EPILOGO

 

Llegamos al final de nuestro camino. Abordamos el declive físico del papa Wojtyla, que marca la última etapa de su pontificado. C omienza con el tumor de colon que se le extirpa el 15 de julio de 1992. Dicen que la enfermedad lo deja todo al descubierto. Empiezan las grandes biografías, de distinto signo, que introducen elementos de juicio. ¿Se puede decir que todo cambia con esa enfermedad? ¿Existe claramente un antes y un después? ¿Qué significa esa enfermedad en medio de un largo pontificado?

El 12 de julio del 92, en la audiencia dominical, Juan Pablo II  hace un anuncio inesperado: “Me gustaría confiaros algo. Esta tarde iré al policlínico Gemelli para hacerme un reconocimiento” [1] . El portavoz vaticano informa que el papa sería sometido a exploraciones relacionadas con una “afección intestinal”. En realidad, las pruebas incluyen radiografías de contraste, escáner, ecografía y una prueba de resonancia magnética.

Según la revista Vida Nueva, durante los últimos años el papa venía sufriendo de cólicos con fuertes dolores abdominales. La urgencia del internamiento “se debió a una oclusión intestinal aparecida en los últimos días”. En realidad, “durante el último año la salud del papa había sufrido una fuerte crisis. A todos los que lo acompañaban en sus viajes y en su intensa actividad diaria, les eran patentes los signos de cansancio y de rápido envejecimiento, había comenzado a tener problemas en la pronunciación (uno de sus puntos fuertes desde siempre), las lecturas de sus discursos se hacían cada vez más lentas y, a veces, incomprensibles. Durante las largas ceremonias sufría momentos de ausencia y su secretario, Estanislao Dsziwisz , tenía a veces que despertarlo de sopores inesperados” [2] . 

 

Aquel día

La falta de noticias oficiales sobre la naturaleza de la enfermedad hizo que dos días después se disparara todo tipo de rumores sobre la salud del papa. Se decía en El País: “Mientras la oficina de prensa vaticana guarda silencio y se limita a comentar que las investigaciones médicas no han concluido, parece confirmarse que Juan Pablo II  padece un tumor en el colon, que algunas fuentes se atreven a calificar abiertamente de maligno. La intervención quirúrgica se consideraba anoche inminente y es muy posible que se realice a primera hora de hoy” [3] . Por su parte, decía el ABC: “Juan Pablo II será operado hoy de un tumor intestinal” [4] .

La operación duró cuatro horas. Los cirujanos le extirparon al papa un tumor en el colon: “Descubrieron que el papa tenía cálculos biliares y decidieron extirparle la vesícula biliar también. Después de extirpar el tumor de más de siete centímetros de longitud, la biopsia indicó que se estaba volviendo canceroso” [5] . El comunicado de prensa médico afirmaba que al papa se le practicó “una hemicolectomía izquierda debido a la presencia de un enorme adenoma velloso localizado entre el colon y el sigma”.

Según el portavoz vaticano, los análisis mostraron “células prolíferas que estaban perdiendo sus características benignas para adquirir las de una degeneración maligna sin que, no obstante, mostrasen un comportamiento invasor”.  

Sin embargo, el Dr. José Luis de la Serna comentó en el diario El Mundo: “Dicen que es benigno... la verdad es que un adenoma siempre es una lesión premaligna y el del papa Juan Pablo II  tiene, además, displasia celular aunque sólo de forma moderada. Las células, cuando son normales, no tienen por qué tener displasia alguna. Cuanto mayor es el tamaño del adenoma más alto es el riesgo de que se malignice. Si el adenoma se apellida velloso, en lugar de tubular, más alto es el riesgo de que se malignice. El papa tiene, tenía, un adenoma grande (del tamaño de una naranja), y velloso. La lesión del Pontífice, por tanto, no es tan benigna como en un principio se había dicho” [6] .

Desde entonces el declive físico del papa Wojtyla  es progresivo. El 11 de noviembre de 1993, en una audiencia a una delegación de la FAO (Organización para la Agricultura y la Alimentación de la ONU), el papa “se desplomó hacia atrás y cayó al suelo, causándose una pequeña fractura en el hombro derecho”. Se dijo que había sido un simple tropiezo, pero algunas personas presentes en la audiencia tuvieron la impresión de que el papa había perdido el conocimiento: “Siguiendo órdenes de la Secretaría de Estado, la filmación que reflejaba el suceso, que el equipo de televisión vaticana cubría como de costumbre, nunca fue mostrada a la prensa. A los periodistas se les dijo que en aquél momento los cámaras no habían enfocado a Su Santidad. A un fotógrafo independiente que asistió a la escena, el personal del Vaticano le confiscó la película” [7] . Fue tratado con anestesia general y los médicos le inmovilizaron el brazo y el hombro por medio de un cabestrillo, que llevó durante cuatro semanas.

El 28 de abril de 1994, Juan Pablo II  tuvo otra nueva caída, esta vez en el cuarto de baño: “Se informó que se había desplomado mientras salía de la bañera tras darse una ducha. Durante algunos minutos quedó desvalido, tendido en el suelo del baño, con el fémur fracturado. Finalmente fue llevado a la clínica Gemelli, donde le tuvieron hospitalizado durante casi un mes. A partir de entonces se ha visto obligado a caminar ayudándose de un bastón” [8] .

Dice el biógrafo Szulc: “El papa sufrió una fractura transcervical completa debajo de la cabeza del fémur derecho y tuvo que someterse a una operación, que duró dos horas, para que le colocaran una prótesis”, “durante todo el otoño de 1994 se hizo evidente que el papa sufría grandes dolores, andaba despacio y con cuidado - casi arrastrando los pies - y por primera vez usó un bastón en público”, “debido a su aspecto físico general - fatiga acusada, voz débil y dificultades con la pierna -, empezaron a circular rumores y especulaciones sobre su estado de salud” [9] .

Durante cierto tiempo, el  Vaticano negó que el papa tuviera párkinson, aunque admitiera la presencia de una e nfermedad extrapiramidal. El temblor de la mano izquierda lo delataba. En ocasiones, era tan fuerte que, cuando intentaba detenerlo agarrándose la mano izquierda con la derecha, ambas manos se ponían a temblar [10] .

En su momento, el doctor Manlio Giacanelli, del Hospital San Camilo de Roma, pronosticó lo siguiente: “El avance de la enfermedad le dificultará los movimientos de los músculos articuladores del rostro. Por tanto, de la palabra. Los músculos, en estos casos, tiemblan como las manos. De aquí, la imposibilidad de llegar a hacer un verdadero discurso y, sobre todo, de hacerse entender”. Otros signos de la enfermedad: “Un paso incierto, una voz ya no potente, las manos que tiemblan” [11] . Últimamente, por el procedimiento que haya sido, el temblor de las manos parece corregido, aunque no puede andar. Va en una peana móvil.   

Según el periodista José Manuel Vidal , el cardenal Somalo le dijo confidencialmente al cardenal Rouco el 4 de febrero de 1999: “Como todo el mundo sabe, el papa está cada vez más agotado. Ha reducido su agenda. Le tienen que ayudar para todo. Hasta para lavarse. Ha reducido su jornada laboral. Ya no se levanta a las cinco de la mañana. Está sedado, como hacían con Pablo VI  en sus últimos años de vida. Y es asistido por sus médicos en todo momento. Son los últimos años minusválidos del papa. Pero quiere morir con las sandalias del pescador puestas” [12] .

El grupo de eclesiásticos y de seglares del Vaticano, que se protege bajo el colectivo “Discípulos de la verdad”, dice lo siguiente: “Desde hace algunos años y debido a su precario estado de salud, el papa Wojtyla  ya no está en condiciones de ejercer su soberanía sobre la Iglesia de Roma. Desde hace tiempo, el papa polaco no gobierna sino que es gobernado y, desde hace tiempo, es una reliquia viviente bajo la tutela de una especie de directorio oculto formado por su entorno y por las cúpulas de los clanes opusdeísta y masónico. Un gran vacío de poder que, a la espera del nuevo pontificado, los bandos vaticanos contrapuestos se disputan palmo a palmo” [13] .             

Pero volvamos al 15 de julio del 92. En el policlínico Gemelli Juan Pablo II  va a ser operado de un tumor de colon. Según el portavoz vaticano, el papa se levantó muy pronto y a las cuatro de la mañana celebró misa en una habitación del hospital contigua a la suya [14] .

La primera lectura, propia del día, era del profeta Isaías [15] . La lectura recoge el juicio de un personaje soberano, dominador de pueblos,  cuya enfermedad aparece el día de la cuenta como señal y juicio de grandes pecados.

No cabe duda de que el asunto es delicado y requiere alguna aclaración. Está claro que la enfermedad hay que afrontarla médicamente. Es de sentido común y, además, se dice en el libro del Eclesiástico: Vete al médico, pues de él has menester [16] . Está claro que la enfermedad es un mal: es malo estar malo y, por eso, Jesús pasa curando [17] . Está claro que la enfermedad no es necesariamente un castigo de Dios, como piensan los amigos de Job [18] : es algo que pertenece a la condición humana. Pero en la experiencia bíblica la enfermedad puede ser, a la luz de la palabra de Dios, un chequeo de toda la persona y, en determinados casos, juicio y castigo. Esto es, justamente, lo que encontramos en el pasaje de Isaías .

Además, conviene tener en cuenta que la palabra de Dios es dura con los poderosos y no va con diplomacias. Como dice el libro de la Sabiduría: Un juicio implacable espera a los grandes; al pequeño, por piedad, se le perdona, pero los poderosos serán poderosamente examinados. El Señor de todos no retrocede ante nadie [19] .

Alguno dirá: Bueno, esto es en el Antiguo Testamento ¿Y en el Nuevo?

Ciertamente, quien vive del espíritu de Dios está liberado del castigo: Ninguna condenación pesa ya sobre los que están en Cristo Jesús [20] . Si todavía lo reconoce como permitido por Dios es con miras a la conversión. En el fondo, el verdadero castigo es el endurecimiento final. La proximidad del juicio, que ya está en acción, confiere al castigo un valor de signo: anticipa la condenación de todo lo que no tiene nada que ver con el reino de Dios [21] .

Pues bien, la lectura de Isaías  denuncia la beligerancia política del personaje, que abandona su propia misión y se apoya en su propia fuerza y en su propia inteligencia: Con la fuerza de mi mano lo he hecho, con mi saber, porque soy inteligente. Esa beligerancia tiene sus efectos: Cambié las fronteras de las naciones, saqueé sus tesoros y derribé como un héroe a sus jefes.

El pasaje de Isaías denuncia también el saqueo a gran escala: Mi mano cogió, como un nido, las riquezas de los pueblos; como quien coge huevos abandonados, cogí toda su tierra.

Asimismo, la lectura denuncia el silencio impuesto y la represión: Y no hubo quien batiese las alas, quien abriese el pico para piar. Además, se dice en el salmo propio del día, todo se hace como si Dios no lo viera: Dios no lo ve, el Dios de Jacob no se entera [22] .

Pues bien, se leía en todas las iglesias el día de la operación: Por eso, el Señor meterá enfermedad en su gordura y debajo del hígado le encenderá una fiebre, como incendio de fuego.

Los periódicos daban la noticia de la operación del papa con gráficos sobre la situación del tumor en el intestino. Obviamente, los detalles eran muy concretos: intestino delgado, intestino grueso, hígado, etc [23] .

¿Una casualidad? ¿Pura coincidencia? Dicen que la casualidad es el seudónimo de Dios cuando no firma. Pero aquí incluso lleva firma: palabra de Dios, se decía al final de la lectura. Entonces, ¿hay datos objetivos que, al menos en cierto sentido, permiten aplicar esa lectura al papa Wojtyla ? Cualquiera puede juzgar.

Dios habla de muchas maneras. De una forma especial, dice el Concilio, “en los Sagrados Libros el Padre que está en los cielos sale al encuentro de sus hijos y entabla conversación con ellos” [24] . Los sabios y entendidos no comprenden, decía el evangelio del día, pero la gente sencilla lo celebra [25] .

Ciertamente, la palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo... No hay para ella criatura invisible, todo está desnudo y patente a los ojos de Aquel a quien hemos de dar cuenta [26] . Aunque no podamos valorar en cada caso el alcance de la Palabra que juzga la historia y aunque el juicio definitivo pertenezca solamente al Señor [27] , todo parece indicar que estamos ante un impresionante chequeo papal.

 

Al papa Wojtyla  se le pide cuenta

Wojtyla  tomó el mismo nombre papal que Luciani , lo que más bien induce a engaño, pues sugiere continuidad y no ruptura. El periodista francés Bernard Lecomte , autor del libro Cómo el papa venció el comunismo, se rasga las vestiduras por el hecho de que en la revista soviética Tiempos nuevos se afirmara en 1985 que “las intenciones de Juan Pablo I no entraban plenamente en los planes de la administración americana” y que Washington  y los adversarios de la distensión se las arreglaron para sustituirlo por “un papa que buscase, no el diálogo, sino la confrontación Este-Oeste” [28] .

Se comprende perfectamente que las intenciones del papa Luciani  encajaran mal en las Cancillerías de Occidente que le consideraban poco “político”. Dice Lecomte: “Las primeras homilías de Juan Pablo I,  en agosto de 1978, no conmueven a las Cancillerías: todas comprenden que el nuevo papa no será muy ‘político’. Su dulce sonrisa encanta, sin duda, a la gente sencilla, pero sus prudentes palabras de neófito en materia internacional tranquilizan a los jefes de Estado, incluidos los de detrás del telón de acero” [29] . En realidad, defrauda a unos y tranquiliza a otros.

Pero volvamos a la lectura de Isaías. Decía también : Contra una nación impía lo envié... Pero él no pensaba así, no eran estos los planes de su corazón. ¿Ha abandonado el papa su propia misión? ¿Ha incurrido en beligerancia política? ¿Se ha empeñado ciegamente en cambiar las fronteras de las naciones? ¿Se ha hecho responsable de rapiña económica a gran escala? ¿Ha habido represión durante su pontificado? Veamos:

 

-        Debía hacer justicia a Juan Pablo I,  muerto en extrañas circunstancias, cuando estaba bien de salud según su médico y cuando había tomado decisiones importantes y arriesgadas. Sin embargo, durante el pontificado de Juan Pablo II  se ha reprimido la investigación sobre la muerte de Juan Pablo I.

-        Debía garantizar la libertad total de los testigos relacionados con el caso. Sin embargo, muchos han estado callados durante años y otros callan todavía.

-        Debía defender la figura del papa Luciani . Sin embargo, hemos asistido a la distorsión oficial de la misma, que le ha considerado como “un hombre enfermo, no capacitado para ser papa”.

-        Debía cortar los oscuros negocios del IOR, el Banco vaticano . Sin embargo, durante años mantuvo al frente del mismo a Marcinkus , que hizo los negocios con Sindona  y con Calvi , banqueros de la logia Propaganda 2.

-        Debía expulsar a los mercaderes del templo, pero (al parecer) introduce otros nuevos, que se están haciendo con el control del Vaticano.

-        Debía hacer frente con valentía a la masonería y a la mafia, pero (al parecer) el poder oculto sigue en el Vaticano y, en determinadas circunstancias, por encima del papa.

-        Debía esperarse colaboración con la justicia italiana en la investigación del atentado que pudo costarle la vida al papa Wojtyla, pero el Vaticano adopta “una actitud que aparece como intento de cerrar toda investigación sobre el delito”.

-        Debía mantener una actitud crítica ante el secreto de Fátima, pero el papa Wojtyla se lo apropia con toda solemnidad.

-        Debía promover la reconciliación universal derribando el muro de la enemistad [30] , pero el papa (venido del Este) hace política de Occidente, como si la sabiduría de Dios coincidiera con la inteligencia americana.

-        Debía anunciar un mundo sin fronteras, pero interviene activamente en cambios de fronteras (bloque del Este) que después han dejado “heridas sangrantes”.

-        Debía denunciar los crímenes de las dictaduras argentina (1976-1983) y chilena (1973-1990), pero el papa Wojtyla reparte bendiciones y comuniones.

-        Debía defender la causa de monseñor Romero (y de tantos mártires latinoamericanos), pero Juan Pablo II mantiene una estrecha alianza con Reagan, que durante tres años encubre a los asesinos del obispo.

-        Debía estar al lado del agredido (Nicaragua), pero le vemos al lado del agresor (Reagan).

-        Debía estar al lado del pequeño David, pero le vemos al lado del gigante Goliat.

-        Debía apoyar el compromiso de las Iglesias en la liberación de los pobres (Sur), pero - tan fácilmente - se sitúa al lado de los poderosos (Norte).

-        Debía promover el mensaje social del Evangelio, pero en la práctica apoya el capitalismo.

-        Debía anunciar la justicia del Evangelio, los mandamientos que liberan, pero el papa ata cargas pesadas sobre las espaldas de la gente.

-        Debía proclamar solamente la palabra  de Dios, pero el papa asume tradiciones humanas que la anulan.

-        Debía apoyar (sin cortapisas) la defensa de la vida humana, pero su Catecismo defiende la pena de muerte.

-        Debía promover la dignidad de la mujer y su igualdad fundamental con el hombre, pero de hecho la discrimina en función de una vieja tradición que está siendo superada (finalmente) en todos los órdenes de la vida.

-        Debía hacer algo más que rezar tras el secuestro de Emanuela, pero el Vaticano  entorpece la investigación judicial.

-        Debía escuchar a la madre del guardia suizo, que pide justicia y denuncia indefensión, pero el jefe del Estado vaticano no responde.

-        Debía proteger la libertad del cónclave de toda ingerencia política, pero el cardenal Wojtyla hace campaña electoral, promovida en Estados Unidos, donde en 1976 es  preconizado papa.

-        Debía promover la renovación eclesial, pero asistimos (decepcionados) a la renovación imperial, que desempolva viejos sueños medievales.

-        Debía promover la unidad de las Iglesias, pero su concepción del pontificado  se convierte en problema capital de la unidad entre los cristianos.

-        Debía denunciar la violencia de Estados Unidos contra Afganistán, pero el Vaticano lo llama legítima defensa.

-        Denuncia justamente la guerra contra Irak promovida por Estados Unidos y países aliados (entre ellos, España), pero se calla la denuncia cuando visita nuestro país nada más terminar la guerra.

 

            Pedro no fue jefe de Estado, sino humilde pescador, que quiso seguir el camino del Señor. Pero los evangelios no tienen inconveniente en reconocer, con las grandes promesas que se le hacen, sus grandes faltas:

Tras la primera promesa, Pedro se sitúa por encima del Señor y pretende decirle cómo debe actuar. El Señor le vuelve la espalda y le dirige el reproche más duro que cabe imaginar: ¡Apártate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres! [31] .

Cuando Pedro asegura con presunción que su fidelidad es evidente y que su fe es infalible, entonces ya no conoce a su Señor y es capaz de negarlo, no una, sino tres veces. Y se le había anunciado que sucedería en breve: Antes de que cante el gallo [32] .

A Pedro, que le ha negado, le pide el Señor resucitado una rectificación. En presencia de los demás discípulos, le pregunta si puede aducir un título necesario para la tarea que se le encomienda: un amor mayor que el de los demás. La respuesta de Pedro es afirmativa, evitando toda comparación. Jesús le dice: Apacienta mis corderos. Le pregunta de nuevo y la respuesta es la misma. Jesús le dice: Apacienta mis ovejas. Le pregunta por tercera vez y entonces Pedro recuerda con tristeza su triple negación. Jesús repite lo mismo: Apacienta mis ovejas [33] .

            Este pasaje del evangelio de San Juan se  leyó en el funeral de Juan Pablo I.  Casi un millón de personas había desfilado ante el cadáver en los días precedentes. Viendo la concentración de gente que llenaba la plaza de San Pedro  horas antes de que comenzara el oficio, los cardenales Villot  y Confalonieri  fueron tajantes: “A no ser que haya un diluvio o un terremoto, las exequias se celebrarán en la plaza”. Y así fue. La multitud, bajo un mar de paraguas, aguantó en la plaza la lluvia persistente y, a veces, torrencial.

            El funeral estuvo pasado por agua. Desde la consagración a la comunión un violento aguacero cayó sobre Roma. En el improvisado altar, el cardenal decano Carlo Confalonieri  (le temblaban las manos) tenía dificultades para leer las oraciones del misal, cuyas páginas agitaba la borrasca. Más de una vez, pareció que el viento iba a apagar el alto Cirio Pascual, símbolo del Señor resucitado. Pero las páginas mojadas del misal permanecían abiertas por el evangelio de San Juan [34] , precisamente por ese pasaje que recuerda para siempre la misión y las negaciones de Pedro. El que tenga oídos para oír, que oiga [35] .

 

Respuesta velada

La edición privada de El día de la cuenta salió en junio de 2002. Pasó el verano y casi el invierno. Pasó una mañana, pasó una tarde, día sexto. En efecto, el 6 de marzo de 2003 publica el papa un libro de poemas titulado Tríptico Romano.  En la cabecera del texto manuscrito figura una fecha (14-IX-2002) y un lugar (Castelgandolfo) [36] , como si fuera una carta. Es algo enigmático. Bien podría llamarse Críptico Romano. Además, ¡un libro de poemas escrito por el papa! Es verdad que Wojtyla escribió poemas en otro tiempo, pero no era papa. ¿Qué querrá decir ahora en este peculiar género literario?

El traductor de la versión española invita a hacer una lectura inteligente: “Un lector perspicaz sabrá encontrar numerosos temas de actualidad”. Y, lo que es más importante, el texto se vuelve “portavoz del autor, como en el caso autobiográfico de la evocación del año de los dos cónclaves y su elección al Trono de San Pedro” [37] . Como se dice en la presentación, hay un aspecto que destaca sobre los demás: “Wojtyla se detiene sobre todo en el Juicio Final” [38] . 

El Tríptico está dividido en tres partes. La primera se titula Arroyo: “Si quieres la fuente encontrar, / tienes que ir arriba, contra la corriente” [39] . Es decir, el mundo refleja la sabiduría de Dios. La parte central, Meditaciones sobre el libro del Génesis en el umbral de la Capilla Sixtina, es una meditación sobre el Génesis que desemboca en el Día del Juicio. Sobre todo aquí aparecen temas que nos suenan bastante. La tercera parte, Monte en la región de Moria, recoge la experiencia de Abraham.

La correspondencia, tensa y dialéctica, entre El día de la cuenta y el Tríptico es abundante. Veamos:

1) La referencia a la Capilla Sixtina, como lugar del cónclave y evocación del Juicio, así como la llamada al hombre que ve. Dice Wojtyla: “Estoy a la entrada de la Sixtina - /... Y tú, hombre, que también ves, ven - / Os llamo a todos los videntes de todos los tiempos./ ¡Te llamo, Miguel Ángel!/ ¡En el Vaticano hay una capilla que espera el fruto de tu visión!/...Entramos para leer,/ caminando desde el asombro hasta el asombro./... Quizá con más poder habla el Final./ Sí, el Juicio habla con más poder./ El Juicio, el último Juicio” [40] .

En el presente libro la foto de la Capilla Sixtina, lugar del cónclave, está en la contraportada. El tema del Juicio aparece ya en el título y en todo el libro. La llamada al hombre que ve se encuentra en la primera página y en el capítulo 3, en el apartado Lo que veas escríbelo en un libro.

2) En el Tríptico hay una referencia global al violento siglo XX a propósito de la obra de Dios, que es “muy buena”, aunque parezca que lo niegan los hechos: “¿No lo niegan los hechos? / ¡Por ejemplo, el siglo veinte ¡Y no sólo el veinte!/ No obstante, ningún siglo puede ocultar la verdad / de la imagen y semejanza” [41] .

En nuestro libro, la referencia al violento siglo XX aparece en el capítulo 9, cuando se da a conocer el secreto de Fátima y se le interpreta: “en el vía crucis de este siglo la figura del papa tiene un papel especial”. Wojtyla aparece junto a diversos papas que “han compartido los sufrimientos de este siglo” [42] .

3) En su momento dijimos que la vieja especulación escolástica le impide a Wojtyla volver a las fuentes y plantear adecuadamente el misterio de Dios [43] .

Pues bien, Wojtyla parece decir que ha bebido en la fuente desde pequeño: “Venid con vestidos limpios y con manos limpias tomad el agua de la fuente, / leí estas palabras diariamente durante ocho años, / cuando entraba por la puerta del colegio de Wadowice” [44] .

Ciertamente, en el Tríptico encontramos una mejor respuesta del papa Wojtyla sobre su propia experiencia de fe, más bíblica, aunque sea muy global y, en determinados casos, no confirmada por los hechos. Probablemente, ni él mismo quedó satisfecho con la respuesta que dio a Frossard, a quien correspondió con su “gran experiencia” de tipo metafísico, la conmoción intelectual que le produjo “aquel primer contacto con un simple manual de metafísica” [45] . En el Tríptico el papa presenta una visión global del misterio de Dios, con veladas referencias biográficas, pero también podría decirse: presenta su biografía a la luz de su visión del misterio de Dios.

 4) En nuestro libro criticamos al papa su posición conservadora en la cuestión del control de natalidad, que ata cargas pesadas sobre las espaldas de la gente [46] .

En el Tríptico el papa evoca el umbral de “la más grande responsabilidad”, “cuando se vuelven un solo cuerpo/ - admirable unión -, / detrás de su horizonte se revela/ la paternidad y la maternidad./ Alcanzan entonces las fuentes de la vida que hay en ellos!” [47] . Como es obvio, si se queda al nivel global de la paternidad responsable, no hay nada que objetar, pero no es eso lo que él ha defendido.

5) En el Tríptico llama la atención la referencia a los dos cónclaves del 78, el que eligió a Juan Pablo I y el que eligió a Juan Pablo II, así como el texto Tú eres Pedro (en latín) y la referencia al futuro cónclave: “Y aquí precisamente/ al pie de esta maravillosa policromía sixtina / se reúnen los cardenales, / la comunidad responsable de la heredad de las llaves del Reino./ Viene precisamente aquí./ Y Miguel Ángel de nuevo abarca con la visión/ ...La policromía sixtina hablará entonces con la Palabra del Señor. / Tu es Petrus – oyó Simón, hijo de Jonás -:/ Te doy las llaves del Reino./ Los hombres a quienes se confió el cuidado de la heredad de las llaves / se encuentran aquí, se dejan abarcar por la policromía sixtina, / por la visión que dejó Miguel Ángel./ Así fue un agosto y, luego, en octubre del memorable año / de los dos cónclaves, / y así será de nuevo, cuando se presente la necesidad, / después de mi muerte” [48] .

En El día de la cuenta la referencia a los dos cónclaves ocupa un capítulo. El texto Tú eres Pedro aparece como un apartado del mismo. La referencia al futuro cónclave está en el prólogo y en la contraportada de la edición privada: “Ante el futuro cónclave que elija al sucesor, es hora de reflexionar sobre qué papa necesita la Iglesia Católica y qué papa puede abrir un horizonte de esperanza para el mundo”. 

6) En el Tríptico aparece esta referencia al significado del cónclave: “Con-clave: el común cuidado de la heredad de las llaves,/ de las llaves del Reino./ He aquí que se ven entre el Principio y el Final,/ entre el Día de la Creación y el Día del Juicio” [49] .

El significado del cónclave aparece en el presente libro: “La palabra cónclave (del latín, cum clave, con llave) es el lugar donde los cardenales se juntan y encierran para elegir papa” [50] . Además, es clara la correspondencia entre el Día del Juicio y el Día de la Cuenta.

7) En el Tríptico aparece el último Juicio, referido al papa y asumido por él, así como la cita Todo está desnudo y patente a los ojos de Aquel: “El principio es invisible/...Y también el final es invisible, aunque caiga en tu mirada, caminante,/ la visión del último Juicio/...En el puro centro de la Sixtina, el artista expresó este final invisible/ en el visible drama del Juicio -/ Y este invisible final se hizo visible como la cumbre de la transparencia:/ Omnia nuda et aperta ante oculos Eius! Las palabras escritas en Mateo quedan cambiadas aquí por/ una visión de pintor:/ Andad benditos... id malditos/...En la Capilla Sixtina el artista colocó el Juicio./ En este interior el Juicio lo domina todo./ He aquí que el final invisible se volvió conmovedoramente visible./ El final y a la vez la cumbre de la transparencia -/...Lo que hay en mí de indestructible,/ ahora se encuentra cara a cara con El” [51] .

La cita todo está desnudo y patente a los ojos de Aquel  a quien hemos de dar cuenta  aparece en el epílogo de El día de la cuenta [52] . Como queda dicho, la foto de la Capilla Sixtina, evocación del Juicio, está en la contraportada. El último Juicio, el Día del Juicio, referido al papa, aparece en el prólogo, en el epílogo y en todo el libro.

8) Más detalles: la transparencia, la toma de conciencia durante el próximo cónclave, de nuevo la cita Todo está desnudo y patente. La repetición de la misma cita (aparece cuatro veces) revela lo que le impacta al papa [53] . Se dice en el Tríptico: “La transparencia final y la luz. / La transparencia de los hechos./ La transparencia de las conciencias./ Es preciso que durante el cónclave, Miguel Ángel conciencie al pueblo. / No olvidéis: Omnia nuda et aperta sunt ante oculos Eius./ ¡Tú que lo penetras todo, indica!/ El indicará” [54] .

Una vez más, los detalles aludidos aparecen en El día de la cuenta.

9) En el Tríptico se evoca la experiencia de Abraham, que sale de su tierra: “Pensaba quizá ¿por qué debo salir de aquí? / ¿Por qué debo dejar Ur de los Caldeos? / ¿Pensaba así? ¿Sintió la tristeza de la despedida? / ¿Miraba atrás? /  No lo sabemos. Únicamente sabemos que oyó la Voz / que le dijo: ¡Vete! / Abrán decidió seguir la Voz. / La Voz decía: serás padre de multitud de pueblos” [55] .

Wojtyla parece decir aquí que él también salió de su tierra, al ser elegido papa, y  siguió la Voz que le ofrecía una paternidad universal. Es decir, que en su elección como papa no hubo campaña electoral ni tampoco influencia americana, como indicamos nosotros [56] .

10) En el Tríptico se evoca también el pasaje de Abraham en el encinar de Mambré: “Llegaron Tres Huéspedes que recibió / con gran respeto. / Abrán sabía que era El, / el Único” [57] . 

Wojtyla interpreta el pasaje en sentido trinitario, siguiendo la vieja explicación. Sin embargo, el texto del Génesis sólo recoge la experiencia de Abraham, que reconoce la presencia de Dios en los tres caminantes y responde con un gesto de hospitalidad. También aquí el papa debería volver a las fuentes y plantear adecuadamente el misterio de Dios [58] .

11) En el Tríptico se recoge la subida de Abraham al monte Moria: “No temas, Abraham, sigue adelante / y haz lo que debes hacer. / ... El mismo detendrá tu mano, / cuando esté lista para dar el golpe del sacrificio.../ El mismo no dejará que tu mano haga / lo que ya se consumó en el corazón. / Así tu mano se suspenderá en el aire. / El mismo la detendrá” [59] .

El papa parece evocar el atentado que pudo costarle la vida. Sin embargo, el juez instructor Rosario Priore, uno de los magistrados italianos encargados de la investigación del atentado, buscó en vano la colaboración del Vaticano.  Habría que ver quiénes estaban detrás del atentado y por qué se produjo, cuestión que no parece interesar en el Vaticano y que el mismo papa elude [60] . 

12) El papa parece evocar también el secreto de Fátima.

En nuestro libro el tema ocupa  un capítulo. Wojtyla se ve en el obispo vestido de blanco que sube a una montaña, hacia la cruz, aunque no es matado: “Le pareció que una mano materna había guiado la trayectoria de la bala, permitiendo al papa agonizante detenerse a las puertas de la muerte [61] . Sin embargo, Francesco Bruno, especialista de los servicios secretos italianos, asegura que el atentado no pretendía matar al papa, sino sólo darle un aviso [62] . Entonces ¿quién desvió la bala?¿Se ha apropiado Wojtyla el secreto de Fátima? En el atentado que pudo costarle la vida ¿corrió el riesgo de los mártires, el riesgo de Reagan o el riesgo de Calvi? [63] .

13) En el Tríptico se evoca la fe de Abraham en el Dios de la Alianza: “¡Oh, Abraham - El, que entró en la historia del hombre, / sólo por ti desea revelar este misterio oculto / desde la fundación del mundo, /... Dios quiso tanto al mundo / que le entregó a su Hijo para que cada uno que crea en El / tenga la vida eterna” [64] . Wojtyla cita aquí dos pasajes: el de la revelación del misterio oculto desde la fundación del mundo (Sal 78) y el del amor de Dios al mundo (Jn 3,13-17). Ambos pasajes pertenecen a la fiesta de la exaltación de la cruz, que se celebra el 14 de septiembre, fecha que figura en la cabecera del manuscrito del Tríptico [65] . El papa apela a la experiencia de Abrahám, “el que creyó contra toda esperanza” [66] : “Yo llevo tu nombre en mí, / este nombre es signo de la Alianza que contrajo contigo el Verbo eterno / antes de la creación del mundo. / No olvides este lugar cuando te vayas de aquí” [67] . El monte Moria es el lugar en que Dios le dice a Abraham: Por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, en pago de haber obedecido mi voz (Gn 22, 18).

La correspondencia con el presente libro aparece de nuevo. El texto del Génesis es paralelo al de Mateo (12,21), que citamos, pero hay una diferencia importante. Nosotros decimos: pondrán las naciones su esperanza en Aquel, que anunciará el juicio a las naciones. No se pueden realizar gestos de paz, sin denunciar la violencia de la guerra contra Afganistán: “Si (el papa) no lo hace así, se acabó el conflicto por causa del Evangelio, se acabó el escándalo de la cruz. No puede proclamar las palabras de Aquel, en quien pondrán las naciones su esperanza [68] .

 

En fin, las correspondencias entre El día de la cuenta y el Tríptico abundan y se dan en un texto pequeño. En realidad, el Tríptico cabe en tres folios, lo que resulta más significativo. No parece que tal correspondencia pueda explicarse por simple inspiración espontánea o por casualidad. Creemos que Juan Pablo II ha leído El día de la cuenta. Leyó el primero, aunque no se le envió. No es de extrañar que haya leído el segundo, que está dirigido a él y se le ha enviado. Se le envió el manuscrito con fecha 23 de marzo de 2002 y una carta adjunta. El Tríptico Romano es una carta que no se entiende, si falta la carta a la que responde. Sin embargo, se entiende bien, si se conoce El día de la cuenta.  

Por cierto, el artículo de José Manuel Vidal en El Mundo (14-9-2003), que lleva por título Juan Pablo I fue asesinado y refleja una amplia entrevista que me hizo, es una réplica al Tríptico Romano, un año después, precisamente en la fecha de la exaltación de la cruz. Sucedió así, sin que nadie lo pretendiera. Resulta especialmente significativo el salmo 78, propio de ese día: Escucha, pueblo mío, mi enseñanza, inclina el oído a las palabras de mi boca; voy a abrir mi boca con sentencias, para que broten los enigmas del pasado.  

 

Nueva respuesta

Un año después, Juan Pablo II parece dar una nueva respuesta en su libro ¡Levantaos!¡Vamos!, que trata sobre su experiencia pastoral como obispo. Al parecer, se le pidió que lo escribiera. Además, el Sínodo de los Obispos, que trató de la figura del obispo, le facilitó una maduración al respecto y le evocó una serie de recuerdos [69] .

En cualquier caso, el cuestionamiento estaba hecho en El día de la cuenta: “El papa no encuentra su verdadero papel”, “el obispo de Roma (con su Comunidad, no con su Estado) debería anunciar la palabra de Dios, sólo la palabra de Dios, sin componendas, sin pactos, sin moralismos, sin imposiciones” [70] .

La correspondencia, tensa y dialéctica, del libro del papa con El día de la cuenta es abundante. Parece una alegación en defensa propia. Veamos:

1) El papa presenta su nombramiento episcopal como un acontecimiento dotado de significado religioso: “El nombramiento me fue notificado el 4 de julio, día de la consagración de la catedral del Wawel. Es un aniversario que ha tenido siempre gran resonancia en mi alma. Me parecía que aquella coincidencia quería decir algo” [71] . Al día siguiente visita al arzobispo de Cracovia. El arzobispo le toma del brazo y le lleva a la sala de espera, donde están sentados algunos sacerdotes, y dice la frase recurrente: Habemus papam, tenemos papa: “A la luz de acontecimientos posteriores, dice Wojtyla, podría decirse que aquellas palabras fueron proféticas”.

Por tanto, no debe su nombramiento episcopal a los comunistas polacos que le  presentaron y promovieron como obispo. Lo recordamos nosotros,  “los comunistas querían obispos que lo les fueran hostiles. Pensaban que Wojtyla era apolítico” [72] .

 2) Wojtyla presenta su consagración episcopal como un acontecimiento especial, dotado de significado religioso y patriótico. Es consagrado obispo el 28 de septiembre, fiesta de san Wenceslao, patrono de la catedral, que “encierra toda la historia de Polonia” [73] : “aquel día estaba nublado, pero al final salió el sol. Como señal de buen auspicio, un rayo de su luz se posó sobre aquel pobre consagrado” [74] . Ese mismo día, se traslada al santuario nacional de Czestokova: “Es un sitio especial para los polacos. En cierto sentido, se identifica con Polonia y con su historia, sobre todo con la historia de las luchas por la independencia nacional” [75] .

Por tanto, parece decir Wojtyla, él no debe su consagración episcopal al Departamento de Asuntos Religiosos del gobierno comunista polaco, que intervenía en el nombramiento de obispos [76] . Su consagración como obispo es un acontecimiento de la Polonia de siempre.

3) El rito de la ordenación impone preguntar al nuevo obispo: ¿Quieres consagrarte, hasta la muerte, al ministerio episcopal que hemos heredado de los Apóstoles? ¿Quieres anunciar con fidelidad y constancia el Evangelio de Cristo...? Estas palabras quedan grabadas profundamente en el corazón de todo obispo, dice el papa. En ellas percibe el eco de las preguntas de Jesús a Pedro en el lago de Galilea: Simón, hijo de Juan, ¡me amas más que éstos? [77] .

La triple pregunta de Jesús, que recuerda a Pedro su triple negación, aparece en el epílogo del presente libro [78] . Wojtyla se queda sólo con el lado positivo de la historia.

4) También en el epílogo aparece un texto del Evangelio que se leía en todas las iglesias el día de la operación del papa: los sabios y entendidos no comprenden, pero la gente sencilla lo celebra [79] .

El papa lo cita a propósito de la canonización del indio Juan Diego [80] , que vivió hace cinco siglos. Viene a decir: ahí tenemos a un hombre sencillo que entiende el Evangelio.  

5) ¿Imposiciones? De eso nada. Haciendo examen de conciencia, Wojtyla se reprocha a sí mismo haber amonestado y mandado poco: “Pienso que, bajo este aspecto, quizá he hecho demasiado poco”, “tal vez deba reprocharme a mí mismo por no haber intentado lo suficiente para mandar. En cierta medida es debido a mi temperamento”, “no obstante, pienso que, a pesar de la resistencia interior que sentía a la hora de reprender, he tomado todas las decisiones que han sido necesarias [81] .

Es curioso. Sin embargo, nadie es buen juez en propia causa.. En su momento recogemos, por ejemplo, la opinión de un psicoanalista italiano que ve al papa Wojtyla como “un prepotente que afirma e impone su personalidad” [82] .

6) Wojtyla destaca, en su experiencia como obispo, su preocupación por una relación pastoral y personal en cada encuentro: “Por lo que a mí respecta, es significativo que nunca haya tenido la impresión de que el número de encuentros fuese excesivo. De todos modos, mi preocupación constante ha sido la de cuidar en cada caso el carácter personal del encuentro. Cada uno es un capítulo aparte” [83] .

Sin embargo, resulta revelador el caso del sacerdote polaco, con mujer y dos hijos pequeños, a quien el obispo Wojtyla no le reconoce el derecho a casarse [84] . A pesar de todo, dice Wojtyla, el obispo no puede olvidar a los que han abandonado el sacerdocio: “Tienen derecho a un puesto en su corazón de Padre. Sus dramas revelan a veces las negligencias en la formación sacerdotal. De ella forma parte una valiente corrección fraterna, cuando es necesaria” [85] .

7) ¿Qué hay del anuncio de la palabra de Dios? ¿Cumple el obispo Wojtyla con este papel? ¿Anuncia la palabra de Dios y sólo la palabra de Dios?

 “El obispo tiene el oficio de hacerse servidor de la Palabra”, dice el papa. El obispo se sienta en la cátedra “para predicar, anunciar y explicar la Palabra de Dios”, “además del anuncio de la palabra, la administración de los sacramentos es la primera tarea de los obispos, a la que deben subordinar todas las demás obligaciones” [86] .

8) ¿Encuentra el obispo Wojtyla su verdadero papel?

El papa afirma haber hecho bien sus deberes. Durante veinte años, como obispo de Cracovia, trabaja regularmente en la Curia, aunque prefiere las visitas pastorales: “No tuve tiempo de visitar todas las parroquias, que eran más de trescientas”. Se ha tomado siempre muy en serio la unidad del presbiterio. Para favorecer el contacto con los sacerdotes,  instituye el Consejo Presbiteral [87] .

9) Como hemos indicado, Juan Pablo II publica el catecismo que no quiso el Concilio, un catecismo que parece ignorar la renovación catequética contemporánea, un catecismo básicamente de tipo doctrinal. El acento está puesto en la doctrina [88] , más que en la experiencia.

Responde el papa: “La catequesis debe nacer tanto de la meditación sobre el Evangelio como de la comprensión de las realidades de este mundo”, “el nuevo Catecismo de la Iglesia católica, que en 1992 se me presentó para su aprobación, nació de la voluntad de hacer que el lenguaje de la fe fuera más accesible a los hombres de hoy” [89] .

10) En relación a los niños la preocupación de Wojtyla parece preconciliar. No se atiene a lo que dice Jesús, dejad que se acerquen (Mc 10,14), sino que va más allá, procurad que se confiesen: “En las visitas pastorales, también en las que realizo aquí en Roma, siempre he procurado y procuro encontrar tiempo para reunirme con los niños. Nunca he cesado de exhortar a los sacerdotes a que les dediquen con generosidad su tiempo en el confesionario. Es particularmente importante formar bien la conciencia de los niños y de los jóvenes”, “es probable que cada uno de nosotros recuerde con emoción su primera confesión de niño”, “obviamente, la pastoral de niños debe continuar en la adolescencia” [90] .

11) En relación a los laicos, decimos nosotros, el papa Wojtyla da numerosos signos de la dirección que prefiere seguir, apoyándose en el Opus Dei y en otros movimientos conservadores, y debilita el compromiso de la Iglesia en favor de la liberación de los pobres [91] .

Responde el papa: “Como obispo he apoyado numerosas iniciativas de los laicos. Eran muy diversas: por ejemplo, el Oficio para la  pastoral familiar, las reuniones de estudio para clérigos y estudiantes de medicina..., el Instituto para la Familia”, “he estado también al lado de iniciativas nuevas en las que sentía el soplo del Espíritu de Dios” [92] .

12) En lo que se refiere al celibato ¿el papa Wojtyla va más allá de lo que dice la palabra de Dios? [93] .

El papa afirma que hay “profundas razones teológicas” para mantener la disciplina actual e invita a pensar en el ejemplo de San José: “El celibato da la plena posibilidad de realizar este tipo de paternidad: una paternidad casta, consagrada totalmente a Cristo y a su Madre Virgen. El sacerdote, libre de preocupación personal por su familia, puede dedicarse con todo el corazón a la misión pastoral”. En el intento de oponerse al celibato, se esgrime a veces la soledad del sacerdote, la soledad del obispo: “Basándome en mi experiencia, dice el papa, rechazo decididamente tal argumento. Personalmente nunca me he sentido solo” [94] .

Por supuesto, la crítica institucional, necesaria, ni siquiera se contempla. Como se dice en el libro de los Proverbios: La palabra de Dios es acendrada... No añadas nada a sus palabras, porque te replicará y quedarás por mentiroso [95] .

13) En el capítulo 16 recogemos la particular relación del obispo Wojtyla con una mujer polaca, profesora de filosofía, no sólo en la reelaboración de su libro Persona y Acto sino en su promoción como el lider católico que necesita el mundo [96] .

Pues bien, el papa habla de un contexto totalmente distinto de colaboración e inspiración: “La capilla del Palacio de los Arzobispos de Cracovia tiene un significado del todo especial para mí. En ella fui ordenado sacerdote”, “no solamente rezaba, sino que me sentaba allí y escribía. Allí escribí mis libros, entre ellos la monografía Persona y acto. Estoy convencido de que la capilla es un lugar del que proviene una especial inspiración. Es un enorme privilegio poder vivir y trabajar al amparo de esta Presencia”.

14) ¿De qué Presencia se trata? Responde el papa: “Mi querido amigo André Frossard, ya desaparecido, en el libro Dios existe, yo lo he encontrado, describe con hondura la fuerza y la belleza de esta Presencia” [97] .

Tomamos nota. Aquí Wojtyla identifica su experiencia de fe con la de Frossard, corrigiendo su anterior posición [98] .

15) ¿Tiene el papa Wojtyla una escasa formación teológica? [99] . ¿Se ha movido más en el terreno de la filosofía?

El papa responde: “Mi postura filosófica personal se mueve, por así decir, entre dos polos: el tomismo aristotélico y la fenomenología”. Por lo demás, la experiencia se lo ha enseñado: “El obispo necesita una formación teológica profunda, actualizada constantemente”. No obstante, como papa ha contado con la presencia y la ayuda del cardenal Ratzinger, “de excepcional preparación teológica” [100] .

16) ¿Ha defraudado el papa Wojtyla la renovación eclesial que trajo el Concilio? ¿Qué supone el Concilio para él? [101] .

El Concilio, dice el papa, supuso para él “un impulso muy fuerte”, “un gran acontecimiento”, “una experiencia inolvidable”: Le permitió “comprender más a fondo el papel del obispo en la Iglesia” [102] . El papa se compara con su patrono San Carlos Borromeo: ”Cuando pienso en su figura, me conmueve la coincidencia de los hechos y los quehaceres. Fue obispo de Milán en el siglo XVI, en el periodo del Concilio de Trento. A mí el Señor me ha concedido ser obispo en el siglo XX, precisamente durante el Concilio Vaticano II, en vistas al cual se me ha confiado la misma tarea: su realización. Debo decir que en estos años de pontificado he pensado constantemente en la puesta en práctica del Concilio” [103] .

17) Los viajes del obispo Wojtyla han sido percibidos como “campaña electoral” realizada ya en vida de Pablo VI. Además, parece poco evangélico “el espectáculo faraónico de sus viajes de jefe de Estado” [104] .

Responde el papa:  “Ya antes de ser elegido a la Sede de Pedro me reunía con muchos obispos de todo el mundo, aunque, naturalmente, de modo más frecuente con los de países europeos más cercanos”, “me ha gustado siempre viajar. Estoy convencido de que, en cierto sentido, es un cometido que Cristo mismo ha encargado al Papa” [105] .

18) El colegio cardenalicio, constatamos nosotros, está puesto en cuestión dentro de la Iglesia. El papa, en la medida en que ejerce una función universal, debe ser elegido no por el colegio cardenalicio, designado por el papa a su imagen y semejanza, sino por un órgano colegial que represente a la Iglesia entera [106] .

Dice el papa: “En cierto sentido, el corazón del Colegio Episcopal es el Colegio de los Cardenales, que rodean al sucesor de Pedro y lo sostienen en su testimonio de fe ante toda la Iglesia”. Los cardenales están “unidos al Papa por lazos especiales de responsabilidad y absoluta disponibilidad para dar testimonio de la fe, si fuera necesario, hasta el derramamiento de la sangre (por eso sus indumentos son de color púrpura, como la sangre de los mártires)” [107] .

19) A propósito de la guerra de EE UU contra Afganistán, denunciamos la escandalosa cobertura religiosa, episcopal y vaticana. El Sínodo de los Obispos, que se hallaba reunido en Roma para tratar de la figura del obispo, se quedó mudo: ¿tenía pacto con el imperio?  El obispo de Roma (con su Comunidad, no con su Estado) debe anunciar la palabra de Dios sin componendas, sin pactos: “Si no lo hace así, se acabó el conflicto por causa del Evangelio, se acabó el escándalo de la cruz” [108] .

Pues bien, dice el papa: “Tomar sobre sí la cruz no es fácil, aunque sea de oro y esté cuajada de piedras preciosas”, “nunca me he puesto la cruz pectoral de obispo con indiferencia. Es un gesto que hago siempre con la oración. Desde hace cuarenta y cinco años, la cruz está sobre mi pecho, junto a mi corazón. Amar la cruz quiere decir amar el sacrificio. Los mártires son modelo de este amor” [109] , “no se puede dar la espalda a la verdad, dejar de anunciarla, esconderla, aunque se trate de una verdad difícil, cuya revelación lleve consigo un gran dolor”, “no hay sitio para compromisos ni para un oportunista recurso a la diplomacia humana” [110] .

20) ¿Hubo campaña electoral a favor de Wojtyla dirigida por el obispo Deskur? ¿Hubo injerencia política de Estados Unidos? [111] .

El obispo Deskur, dice el papa, “en mi corazón tiene un puesto especial”, “me ha servido muchas veces de apoyo desde el comienzo de mi pontificado, especialmente mediante su sufrimiento, pero también por medio de sus sabios consejos”. El papa apela a la experiencia de Abraham y vuelve sobre su reciente “meditación poética”: “¡Oh, Abraham- El, que entró en la historia del hombre, / solo por ti desea revelar este misterio oculto / desde la fundación del mundo! ” [112] . Del encuentro de Abraham con Cristo “nace una luz que se proyecta sobre el misterio de nuestra vocación en la fe”. Dice también Wojtyla: “Hablo de esto desde un lugar al que el amor de Cristo Salvador me ha llevado, pidiéndome salir de mi tierra para dar fruto en otro sitio con su gracia” [113] .

21) En El día de la cuenta recogemos los grandes enigmas que marcan el pontificado de Juan Pablo II para que broten los enigmas del pasado, como se dice en el salmo 78, propio de la fiesta de la exaltación de la cruz. En todos ellos constatamos la falta de transparencia vaticana y la omisión de la justicia debida.

¿Qué sucedió con Juan Pablo I? El papa Wojtyla no dice más que celebró la Santa Misa por él [114] . ¿Qué dice de los demás misterios vaticanos, que también marcan su pontificado? No dice absolutamente nada. Su velada respuesta, su confesión, es decididamente insuficiente. No brotan los enigmas del pasado. Una vez más, se reprimen.

 

El papa apela a la invitación, que en Getsemaní hace Jesús a sus discípulos especialmente amados: ¡Levantaos!¡Vamos!. Y añade: “Esta invitación se dirige de modo particular a nosotros los obispos, sus amigos predilectos. A pesar de que estas palabras significan un tiempo de prueba, un gran esfuerzo y una cruz dolorosa, no debemos dejarnos vencer por el miedo” [115] .

En su etapa final, Wojtyla parece identificarse con Jesús, en Getsemaní. Pero ¿a qué se refiere? ¿A la prueba final? ¿A su propia enfermedad? ¿A ambas cosas a la vez? A veces se identifica enfermedad y cruz. Sin embargo, debe quedar claro.  En el caso de Jesús, su último lecho no fue la cama, sino el madero de la cruz, que levantaron los de siempre, es decir, “la bestia religiosa y la bestia política” (Ap 13).

Por cierto, el papa Wojtyla hace referencia a la homilía que pronunció en la plaza de San Pedro el 16 de octubre de 2003 con ocasión del 25º aniversario de su pontificado y cita un pasaje del evangelio de San Juan sobre el buen pastor, con el que se identifica [116] , pero aquel día se leía en todas las iglesias otro muy distinto, que no podía pasar desapercibido: Se pedirá cuenta (Lc 11,47-54). Por supuesto, nos llamó la atención.

 

Tercera respuesta

Casi un año después, Juan Pablo II publica su último libro Memoria e identidad, en el que parece dar una tercera respuesta. ¿Quedaban temas pendientes? ¿Vuelve sobre algunos? ¿Se da correspondencia con El día de la cuenta? ¿Se trata de una tercera negación? Veamos:

1) Apenas llegado a Cracovia, decimos nosotros, Karol Wojtyla se empieza a mover “en un círculo de ambiente burgués”, protegido por la señora que lo recibíó en los salones de su espléndido chalé, donde el joven aprendiz de actor conoce “unas veladas literarias llenas de refinamiento”. Esto es lo que los biógrafos devotos presentan como “resistencia a través de la cultura” [117] . Es decir, el mito se viene abajo.

El papa Wojtyla dice haber tenido la oportunidad de experimentar personalmente las “ideologías del mal”, el nazismo y el comunismo: “Primero fue el nazismo. Lo que se podía ver en aquellos años era ya terrible. Pero muchos aspectos del nazismo no se veían en aquel periodo”, “tanto los nazis durante la guerra como los comunistas después, en Europa Oriental, intentaban encubrir ante la opinión pública lo que estaban haciendo”, “Dios concedió al hitlerismo doce años de existencia y, cumplido este plazo, el sistema sucumbió”, “este fue el límite que la Divina Providencia impuso a semejante locura”, “en 1945, al terminar la guerra, el comunismo aparecía muy fuerte y peligroso”, “me quedó entonces muy claro que su dominio duraría mucho más tiempo que el nazismo” [118] .

2) Por nuestra parte, criticamos otro mito, que los biógrafos devotos pregonan a bombo y platillo. En realidad,  ¿el papa  venció al comunismo? [119] .

 Responde Wojtyla: “Sabemos que el comunismo cayó al fin a causa de la insuficiencia socioeconómica de su sistema”, “sería ridículo considerar al papa como el que derribó con sus manos el comunismo” [120] .

 3) Juan Pablo II da su particular visión de la historia y añade: “Me he detenido en destacar el límite impuesto al mal en la historia de Europa precisamente para mostrar que dicho límite es el bien” [121] .

Sin embargo, llama la atención su relación con los dictadores latinoamericanos [122] . Y, de forma especial, que haya tenido, como Secretario de Estado, al cardenal Angelo Sodano, amigo del ex dictador chileno Augusto Pinochet, que ordenó matar y torturar a tantos. La Operación Cóndor fue un plan de represión de las dictaduras suramericanas para perseguir y eliminar físicamente a los opositores de izquierdas: “Organizada por los servicios secretos de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, la operación dejó centenares de desaparecidos” [123] . Cada día hay más datos: “El testimonio de más de 27.000 torturados durante el régimen de Pinochet estremece al país” [124] . Pues bien, determinadas afinidades con sistemas totalitarios más recientes manifiestan precisamente que al papa Wojtyla le falta memoria o le falta identidad

4) Wojtyla se detiene en explicar el misterio de la Misericordia: “Resulta impresionante el pasaje del libro segundo de Samuel, en el que el profeta Natán apunta con dedo acusador a David, señalándolo como el culpable de un gran crimen ante Dios: ¡Eres tú!  En aquel momento, el rey experimenta una especie de iluminación, de la cual brota una emoción profunda, desahogándose con las palabras del Miserere”. El papa recuerda a sor Faustina y el culto de Cristo misericordioso que promovió: “Vivió en las primeras décadas del siglo XX y murió antes de la Segunda Guerra Mundial”, “para los supervivientes de esta gran guerra, las palabras del Diario de santa Faustina son como una especie de Evangelio de la Divina Misericordia escrito desde la perspectiva del siglo XX”, “es como si Cristo hubiera querido revelar que el límite impuesto al mal, cuyo causante y víctima resulta ser el hombre, es en definitiva la Divina Misericordia” [125] .

El pasaje de Natán aparece en el presente libro a propósito de la guerra de Afganistán: “Por llevarle a Nueva York vivo o muerto a quien se busca, el rico está matando la oveja del pobre” [126] . Una correspondencia más, tensa y dialéctica, pues no parece que el rico experimente remordimiento alguno.

Por cierto, ¿ha puesto la Divina Misericordia un límite al pontificado de Wojtyla? Lo decimos por lo siguiente. El pasado 3 de abril, en la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe y en la primera misa oficiada tras la muerte de Juan Pablo II, dijo el cardenal Rouco: “No nos podíamos imaginar que él iba a ser llamado por el Señor unas horas antes de que se iniciase el domingo de la Divina Misericordia. El Señor se lo ha querido llevar en ese día, en esa hora. Todos sabemos lo que tiene de providencial este hecho”, “ha triunfado la infinita misericordia del Señor, por eso podemos vivir eternamente con El”, “cuando algo se nos muere, pedimos que esa misericordia se desborde sobre él, que es lo que pedimos para Juan Pablo II”. Por supuesto, nada que objetar, si el Señor se la concede y si la necesita.

5) Llámese como se quiera, el patriotismo, el nacionalismo y el mesianismo polacos han sido lastres del pontificado wojtiliano. A propósito del cuarto viaje del papa a Polonia decíamos nosotros: “El sueño del mesianismo polaco se había desvanecido: Polonia no era el cristo de las naciones, que había de indicar el camino a toda la humanidad” [127] .

Juan Pablo II dedica muchas páginas a justificar el valor moral del patriotismo: “Si se pregunta por el lugar del patriotismo en el decálogo, la respuesta es inequívoca: es parte del cuarto mandamiento, que nos exige honrar al padre y a la madre”, “también la patria es verdaderamente una madre para cada uno”, “patriotismo significa amar todo lo que es patrio: su historia, sus tradiciones, la lengua y su misma configuración geográfica”. El  nacionalismo es otra cosa: “El nacionalismo se caracteriza porque reconoce y pretende únicamente el bien de su propia nación, sin contar con los derechos de las demás”. Lo dijo el papa en su primera visita a Polonia “Dije entonces que no se podía apartar a Cristo de la historia de mi nación” [128] .

6) Juan Pablo II vuelve sobre la cuestión de su propia elección como papa. No ha habido campaña electoral ni tampoco injerencia política, como afirmamos nosotros [129] .

Sencillamente, dice el papa, el Cónclave leyó los signos de los tiempos: “Al llamar a la Sede de Roma a un cardenal de Polonia, el Cónclave hizo una elección comprometida; era como si quisiera recabar el testimonio de la Iglesia de la cual provenía este cardenal, y lo quisiera para el bien de la Iglesia universal. En cualquier caso, aquella elección tuvo un significado particular para Europa y para el mundo. Porque desde hacía cinco siglos era tradición que el sucesor en la Sede de Pedro fuera un cardenal italiano. La elección de un polaco, pues, parecía un cambio neto. Era la prueba de que el Cónclave, siguiendo las indicaciones del Concilio, había tratado de leer los signos de los tiempos y, a su luz, madurar las propias decisiones” [130] . 

7) El mensaje social del Evangelio toma posición a favor de los pobres, pero las grandes Iglesias cristianas son incapaces de asumirlo vitalmente: “El papa Juan Pablo II, decimos, no parece escapar a esta denuncia. Su mensaje presenta graves contradicciones” [131] .

Pues bien, el papa Wojtyla presenta su visión de la justicia social. La Iglesia va bien. En el primer mundo, “la Iglesia ha seguido apoyando el desarrollo justo en su actividad pastoral entre los habitantes del mundo capitalista, pero sin ceder a los procesos de descristianización radicados en las viejas tradiciones ilustradas”. En el segundo mundo, el comunista, “la Iglesia sintió la necesidad de luchar sobre todo por los derechos del hombre y los derechos de las naciones”. En el tercer mundo, “además de cristianizar las comunidades locales, la Iglesia ha asumido la tarea de subrayar la injusta distribución de los bienes, ya no sólo entre los diversos grupos sociales, sino entre distintas zonas de la tierra” [132] . Una pregunta: ¿sólo en el segundo mundo la Iglesia sintió necesidad de luchar por los derechos del hombre y los derechos de las naciones?

8) En su momento, a propósito de la pompa jubilar del año 2000, manifestamos lo siguiente: “Es quizá una señal más de que el papa no encuentra su verdadero papel” [133] .

Pues bien, el papa Wojtyla destaca el significado del Jubileo: “La Iglesia lo vivió como el jubileo del nacimiento de Jesucristo, pero a la vez como jubileo del origen del hombre, de la aparición del hombre en el cosmos, de su elevación y de su vocación”, “fue un acontecimiento importante no sólo para el cristianismo, sino también para toda la familia humana”, “fue a la vez el jubileo del nacimiento de Cristo y de la respuesta a la pregunta sobre el significado y el sentido del ser humano” [134] .

9) De manera especial, llama la atención el epílogo del libro. El papa Wojtyla vuelve sobre el tema de su propio atentado: “Agca sabía cómo disparar y disparó ciertamente a dar. Pero fue como si alguien hubiera guiado y desviado esa bala”, “volvamos al atentado: creo que ha sido una de las últimas convulsiones de las ideologías de la prepotencia, surgidas en el siglo XX. El fascismo y el hitlerismo propugnaban la imposición por la fuerza, al igual que el comunismo. Una imposición similar se ha desarrollado en Italia con las Brigadas Rojas, asesinando a personas inocentes y honestas” [135] .

Adviértase la contraposición final, ¡de epílogo a epílogo! De la reprensión que se le hace al papa en el epílogo de El día de la cuenta a la respuesta que da Wojtyla al final del que sería su último libro. Por lo demás, como hemos dicho, podía esperarse colaboración con la justicia italiana en la investigación del atentado que pudo costarle la vida al papa Wojtyla, pero el Vaticano adopta una actitud que aparece como “intento de cerrar toda investigación sobre el delito” [136] .

10) En el epílogo de su último libro, el papa vuelve sobre el secreto de Fátima: “Alguien desvió la bala”.

Sin embargo, Francesco Bruno, especialista de los servicios secretos italianos, asegura que el atentado no pretendía matar al papa, sino sólo darle un aviso: “En cualquier escuela de tiro enseñan a apuntar hacia el tórax, (el agresor) no ha disparado todo el cargador, como hubiera hecho cualquier asesino profesional, ni tampoco ha querido usar un fusil de precisión” [137] . Entonces subsisten las preguntas: ¿quién desvió la bala? ¿Se ha apropiado Wojtyla el secreto de Fátima? En el atentado que pudo costarle la vida ¿corrió el riesgo de los mártires, el riesgo de Reagan o el riesgo de Calvi? No es una cuestión secundaria [138] .

 

El día de la cuenta

1 de febrero de 2005. Lo que parecía un “síndrome gripal” se complica. Los ataques de tos son violentos y repetidos. Una inflamación aguda de las vías respiratorias provoca los espasmos de laringe. Estos empiezan a ser tan permanentes que el enfermo corre riego de asfixia. Se le traslada urgentemente al policlínico Gemelli. El papa reacciona bien a la terapia y el día 10 vuelve al Vaticano.

El 23 de febrero el papa sufre una recaída y es trasladado de nuevo al Gemelli, donde se le hace una traqueotomía “para asegurar una adecuada ventilación”. El domingo 27 de febrero el papa da la bendición desde la ventana del hospital: “En un momento, como si quisiera excusarse por no poder dirigir ni una sola palabra de saludo, se llevó la mano a la garganta a la zona precisa” donde su tráquea había sido perforada [139] .

El domingo 13 de marzo pronuncia unas palabras de bienvenida a los fieles desde la ventana del hospital. Por la tarde, regresa al Vaticano. Vuelve con la cánula que le insertaron en la garganta para ayudarle a respirar. La cautela se impone: “La enfermedad de Parkinson ya ha reducido de manera sustancial la funcionalidad de la laringe de Karol Wojtyla, y los pulmones siguen el mismo proceso degenerativo” [140] .

El domingo 20 de marzo Juan Pablo II no puede hablar para bendecir a los fieles desde la ventana: “En un momento dado, dio un golpe sobre el atril que le habían puesto delante y se llevó una mano a la frente, como en un gesto de frustración” [141] .

El domingo 27, pascua de Resurrección, intenta de nuevo hablar al impartir a los fieles la bendición Urbi et orbi: “Fue inútil. El esfuerzo de Juan Pablo II se convirtió en una prueba de impotencia, incluso de rabia. Parecía, en efecto, que el papa se enfadaba consigo mismo cuando tuvo que resignarse a permanecer en silencio” [142] .  “Juan Pablo II, entre lágrimas y gestos de dolor, no consiguió ayer articular palabra” [143] . “La garganta papal sólo pudo emitir algún gemido y el susurro de algo similar a la fórmula de la bendición, mientras su mano derecha trazaba una imprecisa señal de la cruz. Fue una sucesión de segundos muy dramática” [144] . Bueno, segundos o minutos: “Juan Pablo II permaneció 13 minutos asomado a su ventana, ante más de 100.000 personas que se aglomeraban en la plaza de San Pedro y alrededores, sin conseguir pronunciar una palabra” [145] .

El 30 de marzo aparece cinco minutos en la ventana de la plaza de San Pedro y, de nuevo, intenta sin éxito dirigir alguna palabra a la multitud expectante: “Una pequeña multitud de turistas, fieles y curiosos se congregó en la plaza, y a la hora prevista, con un par de minutos de retraso, se descorrieron las cortinas y la silla de ruedas del pontífice fue aproximada a la ventana”, “al fin le acercaron un micrófono, pero sus labios sólo emitieron un levísimo sonido ronco, indistinguible, y de inmediato el propio Wojtyla constató que su cuerpo no daba más de sí y con un gesto ordenó que apartaran el aparato. Se despidió haciendo la señal de la cruz y la silla de ruedas fue desplazada hacia el interior” [146] .

El 2 de abril muere Juan Pablo II. Como es sabido, hace tres años, le enviamos una carta y el manuscrito de El día de la cuenta. No hubo respuesta por su parte. Sólo acuse de recibo de la Secretaría de Estado. Pues bien, no lo podíamos imaginar. En el día de su muerte, en el día de la cuenta,  escuchamos con mucha atención el pasaje que se leía en todas las iglesias, como propio de la liturgia del día, el que tocaba: ¿Puede aprobar Dios que os obedezcamos a vosotros en vez de a él? [147] . Dicho de otro modo: Hemos de obedecer a Dios antes que a los hombres.

El pasaje en cuestión aparece al final de mi carta a Juan Pablo II, como puede verse en el Apéndice y al final del presente libro. Se lo dijimos al papa en la carta y se le recuerda ahora, en el día de su muerte: “A pesar de las presiones recibidas, al fin y al cabo un caso más de lo que se denuncia en el libro, en conciencia no puedo callar: Hemos de obedecer a Dios antes que a los hombres (Hch 4,19)”.

Ahora no podemos sino dar gracias: Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente [148] . Comentando este salmo en la eucaristía de la comunidad, nos llega la noticia del fallecimiento. Nos llega en buen momento. Mejor, imposible. Estamos reunidos, en oración, vigilantes. Entendemos que ha llegado el momento de la edición pública. Y aquí está.

En el funeral de Juan Pablo II se concentran 600.000 fieles en la plaza de San Pedro y alrededores. De ellos, 300.000 son polacos según el servicio italiano de Protección Civil. Parece más un funeral de Estado que una celebración de la comunidad cristiana. Los grandes de este mundo, 70 jefes de estado y de gobierno, asisten a la ceremonia. Entre ellos, como ya se ha dicho, el presidente Bush y dos expresidentes: el hijo, el padre y Clinton. Todo está previsto en el ritual. Sin embargo, un pequeño detalle llama poderosamente la atención. El viento que agita el rojo de las vestiduras cardenalicias va pasando las páginas del misal depositado sobre el ataúd y, desplazándolo, lo cierra totalmente.

 



[1] BERNSTEIN-POLITI, 524.

[2] Ver Santiago Fernández Ardanaz, La salud del papa, preocupante, en Vida Nueva (1448),36-37.

[3] El País, 15-7-1992.

[4] ABC, 15-7-1992.

[5] SZULC, 416.

[6] El Mundo, 16-7-1992.

[7] BERNSTEIN-POLITI, 526.

[8] Ibidem.

[9] SZULC, 417.

[10] BERNSTEIN-POLITI, 527.

[11] INCITTI, Da Papa Luciani a Papa Wojtyla, 132.

[12] El País, 28-2-1999.

[13] DISCEPOLI, Bugie di sangue in Vaticano,72.

[14] Ver El País, 16-7-1992.

[15] Is 10, 5-7.13-16.

[16] Eclo 38,12.

[17] Hch 10,38.

[18] Jb 5,17-18.

[19] Sb 6, 5-7.

[20] Rm 8, 1.

[21] Ver LEON-DUFOUR, X., Vocabulario de teología bíblica, Ed. Herder, Barcelona, palabra "castigo".

[22] Salmo 94.

[23] Ver ABC, 15-7-1992 y 16-7-1992; también El País y El Mundo, 16-7-1992.

[24] DV 21.

[25] Mt 11,25-27.

[26] Hb 4,12-13.

[27] Jn 5,22.27.

[28] LECOMTE, 40 y 322.  El artículo se titulaba ¿En nombre de Dios o de los Estados Unidos? En Tiempos Nuevos, nº 18, 1985.

[29] Ib., 38.

[30] Ef 2, 14.

[31] Mt 16, 23.

[32] Lc 22,34.

[33] Jn 21, 15-19. Ver KUNG, H., Ser cristiano, Ed. Cristiandad, Madrid, 1977, 633-635; también MATEOS,J.-BARRETO, J., El evangelio de Juan, Ed. Cristiandad, Madrid, 1979, 909-916.

[34] Ver INFIESTA, 245-248; PEYREFITTE, 65; THOMAS y MORGAN-WITTS, Pontífice, Ed. Plaza & Janés, Esplugues de Llobregat, 1983, 267.

[35] Mt 13,9.

[36] JUAN PABLO II, Triptico Romano, Fundación Universitaria San Antonio, Murcia, 2003, 18. En adelante, por razón de brevedad, utilizamos las siglas TR.

[37] TR, 57 y  60.

[38] TR, 68.

[39] TR, 23.

[40] TR, 28-29.

[41] TR, 33.

[42] DDC, Capítulo 9,  El secreto de Fátima, El tercer secreto y Epílogo.

[43] DDC, Capítulo 18, Renovación imperial, Escasa formación teológica.

[44] TR, 36.

[45] DDC, Capítulo 18, Renovación imperial, Escasa formación teológica.

[46] DDC, Capítulo 143, Atan pesadas cargas, Control de natalidad.

[47] TR, 36.

[48] TR, 40-41.

[49] TR, 41.

[50] DDC, Capítulo 16, Campaña electoral, Aislamiento del cónclave.

[51] TR, 31, 37 y 39.

[52] Hb 4,13; DDC, Epílogo, Aquel día.

[53] TR, 27,33,37 y 42.

[54] TR, 42.

[55] TR, 45-46.

[56] DDC, Capítulo 16, Campaña electoral y Capítulo 17, La tentación del poder, El consejero americano.

[57] TR., 47.

[58] DDC, Capítulo 18, Renovación imperial, Escasa formación teológica.

[59] TR, 52.

[60] DDC, Capítulo 8, Atentado papal, secreto de Estado, Insuficiencia de pruebas.

[61] Ver DDC, Capítulo 9, El secreto de Fátima, El tercer secreto.

[62] DDC, Capítulo 8, Atentado papal, secreto de Estado, La pista atlántica.

[63] Ver DDC, Capítulo 9, El secreto de Fátima, Silencio sepulcral, El tercer secreto; Capítulo 16, Campaña electoral, El consejero vaticano, y El obispo Deskur, director de campaña; Capítulo 17, La tentación del poder, El consejero americano.

[64] TR, 53.

[65] TR , 49 y 53.

[66] TR, 51.

[67] TR, 54.

[68] DDC, Capítulo 19, Escribe la visión, Tú eres ese hombre.

[69] JUAN PABLO II, ¡Levantaos! ¡Vamos!, Plaza & Janés, Barcelona, 2004, 11-12. En adelante lo citamos así: LV.

[70] DDC, Capítulo 18, Renovación imperial, y Capítulo 19, Escribe la visión, Tú eres ese hombre.

[71] LV, 25.

[72] DDC, Capítulo 18, Renovación imperial, Profesor de Etica.

[73] LV, 29.

[74] LV, 33.

[75] LV, 55.

[76] DDC, Capítulo 18, Renovación imperial, Profesor de Etica.

[77] LV, 66.

[78] DDC, Epílogo, Al papa Wojtyla se le pide cuenta.

[79] DDC, Epílogo, Aquel día.

[80] Mt 11,25-27; LV, 60.

[81] LV, 53-54 y 64-65.

[82] DDC, Capítulo 18, Renovación imperial.

[83] LV, 69.

[84] DDC, Capítulo 14, Atan cargas pesadas, Sin mandato del Señor.

[85] LV, 119.

[86] LV, 47 y 71.

[87] LV, 73 y 118.

[88] DDC, Capítulo 14, Atan cargas pesadas, El catecismo que no quiso el Concilio.

[89] LV, 98-99.

[90] LV, 96-97.

[91] DDC, Capítulo 17, La tentación del poder, Los dictadores latinoamericanos.

[92] LV, 108-109.

[93] DDC, Capítulo 14, Atan cargas pesadas, Sin mandato del Señor.

[94] LV, 126-128.

[95] Prov 30, 5-6.

[96] DDC, Capítulo 16, Campaña electoral, Se necesita un lider católico en el mundo.

[97] LV, 130-131.

[98] DDC, Capítulo 18, Renovación imperial, Escasa formación teológica.

[99] Ibidem

[100] LV, 87-90 y 146.

[101] DDC, Capítulo 18, Renovación imperial.

[102] LV, 135-137.

[103] LV, 160.

[104] DDC, Capítulo 15, La cuestión social, Mensaje contradictorio; Capítulo 16, Campaña electoral, El consejero vaticano y Capítulo 18, Renovación imperial.

[105] LV, 142-144.

[106] DDC, Capítulo 18, Renovación imperial.

[107] LV, 147-148.

[108] DDC, Capítulo 19, Escribe la visión, El celo de tu casa me consume, ¡Tú eres ese hombre!

[109] LV, 163 y 168-169.

[110] LV, 164.

[111] DDC, Capítulo 16, Campaña electoral, El consejero vaticano, Un papa preconizado en Estados Unidos, El obispo Deskur, director de campaña; Capítulo 17, La tentación del poder, El consejero americano.

[112] TR, 53.

[113] LV, 159, 177-178 y 181.

[114] LV, 74.

[115] LV, 181.

[116] LV, 19.

[117] DDC, Renovación imperial, Vocación de actor.

[118] JUAN PABLO II,  Memoria e identidad. Conversaciones al filo de dos milenios, La esfera de los libros, Madrid, 2005, 27-29. En adelante, por razón de brevedad, utilizamos las siglas MI.

[119] DDC, Epílogo, Al papa Wojtyla se le pide cuenta.

[120] MI, 65 y 205.

[121] MI, 29.

[122] DDC, Capítulo 17, La tentación del poder, Los dictadores latinoamericanos.

[123] El País, 14-12-2004.

[124] El País, 5-12-2004.

[125] MI, 69 y 72-73.

[126] DDC, Capítulo 19, Escribe la visión, ¡Tú eres ese hombre!

[127] DDC, Capítulo 18, Renovación imperial.

[128] MI, 85-88 y 30.

[129] DDD, Capítulo 16, Campaña electoral.

[130] MI, 176.

[131] DDC, Capítulo 15, La cuestión social.

[132] MI, 155.

[133] DDC, Capítulo 18, Renovación imperial.

[134] MI, 186-187.

[135] MI, 197 y 205.

[136] DDC, Capítulo 8, Atentado papal, secreto de Estado, Secreto de Estado, La pista atlántica.

[137] DDC, Capítulo 8, Atentado papal, secreto de Estado, La pista atlántica.

[138] Ver DDC, Capítulo 9, El secreto de Fátima, Silencio sepulcral y El tercer secreto.

[139] Vida Nueva. 4 de marzo de 2005.

[140] El País, 14-3-2005.

[141] El País, 24-3-2005.

[142] El Mundo, 28-3-2005.

[143] ABC, 28-3-2005.

[144] Vida Nueva, 2 de abril de 2005.

[145] El País, 30-3-2005.

[146] El País, 31-3-2005.

[147] Hch 4,19.

[148] Sal 118.