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COMUNIDAD DE ANTIOQUIA
1.- La comunidad de Antioquia, capital de la provincia romana de Siria, nace de la persecución que recae sobre el grupo griego de la comunidad de Jerusalén: Los que se habían dispersado cuando la persecución provocada por el caso de Esteban llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquia. En principio, los dispersos anuncian la Palabra sólo a los judíos. Pero algunos chipriotas y cirenenses, al llegar a Antioquia, se dirigen también a los griegos (gentiles) y un gran número recibe la fe (Hch 11,19-21). ¿Por qué etapas pasa la comunidad? ¿Qué problemas afronta? ¿Qué nos enseña? 2.- En principio, la comunidad está llena de gentiles, que viven el Evangelio libre de la ley judía. Había precedentes: la conversión de Samaría (8,14), la de Cornelio (11,1). La noticia de Antioquía llega a oídos de la comunidad de Jerusalén y envían a Bernabé. Quien en su momento asumió la conversión de Saulo (Pablo) y le presentó a los apóstoles (9,27), es enviado a Antioquía para discernir la situación: Cuando llegó y vio la gracia de Dios se alegró y exhortaba a todos a permanecer unidos al Señor (11,22).
3.- La nueva comunidad necesita catequesis. Bernabé va a Tarso en busca de Saulo y le lleva a Antioquia: durante un año instruyen a muchos. La comunidad, formada en su mayoría por gentiles, tiene su propia identidad. Es en Antioquia donde por primera vez los discípulos reciben el nombre de cristianos (11,25-26). 4.- La relación con la comunidad de Jerusalén es abierta y fraterna. Por aquellos días bajan unos profetas de Jerusalén a Antioquia. Uno de ellos, llamado Agabo, profetiza una gran hambre sobre toda la tierra, lo que sucede en tiempo de Claudio (41-54 d.C). Los discípulos envían una colecta para los hermanos que viven en Judea. La entregan a los ancianos por medio de Bernabé y de Saulo (11,27-30). Estos vuelven de Jerusalén, llevando consigo a Juan, por sobrenombre Marcos (12,25). En casa de su madre, se hallaban reunidos muchos discípulos, cuando Pedro salió de la cárcel (12,12). Marcos es primo de Bernabé y partidario de la circuncisión (Col 4,10-11). 5.- En la comunidad de Antioquia hay profetas y maestros: Bernabé, Simeón llamado el Negro, Lucio el de Cirene, Manahén, hermano de leche del tetrarca Herodes, y Saulo. Mientras celebran el culto del Señor, dice el espíritu santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado. Entonces, después de haber ayunado y orado, les imponen las manos y los envían (13,1-5). 6.- De este modo, empieza la misión conjunta de Bernabé y Saulo (Pablo): Chipre, Antioquia de Pisidia, Iconio, Listra, Derbe, Perge. Con ellos va Juan (Marcos), que pronto se separa de ellos y vuelve a Jerusalén (13,7.13). En cada nueva comunidad designan ancianos (14,23). Terminada la misión, vuelven a Antioquia. Comparten todo cuanto Dios había hecho con ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe. Y permanecen no poco tiempo con los discípulos (14,27-28). 7.- Hacia el año 48, la comunidad de Antioquia lleva más de diez años, admitiendo en su seno a gentiles, sin imponerles la ley judía. La comunidad vive el Evangelio libre de la ley. Pero bajan a Antioquia algunos de Judea que enseñan a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme a la tradición de Moisés, no podéis salvaros. Esto provoca una seria discusión de Pablo y Bernabé contra ellos. Pablo, Bernabé y algunos más suben a Jerusalén para tratar el asunto con los apóstoles y los ancianos (15,1-2). 8.- Surge así el llamado concilio de Jerusalén, un encuentro entre los responsables de la comunidad de Jerusalén, llena de judíos que observan la ley (613 preceptos), y de la comunidad de Antioquia, llena de gentiles que viven el Evangelio libre de la ley. El futuro de la Iglesia está en juego: ¿se acepta el Evangelio libre de la ley?, ¿se impone a los gentiles el legalismo judío? 9.- Después de larga discusión, Pedro se levanta y dice: Hermanos, vosotros sabéis que ya desde los primeros días me eligió Dios entre vosotros para que por mi boca oyesen los gentiles la palabra de la buena nueva y creyeran. Y Dios, conocedor de los corazones, dio testimonio en su favor comunicándoles el espíritu santo como a nosotros y no hizo distinción alguna entre ellos y nosotros, pues purificó sus corazones con la fe. ¿Por qué, pues, ahora tentáis a Dios queriendo poner sobre el cuello de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros pudimos sobrellevar? Nosotros creemos que nos salvamos por la gracia del Señor Jesús, del mismo modo que ellos. La intervención de Pedro es decisiva. El apóstol recuerda su propia experiencia en el caso de Cornelio y saca las consecuencias. Bernabé y Pablo proclaman la acción de Dios en medio de los gentiles (15,7-12). 10.- Finalmente interviene Santiago, responsable del grupo que observa la ley judía: Hermanos, escuchadme. Simeón ha referido cómo Dios ya al principio intervino para procurarse entre los gentiles un pueblo para su nombre. Con esto concuerdan los oráculos de los profetas, según está escrito: Después de esto volveré y reconstruiré la tienda de David que está caída, reconstruiré sus ruinas y la volveré a levantar. Para que el resto de los hombres busque al Señor y todas las naciones que han sido consagradas a mi nombre, dice el Señor que hace que estas cosas sean conocidas desde la eternidad. Por esto opino yo que no se debe molestar a los gentiles que se conviertan a Dios, sino escribirles que se abstengan de lo que ha sido contaminado por los ídolos, de la impureza, de los animales estrangulados y de la sangre (15,13-20). No hay que imponer la ley judía a los gentiles que se convierten, pero los gentiles han de observar unos mínimos (ver Dt 32,17; Lv 18,6-18 y 17,10-12). Han de evitar los banquetes idolátricos: No podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios (1 Co 10,21;Dt 32,17); han de evitar relaciones inmorales (Lv 18,6-18;1 Co 5,1-13); finalmente, algo que facilita la convivencia (mesa común) de judíos y gentiles: no comer sangre (Lv 17,10-12). 11.- Al cabo de algunos días dice Pablo a Bernabé: Vamos a ver cómo les va a los hermanos en las comunidades recientemente fundadas. Bernabé quería llevar a Marcos. Pablo pensaba que no debían llevar consigo al que los había abandonado en la misión. Se produjo una tirantez tal que acabaron por separarse el uno del otro. Bernabé toma consigo a Marcos y embarca rumbo a Chipre. Pablo elige como compañero a Silas y parte encomendado por los hermanos a la gracia de Dios. Recorre Siria y Cilicia, consolidando las comunidades. En Listra encuentra a Timoteo, al cual (siendo su madre judía) circuncida. Por todas partes entrega las decisiones tomadas por los apóstoles y ancianos en Jerusalén (Hch 15,36-16,4). 12.- Pablo y sus compañeros atraviesan Frigia y Galacia, llegan a Tróade (16,6-8) y pasan a Grecia (16,9-18,18): Filipos, Tesalónica, Atenas, Corinto. En Filipos, la primera comunidad de Europa nace de un grupo de mujeres que se reúne para orar; entre ellas está Lidia (16,12-15). En Corinto, Pablo está año y medio. Ya de vuelta, desembarca en Cesarea, sube a Jerusalén y baja a Antioquia, donde permanece algún tiempo. Después recorre las regiones de Galacia y Frigia para fortalecer la fe de los discípulos (18,22-23). En Efeso está de dos a tres años (19,10;20,31), luego visita las comunidades de Grecia, pasa tres meses en Corinto (20,2) y hace una escala en Tróade, donde celebra la eucaristía el primer día de la semana (20,6-12). En Mileto, ya en camino hacia Jerusalén, se despide de los ancianos (responsables) de Efeso, evocando lo que le espera. Es el testamento de Pablo: Mirad que ahora yo, encadenado en el espíritu, me dirijo a Jerusalén, sin saber lo que allí me sucederá, solamente sé que en cada ciudad el espíritu santo me testifica que me aguardan prisiones y tribulaciones... ahora yo sé que no volveréis a ver mi rostro...tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual os ha puesto el espíritu santo como vigilantes (obispos)... yo sé que después de mi partida se introducirán entre vosotros lobos feroces que no perdonarán al rebaño (20,17-35). 13.- Hacia el año 53, Pablo afronta la crisis gálata y apela al concilio de Jerusalén, el concilio de la libertad cristiana: Ni siquiera Tito que estaba conmigo, con ser griego, fue obligado a circuncidarse, ...viendo que me había sido confiada la evangelización de los incircuncisos, al igual que a Pedro la de los circuncisos, ... y reconociendo la gracia que me había sido concedida, Santiago, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos tendieron la mano en señal de comunión a mi y a Bernabé, nosotros iríamos a los gentiles y ellos a los circuncisos. Sólo nos pidieron que nos acordáramos de los pobres, cosa que he procurado cumplir (Ga 2,6-10). 14.- Pablo recuerda a los gálatas la reprensión que le hizo a Pedro en Antioquia, donde la presencia de judíos ya se hacía notar, había separación de mesa entre judíos y gentiles, y por miedo a los judíos se marginaba a los gentiles: Cuando vino Cefas a Antioquia, me enfrenté con él cara a cara, porque era digno de reprensión. Pues antes de que llegaran algunos del grupo de Santiago, comía en compañía de los gentiles; pero una vez que aquellos llegaron, empezó a evitarlos y apartarse de ellos por miedo a los circuncisos. Y los demás judíos disimularon como él, hasta el punto de que el mismo Bernabé se vio arrastrado a la simulación. Pero en cuanto vi que no procedían rectamente conforme a la verdad del Evangelio, dije a Cefas en presencia de todos: Si tú, siendo judío, vives como gentil y no como judío, ¿cómo fuerzas a los gentiles a judaizar? (2,11-14). La autoridad del apóstol, sea quien sea, “no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio” (DV 10). 15.- La involución avanza de forma galopante. Con el concilio de Jerusalén había quedado claro que lo que salva al hombre no es un conjunto de prácticas legales sino la conversión al Evangelio. Como en Antioquia y en otras partes, aparecen en Galacia intrusos, adversarios de las decisiones conciliares, diciendo que es necesaria la observancia de la ley, que el fundador de la comunidad es un hombre que actúa al margen de la Iglesia. Entonces ese hombre levanta su voz: ¡Insensatos gálatas!... ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer (3,28), manteneos firmes y no os dejéis oprimir nuevamente bajo el yugo de la esclavitud (5,1), habéis roto con Cristo todos cuantos buscáis la justicia en la ley, os habéis apartado de la gracia (5,4), habéis sido llamados a la libertad (5,13), evitáis el escándalo de la cruz, la persecución por causa de Cristo (5,11; 6,12), lo que cuenta no es la circuncisión ni la incircuncisión, sino la fe que actúa por el amor (5,6). 16.- Al parecer, tras la reprensión de Pedro y Bernabé, la comunidad de Antioquia deja de ser punto de referencia para Pablo. Se nota en sus cartas, la comunidad no vuelve a aparecer. Quien sí aparece es Marcos: él y Jesús, llamado Justo, son los únicos de la circuncisión que colaboran con Pablo (Col 4,10-11. En la carta a Filemón, Marcos y Lucas (ambos evangelistas) aparecen como colaboradores suyos (Flm 24). Desde Roma, donde Lucas le acompaña, Pablo escribe a Timoteo: Toma a Marcos y tráele contigo, pues me es muy útil para el ministerio (2 Tm 4,11). Le dice también: Ya sabes que todos los de Asia me han abandonado (1,15). De modo especial, Marcos está relacionado con Pedro: aparece con él “en Babilonia” (Roma) y le llama hijo (1 P 5,13). Según la antigua tradición cristiana, Marcos es “el intérprete de Pedro” y el autor del evangelio que lleva su nombre (Eusebio, HE III, 39,15). Ignacio, “segundo sucesor de Pedro como obispo de Antioquia”, es llevado a Roma “para ser pasto de las fieras” (HE III, 36,2-3); muere hacia el año 110 en la persecución de Trajano.
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