tres derivaciones: la Ultrafin de Nueva York, la de Zurich y la Cisalpine Overseas de las Bahamas, posteriormente Ambrosiano Overseas. Para los movimientos de capital menos azarosos, Calvi cuenta también con la Banca del Gotardo, en Lugano. Calvi es el administrador de ese imperio, “dotado con plenos poderes por voluntad del Consejo de administración y de los accionistas” [28] . El Banco Ambrosiano llegó a ser el primer banco privado de Italia. Además, estaban “las participaciones extranjeras, tanto las conocidas como las ignoradas”, tanto en Sudamérica, como en Asia [29] .

 

Banquero del papa, de la P2 y de la mafia

En la primavera de 1969, el gobierno (de centro-izquierda) tomó la decisión irrevocable de que el Vaticano tenía que pagar impuestos sobre sus valores en cartera.

El Vaticano se dirigió a Sindona  en busca de ayuda. El banquero siciliano propuso una estrategia para evadir recursos del Vaticano fuera de Italia e invertirlos en el mercado del eurodólar a través de una red de sociedades que tributaban en régimen de zona franca. La jugada no sólo facilitaría al Vaticano más discreción, sino que también demostraría a otros países el poder del Vaticano. A largo plazo, dijo Sindona, verían que Italia era la única perjudicada.

Michele Sindona iba a trabajar en íntima relación con el obispo Marcinkus , presidente del Banco Vaticano. Sin embargo, “Sindona tendría la autoridad decisoria” [30] . Por tanto, Michele Sindona, mafioso y masón, se había convertido en “el banquero del papa”.

¿Conocía Pablo VI  el lado oculto de la personalidad de Sindona ? Cuesta creerlo. Lo cierto es que puso el porvenir financiero del Vaticano en las manos de un hombre que era banquero de la mafia y banquero de la logia P2.

Según Luigi Di Fonzo , profesor de la universidad de Harvard y autor de un libro titulado Michele Sindona , el banquero de San Pedro  (1983), es difícil de creer que Pablo VI  no hubiera oído los rumores sobre los vínculos de Sindona con la mafia y con la P2:  “En el mundo real de la banca internacional quienes parecen enemigos a la luz del día, a menudo aparecen como aliados al amparo de la noche”. Dice también: “El ala derecha de la Democracia Cristiana... ha sido la protectora de los intereses del Vaticano en Italia. Sin embargo, desde 1947, los democristianos han sido también socios de la mafia. Ello no significa que el Vaticano o los democristianos no condenen las acciones de la mafia” [31] . Significa que tienen intereses comunes.

E n 1967 un informe de la Interpol, enviado a la policía italiana, identifica a Sindona como el jefe de un grupo de mafiosos y banqueros que estaban “involucrados en el tráfico ilícito de drogas estimulantes, antidepresivas y alucinógenas entre Italia, Estados Unidos y posiblemente otros países europeos”. El nombre de Michele Sindona aparece en primera posición de la lista del informe [32] . Pero nadie puede con él.

En una memoria final la Comisión Parlamentaria italiana sobre la quiebra del banquero siciliano dice: “La venta de la Società Generale Immobiliare (SGI, sociedad de bienes raíces del Vaticano) señala el punto de partida de la desmovilización financiera vaticana y de la relación, cada vez más estrecha, entre el IOR y el sistema Sindona ”. No se trata de una simple transacción económica, sino del establecimiento de una cooperación: “El efecto de la alianza, quizá convertida en simbiosis, entre el Vaticano y Sindona es doble; por una parte, legitima a Sindona en los ámbitos interno e internacional, lo que le permite avanzar hacia su objetivo de crear un imperio financiero; por otra, está el poder adquirido por Sindona ante las autoridades italianas, que ya no le consideran como un banquero privado, sino como la sombra de San Pedro . Este trasfondo es, sin duda, una de las claves para comprender el sistema de poder de Sindona” [33] .

 

Pacto de acción y protección

Sindona  polariza durante aquellos años la actividad económica: “Sus bancos, es decir, la Banca Unione y la Banca Privata Finanziaria, de cuya fusión nace en 1974 la Banca Privata Italiana, se dedican a la exportación de capitales por cuenta de grandes, medianos y pequeños empresarios y profesionales liberales, aterrados por la progresiva depreciación de la lira” [34] . En un programa de la televisión italiana Sindona declararía años después: “Como presidente del IOR, Marcinkus  era socio de dos bancos míos”.

En un servicio informativo, publicado en 1980, la revista socialista Critica sociale señala que en la nochebuena de 1969 se celebró en el bufete romano del abogado Umberto Ortolani