5. UN INFIERNO ENTRE DOS CONCLAVES

 

Con la perspectiva que ahora tenemos, se comprende perfectamente que el escándalo IOR-Ambrosiano, como espada de Damocles, gravitara sobre el cónclave que eligió a Juan Pablo I y, mucho más, sobre el cónclave que eligió a Juan Pablo II. Se comprende que el papa Luciani p asara un mes de infierno en el Vaticano. Se comprende que estuviera a punto de realizar cambios importantes que el propio Villot interpretó como una traición a la herencia de Pablo VI . Se comprende que triunfara finalmente el candidato de Villot, el papa extranjero. 

 

El balance del IOR

Cuando murió Pablo VI , en Castelgandolfo el 6 de agosto de 1978, el cardenal Villot , en función de camarlengo, mandó redactar para conocimiento de los cardenales algunos informes sobre diversos asuntos. Uno de ellos se refería a la situación financiera de la Santa Sede. El informe fue encargado al cardenal Vagnozzi , presidente de la Prefectura para los Asuntos Económicos [1] .El informe ofrecía un cuadro general pero simplificado de la situación. El cardenal Palazzini preguntó por qué no se presentaba el balance del IOR. Villot  respondió secamente, diciendo que el IOR no entraba dentro de las administraciones de la Santa Sede.

Años atrás, Villot  y Palazzini habían coincidido en la Congregación del Clero como Prefecto y Secretario respectivamente. Se produjo entre ambos una tensión, que desconcertó a los cardenales, carentes de información. Ello indujo al cardenal polaco Stephan Wyszynski  a cortar por lo sano: “No estamos aquí para ocuparnos de asuntos financieros”.

El cardenal polaco estaba ajeno a los mecanismos financieros del mundo occidental y no captaba los peligros aludidos por Palazzini, a quien apoyaba el cardenal Siri . Se nombró una comisión presidida por Antonio Samoré , la cual dos días después concluía que, según la reforma de la Curia establecida por Pablo VI , el IOR no estaba sometido a la Prefectura para los Asuntos Económicos.

 

El futuro papa

En principio , había dos candidaturas de entrada, la de Luciani  y la de Siri . El cardenal Felici se arriesgó a decir entonces: “Podría suceder que no sea elegido ninguno de los dos cardenales que gozan del apoyo de un cierto número de electores. Puede suceder que ni el patriarca de Venecia Albino Luciani, ni el cardenal de Génova Giuseppe Siri sucedan a Pablo VI [2] .

El cardenal Siri , delfín de Pío XII  y conservador, era el candidato del bloque curial. Se le acusaba de hostigar la renovación conciliar. Se decía en ambientes eclesiásticos: “La Curia romana ha perdido dos cónclaves, con Juan XXIII  y Pablo VI , pero no fallará el tercero” [3] .

En Venecia, en junio del 78, al final de un encuentro organizado por el Instituto de Historia social y religiosa del Véneto, personas del entorno de Luciani  lo daban por hecho: “Será el nuevo papa”. Lo decía una persona muy seria, informada y cercana al patriarca, y hablaba “como por una precisa indicación” [4] .

Parece que, a la hora de entrar en el cónclave, las posiciones estaban ya bastante delimitadas. Pironio  lo dio a entender. El cardenal brasileño Brandao  Vilela comentó: “Vamos a por un papa pastor, religioso, y puede ser Luciani [5] .

Sin embargo, había otra opción. Un día del verano de 1978, antes de la muerte de Pablo VI , el cardenal Villot confió  a su secretario: “He encontrado al futuro papa: será el cardenal Wojtyla” . Al decir esto, se frotaba las manos, gesto que le era familiar cuando se felicitaba por haber tomado una buena decisión o cuando le llegaban buenas noticias [6] .     

 

Milagro moral

Cuando fue elegido papa Albino Luciani , el 26 de agosto, los cardenales coincidían en una cosa: en haber palpado la acción del Espíritu : “Es una pena que no podamos contar lo que hemos vivido” (Tarancón),  “la elección la ha provocado literalmente el Espíritu Santo” (Suenens),  “hemos sido testigos de un auténtico milagro moral” (Pironio) [7] .

Según el cardenal belga Leo J. Suenens , hubo cuatro votaciones. En la última Luciani  obtuvo una mayoría real de más de las tres cuartas partes de los votos. La primera votación fue un tanteo; la segunda, un desahogo; la tercera aclaró el panorama y la cuarta “se saldó con un verdadero tres cuartos” [8] .

El guatemalteco  Mario Casariego precisa más: en la primera votación Siri  obtuvo 25 votos, Luciani  23, Pignedoli  18. En la tercera, Luciani obtuvo 70. Y en la cuarta 101, sobre un total de 111. El cardenal Corrado Bafile, que  leía los resultados, fue interrumpido por un clamoroso aplauso cuando Luciani alcanzó los 75 votos necesarios para la elección [9] .

Giovanni Benelli , promotor de la candidatura de Luciani, comentó lo siguiente : “El consenso se ha realizado sobre la plataforma del desarrollo del Concilio. Sería ridículo creer que se ha resuelto la reforma litúrgica dando la vuelta a los altares y permitiendo las guitarras. Se requiere algo muy distinto. Además, la colegialidad episcopal está por desarrollar. Lo mismo, la promoción del laicado, los derechos humanos” [10] .

El cardenal Pericle Felici se anticipó y expresó en un símbolo elocuente lo que le esperaba al nuevo papa: “Cuando era evidente que el peso del pontificado caería sobre sus espaldas, me permití hacerle el regalo de una humilde reproducción del Vía Crucis” [11] .

Como se sabe, Luciani  dio su voto al brasileño Aloisio Lorscheider , lo cual confirma su decidida voluntad de renovación [12] . Lo confirma también la declaración de varios cardenales:  Juan Pablo I a bría “una época de fuerte renovación en el interior de la Iglesia” (Pironio),  “amaba a los pobres y al Tercer Mundo”(Arns) [13] , “la sensación de que se trataba del hombre al que buscábamos era tan generalizada que no me cabe la menor duda de que es el candidato de Dios”(Hume) [14] .

No se aprecia bien el resultado del primer cónclave del 78, si se distorsiona la figura del papa Luciani  o si se ignora su proyecto de pontificado. Sin embargo, como dice Camilo Bassotto , amigo personal de Juan Pablo I,  la figura del papa Luciani ha sido “profunda y maliciosamente distorsionada” [15] .

 

Un mes de infierno

Juan Pablo I p asó un mes de infierno en el Vaticano. ”El error, dijo Benelli, ha sido la inmediata confirmación de los cargos de curia. El papa Luciani  debería haberse tomado tiempo y elegir a sus colaboradores con calma, de modo que no quedara prisionero de una estructura que respondía a la personalidad de su predecesor” [16] .

Una mañana, sor Vincenza  escuchó sin querer al secretario Diego Lorenzi , que le decía al papa insistentemente: “Santo Padre, ¡usted es Pedro! ¡Usted tiene la autoridad! ¡No se deje amedrentar ni intimidar!”. Sin embargo, dice sor Vincenza, “cuando él realmente creía que debía hacer una cosa, no había santo que pudiera detenerle” [17] .

“La Secretaría de Estado se le ha cerrado como un capullo”, comentó el cardenal Vagnozzi . “No sé cuánto durará este estado de cosas porque tiene sus ideas y querrá aplicarlas. Me han dicho que no quiere a Marcinkus : una vez vino a Roma para dar su opinión sobre la venta de la Banca Católica del Véneto y Marcinkus lo trató bruscamente. Veremos cómo terminará” [18] .

En el mes de pontificado de Juan Pablo I suceden  en el Vaticano muchas cosas que requieren mayor explicación: las amenazas de muerte que recibe; la muerte repentina de Nikodim, cuando hablaba con el papa, tras tomar una taza de café [19] ; la destitución de los hermanos Gusso , camareros pontificios, a pesar de la oposición del secretario Diego Lorenzi ; la instalación de timbres junto a la cama del papa en la mañana anterior a su muerte; la extraña anécdota de un médico que, algún día antes de morir, le dijo al papa: “Usted tiene el corazón destrozado” (el papa no le hizo ningún caso); la irrupción de un desconocido en los aposentos papales, al que se deja pasar por supuesto parecido con el Dr. Da Ros , que llegaba de Venecia. Habría que investigar tanto las diligencias como las negligencias; en suma, la seguridad del papa Luciani [20] .

El 28 de septiembre por la tarde, Juan Pablo I c omunica a Villot  su decisión de realizar cambios importantes; por ejemplo: Benelli sería el  nuevo secretario de Estado y Felici el  nuevo vicario de Roma. Según Giovanni Gennari , dijo Villot: “Usted es el papa. Es libre de decidir y yo obedeceré. Pero sepa que estos nombramientos significarían la traición a la herencia de Pablo VI ”. Además, el papa quiere cortar las relaciones del IOR con el Banco Ambrosiano; en consecuencia, Marcinkus  y sus colaboradores serían destituidos [21] .

Es curioso. En la única entrevista que tuvo con el papa Luciani, Marcinkus comentó: “¡Qué barbaridad¡ !Parece agotado!” [22] . Y el cardenal Ugo Poletti, que también iba a ser destituido de su puesto (vicario de Roma), dio muestra de su especial ojo clínico: “En la última audiencia que tuve con él, ocho días antes de su muerte, le encontré particularmente angustiado, tanto que yo mismo quedé afectado. Me quedó dentro un nudo de dolor y de preocupación por su resistencia física tal que, al amanecer del 29 de septiembre, cuando me enteré del luctuoso suceso, me sentí dolorido pero no sorprendido” [23] . 

El cardenal Giuseppe Caprio, sustituto de la Secretaría de Estado, conoció de cerca la firmeza del papa Luciani: “Su sonrisa no debe llevar a engaño. El escuchaba, se informaba, estudiaba. Pero, una vez tomada la decisión, no se volvía atrás, a menos que hubiera datos nuevos” [24] .

Hacia las 9 de la tarde Juan Pablo I habla por teléfono, según hemos visto, con el doctor Da Ros: “Todo era normal”. También habla por teléfono con el cardenal Colombo, arzobispo de Milán, el cual manifestará en la Radio Vaticana: “Juan Pablo I me ha hablado ampliamente con tono normalísimo, del cual era imposible deducir ningún malestar físico. En su saludo final pedía oraciones, y estaba lleno de serenidad y de esperanza” [25] . 

 

Santidad, ¿cómo está?

Es el título sorprendente de un artículo de la revista OP (Osservatore Politico), que tiene fecha de 26 de septiembre del 78 y sale con una semana de antelación. La revista, de una tirada limitada, está ligada a los servicios secretos. Su director es Mino Pecorelli .

Pecorelli  es miembro arrepentido de la logia P2. Su particular tipo de periodismo utiliza “delicadas informaciones tomadas del mundo político y financiero en artículos chantajistas escritos en un lenguaje hermético y alusivo, a menudo comprensible sólo por unos pocos iniciados pertenecientes a este o a aquel centro de poder” [26] .

El 20 de marzo del 79 Pecorelli  fue asesinado de un tiro en la boca. Su homicidio es “la  confirmación de la exactitud y de la importancia de las tesis defendidas en sus artículos” [27] .

En uno de ellos, Pecorelli  anuncia con cuatro años de antelación el asesinato del general Carlo Alberto Dalla Chiesa . Bajo la forma de “carta al director” (en OP, 17 de octubre de 1978), se afirma que el ministro del  Interior Cossiga  conocía la ubicación de la prisión de Aldo Moro  “porque un general de los carabineros se lo había comunicado con la máxima reserva”. Cossiga  había pedido instrucciones a la P2 y se había decidido no hacer nada. La carta concluía con esta previsión: “Se puede imaginar, querido director,... qué general de los carabineros será encontrado suicida con el clásico pistoletazo que lo resuelve todo”, “desgraciadamente el nombre del general  jefe de carabineros es conocido: amén”.

Según los expertos del lenguaje críptico de Pecorelli , se hacía referencia a Dalla Chiesa : ¿dónde, en efecto, se dice “amén” sino en la chiesa (iglesia)? [28] . 

Con la muerte de Pecorelli , muchas personas dieron un suspiro de alivio: “Enseguida se vio claro que las investigaciones serían dificilísimas. Muchos tendrían interés en eliminar a un hombre que sabía mucho y escribía mucho y que, aunque había estado inscrito en la P2, en la última fase de su vida libraba una dura batalla contra Licio Gelli [29] .

Esto supuesto, veamos el artículo titulado Santidad, ¿cómo está? Pregunta enigmáticamente por la salud del papa Luciani (cuando, según su médico personal, se encontraba perfectamente bien) y habla de los cambios que pensaba hacer:

 

“Juan Pablo I no goza de óptima salud, aunque en el fondo tenga la fibra notoriamente robusta del campesino véneto. Enfermedades viejas y nuevas se han sedimentado lentamente sobre su persona haciéndole fatigoso y difícil el sumo encargo del que le ha investido el Cónclave. Noticias filtradas por fuentes vénetas y vaticanas dicen que Albino Luciani , joven seminarista, sufrió una tuberculosis. Hoy está clínicamente curado, pero como dicen los médicos de la Escuela Salernitana, “una vez tísico, siempre tísico”. Aparte de esto, Su Santidad sufriría de graves y recurrentes trastornos en el aparato digestivo, mal que produce una monotonía casi ininterrumpida en su dieta alimenticia: patatas hervidas aliñadas con aceite. Parece que tal plato, extremadamente simple, requiera sin embargo tiempos y dosis precisas para ser tomado con un mínimo de gusto. Y el papa, en los primeros días de su vida romana, ha debido darse cuenta de que la cocina vaticana no tenía el toque justo. Por esto, ha hecho venir de Venecia a Roma a las hermanas que se ocupaban de su cocina de patriarca.

Otro inconveniente del que sufre el Pontífice es un fuerte y continuo mal en los ojos, para el que los médicos no encuentran ni explicación ni cura. Algunos lo atribuyen al solustro, esto es, al reflejo del agua en los canales venecianos que habría irritado las pupilas de modo profundo y quizá crónico. 

Mientras tanto, se hacen auspicios sobre su pontificado. ¿Promulgará encíclicas, expedirá bulas? ¿Hará viajes intercontinentales? Ciertamente, hay muchos sitios donde un papa podría ir: Líbano, Rodesia, Checoslovaquia, pero ya Albino Luciani  ha adelantado en su discurso inaugural, diciendo explícitamente que las cuestiones internas de los estados quedarán como tales también para la Iglesia.

¿Se contentará, entonces, con ser el papa de Italia? ¿O el obispo de Roma? En Venecia muchos recuerdan que, apenas tomó posesión de la sede patriarcal, hizo una limpia de monseñores y sacerdotes curiales, mandándoles a hacer de párrocos en la provincia. Con tal precedente, hoy en el Vaticano muchos tiemblan, y no solamente monseñores y sacerdotes, sino también obispos, arzobispos y cardenales” [30] .

 

Pecorelli recoge un ambiente que le es hostil al papa Luciani y que es alimentado por personas que van a ser removidas de sus cargos. Podemos reconocer aquí el runrún de Marcinkus, Poletti y compañía: “parece agotado”, “particularmente angustiado”, “tiene el corazón destrozado” [31] .

El runrún sobre la salud venía de lejos. Cuando en 1956 el obispo de Belluno, Gioacchino Muccin, propuso a Luciani como obispo, pocos meses después llegó la respuesta de Roma con dos objeciones: el estado de salud del candidato es precario y tiene poca voz. Estas objeciones eran demasiado inconsistentes para el obispo promotor. A propósito de la salud se hizo con un certificado de su médico y remitió la siguiente declaración: “Desde 1949 a 1956 no me resulta que Luciani haya estado un solo día en cama y, a pesar de su constitución menuda y frágil, ha dado siempre prueba de una resistencia al trabajo y de una fuerza de voluntad increíble, como raramente se encuentran en personas consideradas sanas y robustas”.

En 1945 y de nuevo en 1947 Luciani fue ingresado en un sanatorio por una posible tuberculosis: “Las pruebas que se le hicieron en ambos casos dieron resultado negativo y la enfermedad pulmonar fue diagnosticada como bronquitis” [32] .

En cuanto a la poca voz, dijo Muccin, “la objeción me parece inconsistente. No sé quién la habrá puesto. Sin embargo, si ha sido el sacerdote que se me ha dicho, la cosa es más que explicable teniendo en cuenta la sordera proverbial del venerable monseñor”. Según la biógrafa alemana Regina Kummer, el venerable monseñor podría ser Augusto Bramezza, que fue párroco de Canale d’Agordo.

El artículo enigmático de Pecorelli sobre la salud del papa Luciani resulta más significativo si tenemos en cuenta que dos semanas antes había publicado la reveladora historia de un papa, que muere asesinado tras un breve y tempestuoso pontificado.

 

Muerte anunciada

Con fecha 12 de septiembre, Pecorelli  había publicado otro número de OP en cuya portada se anunciaba un artículo titulado La gran logia vaticana. En él se decía que el 17 y el 25 de agosto la agencia de prensa Euroitalia había dado los nombres en código, el número de matrícula y la fecha de iniciación a la masonería de cuatro cardenales considerados muy papables: Sebastiano Baggio , Salvatore Pappalardo , Ugo Poletti , Jean Villot.

 “Lanzadas las redes por todas las pistas de la capital, decía Pecorelli , hemos permanecido en paciente espera. No hemos quedado defraudados. El lunes 28 de agosto nos hemos hecho con una lista de 121 masones: cardenales, obispos y altos prelados indicados por un número de matrícula y nombre codificado. Ciertamente, la lista puede ser apócrifa, incluso la firma de un cardenal hoy puede ser falsificada. En cualquier caso, el único modo de salir del turbio atasco y de los interrogantes, es someter la cuestión a la atención de los interesados... El papa Luciani  tiene ante sí una difícil tarea y una gran misión. Entre tantas, la de poner orden en las alturas del Vaticano. Publicando esta lista de eclesiásticos quizá afiliados a la masonería, pensamos ofrecer una pequeña contribución. O una lluvia de desmentidos o, en el silencio, la depuración” [33] . A continuación se añade la lista de presuntos masones.

En otro apartado, el mismo número de OP propone a sus lectores la extraña historia de un papa laico, Petrus Secundus, que muere asesinado tras un breve y tempestuoso pontificado. El papa “es periodista en un diario”. El arzobispo Luciani había confesado en una entrevista: “Si no hubiera sido obispo, hubiera querido ser periodista” [34] . Por lo demás, se hicieron famosos sus artículos en la revista Messaggero di sant’Antonio de Padua y en Il Gazzettino de Venecia.

El nuevo papa “toma el nombre de Pedro Segundo sólo porque rechaza cambiar de nombre, así como rechaza también aspectos importantes de la Iglesia que, forzado por las circunstancias, ha aceptado dirigir. Breve y tempestuoso es el pontificado de este papa que terminará asesinado por obra de fuerzas políticas adversas, alarmadas por sus denuncias e interesadas en anular los esfuerzos del papa Pedro por la renovación de la sociedad humana” [35] .

Su elección, dice Pecorelli, se produce “por aclamación y por mayoría casi unánime”. En el palacio Chigi, el presidente del Consiglio declaró: “En las próximas elecciones estamos perdidos”. Llegó el día del discurso papal:

-          “La elección de un laico al papado es un hecho insólito en los tiempos recientes, dijo el papa. A mí el acontecimiento me ha caído encima de improviso, dejándome turbado y lleno de aprehensión. Lo estoy todavía y a veces me pasa que me considero la víctima de un acto del cual sin embargo se me ve protagonista”.

-           The son of a bitch is fishing for solidarity, dijo en la Casa Blanca el presidente que seguía el discurso con sus consejeros.

-          “Pero vamos al grano, dijo el papa, pienso que ningún rey, ningún presidente, ningún emperador y ningún papa tienen derecho a comer si antes no han comprobado que todos sus súbditos, ciudadanos y seguidores pueden hacerlo...El presidente, el papa no podrán enviar embajadores ante los poderosos de la tierra si antes no han enviado sus mensajeros ante aquellos que sufren injusticia, que padecen tiranía, que gimen en las cadenas de las muñecas y de las mentes”.

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