8.
ATENTADO PAPAL, SECRETO DE ESTADO
El
atentado contra Juan Pablo II
en la plaza de San Pedro
, el 13 de mayo de
1981, es un enigma endiablado. Se han dado diversas explicaciones:
la pista búlgara, que lleva a los países del Este, a Bulgaria y al
antiguo KGB soviético; la pista atlántica, diametralmente opuesta,
que lleva al grupo terrorista de los Lobos Grises, de extrema derecha,
grupo vinculado con los servicios secretos occidentales
y con la CIA
[1]
, pero también con la mafia y con el tráfico de armas y
de drogas; la pista italiana, compatible con la anterior, que considera
el atentado un “asunto interno italiano”: miembros de los servicios
secretos italianos vinculados a la logia P2 desviaron interesadamente
la investigación echando la culpa a los búlgaros y a los rusos. Pero
se impone la pregunta: ¿por qué determinados miembros de los servicios
secretos italianos vinculados a la P2 podrían estar interesados en
desviar la investigación?
Alerta francesa
En
la orden de arresto, firmada por el fiscal general Achille Gallucci
, se le acusa al
agresor Ali Agca
de haber atentado contra la vida del papa “en
colaboración con otras personas cuya identidad sigue siendo desconocida”
[2]
. En
un primer momento, Luciano Infelisi, el magistrado encargado del caso,
declaró: “Para nosotros existen pruebas documentales de que Mehmet
Ali Agca
no actuó solo”
[3]
. Sin embargo, fuentes del gobierno italiano manifestaron
lo contrario: “La policía está convencida de que Agca actuó en solitario”
[4]
. El
auto de procesamiento del magistrado Infelisi
fue revisado, se suprimió la referencia a la
colaboración de otras personas y, a los pocos días, el propio Infelisi
fue apartado del caso. “No
tenemos ninguna prueba, ni indicios, ni pistas, ni la menor evidencia
de que exista una conjura internacional”, dijo Alfredo Lazzarini
, jefe de la DIGOS
[5]
, la policía antiterrorista italiana. Por
su parte, un alto funcionario de la CIA en Washington
declaró que se trataba de un “asunto interno
italiano” y que intervenir en él “no sería procedente”
[6]
. El
mismo día del atentado, a las 20’15, el informativo del canal alemán
ARD dio la filiación política del agresor, una pista importante a
tener en cuenta: “Mehmet Ali Agca ha sido miembro de los Lobos Grises
turcos, de extrema derecha”
[7]
. Con
ayuda exterior, de oscuras fuentes,
Agca
había escapado de la cárcel turca de Kartal
Maltepe el 23 de noviembre de 1979, donde estaba preso por el asesinato
de Abdi Ipekci, redactor-jefe del diario Milliyet,
de izquierda moderada. El asesino Agca utilizó su fórmula particular:
asumir él sólo la responsabilidad del delito y ser liberado después. Hoy
se sabe que el movimiento de los Lobos Grises, de extrema derecha,
estaba alimentado por los servicios de información norteamericanos
y occidentales. El periodista e investigador alemán Jürgen Roth
dice en su libro Mafias de Estado: “En 1991 en Europa se descubrió la existencia de
una estructura de comando militar secreta: Gladio. La contraguerrilla
turca era una parte integrante de esta organización secreta de la
OTAN. Los Lobos Grises y la contraguerrilla se veían como las más
importantes fuerzas anticomunistas en Turquía. En consecuencia gozaban
de un gran apoyo internacional. Que fueran una amenaza para la democracia
no interesaba en ese momento de la guerra fría”
[8]
. Los
Lobos Grises, que aúllan literalmente, son un partido que se dedica
al tráfico de armas y de droga. Para ellos, lo malo es el comunismo,
no la droga. La droga es un medio de financiación: “Cuando se exigía
en Europa el pago de las armas, se pasaba heroína de contrabando a
Europa... Los Lobos Grises se ocupaban de la distribución de heroína
e invertían los ingresos en compras de armamentos”
[9]
. Si no se tiene en cuenta esta pista, la del
tráfico de armas y de droga, no se entiende nada. Al
día siguiente de escapar de la cárcel, Agca envió una carta al diario
Milliyet, amenazando con matar al papa
durante su prevista visita a Estambul, que habría de realizarse tres
días después: “Los
imperialistas occidentales, temiendo que Turquía y sus naciones islámicas
hermanas puedan convertirse en una potencia política, militar y económica
en el Próximo Oriente, envían a Turquía, en tan delicado momento,
al Jefe de las Cruzadas, Juan Pablo, disfrazado de dirigente religioso.
Si esta visita... no es cancelada, sin duda, mataré al papa-jefe.
Este es el único motivo de mi huida de la cárcel. Además, la responsabilidad
en el ataque a La Meca, atribuible a norteamericanos e israelíes,
no quedará sin castigo”
[10]
. Es
la carta de un fundamentalista islámico exaltado, pero Agca bebía
y rara vez se le veía en una mezquita. Nada tenía de musulmán fanático.
Sin embargo, es el primer aviso del agresor. Fuera por lo que fuera,
el enigmático y siniestro viaje de Agca hacia la plaza de San Pedro
había comenzado. El Vaticano fue advertido de antemano por el
SDECE, el servicio francés de documentación exterior y de contra-espionaje:
“En el mes de abril de 1981, ciertos servicios del SDECE, aún dirigido
por Alexandre de Marenches, están persuadidos de que se prepara un
atentado contra el papa. Disponen de suficiente información y es suficientemente
seria como para inducir su convicción absoluta: ¡un asesino va a pasar
a la acción en Roma! En torno al 20 de abril, Alexandre de Marenches
envía a dos de sus más próximos colaboradores cerca del Santo Padre
para advertirle del peligro... Recibidos discretamente en el Vaticano,
transmiten a la Santa Sede la información detallada de la que disponen.
Esta información es explosiva, pues pone directamente en cuestión
a una potencia extranjera”
[11]
. Por
tanto, había complot contra el papa, pero surge la pregunta: ¿Esa
potencia extranjera era realmente Bulgaria? Y también: ¿Estaba en
marcha un montaje occidental para poner en dificultades al bloque
soviético? Y finalmente: ¿Detrás de todo se ocultaba un tráfico colosal
de armas y drogas a través de media Europa?
Proceso relámpago
El
abogado defensor de Agca
cuestionó la jurisdicción del tribunal italiano
alegando que los disparos se habían producido en suelo vaticano. El
tribunal desestimó la alegación citando los acuerdos de Letrán entre
el Vaticano e Italia, que preveían un caso semejante. Por su parte,
Agca rechazó la jurisdicción del tribunal italiano y se negó a contestar
preguntas en la sala: “No contestaré. No reconozco
a este tribunal. El juicio ha concluido. Gracias”
[12]
. El
juicio fue rápido, duró sólo tres días. El fiscal Nicola Amato, en
nombre del Estado italiano, hizo una larga exposición del delito de
Agca,
“carente de argumentaciones técnicas y jurídicas”.
El fiscal se refirió a “los escasos resultados de las investigaciones
para establecer contactos, apoyos o complicidades de las que ha gozado
indudablemente el acusado en los meses precedentes al atentado en
la plaza de San Pedro”
[13]
. El
abogado defensor, Pietro D’Ovidio, conocido por haber defendido a
los neofascistas Fredda y Ventura
[14]
, hizo todo lo posible por evitarle a Agca
la cadena perpetua. Le presentó como un “solitario
paranoico y esquizofrénico”, un “exaltado religioso que pensaba convertirse
en un héroe de la religión musulmana matando al papa de los cristianos”
[15]
. Momentos
antes de la lectura de la sentencia, el diario vaticano L’Osservatore Romano salió a la calle con un artículo de primera plana
en el que se hacía la siguiente pregunta: “¿Fue la locura o fue algo
más lo que guió aquella mano homicida?”
[16]
. El
22 de julio, el Tribunal de Primera Instancia de Roma, presidido por
el juez Severino Santiapichi
, dictó la sentencia
impuesta a Agca
: cadena perpetua
y un año de aislamiento total. El tribunal estaba formado por tres
jueces oficiales y diez jueces populares elegidos por sorteo entre
los ciudadanos. Entre ellos figuraban dos amas de casa, dos maestros
jubilados y un criador de conejos
[17]
. En
la declaración de motivos, el juez Santiapichi
reconoció lo siguiente: “Surgen graves preguntas
referentes a la posibilidad de una complicidad material en el crimen
y de una conspiración en altos niveles
”. El agresor
del papa “demostró poseer un adecuado conocimiento
de un fenómeno intrincado, de hechos específicos y mecanismos íntimos,
que no hubiera podido tener sin estar implicado de algún modo en una
empresa criminal”. Sin embargo, la índole de esta empresa no pasaba
todavía de ser una conjetura
[18]
. La
declaración fue archivada en la Cancillería el 24 de septiembre de
1981. Quedaba a disposición de quien la solicitara, pero nunca fue
publicada completa. En
la primera quincena de agosto, Agca
fue trasladado secretamente de la cárcel de
Roma a la de Ascoli Piceno, a 191 kilómetros al este de la capital
italiana
[19]
. El
caso fue reabierto el 6 de noviembre. Un juez, Ilario Martella
, fue nombrado nuevo
magistrado instructor. Debía investigar las conexiones internacionales
de Agca
. La pista búlgara
El
primero en lanzar la idea de una relación entre el atentado y los
servicios secretos de los países socialistas fue el periódico italiano
Il Giornale Nuovo, que el 19 de mayo del 81 hizo alusión a un informe
secreto del SISMI, el Servicio de Información y Seguridad Militar
Italiano. Según
dicho informe, el plan del atentado habría sido elaborado personalmente
por el mariscal Ustinov
y remitido para su ejecución a los servicios
secretos de la república democrática alemana, que habría ayudado a
Agca
a salir de la cárcel turca. El plan habría sido
examinado y adoptado en el encuentro de ministros de asuntos exteriores
de los países del pacto de Varsovia, en noviembre de 1980. Sin embargo,
el informe del SISMI, como se verificó después, era falso
[20]
. A
comienzos de septiembre, en la prensa francesa e inglesa se informó
que los servicios secretos de Alemania occidental habían llegado a
la convicción, tras consultar con sus colegas vaticanos e italianos,
de que detrás del atentado estaban los búlgaros y el KGB
[21]
. El
primer libro sobre el atentado es obra de un cura, Vendelin Slougorov
, que en 1963 pasó
de Checoslovaquia a Italia. Fue publicado en Coblentz (Alemania),
en enero de 1982 con el título El
drama del 13 de mayo. El cura indica que supo por un agente occidental
que “Moscú dio la orden de tirar contra el papa”
[22]
. Casi
un año después del atentado, el 1 de mayo del 82, Agca
anuncia que va a hacer declaraciones. Había
recibido ya la visita de representantes de los servicios secretos
italianos. El 2 de mayo dice haber cometido el atentado por orden
de los búlgaros, da los nombres de sus cómplices y describe lugares
y fechas. Son turcos, la mayor parte miembros del partido Idealista
y de la organización terrorista de los Lobos Grises. Entre los nombres
citados, sólo hay un búlgaro, un tal Petrov
, miembro
de la embajada búlgara en Viena
[23]
. Cuatro
meses más tarde, la versión de la pista búlgara es lanzada por la
periodista norteamericana Clara Sterling
[24]
en el Reader’s
Digest (agosto del 82) y por Marvin Kalb
en la cadena de televisión norteamericana NBC (15 y 21 de septiembre). Se menciona
ya por primera vez que en el atentado estaría implicado un funcionario
de las líneas aéreas búlgaras. A
primeros de octubre, el juez de instrucción Martella
viaja a Washington
. Durante el interrogatorio
realizado allí, se presentó a declarar por iniciativa propia Arnaud
de Borchgrave, periodista domiciliado en la capital norteamericana
, el cual declaró
tener ciertas informaciones recibidas de Alexandre de Marenches, antiguo
jefe del SDECE
, el servicio de
inteligencia francés. El periodista precisó que se había encontrado
con De Marenches
en París poco después del 13 de mayo del 81
y le había confirmado “haber enviado a Roma, unos tres meses antes
del atentado, a dos de sus principales colaboradores con el fin de
prevenir al Vaticano contra un eventual atentado contra el papa organizado
por los países del Este y proponer un refuerzo de las medidas de seguridad
del Soberano Pontífice”. De Marenches le habría dicho con pesar: “No
me tomaron en serio”. El
periodista añadió que
se había encontrado
en París, por casualidad, con el Dr. Becuaud
,
uno de los dos emisarios
enviados al Vaticano. Pues
bien, declara el juez Martella
que “interrogados De Marenches
y el Dr. Becuaud
, han rehusado responder
a cuestiones que, según ellos, afectan a un secreto de Estado”. Además,
el Dr. Becuaud declara no conocer personalmente a Arnaud de Borchgrave
por no haberse encontrado nunca con él
[25]
. El
25 de octubre Agca
da los nombres de sus “cómplices búlgaros” y
el 25 de noviembre es detenido Antonov
, alcanzando su punto
culminante la propaganda antibúlgara de los medios occidentales
[26]
. El
20 de diciembre, el ministro italiano de Defensa, Lelio Lagorio
, denuncia en el
parlamento la supuesta participación búlgara en el atentado como “un
acto de violencia internacional que equivale a una acción militar
en tiempo de paz”
[27]
.
Más adelante, el
8 de julio del 83, Agca quiere declarar de nuevo. Le da al juez Martella
detalles sobre el físico y las costumbres de
sus “cómplices búlgaros”. La mayoría de esos detalles se refieren
a Antonov
, pero hay que decir
que el propio Antonov los había dado en una entrevista que se le hizo
en la revista Corriere della
Domenica
[28]
. Clara
Sterling
publicó en 1983 su libro titulado La hora de los asesinos
[29]
. La mafia turca del padrino Abuzer Ugurlu
, operando desde
Sofía bajo estrecho control búlgaro, habría elegido el ejecutor apropiado
y le habría proporcionado la adecuada cobertura. Según la policía
italiana, un camión TIR salía de la embajada búlgara hacia la frontera
yugoslava una hora después del atentado. El agresor contaba ya con
una imagen de asesino terrorista de la extrema derecha. Todo debería
presentar el aspecto de una conspiración internacional de la extrema
derecha. Los Lobos Grises trabajarían para la mafia turca y la mafia
turca estaría controlada por el servicio secreto búlgaro, detrás del
cual estaría el KGB soviético
[30]
. El
31 de octubre del 84, el juez de instrucción Martella
hace público un documento en el que se inculpa
a seis personas como cómplices en el atentado contra el papa: tres
búlgaros (Serguei Antonov
, Jelio Vassilev
y Todor Aivazov
) y tres turcos (Oral
Celik
, Musa Celebi
y Bekir Celek
)
[31]
. Omer
Bagci
, otro turco mezclado
en la preparación del atentado, es acusado por importación ilegal
de armas y municiones. Sin embargo, el fiscal no presentó acusación
alguna contra el jefe de la mafia turca, Abuzer Ugurlu
. El
abogado francés Christian Roulette
publica en septiembre de 1984 su libro
La filière
[32]
. Habiendo
tomado contacto con juristas y periodistas de diversos países, denuncia
la pista búlgara como “el mayor montaje de la posguerra”. Un año después,
publica otro libro en la misma línea titulado Le procès. Otros
cómplices de Agca
que escaparon por Europa después del atentado
no han sido investigados ni inquietados: “Ermal
Menal
, Mehmet Enam
, Eyup Erdem
, Ramazan Sengul
, Abdullah Catli
, Mehmet Sener
, todos han sido
vistos al lado de Agca en los días que precedieron al 13 de mayo de
1981. Estos hombres no interesan al juez Martella
”
[33]
. Igualmente,
ninguna inculpación ha habido contra Omer Mersan
, presentado en todo
el proceso como el agente activo de Abuzer Ugurlu
, el padrino de la
mafia turca. El
periodista e investigador alemán Jürgen Roth
constata el mismo hecho: “Lobos grises como
Abdullah Catli podían actuar impunemente en toda Europa”. Y apunta
como explicación “el convencimiento general durante la guerra fría
de que los turcos residentes en Alemania debían proteger del terror
rojo, los comunistas”
[34]
. Pues
bien, en el mundo del derecho, la primera llamada de atención la dan
los juristas búlgaros en el congreso que en octubre del 84 reúne en
Atenas a 400 miembros de la Asociación Internacional de Juristas Demócratas.
Unas semanas después, la Unión de Juristas Búlgaros publica un extenso
documento en el que se dice que el hecho de que la única fuente de
acusación sean las declaraciones de Agca
“no es absolutamente aceptable ni jurídicamente
admisible”.
Se da por supuesto
que Agca “no podía obtener por otro medio información sobre los búlgaros
inculpados, sino por contactos personales con ellos antes del atentado
y esto a pesar de los numerosos hechos que prueban que el criminal
pudo romper su aislamiento en las cárceles italianas”
[35]
.
Asunto interno italiano
En
la segunda mitad de 1983 no hubo periódico que no se ocupara de saber
cómo se rompió en la prisión de Ascoli Piceno el aislamiento de Agca
, permitiendo así
la manipulación activa y pasiva de éste. Veamos algunos ejemplos:
-
Diario Le Monde:
“Dejando a un lado los funcionarios, autoridades públicas y eclesiásticas,
criminales de todo tipo encarcelados en la misma prisión, tenían acceso
a la celda de aislamiento de Agca..
. Sin embargo, su
visitante más notable fue el padrino de la Camorra Rafaele Cutolo
que purgaba una pena de ocho años. Don Rafaele
seguía dirigiendo su organización criminal desde su celda dotada de
todo confort”
[36]
.
-
Semanario Panorama:
“A pesar del régimen de aislamiento, Agca
ha conseguido aprender italiano gracias a los
buenos oficios de Giovanni Senzani
, miembro de las
Brigadas Rojas. Ha recibido también la visita del obispo de Ascoli,
mons. Marcello Morgante
. Después de él,
visitaron a Agca el 29 de diciembre dos agentes de los servicios secretos,
Luigi Bonagura
y el comandante de carabineros Petrucelli
. Y
casi todos los días, el musulmán Agca estaba asistido por el capellán
de la prisión, don Santini
, detenido después
como cómplice de Cutolo
”
[37]
. - Diario La Repubblica : “Resulta cada vez más claro que Francesco Pazienza (agente de los servicios secretos italianos) ha estado en estrecha relación no sólo con el SISMI sino con Cutolo y que ha visitado muchas veces la prisión de Ascoli Piceno. En los medios jurídicos de Roma, se habla también de las famosas fotos de pretendidos agentes secretos búlgaros, presentadas a Agca . Es justamente su identificación por Agca lo que ha convencido al juez de instrucción Martella de que estaba en el buen camino. El asesino ha designado a sus cómplices. Parece ahora que los dossiers de fotos sobre el espionaje búlgaro en Italia han sido elaborados por el SISMI con la colaboración de Pazienza. El intrigante (Pazienza) estaba en posesión de otras fotos e informaciones, sobre todo en lo que afecta a los dos búlgaros Aivazov y Antonov |