EPILOGO
Llegamos
al final de nuestro camino. Abordamos el declive físico del papa Wojtyla,
que marca la última etapa de su pontificado. C
omienza con el
tumor de colon que se le extirpa el 15 de julio de 1992. Dicen que
la enfermedad lo deja todo al descubierto. Empiezan las grandes biografías,
de distinto signo, que introducen elementos de juicio. ¿Se puede decir
que todo cambia con esa enfermedad? ¿Existe claramente un antes y
un después? ¿Qué significa esa enfermedad en medio de un largo pontificado? El
12 de julio del 92, en la audiencia dominical, Juan Pablo II
hace un anuncio inesperado: “Me gustaría confiaros
algo. Esta tarde iré al policlínico Gemelli para hacerme un reconocimiento”
[1]
. El portavoz
vaticano informa que el papa sería sometido a exploraciones relacionadas
con una “afección intestinal”. En
realidad, las pruebas incluyen radiografías de contraste, escáner,
ecografía y una prueba de resonancia magnética. Según
la revista Vida Nueva, durante
los últimos años el papa venía sufriendo de cólicos con fuertes dolores
abdominales. La urgencia del internamiento “se debió a una oclusión
intestinal aparecida en los últimos días”. En realidad, “durante el
último año la salud del papa había sufrido una fuerte crisis. A todos
los que lo acompañaban en sus viajes y en su intensa actividad diaria,
les eran patentes los signos de cansancio y de rápido envejecimiento,
había comenzado a tener problemas en la pronunciación (uno de sus
puntos fuertes desde siempre), las lecturas de sus discursos se hacían
cada vez más lentas y, a veces, incomprensibles. Durante las largas
ceremonias sufría momentos de ausencia y su secretario, Estanislao
Dsziwisz
, tenía a veces que
despertarlo de sopores inesperados”
[2]
.
Aquel día
La
falta de noticias oficiales sobre la naturaleza de la enfermedad hizo
que dos días después se disparara todo tipo de rumores sobre la salud
del papa. Se decía en El País:
“Mientras la oficina de prensa vaticana guarda silencio y se limita
a comentar que las investigaciones médicas no han concluido, parece
confirmarse que Juan Pablo II
padece un tumor en el colon, que algunas fuentes
se atreven a calificar abiertamente de maligno. La intervención quirúrgica
se consideraba anoche inminente y es muy posible que se realice a
primera hora de hoy”
[3]
. Por su parte, decía el ABC:
“Juan Pablo II será operado hoy de un tumor intestinal”
[4]
. La
operación duró cuatro horas. Los cirujanos le extirparon al papa un
tumor en el colon: “Descubrieron que el papa tenía cálculos biliares
y decidieron extirparle la vesícula biliar también. Después de extirpar
el tumor de más de siete centímetros de longitud, la biopsia indicó
que se estaba volviendo canceroso”
[5]
. El comunicado de prensa médico afirmaba que al
papa se le practicó “una hemicolectomía izquierda debido a la presencia
de un enorme adenoma velloso localizado entre el colon y el sigma”. Según
el portavoz vaticano, los análisis mostraron “células prolíferas que
estaban perdiendo sus características benignas para adquirir las de
una degeneración maligna sin que, no obstante, mostrasen un comportamiento
invasor”. Sin
embargo, el Dr. José Luis de la Serna comentó en el diario El Mundo: “Dicen que es benigno... la verdad es que un adenoma siempre
es una lesión premaligna y el del papa Juan Pablo II
tiene, además, displasia celular aunque sólo
de forma moderada. Las células, cuando son normales, no tienen por
qué tener displasia alguna. Cuanto mayor es el tamaño del adenoma
más alto es el riesgo de que se malignice. Si el adenoma se apellida
velloso, en lugar de tubular, más alto es el riesgo de que se malignice.
El papa tiene, tenía, un adenoma grande (del tamaño de una naranja),
y velloso. La lesión del Pontífice, por tanto, no es tan benigna como
en un principio se había dicho”
[6]
. Desde
entonces el declive físico del papa Wojtyla
es progresivo. El 11 de noviembre de 1993, en
una audiencia a una delegación de la FAO (Organización para la Agricultura
y la Alimentación de la ONU), el papa “se desplomó hacia atrás y cayó
al suelo, causándose una pequeña fractura en el hombro derecho”. Se
dijo que había sido un simple tropiezo, pero algunas personas presentes
en la audiencia tuvieron la impresión de que el papa había perdido
el conocimiento: “Siguiendo órdenes de la Secretaría de Estado, la
filmación que reflejaba el suceso, que el equipo de televisión vaticana
cubría como de costumbre, nunca fue mostrada a la prensa. A los periodistas
se les dijo que en aquél momento los cámaras no habían enfocado a
Su Santidad. A un fotógrafo independiente que asistió a la escena,
el personal del Vaticano le confiscó la película”
[7]
. Fue tratado con anestesia general y los médicos
le inmovilizaron el brazo y el hombro por medio de un cabestrillo,
que llevó durante cuatro semanas. El
28 de abril de 1994, Juan Pablo II
tuvo otra nueva caída, esta vez en el cuarto
de baño: “Se informó que se había desplomado mientras salía de la
bañera tras darse una ducha. Durante algunos minutos quedó desvalido,
tendido en el suelo del baño, con el fémur fracturado. Finalmente
fue llevado a la clínica Gemelli, donde le tuvieron hospitalizado
durante casi un mes. A partir de entonces se ha visto obligado a caminar
ayudándose de un bastón”
[8]
. Dice
el biógrafo Szulc: “El papa sufrió una fractura transcervical completa
debajo de la cabeza del fémur derecho y tuvo que someterse a una operación,
que duró dos horas, para que le colocaran una prótesis”, “durante
todo el otoño de 1994 se hizo evidente que el papa sufría grandes
dolores, andaba despacio y con cuidado - casi arrastrando los pies
- y por primera vez usó un bastón en público”, “debido a su aspecto
físico general - fatiga acusada, voz débil y dificultades con la pierna
-, empezaron a circular rumores y especulaciones sobre su estado de
salud”
[9]
. Durante
cierto tiempo, el
Vaticano negó que el papa tuviera párkinson,
aunque admitiera la presencia de una e
nfermedad extrapiramidal.
El temblor de la mano izquierda lo delataba. En ocasiones, era tan
fuerte que, cuando intentaba detenerlo agarrándose la mano izquierda
con la derecha, ambas manos se ponían a temblar
[10]
. En
su momento, el doctor Manlio Giacanelli, del Hospital San Camilo de
Roma, pronosticó lo siguiente: “El avance de la enfermedad le dificultará
los movimientos de los músculos articuladores del rostro. Por tanto,
de la palabra. Los músculos, en estos casos, tiemblan como las manos.
De aquí, la imposibilidad de llegar a hacer un verdadero discurso
y, sobre todo, de hacerse entender”. Otros signos de la enfermedad:
“Un paso incierto, una voz ya no potente, las manos que tiemblan”
[11]
. Últimamente, por el procedimiento que haya sido, el temblor
de las manos parece corregido, aunque no puede andar. Va en una peana
móvil. Según
el periodista José Manuel Vidal
, el cardenal Somalo
le dijo confidencialmente al cardenal Rouco el 4 de febrero de 1999:
“Como todo el mundo sabe, el papa está cada vez más agotado. Ha reducido
su agenda. Le tienen que ayudar para todo. Hasta para lavarse. Ha
reducido su jornada laboral. Ya no se levanta a las cinco de la mañana.
Está sedado, como hacían con Pablo VI
en sus últimos años de vida. Y es asistido por
sus médicos en todo momento. Son los últimos años minusválidos del
papa. Pero quiere morir con las sandalias del pescador puestas”
[12]
. El
grupo de eclesiásticos y de seglares del Vaticano, que se protege
bajo el colectivo “Discípulos de la verdad”, dice lo siguiente: “Desde
hace algunos años y debido a su precario estado de salud, el papa
Wojtyla
ya no está en condiciones de ejercer su soberanía
sobre la Iglesia de Roma. Desde hace tiempo, el papa polaco no gobierna
sino que es gobernado y, desde hace tiempo, es una reliquia viviente
bajo la tutela de una especie de directorio oculto formado por su
entorno y por las cúpulas de los clanes opusdeísta y masónico. Un
gran vacío de poder que, a la espera del nuevo pontificado, los bandos
vaticanos contrapuestos se disputan palmo a palmo”
[13]
. Pero
volvamos al 15 de julio del 92. En el policlínico Gemelli Juan Pablo
II
va a ser operado de un tumor de colon. Según
el portavoz vaticano, el papa se levantó muy pronto y a las cuatro
de la mañana celebró misa en una habitación del hospital contigua
a la suya
[14]
. La
primera lectura, propia del día, era del profeta Isaías
[15]
. La lectura recoge
el juicio de un personaje soberano, dominador de pueblos, cuya enfermedad aparece el día de la cuenta como señal y juicio de grandes pecados. No
cabe duda de que el asunto es delicado y requiere alguna aclaración.
Está claro que la enfermedad hay que afrontarla médicamente. Es de
sentido común y, además, se dice en el libro del Eclesiástico: Vete al médico, pues de él has menester
[16]
. Está claro que la enfermedad es un mal: es malo
estar malo y, por eso, Jesús pasa curando
[17]
. Está claro que la enfermedad no es necesariamente
un castigo de Dios, como piensan los amigos de Job
[18]
: es algo que pertenece a la condición humana. Pero
en la experiencia bíblica la enfermedad puede ser, a la luz de la
palabra de Dios, un chequeo de toda la persona y, en determinados
casos, juicio y castigo. Esto es, justamente, lo que encontramos en
el pasaje de Isaías
. Además,
conviene tener en cuenta que la palabra de Dios es dura con los poderosos
y no va con diplomacias. Como dice el libro de la Sabiduría: Un juicio implacable espera a los grandes; al pequeño, por piedad, se
le perdona, pero los poderosos serán poderosamente examinados. El
Señor de todos no retrocede ante nadie
[19]
. Alguno
dirá: Bueno, esto es en el Antiguo Testamento ¿Y en el Nuevo? Ciertamente,
quien vive del espíritu de Dios está liberado del castigo: Ninguna condenación pesa ya sobre los que están en Cristo Jesús
[20]
. Si todavía lo reconoce como permitido por
Dios es con miras a la conversión. En el fondo, el verdadero castigo
es el endurecimiento final. La proximidad del juicio, que ya está
en acción, confiere al castigo un valor de signo: anticipa la condenación
de todo lo que no tiene nada que ver con el reino de Dios
[21]
. Pues
bien, la lectura de Isaías
denuncia la beligerancia política del personaje,
que abandona su propia misión y se apoya en su propia fuerza y en
su propia inteligencia: Con
la fuerza de mi mano lo he hecho, con mi saber, porque soy inteligente.
Esa beligerancia tiene sus efectos: Cambié
las fronteras de las naciones, saqueé sus tesoros y derribé como un
héroe a sus jefes. El
pasaje de Isaías denuncia también el saqueo a gran escala: Mi mano cogió, como un nido,
las riquezas de los pueblos; como quien coge huevos abandonados, cogí
toda su tierra. Asimismo,
la lectura denuncia el silencio impuesto y la represión: Y no hubo quien batiese las alas, quien abriese el pico para piar. Además,
se dice en el salmo propio del día, todo se hace como si Dios no lo
viera: Dios no lo ve, el Dios de Jacob no se entera
[22]
. Pues
bien, se leía en todas las iglesias el día de la operación: Por
eso, el Señor meterá enfermedad en su gordura y debajo del hígado
le encenderá una fiebre, como incendio de fuego. Los
periódicos daban la noticia de la operación del papa con gráficos
sobre la situación del tumor en el intestino. Obviamente, los detalles
eran muy concretos: intestino delgado, intestino grueso, hígado, etc
[23]
. ¿Una
casualidad? ¿Pura coincidencia? Dicen que la casualidad es el seudónimo
de Dios cuando no firma. Pero aquí incluso lleva firma: palabra de Dios, se decía al final de la lectura. Entonces, ¿hay datos
objetivos que, al menos en cierto sentido, permiten aplicar esa lectura
al papa Wojtyla
? Cualquiera puede
juzgar. Dios
habla de muchas maneras. De una forma especial, dice el Concilio,
“en los Sagrados Libros el Padre que está en los cielos sale al encuentro
de sus hijos y entabla conversación con ellos”
[24]
. Los sabios y entendidos no comprenden, decía el
evangelio del día, pero la gente sencilla lo celebra
[25]
. Ciertamente, la palabra de Dios es viva y eficaz, más
tajante que espada de doble filo... No hay para ella criatura invisible,
todo está desnudo y patente a los ojos de Aquel a quien hemos de dar
cuenta
[26]
. Aunque no podamos valorar en cada caso el alcance
de la Palabra que juzga la historia y aunque el juicio definitivo
pertenezca solamente al Señor
[27]
, todo parece indicar que estamos ante un impresionante
chequeo papal.
Al papa Wojtyla
se le pide cuenta
Wojtyla
tomó el mismo nombre papal que Luciani
, lo que más bien
induce a engaño, pues sugiere continuidad y no ruptura. El periodista
francés Bernard Lecomte
, autor del libro
Cómo el papa venció el comunismo, se rasga
las vestiduras por el hecho de que en la revista soviética Tiempos nuevos se afirmara en 1985 que
“las intenciones de Juan Pablo I no entraban plenamente en los planes
de la administración americana” y que Washington
y los adversarios de la distensión se las arreglaron
para sustituirlo por “un papa que buscase, no el diálogo, sino la
confrontación Este-Oeste”
[28]
. Se
comprende perfectamente que las intenciones del papa Luciani
encajaran mal en las Cancillerías de Occidente
que le consideraban poco “político”. Dice Lecomte: “Las primeras homilías
de Juan Pablo I,
en agosto de 1978, no conmueven a las Cancillerías:
todas comprenden que el nuevo papa no será muy ‘político’. Su dulce
sonrisa encanta, sin duda, a la gente sencilla, pero sus prudentes
palabras de neófito en materia internacional tranquilizan a los jefes
de Estado, incluidos los de detrás del telón de acero”
[29]
. En realidad, defrauda a unos y tranquiliza a otros. Pero
volvamos a la lectura de Isaías. Decía también
: Contra una nación impía lo envié... Pero él no pensaba
así, no eran estos los planes de su corazón. ¿Ha
abandonado el papa su propia misión? ¿Ha incurrido en beligerancia
política? ¿Se ha empeñado ciegamente en cambiar las fronteras de las
naciones? ¿Se ha hecho responsable de rapiña económica a gran escala?
¿Ha habido represión durante su pontificado? Veamos:
-
Debía hacer justicia a Juan Pablo I,
muerto en extrañas circunstancias, cuando estaba
bien de salud según su médico y cuando había tomado decisiones importantes
y arriesgadas. Sin embargo, durante el pontificado de Juan Pablo II
se ha reprimido la investigación sobre la muerte
de Juan Pablo I.
-
Debía garantizar la libertad total de los testigos
relacionados con el caso. Sin embargo, muchos han estado callados
durante años
y otros callan todavía.
-
Debía defender la figura del papa Luciani
. Sin embargo, hemos
asistido a la distorsión oficial de la misma, que le ha considerado
como “un hombre enfermo, no capacitado para ser papa”.
-
Debía cortar los oscuros negocios del IOR, el Banco
vaticano . Sin embargo, durante años mantuvo al frente del mismo a
Marcinkus
, que hizo los negocios
con Sindona
y con Calvi
, banqueros de la
logia Propaganda 2.
-
Debía expulsar a los mercaderes del templo, pero (al
parecer) introduce otros nuevos, que se están haciendo con el control
del Vaticano.
-
Debía hacer frente con valentía a la masonería y a
la mafia, pero (al parecer) el poder oculto sigue en el Vaticano y,
en determinadas circunstancias, por encima del papa.
-
Debía esperarse colaboración con la justicia italiana
en la investigación del atentado que pudo costarle la vida al papa
Wojtyla, pero el Vaticano adopta “una actitud que aparece como intento
de cerrar toda investigación sobre el delito”.
-
Debía mantener una actitud crítica ante el secreto
de Fátima, pero el papa Wojtyla se lo apropia con toda solemnidad.
-
Debía promover la reconciliación universal derribando
el muro de la enemistad
[30]
, pero el papa (venido del Este) hace política de
Occidente, como si la sabiduría de Dios coincidiera con la inteligencia
americana.
-
Debía anunciar un mundo sin fronteras, pero interviene
activamente en cambios de fronteras (bloque del Este) que después
han dejado “heridas sangrantes”.
-
Debía denunciar los crímenes de las dictaduras argentina
(1976-1983) y chilena (1973-1990), pero el papa Wojtyla reparte bendiciones
y comuniones.
-
Debía defender la causa de monseñor Romero (y de tantos
mártires latinoamericanos), pero Juan Pablo II mantiene una estrecha
alianza con Reagan, que durante tres años encubre a los asesinos del
obispo.
-
Debía estar al lado del agredido (Nicaragua), pero
le vemos al lado del agresor (Reagan).
-
Debía estar al lado del pequeño David, pero le vemos
al lado del gigante Goliat.
-
Debía apoyar el compromiso de las Iglesias en la liberación
de los pobres (Sur), pero - tan fácilmente - se sitúa al lado de los
poderosos (Norte).
-
Debía promover el mensaje social del Evangelio, pero
en la práctica apoya el capitalismo.
-
Debía anunciar la justicia del Evangelio, los mandamientos
que liberan, pero el papa ata cargas pesadas sobre las espaldas de
la gente.
-
Debía proclamar solamente la palabra de Dios, pero el papa asume tradiciones humanas
que la anulan.
-
Debía apoyar (sin cortapisas) la defensa de la vida
humana, pero su Catecismo defiende la pena de muerte.
-
Debía promover la dignidad de la mujer y su igualdad
fundamental con el hombre, pero de hecho la discrimina en función
de una vieja tradición que está siendo superada (finalmente) en todos
los órdenes de la vida.
-
Debía hacer algo más que rezar tras el secuestro de
Emanuela, pero el Vaticano entorpece
la investigación judicial.
-
Debía escuchar a la madre del guardia suizo, que pide
justicia y denuncia indefensión, pero el jefe del Estado vaticano
no responde.
-
Debía proteger la libertad del cónclave de toda ingerencia
política, pero el cardenal Wojtyla hace campaña electoral, promovida
en Estados Unidos, donde en 1976 es
preconizado papa.
-
Debía promover la renovación eclesial, pero asistimos
(decepcionados) a la renovación imperial, que desempolva viejos sueños
medievales.
-
Debía promover la unidad de las Iglesias, pero su concepción
del pontificado
se convierte en problema capital de la unidad
entre los cristianos.
-
Debía denunciar la violencia de Estados Unidos contra
Afganistán, pero el Vaticano lo llama legítima defensa.
-
Denuncia justamente la guerra contra Irak promovida
por Estados Unidos y países aliados (entre ellos, España), pero se
calla la denuncia cuando visita nuestro país nada más terminar la
guerra.
Pedro no fue jefe de Estado, sino humilde
pescador, que quiso seguir el camino del Señor. Pero los evangelios
no tienen inconveniente en reconocer, con las grandes promesas que
se le hacen, sus grandes faltas: Tras
la primera promesa, Pedro se sitúa por encima del Señor y pretende
decirle cómo debe actuar. El Señor le vuelve la espalda y le dirige
el reproche más duro que cabe imaginar: ¡Apártate
de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos
no son los de Dios, sino los de los hombres!
[31]
. Cuando
Pedro asegura con presunción que su fidelidad es evidente y que su
fe es infalible, entonces ya no conoce a su Señor y es capaz de negarlo,
no una, sino tres veces. Y se le había anunciado que sucedería en
breve: Antes de que cante el gallo
[32]
. A
Pedro, que le ha negado, le pide el Señor resucitado una rectificación.
En presencia de los demás discípulos, le pregunta si puede aducir
un título necesario para la tarea que se le encomienda: un amor mayor
que el de los demás. La respuesta de Pedro es afirmativa, evitando
toda comparación. Jesús le dice: Apacienta
mis corderos. Le pregunta de nuevo y la respuesta es la misma.
Jesús le dice: Apacienta mis ovejas. Le pregunta por tercera
vez y entonces Pedro recuerda con tristeza su triple negación. Jesús
repite lo mismo: Apacienta mis
ovejas
[33]
. Este pasaje del evangelio de San Juan
se
leyó en el funeral de Juan Pablo I.
Casi un millón de personas había desfilado ante
el cadáver en los días precedentes. Viendo la concentración de gente
que llenaba la plaza de San Pedro
horas antes de que comenzara el oficio, los
cardenales Villot
y Confalonieri
fueron tajantes: “A no ser que haya un diluvio
o un terremoto, las exequias se celebrarán en la plaza”. Y así fue.
La multitud, bajo un mar de paraguas, aguantó en la plaza la lluvia
persistente y, a veces, torrencial. El funeral estuvo pasado por agua.
Desde la consagración a la comunión un violento aguacero cayó sobre
Roma. En el improvisado altar, el cardenal decano Carlo Confalonieri
(le temblaban las manos) tenía dificultades
para leer las oraciones del misal, cuyas páginas agitaba la borrasca.
Más de una vez, pareció que el viento iba a apagar el alto Cirio Pascual,
símbolo del Señor resucitado. Pero las páginas mojadas del misal permanecían
abiertas por el evangelio de San Juan
[34]
, precisamente por ese pasaje que recuerda para
siempre la misión y las negaciones de Pedro. El
que tenga oídos para oír, que oiga
[35]
. Respuesta
velada
La
edición privada de El día de la cuenta salió en junio de 2002.
Pasó el verano y casi el invierno. Pasó una mañana, pasó una tarde,
día sexto. En efecto, el 6 de marzo de 2003 publica el papa un libro
de poemas titulado Tríptico Romano. En
la cabecera del texto manuscrito figura una fecha (14-IX-2002) y un
lugar (Castelgandolfo)
[36]
, como
si fuera una carta. Es algo enigmático. Bien podría llamarse Críptico
Romano. Además, ¡un libro de poemas escrito por el papa! Es verdad
que Wojtyla escribió poemas en otro tiempo, pero no era papa. ¿Qué
querrá decir ahora en este peculiar género literario? El
traductor de la versión española invita a hacer una lectura inteligente:
“Un lector perspicaz sabrá encontrar numerosos temas de actualidad”.
Y, lo que es más importante, el texto se vuelve “portavoz del autor,
como en el caso autobiográfico de la evocación del año de los dos
cónclaves y su elección al Trono de San Pedro”
[37]
. Como
se dice en la presentación, hay un aspecto que destaca sobre los demás:
“Wojtyla se detiene sobre todo en el Juicio Final”
[38]
. El
Tríptico está dividido en tres partes. La primera se titula Arroyo:
“Si quieres la fuente encontrar, / tienes que ir arriba, contra
la corriente”
[39]
. Es decir, el mundo refleja la sabiduría de Dios.
La parte central, Meditaciones sobre el libro del Génesis en el
umbral de la Capilla Sixtina, es una meditación sobre el Génesis
que desemboca en el Día del Juicio. Sobre todo aquí aparecen temas
que nos suenan bastante. La tercera parte, Monte en la región de
Moria, recoge la experiencia de Abraham. La
correspondencia, tensa y dialéctica, entre El día de la cuenta
y el Tríptico es abundante. Veamos: 1)
La referencia a la Capilla Sixtina, como lugar del cónclave y
evocación del Juicio, así como la llamada al hombre que ve. Dice Wojtyla:
“Estoy a la entrada de la Sixtina - /... Y tú, hombre, que también
ves, ven - / Os llamo a todos los videntes de todos los tiempos./
¡Te llamo, Miguel Ángel!/ ¡En el Vaticano hay una capilla que espera
el fruto de tu visión!/...Entramos para leer,/ caminando desde el
asombro hasta el asombro./... Quizá con más poder habla el Final./
Sí, el Juicio habla con más poder./ El Juicio, el último Juicio”
[40]
. En
el presente libro la foto de la Capilla Sixtina, lugar del cónclave,
está en la contraportada. El tema del Juicio aparece ya en el título
y en todo el libro. La llamada al hombre que ve se encuentra en la
primera página y en el capítulo 3, en el apartado Lo que veas escríbelo
en un libro. 2)
En el Tríptico hay una referencia global al violento siglo XX a propósito
de la obra de Dios, que es “muy buena”, aunque parezca que lo niegan
los hechos: “¿No lo niegan los hechos? / ¡Por ejemplo, el siglo veinte
¡Y no sólo el veinte!/ No obstante, ningún siglo puede ocultar la
verdad / de la imagen y semejanza”
[41]
. En
nuestro libro, la referencia al violento siglo XX aparece en el capítulo
9, cuando se da a conocer el secreto de Fátima y se le interpreta:
“en el vía crucis de este siglo la figura del papa tiene un
papel especial”. Wojtyla aparece junto a diversos papas que “han compartido
los sufrimientos de este siglo”
[42]
. 3)
En su momento dijimos que la vieja especulación escolástica le impide
a Wojtyla volver a las fuentes y plantear adecuadamente el misterio
de Dios
[43]
. Pues
bien, Wojtyla parece decir que ha bebido en la fuente desde pequeño:
“Venid con vestidos limpios y con manos limpias tomad el agua de
la fuente, / leí estas palabras diariamente durante ocho años,
/ cuando entraba por la puerta del colegio de Wadowice”
[44]
. Ciertamente,
en el Tríptico encontramos una mejor respuesta del papa Wojtyla sobre
su propia experiencia de fe, más bíblica, aunque sea muy global y,
en determinados casos, no confirmada por los hechos. Probablemente,
ni él mismo quedó satisfecho con la respuesta que dio a Frossard,
a quien correspondió con su “gran experiencia” de tipo metafísico,
la conmoción intelectual que le produjo “aquel primer contacto con
un simple manual de metafísica”
[45]
. En
el Tríptico el papa presenta una visión global del misterio de Dios,
con veladas referencias biográficas, pero también podría decirse:
presenta su biografía a la luz de su visión del misterio de Dios. 4) En nuestro libro criticamos al papa su posición
conservadora en la cuestión del control de natalidad, que ata cargas
pesadas sobre las espaldas de la gente
[46]
. En
el Tríptico el papa evoca el umbral de “la más grande responsabilidad”,
“cuando se vuelven un solo cuerpo/ - admirable unión -, / detrás de
su horizonte se revela/ la paternidad y la maternidad./ Alcanzan entonces
las fuentes de la vida que hay en ellos!”
[47]
. Como
es obvio, si se queda al nivel global de la paternidad responsable,
no hay nada que objetar, pero no es eso lo que él ha defendido. 5)
En el Tríptico llama la atención la referencia a los dos cónclaves
del 78, el que eligió a Juan Pablo I y el que eligió a Juan Pablo
II, así como el texto Tú eres Pedro (en latín) y la referencia
al futuro cónclave: “Y aquí precisamente/ al pie de esta maravillosa
policromía sixtina / se reúnen los cardenales, / la comunidad responsable
de la heredad de las llaves del Reino./ Viene precisamente aquí./
Y Miguel Ángel de nuevo abarca con la visión/ ...La policromía sixtina
hablará entonces con la Palabra del Señor. / Tu es Petrus – oyó
Simón, hijo de Jonás -:/ Te doy las llaves del Reino./ Los
hombres a quienes se confió el cuidado de la heredad de las llaves
/ se encuentran aquí, se dejan abarcar por la policromía sixtina,
/ por la visión que dejó Miguel Ángel./ Así fue un agosto y, luego,
en octubre del memorable año / de los dos cónclaves, / y así será
de nuevo, cuando se presente la necesidad, / después de mi muerte”
[48]
. En
El día de la cuenta la referencia a los dos cónclaves ocupa
un capítulo. El texto Tú eres Pedro aparece como un apartado
del mismo. La referencia al futuro cónclave está en el prólogo y en
la contraportada de la edición privada: “Ante el futuro cónclave que
elija al sucesor, es hora de reflexionar sobre qué papa necesita la
Iglesia Católica y qué papa puede abrir un horizonte de esperanza
para el mundo”. 6)
En el Tríptico aparece esta referencia al significado del cónclave:
“Con-clave: el común cuidado de la heredad de las llaves,/
de las llaves del Reino./ He aquí que se ven entre el Principio y
el Final,/ entre el Día de la Creación y el Día del Juicio”
[49]
. El
significado del cónclave aparece en el presente libro: “La palabra
cónclave (del latín, cum clave, con llave) es
el lugar donde los cardenales se juntan y encierran para elegir papa”
[50]
. Además,
es clara la correspondencia entre el Día del Juicio y el Día de la
Cuenta. 7)
En el Tríptico aparece el último Juicio, referido al papa y asumido
por él, así como la cita Todo está desnudo y patente a los ojos
de Aquel: “El principio es invisible/...Y también el final es
invisible, aunque caiga en tu mirada, caminante,/ la visión del último
Juicio/...En el puro centro de la Sixtina, el artista expresó este
final invisible/ en el visible drama del Juicio -/ Y este invisible
final se hizo visible como la cumbre de la transparencia:/ Omnia
nuda et aperta ante oculos Eius! Las palabras escritas en Mateo
quedan cambiadas aquí por/ una visión de pintor:/ Andad benditos...
id malditos/...En la Capilla Sixtina el artista colocó el Juicio./
En este interior el Juicio lo domina todo./ He aquí que el final invisible
se volvió conmovedoramente visible./ El final y a la vez la cumbre
de la transparencia -/...Lo que hay en mí de indestructible,/ ahora
se encuentra cara a cara con El”
[51]
. La
cita todo está desnudo y patente a los ojos de Aquel a quien hemos de dar cuenta aparece en el epílogo de El día de la cuenta
[52]
. Como
queda dicho, la foto de la Capilla Sixtina, evocación del Juicio,
está en la contraportada. El último Juicio, el Día del Juicio, referido
al papa, aparece en el prólogo, en el epílogo y en todo el libro. 8)
Más detalles: la transparencia, la toma de conciencia durante el próximo
cónclave, de nuevo la cita Todo está desnudo y patente. La
repetición de la misma cita (aparece cuatro veces) revela lo que le
impacta al papa
[53]
. Se
dice en el Tríptico:
“La transparencia final y la luz. / La transparencia
de los hechos./ La transparencia de las conciencias./ Es preciso que
durante el cónclave, Miguel Ángel conciencie al pueblo. / No olvidéis:
Omnia nuda et aperta sunt ante oculos Eius./ ¡Tú que lo penetras
todo, indica!/ El indicará”
[54]
. Una
vez más, los detalles aludidos aparecen en El día de la cuenta.
9)
En el Tríptico se evoca la experiencia de Abraham, que sale de su
tierra: “Pensaba quizá ¿por qué debo salir de aquí? / ¿Por qué debo
dejar Ur de los Caldeos? / ¿Pensaba así? ¿Sintió la tristeza de la
despedida? / ¿Miraba atrás? / No lo sabemos. Únicamente sabemos que oyó la
Voz / que le dijo: ¡Vete! / Abrán decidió seguir la Voz. / La Voz
decía: serás padre de multitud de pueblos”
[55]
. Wojtyla
parece decir aquí que él también salió de su tierra, al ser elegido
papa, y siguió la Voz que
le ofrecía una paternidad universal. Es decir, que en su elección
como papa no hubo campaña electoral ni tampoco influencia americana,
como indicamos nosotros
[56]
. 10)
En el Tríptico se evoca también el pasaje de Abraham en el encinar
de Mambré: “Llegaron Tres Huéspedes que recibió / con gran respeto.
/ Abrán sabía que era El, / el Único”
[57]
. Wojtyla
interpreta el pasaje en sentido trinitario, siguiendo la vieja explicación.
Sin embargo, el texto del Génesis sólo recoge la experiencia de Abraham,
que reconoce la presencia de Dios en los tres caminantes y responde
con un gesto de hospitalidad. También aquí el papa debería volver
a las fuentes y plantear adecuadamente el misterio de Dios
[58]
. 11)
En el Tríptico se recoge la subida de Abraham al monte Moria: “No
temas, Abraham, sigue adelante / y haz lo que debes hacer. / ... El
mismo detendrá tu mano, / cuando esté lista para dar el golpe del
sacrificio.../ El mismo no dejará que tu mano haga / lo que ya se
consumó en el corazón. / Así tu mano se suspenderá en el aire. / El
mismo la detendrá”
[59]
. El
papa parece evocar el atentado que pudo costarle la vida. Sin embargo,
el juez instructor Rosario Priore, uno de los magistrados italianos
encargados de la investigación del atentado, buscó en vano la colaboración
del Vaticano. Habría que ver quiénes estaban detrás del atentado
y por qué se produjo, cuestión que no parece interesar en el Vaticano
y que el mismo papa elude
[60]
. 12)
El papa parece evocar también el secreto de Fátima. En
nuestro libro el tema ocupa un
capítulo. Wojtyla se ve en el obispo vestido de blanco que sube a
una montaña, hacia la cruz, aunque no es matado: “Le pareció que una
mano materna había guiado la trayectoria de la bala, permitiendo al
papa agonizante detenerse a las puertas de la muerte
[61]
. Sin
embargo, Francesco Bruno, especialista de los servicios secretos italianos,
asegura que el atentado no pretendía matar al papa, sino sólo darle
un aviso
[62]
. Entonces
¿quién desvió la bala?¿Se ha apropiado Wojtyla el secreto de Fátima?
En el atentado que pudo costarle la vida ¿corrió el riesgo de los
mártires, el riesgo de Reagan o el riesgo de Calvi?
[63]
. 13)
En el Tríptico se evoca la fe de Abraham en el Dios de la Alianza:
“¡Oh, Abraham - El, que entró en la historia del hombre, / sólo por
ti desea revelar este misterio oculto / desde la fundación del mundo,
/... Dios quiso tanto al mundo / que le entregó a su Hijo para que
cada uno que crea en El / tenga la vida eterna”
[64]
. Wojtyla
cita aquí dos pasajes: el de la revelación del misterio oculto desde
la fundación del mundo (Sal 78) y el del amor de Dios al mundo (Jn
3,13-17). Ambos pasajes pertenecen a la fiesta de la exaltación de
la cruz, que se celebra el 14 de septiembre, fecha que figura en la
cabecera del manuscrito del Tríptico
[65]
. El
papa apela a la experiencia de Abrahám, “el que creyó contra toda
esperanza”
[66]
: “Yo
llevo tu nombre en mí, / este nombre es signo de la Alianza que contrajo
contigo el Verbo eterno / antes de la creación del mundo. / No olvides
este lugar cuando te vayas de aquí”
[67]
. El
monte Moria es el lugar en que Dios le dice a Abraham: Por tu descendencia
se bendecirán todas las naciones de la tierra, en pago de haber obedecido
mi voz (Gn 22, 18). La
correspondencia con el presente libro aparece de nuevo. El texto del
Génesis es paralelo al de Mateo (12,21), que citamos, pero hay una
diferencia importante. Nosotros decimos: pondrán las naciones su
esperanza en Aquel, que anunciará el juicio a las naciones.
No se pueden realizar gestos de paz, sin denunciar la violencia de
la guerra contra Afganistán: “Si (el papa) no lo hace así, se acabó
el conflicto por causa del Evangelio, se acabó el escándalo
de la cruz. No puede proclamar las palabras de Aquel, en quien
pondrán las naciones su esperanza”
[68]
.
En
fin, las correspondencias entre El día de la cuenta y el Tríptico
abundan y se dan en un texto pequeño. En realidad, el Tríptico cabe
en tres folios, lo que resulta más significativo. No parece que tal
correspondencia pueda explicarse por simple inspiración espontánea
o por casualidad. Creemos que Juan Pablo II ha leído El día de
la cuenta. Leyó el primero, aunque no se le envió. No es de extrañar
que haya leído el segundo, que está dirigido a él y se le ha enviado.
Se le envió el manuscrito con fecha 23 de marzo de 2002 y una carta
adjunta. El Tríptico Romano es una carta que no se entiende,
si falta la carta a la que responde. Sin embargo, se entiende bien,
si se conoce El día de la cuenta.
Por
cierto, el artículo de José Manuel Vidal en El Mundo (14-9-2003),
que lleva por título Juan Pablo I fue asesinado y refleja una
amplia entrevista que me hizo, es una réplica al Tríptico Romano,
un año después, precisamente en la fecha de la exaltación de la cruz.
Sucedió así, sin que nadie lo pretendiera. Resulta especialmente significativo
el salmo 78, propio de ese día: Escucha, pueblo mío, mi enseñanza,
inclina el oído a las palabras de mi boca; voy a abrir mi boca con
sentencias, para que broten los enigmas del pasado.
Nueva respuestaUn año después, Juan Pablo II parece dar una nueva
respuesta en su libro ¡Levantaos!¡Vamos!, que trata sobre su
experiencia pastoral como obispo. Al parecer, se le pidió que lo escribiera.
Además, el Sínodo de los Obispos, que trató de la figura del obispo,
le facilitó una maduración al respecto y le evocó una serie de recuerdos
[69]
. En cualquier caso, el cuestionamiento estaba hecho
en El día de la cuenta: “El papa no encuentra su verdadero
papel”, “el obispo de Roma (con su Comunidad, no con su Estado) debería
anunciar la palabra de Dios, sólo la palabra de Dios, sin componendas,
sin pactos, sin moralismos, sin imposiciones”
[70]
. La correspondencia, tensa y dialéctica, del libro
del papa con El día de la cuenta es abundante. Parece una alegación
en defensa propia. Veamos: 1) El papa presenta su nombramiento episcopal como
un acontecimiento dotado de significado religioso: “El nombramiento
me fue notificado el 4 de julio, día de la consagración de la catedral
del Wawel. Es un aniversario que ha tenido siempre gran resonancia
en mi alma. Me parecía que aquella coincidencia quería decir algo”
[71]
. Al día siguiente visita al arzobispo de Cracovia. El
arzobispo le toma del brazo y le lleva a la sala de espera, donde
están sentados algunos sacerdotes, y dice la frase recurrente: Habemus
papam, tenemos papa: “A la luz de acontecimientos posteriores,
dice Wojtyla, podría decirse que aquellas palabras fueron proféticas”. Por tanto, no debe su nombramiento episcopal a los
comunistas polacos que le presentaron
y promovieron como obispo. Lo recordamos nosotros,
“los comunistas querían obispos que lo les fueran hostiles.
Pensaban que Wojtyla era apolítico”
[72]
. 2) Wojtyla
presenta su consagración episcopal como un acontecimiento especial,
dotado de significado religioso y patriótico. Es consagrado obispo
el 28 de septiembre, fiesta de san Wenceslao, patrono de la catedral,
que “encierra toda la historia de Polonia”
[73]
: “aquel día estaba nublado, pero al final salió el sol.
Como señal de buen auspicio, un rayo de su luz se posó sobre aquel
pobre consagrado”
[74]
. Ese mismo día, se traslada al santuario nacional de Czestokova:
“Es un sitio especial para los polacos. En cierto sentido, se identifica
con Polonia y con su historia, sobre todo con la historia de las luchas
por la independencia nacional”
[75]
. Por tanto, parece decir Wojtyla, él no debe su consagración
episcopal al Departamento de Asuntos Religiosos del gobierno comunista
polaco, que intervenía en el nombramiento de obispos
[76]
. Su consagración como obispo es un acontecimiento de la
Polonia de siempre. 3) El rito de la ordenación impone preguntar al nuevo
obispo: ¿Quieres consagrarte, hasta la muerte, al ministerio episcopal
que hemos heredado de los Apóstoles? ¿Quieres anunciar con fidelidad
y constancia el Evangelio de Cristo...? Estas palabras quedan grabadas
profundamente en el corazón de todo obispo, dice el papa. En ellas
percibe el eco de las preguntas de Jesús a Pedro en el lago de Galilea:
Simón, hijo de Juan, ¡me amas más que éstos?
[77]
. La triple pregunta de Jesús, que recuerda a Pedro
su triple negación, aparece en el epílogo del presente libro
[78]
. Wojtyla se queda sólo con el lado positivo de la historia. 4) También en el epílogo aparece un texto
del Evangelio que se leía en todas las iglesias el día de la operación
del papa: los sabios y entendidos no comprenden, pero la gente sencilla
lo celebra
[79]
. El papa lo cita a propósito de la canonización del
indio Juan Diego
[80]
, que vivió hace cinco siglos. Viene a decir: ahí tenemos
a un hombre sencillo que entiende el Evangelio.
5) ¿Imposiciones? De eso nada. Haciendo examen de
conciencia, Wojtyla se reprocha a sí mismo haber amonestado y mandado
poco: “Pienso que, bajo este aspecto, quizá he hecho demasiado poco”,
“tal vez deba reprocharme a mí mismo por no haber intentado lo suficiente
para mandar. En cierta medida es debido a mi temperamento”, “no obstante,
pienso que, a pesar de la resistencia interior que sentía a la hora
de reprender, he tomado todas las decisiones que han sido necesarias
[81]
. Es curioso. Sin embargo, nadie es buen juez en propia
causa.. En su momento recogemos, por ejemplo, la opinión de
un psicoanalista italiano que ve al papa Wojtyla como “un prepotente
que afirma e impone su personalidad”
[82]
. 6) Wojtyla destaca, en su experiencia como obispo,
su preocupación por una relación pastoral y personal en cada encuentro:
“Por lo que a mí respecta, es significativo que nunca haya tenido
la impresión de que el número de encuentros fuese excesivo. De todos
modos, mi preocupación constante ha sido la de cuidar en cada caso
el carácter personal del encuentro. Cada uno es un capítulo aparte”
[83]
. Sin embargo, resulta revelador el caso del sacerdote
polaco, con mujer y dos hijos pequeños, a quien el obispo Wojtyla
no le reconoce el derecho a casarse
[84]
. A pesar de todo, dice Wojtyla, el obispo no puede olvidar
a los que han abandonado el sacerdocio: “Tienen derecho a un puesto
en su corazón de Padre. Sus dramas revelan a veces las negligencias
en la formación sacerdotal. De ella forma parte una valiente corrección
fraterna, cuando es necesaria”
[85]
. 7) ¿Qué hay del anuncio de la palabra de Dios? ¿Cumple
el obispo Wojtyla con este papel? ¿Anuncia la palabra de Dios y sólo
la palabra de Dios? “El obispo
tiene el oficio de hacerse servidor de la Palabra”, dice el papa.
El obispo se sienta en la cátedra “para predicar, anunciar y explicar
la Palabra de Dios”, “además del anuncio de la palabra, la administración
de los sacramentos es la primera tarea de los obispos, a la que deben
subordinar todas las demás obligaciones”
[86]
. 8) ¿Encuentra el obispo Wojtyla su verdadero papel?
El papa afirma haber hecho bien sus deberes. Durante
veinte años, como obispo de Cracovia, trabaja regularmente en la Curia,
aunque prefiere las visitas pastorales: “No tuve tiempo de visitar
todas las parroquias, que eran más de trescientas”. Se ha tomado siempre
muy en serio la unidad del presbiterio. Para favorecer el contacto
con los sacerdotes, instituye el Consejo Presbiteral
[87]
. 9) Como hemos indicado, Juan Pablo II publica el
catecismo que no quiso el Concilio, un catecismo que parece ignorar
la renovación catequética contemporánea, un catecismo básicamente
de tipo doctrinal. El acento está puesto en la doctrina
[88]
, más que en la experiencia. Responde el papa: “La catequesis debe nacer tanto
de la meditación sobre el Evangelio como de la comprensión de las
realidades de este mundo”, “el nuevo Catecismo de la Iglesia católica,
que en 1992 se me presentó para su aprobación, nació de la voluntad
de hacer que el lenguaje de la fe fuera más accesible a los hombres
de hoy”
[89]
. 10) En relación a los niños la preocupación de Wojtyla
parece preconciliar. No se atiene a lo que dice Jesús, dejad que
se acerquen (Mc 10,14), sino que va más allá, procurad que se
confiesen: “En las visitas pastorales, también en las que realizo
aquí en Roma, siempre he procurado y procuro encontrar tiempo para
reunirme con los niños. Nunca he cesado de exhortar a los sacerdotes
a que les dediquen con generosidad su tiempo en el confesionario.
Es particularmente importante formar bien la conciencia de los niños
y de los jóvenes”, “es probable que cada uno de nosotros recuerde
con emoción su primera confesión de niño”, “obviamente, la pastoral
de niños debe continuar en la adolescencia”
[90]
. 11) En relación a los laicos, decimos nosotros, el
papa Wojtyla da numerosos signos de la dirección que prefiere seguir,
apoyándose en el Opus Dei y en otros movimientos conservadores, y
debilita el compromiso de la Iglesia en favor de la liberación de
los pobres
[91]
. Responde el papa: “Como obispo he apoyado numerosas
iniciativas de los laicos. Eran muy diversas: por ejemplo, el Oficio
para la pastoral familiar, las reuniones de estudio
para clérigos y estudiantes de medicina..., el Instituto para la Familia”,
“he estado también al lado de iniciativas nuevas en las que sentía
el soplo del Espíritu de Dios”
[92]
. 12) En lo que se refiere al celibato ¿el papa Wojtyla
va más allá de lo que dice la palabra de Dios?
[93]
. El papa afirma que hay “profundas razones teológicas”
para mantener la disciplina actual e invita a pensar en el ejemplo
de San José: “El celibato da la plena posibilidad de realizar este
tipo de paternidad: una paternidad casta, consagrada totalmente a
Cristo y a su Madre Virgen. El sacerdote, libre de preocupación personal
por su familia, puede dedicarse con todo el corazón a la misión pastoral”.
En el intento de oponerse al celibato, se esgrime a veces la soledad
del sacerdote, la soledad del obispo: “Basándome en mi experiencia,
dice el papa, rechazo decididamente tal argumento. Personalmente nunca
me he sentido solo”
[94]
. Por supuesto, la crítica institucional, necesaria,
ni siquiera se contempla. Como se dice en el libro de los Proverbios:
La palabra de Dios es acendrada... No añadas nada a sus palabras,
porque te replicará y quedarás por mentiroso
[95]
. 13) En el capítulo 16 recogemos la particular relación
del obispo Wojtyla con una mujer polaca, profesora de filosofía, no
sólo en la reelaboración de su libro Persona y Acto sino en
su promoción como el lider católico que necesita el mundo
[96]
. Pues bien, el papa habla de un contexto totalmente
distinto de colaboración e inspiración: “La capilla del Palacio de
los Arzobispos de Cracovia tiene un significado del todo especial
para mí. En ella fui ordenado sacerdote”, “no solamente rezaba, sino
que me sentaba allí y escribía. Allí escribí mis libros, entre ellos
la monografía Persona y acto. Estoy convencido de que la capilla
es un lugar del que proviene una especial inspiración. Es un enorme
privilegio poder vivir y trabajar al amparo de esta Presencia”. 14) ¿De qué Presencia se trata? Responde el papa:
“Mi querido amigo André Frossard, ya desaparecido, en el libro Dios
existe, yo lo he encontrado, describe con hondura la fuerza y
la belleza de esta Presencia”
[97]
. Tomamos nota. Aquí Wojtyla identifica su experiencia
de fe con la de Frossard, corrigiendo su anterior posición
[98]
. 15) ¿Tiene el papa Wojtyla una escasa formación teológica?
[99]
. ¿Se ha movido más en el terreno de la filosofía? El papa responde: “Mi postura filosófica personal
se mueve, por así decir, entre dos polos: el tomismo aristotélico
y la fenomenología”. Por lo demás, la experiencia se lo ha enseñado:
“El obispo necesita una formación teológica profunda, actualizada
constantemente”. No obstante, como papa ha contado con la presencia
y la ayuda del cardenal Ratzinger, “de excepcional preparación teológica”
[100]
. 16) ¿Ha defraudado el papa Wojtyla la renovación
eclesial que trajo el Concilio? ¿Qué supone el Concilio para él?
[101]
. El Concilio, dice el papa, supuso para él “un impulso
muy fuerte”, “un gran acontecimiento”, “una experiencia inolvidable”:
Le permitió “comprender más a fondo el papel del obispo en la Iglesia”
[102]
. El papa se compara con su patrono San Carlos Borromeo:
”Cuando pienso en su figura, me conmueve la coincidencia de los hechos
y los quehaceres. Fue obispo de Milán en el siglo XVI, en el periodo
del Concilio de Trento. A mí el Señor me ha concedido ser obispo en
el siglo XX, precisamente durante el Concilio Vaticano II, en vistas
al cual se me ha confiado la misma tarea: su realización. Debo decir
que en estos años de pontificado he pensado constantemente en la puesta
en práctica del Concilio”
[103]
. 17) Los viajes del obispo Wojtyla han sido percibidos
como “campaña electoral” realizada ya en vida de Pablo VI. Además,
parece poco evangélico “el espectáculo faraónico de sus viajes de
jefe de Estado”
[104]
. Responde el papa:
“Ya antes de ser elegido a la Sede de Pedro me reunía con muchos
obispos de todo el mundo, aunque, naturalmente, de modo más frecuente
con los de países europeos más cercanos”, “me ha gustado siempre viajar.
Estoy convencido de que, en cierto sentido, es un cometido que Cristo
mismo ha encargado al Papa”
[105]
. 18) El colegio cardenalicio, constatamos nosotros,
está puesto en cuestión dentro de la Iglesia. El papa, en la medida
en que ejerce una función universal, debe ser elegido no por el colegio
cardenalicio, designado por el papa a su imagen y semejanza, sino
por un órgano colegial que represente a la Iglesia entera
[106]
. Dice el papa: “En cierto sentido, el corazón del
Colegio Episcopal es el Colegio de los Cardenales, que rodean al sucesor
de Pedro y lo sostienen en su testimonio de fe ante toda la Iglesia”.
Los cardenales están “unidos al Papa por lazos especiales de responsabilidad
y absoluta disponibilidad para dar testimonio de la fe, si fuera necesario,
hasta el derramamiento de la sangre (por eso sus indumentos son de
color púrpura, como la sangre de los mártires)”
[107]
. 19) A propósito de la guerra de EE UU contra Afganistán,
denunciamos la escandalosa cobertura religiosa, episcopal y vaticana.
El Sínodo de los Obispos, que se hallaba reunido en Roma para tratar
de la figura del obispo, se quedó mudo: ¿tenía pacto con el imperio?
El obispo de Roma (con su Comunidad, no con su Estado) debe
anunciar la palabra de Dios sin componendas, sin pactos: “Si no lo
hace así, se acabó el conflicto por causa del Evangelio, se acabó
el escándalo de la cruz”
[108]
. Pues
bien, dice el papa: “Tomar sobre sí la cruz no es fácil, aunque sea
de oro y esté cuajada de piedras preciosas”, “nunca me he puesto la
cruz pectoral de obispo con indiferencia. Es un gesto que hago siempre
con la oración. Desde hace cuarenta y cinco años, la cruz está sobre
mi pecho, junto a mi corazón. Amar la cruz quiere decir amar el sacrificio.
Los mártires son modelo de este amor”
[109]
, “no se puede dar la espalda a la verdad, dejar de anunciarla,
esconderla, aunque se trate de una verdad difícil, cuya revelación
lleve consigo un gran dolor”, “no hay sitio para compromisos ni para
un oportunista recurso a la diplomacia humana”
[110]
. 20) ¿Hubo campaña electoral a favor de Wojtyla dirigida
por el obispo Deskur? ¿Hubo injerencia política de Estados Unidos?
[111]
. El obispo Deskur, dice el papa, “en mi corazón tiene
un puesto especial”, “me ha servido muchas veces de apoyo desde el
comienzo de mi pontificado, especialmente mediante su sufrimiento,
pero también por medio de sus sabios consejos”. El papa apela a la
experiencia de Abraham y vuelve sobre su reciente “meditación poética”:
“¡Oh, Abraham- El, que entró en la historia del hombre, / solo por
ti desea revelar este misterio oculto / desde la fundación del mundo!
”
[112]
. Del encuentro de Abraham con Cristo “nace una luz que
se proyecta sobre el misterio de nuestra vocación en la fe”. Dice
también Wojtyla: “Hablo de esto desde un lugar al que el amor de Cristo
Salvador me ha llevado, pidiéndome salir de mi tierra para dar fruto
en otro sitio con su gracia”
[113]
. 21) En El día de la cuenta recogemos los grandes
enigmas que marcan el pontificado de Juan Pablo II para que broten
los enigmas del pasado, como se dice en el salmo 78, propio de
la fiesta de la exaltación de la cruz. En todos ellos constatamos
la falta de transparencia vaticana y la omisión de la justicia debida.
¿Qué sucedió con Juan Pablo I? El papa Wojtyla no
dice más que celebró la Santa Misa por él
[114]
. ¿Qué
dice de los demás misterios vaticanos, que también marcan su pontificado?
No dice absolutamente nada. Su velada respuesta, su confesión, es
decididamente insuficiente. No brotan los enigmas del pasado. Una
vez más, se reprimen.
El papa apela a la invitación, que en Getsemaní hace
Jesús a sus discípulos especialmente amados: ¡Levantaos!¡Vamos!.
Y añade: “Esta invitación se dirige de modo particular a nosotros
los obispos, sus amigos predilectos. A pesar de que estas palabras
significan un tiempo de prueba, un gran esfuerzo y una cruz dolorosa,
no debemos dejarnos vencer por el miedo”
[115]
. En su etapa final, Wojtyla parece identificarse con
Jesús, en Getsemaní. Pero ¿a qué se refiere? ¿A la prueba final? ¿A
su propia enfermedad? ¿A ambas cosas a la vez? A veces se identifica
enfermedad y cruz. Sin embargo, debe quedar claro. En el caso
de Jesús, su último lecho no fue la cama, sino el madero de la cruz,
que levantaron los de siempre, es decir, “la bestia religiosa y la
bestia política” (Ap 13). Por cierto, el papa Wojtyla hace referencia a la
homilía que pronunció en la plaza de San Pedro el 16 de octubre de
2003 con ocasión del 25º aniversario de su pontificado y cita un pasaje
del evangelio de San Juan sobre el buen pastor, con el que se identifica
[116]
, pero aquel día se leía en todas las iglesias otro muy
distinto, que no podía pasar desapercibido: Se pedirá cuenta (Lc
11,47-54). Por supuesto, nos llamó la atención.
Tercera respuesta
Casi
un año después, Juan Pablo II publica su último libro Memoria e
identidad, en el que parece dar una tercera respuesta. ¿Quedaban
temas pendientes? ¿Vuelve sobre algunos? ¿Se da correspondencia con
El día de la cuenta? ¿Se trata de una tercera negación? Veamos: 1)
Apenas llegado a Cracovia, decimos nosotros, Karol Wojtyla se empieza
a mover “en un círculo de ambiente burgués”, protegido por la señora
que lo recibíó en los salones de su espléndido chalé, donde el joven
aprendiz de actor conoce “unas veladas literarias llenas de refinamiento”.
Esto es lo que los biógrafos devotos presentan como “resistencia a
través de la cultura”
[117]
. Es decir, el mito se viene abajo. El
papa Wojtyla dice haber tenido la oportunidad de experimentar personalmente
las “ideologías del mal”, el nazismo y el comunismo: “Primero fue
el nazismo. Lo que se podía ver en aquellos años era ya terrible.
Pero muchos aspectos del nazismo no se veían en aquel periodo”, “tanto
los nazis durante la guerra como los comunistas después, en Europa
Oriental, intentaban encubrir ante la opinión pública lo que estaban
haciendo”, “Dios concedió al hitlerismo doce años de existencia y,
cumplido este plazo, el sistema sucumbió”, “este fue el límite que
la Divina Providencia impuso a semejante locura”, “en 1945, al terminar
la guerra, el comunismo aparecía muy fuerte y peligroso”, “me quedó
entonces muy claro que su dominio duraría mucho más tiempo que el
nazismo”
[118]
. 2)
Por nuestra parte, criticamos otro mito, que los biógrafos devotos
pregonan a bombo y platillo. En realidad, ¿el papa venció
al comunismo?
[119]
. Responde
Wojtyla: “Sabemos que el comunismo cayó al fin a causa de la insuficiencia
socioeconómica de su sistema”, “sería ridículo considerar al papa
como el que derribó con sus manos el comunismo”
[120]
. 3)
Juan Pablo II da su particular visión de la historia y añade: “Me
he detenido en destacar el límite impuesto al mal en la historia de
Europa precisamente para mostrar que dicho límite es el bien”
[121]
. Sin
embargo, llama la atención su relación con los dictadores latinoamericanos
[122]
. Y, de forma especial, que haya tenido, como Secretario
de Estado, al cardenal Angelo Sodano, amigo del ex dictador chileno
Augusto Pinochet, que ordenó matar y torturar a tantos. La Operación
Cóndor fue un plan de represión de las dictaduras suramericanas para
perseguir y eliminar físicamente a los opositores de izquierdas: “Organizada
por los servicios secretos de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay
y Uruguay, la operación dejó centenares de desaparecidos”
[123]
. Cada día hay más datos: “El testimonio de más de
27.000 torturados durante el régimen de Pinochet estremece al país”
[124]
. Pues bien, determinadas afinidades con sistemas totalitarios
más recientes manifiestan precisamente que al papa Wojtyla le falta
memoria o le falta identidad 4)
Wojtyla se detiene en explicar el misterio de la Misericordia: “Resulta
impresionante el pasaje del libro segundo de Samuel, en el que el
profeta Natán apunta con dedo acusador a David, señalándolo como el
culpable de un gran crimen ante Dios: ¡Eres tú! En aquel momento, el rey experimenta una especie
de iluminación, de la cual brota una emoción profunda, desahogándose
con las palabras del Miserere”. El papa recuerda a sor Faustina
y el culto de Cristo misericordioso que promovió: “Vivió en las primeras
décadas del siglo XX y murió antes de la Segunda Guerra Mundial”,
“para los supervivientes de esta gran guerra, las palabras del Diario
de santa Faustina son como una especie de Evangelio de la Divina Misericordia
escrito desde la perspectiva del siglo XX”, “es como si Cristo hubiera
querido revelar que el límite impuesto al mal, cuyo causante y víctima
resulta ser el hombre, es en definitiva la Divina Misericordia”
[125]
. El
pasaje de Natán aparece en el presente libro a propósito de la guerra
de Afganistán: “Por llevarle a Nueva York vivo o muerto a quien se
busca, el rico está matando la oveja del pobre”
[126]
. Una correspondencia más, tensa y dialéctica, pues
no parece que el rico experimente remordimiento alguno. Por
cierto, ¿ha puesto la Divina Misericordia un límite al pontificado
de Wojtyla? Lo decimos por lo siguiente. El pasado 3 de abril, en
la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe y en la primera misa oficiada
tras la muerte de Juan Pablo II, dijo el cardenal Rouco: “No nos podíamos
imaginar que él iba a ser llamado por el Señor unas horas antes de
que se iniciase el domingo de la Divina Misericordia. El Señor se
lo ha querido llevar en ese día, en esa hora. Todos sabemos lo que
tiene de providencial este hecho”, “ha triunfado la infinita misericordia
del Señor, por eso podemos vivir eternamente con El”, “cuando algo
se nos muere, pedimos que esa misericordia se desborde sobre él, que
es lo que pedimos para Juan Pablo II”. Por supuesto, nada que objetar,
si el Señor se la concede y si la necesita. 5)
Llámese como se quiera, el patriotismo, el nacionalismo y el mesianismo
polacos han sido lastres del pontificado wojtiliano. A propósito del
cuarto viaje del papa a Polonia decíamos nosotros: “El sueño del mesianismo
polaco se había desvanecido: Polonia no era el cristo de las naciones,
que había de indicar el camino a toda la humanidad”
[127]
. Juan
Pablo II dedica muchas páginas a justificar el valor moral del patriotismo:
“Si se pregunta por el lugar del patriotismo en el decálogo, la respuesta
es inequívoca: es parte del cuarto mandamiento, que nos exige honrar
al padre y a la madre”, “también la patria es verdaderamente una madre
para cada uno”, “patriotismo significa amar todo lo que es patrio:
su historia, sus tradiciones, la lengua y su misma configuración geográfica”.
El nacionalismo es otra cosa:
“El nacionalismo se caracteriza porque reconoce y pretende únicamente
el bien de su propia nación, sin contar con los derechos de las demás”.
Lo dijo el papa en su primera visita a Polonia “Dije entonces que
no se podía apartar a Cristo de la historia de mi nación”
[128]
. 6)
Juan Pablo II vuelve sobre la cuestión de su propia elección como
papa. No ha habido campaña electoral ni tampoco injerencia política,
como afirmamos nosotros
[129]
. Sencillamente,
dice el papa, el Cónclave leyó los signos de los tiempos: “Al llamar
a la Sede de Roma a un cardenal de Polonia, el Cónclave hizo una elección
comprometida; era como si quisiera recabar el testimonio de la Iglesia
de la cual provenía este cardenal, y lo quisiera para el bien de la
Iglesia universal. En cualquier caso, aquella elección tuvo un significado
particular para Europa y para el mundo. Porque desde hacía cinco siglos
era tradición que el sucesor en la Sede de Pedro fuera un cardenal
italiano. La elección de un polaco, pues, parecía un cambio neto.
Era la prueba de que el Cónclave, siguiendo las indicaciones del Concilio,
había tratado de leer los signos de los tiempos y, a su luz, madurar
las propias decisiones”
[130]
. 7)
El mensaje social del Evangelio toma posición a favor de los pobres,
pero las grandes Iglesias cristianas son incapaces de asumirlo vitalmente:
“El papa Juan Pablo II, decimos, no parece escapar a esta denuncia.
Su mensaje presenta graves contradicciones”
[131]
. Pues
bien, el papa Wojtyla presenta su visión de la justicia social. La
Iglesia va bien. En el primer mundo, “la Iglesia ha seguido apoyando
el desarrollo justo en su actividad pastoral entre los habitantes
del mundo capitalista, pero sin ceder a los procesos de descristianización
radicados en las viejas tradiciones ilustradas”. En el segundo mundo,
el comunista, “la Iglesia sintió la necesidad de luchar sobre todo
por los derechos del hombre y los derechos de las naciones”. En el
tercer mundo, “además de cristianizar las comunidades locales, la
Iglesia ha asumido la tarea de subrayar la injusta distribución de
los bienes, ya no sólo entre los diversos grupos sociales, sino entre
distintas zonas de la tierra”
[132]
. Una pregunta: ¿sólo en el segundo mundo la Iglesia
sintió necesidad de luchar por los derechos del hombre y los derechos
de las naciones? 8)
En su momento, a propósito de la pompa jubilar del año 2000, manifestamos
lo siguiente: “Es quizá una señal más de que el papa no encuentra
su verdadero papel”
[133]
. Pues
bien, el papa Wojtyla destaca el significado del Jubileo: “La Iglesia
lo vivió como el jubileo del nacimiento de Jesucristo, pero a la vez
como jubileo del origen del hombre, de la aparición del hombre en
el cosmos, de su elevación y de su vocación”, “fue un acontecimiento
importante no sólo para el cristianismo, sino también para toda la
familia humana”, “fue a la vez el jubileo del nacimiento de Cristo
y de la respuesta a la pregunta sobre el significado y el sentido
del ser humano”
[134]
. 9)
De manera especial, llama la atención el epílogo del libro. El papa
Wojtyla vuelve sobre el tema de su propio atentado: “Agca sabía cómo
disparar y disparó ciertamente a dar. Pero fue como si alguien hubiera
guiado y desviado esa bala”, “volvamos al atentado: creo que ha sido
una de las últimas convulsiones de las ideologías de la prepotencia,
surgidas en el siglo XX. El fascismo y el hitlerismo propugnaban la
imposición por la fuerza, al igual que el comunismo. Una imposición
similar se ha desarrollado en Italia con las Brigadas Rojas, asesinando
a personas inocentes y honestas”
[135]
. Adviértase
la contraposición final, ¡de epílogo a epílogo! De la reprensión que
se le hace al papa en el epílogo de El día de la cuenta a la
respuesta que da Wojtyla al final del que sería su último libro. Por
lo demás, como hemos dicho, podía esperarse colaboración con la justicia
italiana en la investigación del atentado que pudo costarle la vida
al papa Wojtyla, pero el Vaticano adopta una actitud que aparece como
“intento de cerrar toda investigación sobre el delito”
[136]
. 10)
En el epílogo de su último libro, el papa vuelve sobre el secreto
de Fátima: “Alguien desvió la bala”. Sin
embargo, Francesco Bruno, especialista de los servicios secretos italianos,
asegura que el atentado no pretendía matar al papa, sino sólo darle
un aviso: “En cualquier escuela de tiro enseñan a apuntar hacia el
tórax, (el agresor) no ha disparado todo el cargador, como hubiera
hecho cualquier asesino profesional, ni tampoco ha querido usar un
fusil de precisión”
[137]
. Entonces
subsisten las preguntas: ¿quién desvió la bala? ¿Se ha apropiado Wojtyla
el secreto de Fátima? En el atentado que pudo costarle la vida ¿corrió
el riesgo de los mártires, el riesgo de Reagan o el riesgo de Calvi?
No es una cuestión secundaria
[138]
.
El día de la cuenta
1
de febrero de 2005. Lo que parecía un “síndrome gripal” se complica.
Los ataques de tos son violentos y repetidos. Una inflamación aguda
de las vías respiratorias provoca los espasmos de laringe. Estos empiezan
a ser tan permanentes que el enfermo corre riego de asfixia. Se le
traslada urgentemente al policlínico Gemelli. El papa reacciona bien
a la terapia y el día 10 vuelve al Vaticano. El
23 de febrero el papa sufre una recaída y es trasladado de nuevo al
Gemelli, donde se le hace una traqueotomía “para asegurar una adecuada
ventilación”. El domingo 27 de febrero el papa da la bendición desde
la ventana del hospital: “En un momento, como si quisiera excusarse
por no poder dirigir ni una sola palabra de saludo, se llevó la mano
a la garganta a la zona precisa” donde su tráquea había sido perforada
[139]
. El
domingo 13 de marzo pronuncia unas palabras de bienvenida a los fieles
desde la ventana del hospital. Por la tarde, regresa al Vaticano.
Vuelve con la cánula que le insertaron en la garganta para ayudarle
a respirar. La cautela se impone: “La enfermedad de Parkinson ya ha
reducido de manera sustancial la funcionalidad de la laringe de Karol
Wojtyla, y los pulmones siguen el mismo proceso degenerativo”
[140]
. El
domingo 20 de marzo Juan Pablo II no puede hablar para bendecir a
los fieles desde la ventana: “En un momento dado, dio un golpe sobre
el atril que le habían puesto delante y se llevó una mano a la frente,
como en un gesto de frustración”
[141]
. El
domingo 27, pascua de Resurrección, intenta de nuevo hablar al impartir
a los fieles la bendición Urbi et orbi: “Fue inútil. El esfuerzo
de Juan Pablo II se convirtió en una prueba de impotencia, incluso
de rabia. Parecía, en efecto, que el papa se enfadaba consigo mismo
cuando tuvo que resignarse a permanecer en silencio”
[142]
. “Juan Pablo II, entre lágrimas y gestos de
dolor, no consiguió ayer articular palabra”
[143]
. “La garganta
papal sólo pudo emitir algún gemido y el susurro de algo similar a
la fórmula de la bendición, mientras su mano derecha trazaba una imprecisa
señal de la cruz. Fue una sucesión de segundos muy dramática”
[144]
. Bueno, segundos
o minutos: “Juan Pablo II permaneció 13 minutos asomado a su ventana,
ante más de 100.000 personas que se aglomeraban en la plaza de San
Pedro y alrededores, sin conseguir pronunciar una palabra”
[145]
. El
30 de marzo aparece cinco minutos en la ventana de la plaza de San
Pedro y, de nuevo, intenta sin éxito dirigir alguna palabra a la multitud
expectante: “Una pequeña multitud de turistas, fieles y curiosos se
congregó en la plaza, y a la hora prevista, con un par de minutos
de retraso, se descorrieron las cortinas y la silla de ruedas del
pontífice fue aproximada a la ventana”, “al fin le acercaron un micrófono,
pero sus labios sólo emitieron un levísimo sonido ronco, indistinguible,
y de inmediato el propio Wojtyla constató que su cuerpo no daba más
de sí y con un gesto ordenó que apartaran el aparato. Se despidió
haciendo la señal de la cruz y la silla de ruedas fue desplazada hacia
el interior”
[146]
. El
2 de abril muere Juan Pablo II. Como es sabido, hace tres años, le
enviamos una carta y el manuscrito de El día de la cuenta. No
hubo respuesta por su parte. Sólo acuse de recibo de la Secretaría
de Estado. Pues bien, no lo podíamos imaginar. En el día de su muerte,
en el día de la cuenta, escuchamos con mucha atención el pasaje que se leía en todas las
iglesias, como propio de la liturgia del día, el que tocaba: ¿Puede
aprobar Dios que os obedezcamos a vosotros en vez de a él?
[147]
. Dicho de otro
modo: Hemos de obedecer a Dios antes que a los hombres. El
pasaje en cuestión aparece al final de mi carta a Juan Pablo II, como
puede verse en el Apéndice y al final del presente libro. Se lo dijimos
al papa en la carta y se le recuerda ahora, en el día de su muerte:
“A pesar de las presiones recibidas, al fin y al cabo un caso más
de lo que se denuncia en el libro, en conciencia no puedo callar:
Hemos de obedecer a Dios antes que a los hombres (Hch 4,19)”. Ahora
no podemos sino dar gracias: Es el Señor quien lo ha hecho, ha
sido un milagro patente
[148]
. Comentando este
salmo en la eucaristía de la comunidad, nos llega la noticia del fallecimiento.
Nos llega en buen momento. Mejor, imposible. Estamos reunidos, en
oración, vigilantes. Entendemos que ha llegado el momento de la edición
pública. Y aquí está. En
el funeral de Juan Pablo II se concentran 600.000 fieles en la plaza
de San Pedro y alrededores. De ellos, 300.000 son polacos según el
servicio italiano de Protección Civil. Parece más un funeral de Estado
que una celebración de la comunidad cristiana. Los grandes de este
mundo, 70 jefes de estado y de gobierno, asisten a la ceremonia. Entre
ellos, como ya se ha dicho, el presidente Bush y dos expresidentes:
el hijo, el padre y Clinton. Todo está previsto en el ritual. Sin
embargo, un pequeño detalle llama poderosamente la atención. El viento
que agita el rojo de las vestiduras cardenalicias va pasando las páginas
del misal depositado sobre el ataúd y, desplazándolo, lo cierra totalmente.
[1]
BERNSTEIN-POLITI, 524.
[2]
Ver Santiago
Fernández Ardanaz, La salud
del papa, preocupante, en Vida
Nueva (1448),36-37. [3] El País, 15-7-1992. [4] ABC, 15-7-1992. [5] SZULC, 416. [6] El Mundo, 16-7-1992.
[7]
BERNSTEIN-POLITI, 526.
[8]
Ibidem.
[9]
SZULC, 417.
[10]
BERNSTEIN-POLITI, 527.
[11]
INCITTI, Da Papa
Luciani a Papa Wojtyla, 132. [12] El País, 28-2-1999. [13] DISCEPOLI, Bugie di sangue in Vaticano,72.
[14]
Ver El País, 16-7-1992.
[15]
Is 10, 5-7.13-16.
[16]
Eclo 38,12.
[17]
Hch 10,38.
[18]
Jb 5,17-18.
[19]
Sb 6, 5-7.
[20]
Rm 8, 1. [21] Ver LEON-DUFOUR, X., Vocabulario de teología bíblica, Ed. Herder, Barcelona, palabra "castigo".
[22]
Salmo 94. [23] Ver ABC, 15-7-1992 y 16-7-1992; también El País y El Mundo, 16-7-1992.
[24]
DV 21.
[25]
Mt 11,25-27.
[26]
Hb 4,12-13. [27] Jn 5,22.27. [28] LECOMTE, 40 y 322. El artículo se titulaba ¿En nombre de Dios o de los Estados Unidos? En Tiempos Nuevos, nº 18, 1985.
[29]
Ib., 38.
[30]
Ef 2, 14.
[31]
Mt 16, 23. [32] Lc 22,34. [33] Jn 21, 15-19. Ver KUNG, H., Ser cristiano, Ed. Cristiandad, Madrid, 1977, 633-635; también MATEOS,J.-BARRETO, J., El evangelio de Juan, Ed. Cristiandad, Madrid, 1979, 909-916. [34] Ver INFIESTA, 245-248; PEYREFITTE, 65; THOMAS y MORGAN-WITTS, Pontífice, Ed. Plaza & Janés, Esplugues de Llobregat, 1983, 267.
[35]
Mt 13,9.
[36]
JUAN PABLO II, Triptico
Romano, Fundación Universitaria San Antonio, Murcia, 2003, 18.
En adelante, por razón de brevedad, utilizamos las siglas TR.
[37]
TR, 57 y 60.
[38]
TR, 68.
[39]
TR, 23.
[40]
TR, 28-29.
[41]
TR, 33.
[42]
DDC, Capítulo 9, El secreto de Fátima, El tercer
secreto y Epílogo.
[43]
DDC, Capítulo 18, Renovación imperial, Escasa formación teológica.
[44]
TR, 36.
[45]
DDC, Capítulo 18, Renovación imperial,
Escasa formación teológica.
[46]
DDC, Capítulo 14
[47]
TR, 36.
[48]
TR, 40-41.
[49]
TR, 41.
[50]
DDC, Capítulo 16, Campaña electoral, Aislamiento del cónclave.
[51]
TR, 31, 37 y 39.
[52]
Hb 4,13; DDC, Epílogo,
Aquel día.
[53]
TR, 27,33,37 y 42.
[54]
TR, 42.
[55]
TR, 45-46.
[56]
DDC, Capítulo 16, Campaña electoral
y Capítulo 17, La tentación del poder, El consejero americano.
[57]
TR., 47.
[58]
DDC, Capítulo 18, Renovación
imperial, Escasa formación teológica.
[59]
TR, 52.
[60]
DDC, Capítulo 8, Atentado papal,
secreto de Estado, Insuficiencia de pruebas.
[61]
Ver DDC, Capítulo 9,
El
secreto de Fátima, El tercer secreto.
[62]
DDC, Capítulo 8, Atentado papal,
secreto de Estado, La pista atlántica.
[63]
Ver DDC, Capítulo 9, El secreto de Fátima, Silencio sepulcral,
El tercer secreto; Capítulo 16, Campaña electoral, El consejero vaticano,
[64]
TR, 53.
[65]
TR , 49 y 53.
[66]
TR, 51.
[67]
TR, 54.
[68]
DDC, Capítulo 19, Escribe la visión,
Tú eres ese hombre.
[69]
JUAN PABLO II, ¡Levantaos!
¡Vamos!, Plaza & Janés, Barcelona, 2004, 11-12. En adelante
lo citamos así: LV.
[70]
DDC, Capítulo 18, Renovación
imperial, y Capítulo 19, Escribe la visión, Tú eres ese hombre.
[71]
LV, 25.
[72]
DDC, Capítulo 18, Renovación
imperial, Profesor de Etica.
[73]
LV, 29.
[74]
LV, 33.
[75]
LV, 55.
[76]
DDC, Capítulo 18, Renovación
imperial, Profesor de Etica.
[77]
LV, 66.
[78]
DDC, Epílogo, Al papa
Wojtyla se le pide cuenta.
[79]
DDC, Epílogo, Aquel
día.
[80]
Mt 11,25-27; LV, 60.
[81]
LV, 53-54 y 64-65.
[82]
DDC, Capítulo 18, Renovación
imperial.
[83]
LV, 69.
[84]
DDC, Capítulo 14, Atan cargas pesadas,
Sin mandato del Señor.
[85]
LV, 119.
[86]
LV, 47 y 71.
[87]
LV, 73 y 118.
[88]
DDC, Capítulo 14, Atan cargas pesadas,
El catecismo que no quiso el Concilio.
[89]
LV, 98-99.
[90]
LV, 96-97.
[91]
DDC, Capítulo 17, La tentación del
poder, Los dictadores latinoamericanos.
[92]
LV, 108-109.
[93]
DDC, Capítulo 14, Atan cargas pesadas,
Sin mandato del Señor.
[94]
LV, 126-128.
[95]
Prov 30, 5-6.
[96]
DDC, Capítulo 16, Campaña electoral,
Se necesita un lider católico en el mundo.
[97]
LV, 130-131.
[98]
DDC, Capítulo 18, Renovación imperial,
Escasa formación teológica.
[99]
Ibidem
[100]
LV, 87-90 y 146.
[101]
DDC, Capítulo 18, Renovación
imperial.
[102]
LV, 135-137.
[103]
LV, 160.
[104]
DDC, Capítulo 15, La cuestión social,
Mensaje contradictorio; Capítulo 16, Campaña electoral,
El consejero vaticano y Capítulo 18, Renovación imperial.
[105]
LV, 142-144.
[106]
DDC, Capítulo 18, Renovación
imperial.
[107]
LV, 147-148.
[108]
DDC, Capítulo 19, Escribe la visión,
El celo de tu casa me consume, ¡Tú eres ese hombre!
[109]
LV, 163 y 168-169.
[110]
LV, 164.
[111]
DDC, Capítulo 16, Campaña electoral,
El consejero vaticano, Un papa preconizado en Estados Unidos, El obispo
Deskur, director de campaña; Capítulo 17, La tentación del
poder, El consejero americano.
[112]
TR, 53.
[113]
LV, 159, 177-178
y 181.
[114]
LV, 74.
[115]
LV, 181.
[116]
LV, 19.
[117]
DDC, Renovación imperial,
Vocación de actor.
[118]
JUAN PABLO II, Memoria e identidad. Conversaciones al filo
de dos milenios, La esfera de los libros, Madrid, 2005, 27-29. En adelante,
por razón de brevedad, utilizamos las siglas MI.
[119]
DDC, Epílogo, Al papa
Wojtyla se le pide cuenta.
[120]
MI, 65 y 205.
[121]
MI, 29.
[122]
DDC, Capítulo
17, La tentación del poder, Los dictadores latinoamericanos.
[123]
El País, 14-12-2004.
[124]
El País, 5-12-2004.
[125]
MI, 69 y 72-73.
[126]
DDC, Capítulo
19, Escribe
la visión, ¡Tú eres ese hombre!
[127]
DDC, Capítulo
18, Renovación imperial.
[128]
MI, 85-88 y 30.
[129]
DDD, Capítulo 16, Campaña electoral.
[130]
MI, 176.
[131]
DDC, Capítulo
15, La cuestión social.
[132]
MI, 155.
[133]
DDC, Capítulo 18, Renovación
imperial.
[134]
MI, 186-187.
[135]
MI, 197 y 205.
[136]
DDC, Capítulo 8, Atentado papal,
secreto de Estado, Secreto de Estado, La pista atlántica.
[137]
DDC, Capítulo 8, Atentado papal,
secreto de Estado, La pista atlántica.
[138]
Ver DDC, Capítulo 9, El secreto de Fátima, Silencio sepulcral y El
tercer secreto.
[139]
Vida Nueva. 4 de marzo
de 2005.
[140]
El País, 14-3-2005.
[141]
El País, 24-3-2005.
[142]
El Mundo, 28-3-2005.
[143]
ABC, 28-3-2005.
[144]
Vida Nueva, 2 de abril
de 2005.
[145]
El País, 30-3-2005.
[146]
El País, 31-3-2005.
[147]
Hch 4,19.
[148]
Sal 118. |