CONSTELACIONES FAMILIARES

 

Bert Hellinger es uno de los terapeutas más originales y creativos del mundo actual. Nació en Alemania en 1925. Estudió Filosofía, Teología y Pedagogía. Durante 16 años fue misionero católico en Sudáfrica. Más tarde seformó en Psicoanálisis, Dinámica de Grupo, Terapia Primaria y en métodos de Hipnoterapia. Posteriormente se acercó a la Terapia Gestáltica y a la Programación Neurolinguística. Trabajando en análisis transaccional advirtió un aspecto multigeneracional al abordar los problemas y así se encaminó hacia la Terapia Sistémica.Al profundizar en ella descubrió dentro de los sistemas leyes y órdenes de compensación a los que llamó órdenes del amor.

"El manantial no tiene que preguntar por el camino"

Creó su terapia de las Constelaciones Familiares. Según este autor, muchos comportamientos de una persona no son explicables desde su situación actual, sino que se remontan a distintos sucesos en su familia de origen, es decir, a vivencias de sus padres o antepasados más lejanos. Hellinger ha descubierto en muchos años de trabajo terapéutico las leyes según las cuales se desarrollan identificaciones e implicaciones trágicas entre los miembros de una familia, leyes que define como órdenes del amor. Un amor interrumpido o un movimiento frustrado hacia uno de los padres puede desequilibrar todo un sistema familiar, también cuando hubo un miembro de la familia que murió tempranamente, o cuando alguien fue excluido de la familia o se le negó la pertenencia a la misma. Frecuentemente, las consecuencias de estos sucesos aparecen en generaciones posteriores causando trastornos e incluso enfermedades en una persona. Las constelaciones familiares revelan enredos familiares inconscientes a los que una persona que consulta se halla sujeta.
La necesidad de vinculación y pertenencia, el equilibrio entre dar y tomar y el orden dentro del sistema, son los factores claves.
Este nuevo ordenamiento permite que vuelva a fluir el amor en el sistema familiar, poniendo en evidencia así el poder del amor y las fuerzas que gobiernan los vínculos de la familia.
El lugar energético (psicológico) que ocupa un individuo en un grupo familiar, social o laboral condiciona y determina sus sentimientos y sus emociones. Por ello, solamente cuando el individuo ocupa el lugar que le corresponde, es posible desarrollar su proyecto de vida de una manera armoniosa y fructífera.
¿Qué solución brindan las Constelaciones? Desde que nacemos, cada uno de nosotros forma parte de una red familiar que comparte una conciencia común. Una especie de "alma familiar", que une a los miembros de la familia, velando por los derechos de todos, aunque sus miembros no sean conscientes de ello. Cuando algún miembro de la familia tuvo una suerte especialmente trágica, o fue olvidado, excluido o menospreciado, en generaciones posteriores se desarrollan identificaciones e implicaciones sistémicas. Esto quiere decir que un miembro posterior de la familia cargará "inconscientemente" con la obligación de "recordar" a aquellos que fueron apartados de la familia (expulsados, despreciados, olvidados...) o sufrieron una suerte especialmente difícil, y no han sido reconocidos y honrados.

El miembro olvidado deja un espacio vacío... que es percibido por el resto de los miembros (aunque se trate de un abuelo o bisabuelo que nunca han conocido) como me falta algo. Y algún miembro posterior se sentirá movido a "llenar" ese espacio vacío, identificándose inconscientemente con el excluido y repitiendo impulsivamente su suerte.
Otra forma de verlo es que la presencia energética de ese ser olvidado, permanece en la familia, como si fuera UN FANTASMA.... afectando trágicamente el destino de próximas generaciones, hasta que es reconocido e integrado en la memoria familiar.
La conciencia familiar se manifiesta como una sensación de bienestar o malestar que se respira en el ambiente familiar. Y la terapia de las Constelaciones Familiares desvelan las dinámicas ocultas en el sistema familiar.
Es trascendental respetar las leyes que gobiernan las relaciones humanas....TODOS ESTÁN PRESENTES, LOS QUE SON, LOS QUE FUERON Y LOS QUE NO PUDIERON SER...
El aborto voluntario
El tema del aborto es uno de los más controvertidos en el campo de batalla de las ideologías. También a este respecto es aclaratorio servirse de constelaciones familiares para ver los posibles efectos de un aborto.
En nuestra cultura, el aborto tiene efectos muy profundos en el alma - aunque pueda haber grandes diferencias de familia en familia -, y esta instancia interna no se impresiona por argumentos. Actúa de una manera absolutamente independiente y también inconsciente.
Aquello que "el alma" por regla general percibe como injusticia, en la mayoría de los casos se reprime con todas las fuerzas. Cuando sólo uno quería y forzaba el aborto, secretamente se le da la culpa y no se le perdona. A veces se paga con la misma relación que fracasa a raíz del aborto, o con la pérdida de la relación sexual.
En algunos casos, un aborto es la clave cuando en una constelación una pareja (mejor dicho sus representantes) sigue intranquila sin poder encontrar la paz. En cuanto el aborto sale a la luz y la responsabilidad se asume, puede darse la curación.
Durante la pausa de un seminario, la conversación giraba alrededor de la relación fracasada de uno de los participantes.
- Principalmente -dijo- nos peleábamos por el perro que acabábamos de comprar.
Bromeando le dije que quizás fuera importante hacer una constelación con un perro. El lugar de éste estaba claro: a los pies de la pareja. Más adelante, al configurar la constelación de aquel participante, surgió como tema importante el aborto que había tenido lugar un año antes de la separación. Al introducirse el hijo abortado en la constelación, éste se encontraba precisamente sentado a los pies de la pareja, igual que el perro que poco después compraron y que, en lugar del niño, se convirtió en el desencadenante que sacó a la superficie el conflicto de la pareja.
Para poder reconciliar la paz interior después de un aborto, el hijo abortado debe recuperar su lugar en el sistema del padre y de la madre. Para ello son de especial importancia las frases que la madre y/o el padre dicen al hijo: "Tú me diste lo más grande que se puede dar, tu vida. Yo ahora te doy un lugar en mi corazón". O quizás simplemente: "Lo siento. Ahora te tomo como mi hijo". Tras estas frases, que en muchas constelaciones resuelven las tensiones relacionadas a este tema, aún quisiera citar las palabras de Hellinger para unos padres que acababan de hacer su constelación:

Aún hace falta tiempo para que el dolor venga. Cuando sea el momento, debéis admitir el dolor con la mirada puesta en el niño. También es posible, durante un tiempo, darle al niño un lugar en la vida. Así, por ejemplo, en vuestro interior podéis enseñarle a sus hermanos y, durante un año, le enseñáis las cosas bellas del mundo. Pero después debe estar acabado. La culpa debe acabarse al cabo de un tiempo. Y después no se habla más. Así, el hijo encuentra la paz y vosotros miráis hacia adelante".
 Resumen del curso de Bert Hellinger en Madrid, enero 2010

Es fundamental TOMAR a los excluidos en la propia alma y en la propia familia. Cuando se produce un ABORTO, junto al hijo también se aborta al marido, a la pareja. Tiene un efecto muy profundo en la relación de pareja y en el futuro.
Todo aborto es un asesinato. En el alma se percibe como un asesinato. Sus efectos son los mismos. Se produce un bloqueo en la zona abdominal baja de la mujer y también lo sienten los hombres.
Hace 2 semanas recibí un e-mail con la foto de un embrión de 21 semanas de gestación; tenía una patología de espalda y moriría al nacer. Un médico planteó la posibilidad de intervenirlo en el útero. El embrión, mientras estaba siendo intervenido sacó un dedito y acarició el dedo del médico. Lo sostuvo. Se filmó como una imagen. Cuán vivo esta el niño en el útero desde el comienzo! El niño nació sano.
Otro caso de un médico que tenía una clínica para provocar abortos. Filmaban con una cámara intrauterina lo que ocurría mientras tenía lugar el aborto. Habitualmente se extrae parte por parte del cuerpo del embrión. En la filmación se ve cómo el feto se va contra la pared del útero, y en dicha pared queda una hendidura. Le ha impactado tanto al médico que lo ha publicado. Cerró la clínica y ahora se dedica a viajar y compartir estas experiencias con otros médicos.
Todo esto queda en el campo energético.
“No era posible de otra manera”, cuando la madre dice esto es terrible.
El efecto de este tipo de aborto queda en el campo de la conciencia.
Se produce, entonces, un MOVIMIENTO BÁSICO DE COMPENSACIÓN. Alguien se siente culpable: “Yo le hice daño y para compensarlo me hago daño a mí”. Culpa y expiación. Busca arreglar algo. Alguien tiene que pagar por una culpa ¿cómo? Se hace daño a sí mismo. Pero la CULPA Y LA EXPIACIÓN aniquilan la vida y llevan a la muerte. Son movimientos ciegos sin comprensión.
¿Qué hacemos cuando queremos deshacernos de la culpa? Hemos de aprender a ser dueños de nuestra culpa y sus consecuencias. Nos pretendemos comportar como Dios y eso no sirve. La culpa no se va nunca y no hay expiación posible.
La solución no está en el campo de la conciencia. Sólo si podemos volver a ser inocentes nos liberamos de la culpa.
En el movimiento de la conciencia, si el culpable no expía, su hijo lo hace en su lugar.
Las religiones se mueven en ese movimiento de culpa-expiación y se paga un precio altísimo.
SOLUCIÓN: TODO LO QUE OCURRE ESTÁ AL SERVICIO DE UN TODO MÁS GRANDE. También la culpa. Toda culpa es querida por Dios, también las consecuencias ¿Está el aborto al servicio de la vida? TODOS ESOS HIJOS VIVEN, NO ESTÁN MUERTOS. TODOS ESTÁN PRESENTES. Y la madre y el padre son tomados para otro servicio.
Aquel que se siente culpable y mira a la culpa a los ojos, ”asiento a las consecuencias pero sin expiación”, el culpable gana fuerza PARA SERVIR A LA VIDA.
En memoria de los hijos, estás al servicio, sirves a la vida, CON HUMILDAD, en consonancia con esa otra fuerza, RECONCIALICION.
Más allá de la culpa ME PONGO AL SERVICIO DE LA VIDA Y DEL AMOR, CON UNA GRAN FUERZA.

Fuensanta Muñoz de la Cruz
Madrid, 4 de abril de 2010. Pascua de Resurrección

¿Nos enferma la familia?
El desarrollo de problemas y enfermedades en el seno de la familia
Los conocimientos realmente nuevos acerca de las causas de enfermedades y problemas son más bien escasos. Tanto más llamativo resulta el enfoque sistémico de Bert Hellinger que en la actualidad está suscitando un interés insólito en Alemania, ampliando considerablemente la comprensión de la psique humana.
  
Miremos los problemas de Monika, Robert y Marita para conocer algunas de las situaciones que frecuentemente se nos presentan en seminarios psicoterapéuticos.

Desde hace años, Monika vive repetidas fases de melancolía y hastío de la vida, llegando a pensar incluso en el suicidio durante tales semanas. Este estado de ánimo parece haberse contagiado también a su familia, dado que ahora ya descubre síntomas similares en su hija de diez años.
Robert, por su parte, frecuentemente se ve atormentado por sentimientos de culpabilidad que aparecen por los más mínimos motivos en su vida cotidiana. Es incapaz de defenderse contra ellos ni tampoco encuentra las razones de fondo, por más que lo piense.
Marita, finalmente, una y otra vez fracasa en sus relaciones sentimentales. Si bien en un principio tiene mucho éxito con los hombres, nunca se desarrolla ninguna relación duradera y estable. Así pues, mira con envidia a sus antiguas compañeras de clase que, hace tiempo, encontraron sus parejas y pudieron formar sus hogares. ¿Aún aparecerá el hombre de sus sueños?

La persona abrumada por un problema busca las causas; busca una explicación en las experiencias difíciles del presente y del pasado, empezando por la reciente pérdida de su trabajo hasta las vivencias traumáticas de la infancia. Muchas veces se encuentra lo que se buscaba; a veces, sin embargo, no. Ni Monika ni Robert ni Marita pudieron encontrar explicaciones en las circunstancias de sus propias vidas: los tres crecieron en situaciones similares a las de sus coetáneos y viven en circunstancias idénticas. ¿De dónde proviene, pues, su desdicha personal? ¿Acaso ya estaba dispuesta en sus genes?

El enfoque de Bert Hellinger va más allá de la historia personal, abriendo una puerta a un espacio nuevo, al espacio de la historia familiar. Basándose en su experiencia terapéutica de decenios, Hellinger ha descubierto relaciones sorprendentes entre el pasado y el presente. En gran parte, las raíces de problemas se remontan a generaciones anteriores. Toda la familia, incluyendo a nosotros mismos, está vinculada frecuentemente sin sentirlo ni saberlo. Así pues, el sufrimiento y la culpa son transmitidos de generación en generación. Todo gira alrededor de la muerte, la injusticia, los golpes deparados por el destino, el amor y las relaciones humanas. Así, por ejemplo, cualquier miembro olvidado o excluido es representado por otro miembro que nace posteriormente en el mismo sistema; su suerte se repite.
Al referirse a estas partes inconscientes que nos unen, Hellinger usa la palabra "alma". El alma procura que los valores, comportamientos y suertes de nuestros antepasados sigan actuando, vibrando y buscando su realización en nuestra propia persona. Esta lealtad es uno de los valores más supremos. Cada uno asume el papel necesario para el sistema familiar, experimentando así una profunda satisfacción interior.
Así pues, la muerte tiene una influencia extraordinaria; sobre todo, la muerte vivida como un hecho chocante, por ejemplo, al tratarse de un niño o una persona joven o cuando sucede de una manera violenta.

Monika tiene en su familia dos hermanos fallecidos en temprana edad. Cuando Monika tenía tres años, su hermano de cinco años murió en un accidente. A raíz de sus investigaciones, descubre además que la primera hija de sus padres nació muerta; esta hermana no se había mencionado nunca, quedando así prácticamente olvidada.
Cuando un hijo muere, el impacto sobre padres y hermanos es considerable. A veces, sobre todo al tratarse de un primer hijo, los padres no asimilan esta muerte sino que guardan el dolor en sus corazones. También los hermanos se sienten chocados y, de alguna manera, culpables. Ellos siguen con vida mientras que su hermano (o hermana) tuvo que morir. En consecuencia, frecuentemente se sienten atraídos por la muerte, ya que desean estar allí donde sus hermanos se encuentran: "Te sigo" (esta frase expresa su tendencia a la muerte, tendencia de la que no son conscientes.
En el caso de Monika, esta tendencia se expresa bajo la forma de melancolía, hastío de la vida e ideas de suicidio. Este efecto se da aunque Monika no haya conocido a la hermana muerta, ni nunca haya oído hablar de ella conscientemente. Tal muerte, sin embargo, causa profundas heridas emocionales en los padres. Con sus antenas sensibles los demás hijos perciben estas vibraciones y reaccionan en consecuencia.
Es esta tendencia a la muerte la desencadenante de muchas enfermedades graves. La voluntad de vivir está debilitada y el cuerpo reacciona con enfermedades. Otros que se sienten atraídos por la muerte toman el camino de los excesos y las drogas. Otros sienten predilección por los deportes peligrosos exponiéndose a la muerte. Así, más de un conductor temerario que se fue a la muerte habrá sucumbido a la fuerza atractiva de este "te sigo".
Pero esta tendencia aún va más lejos, alcanzando incluso generaciones posteriores. Los hijos la perciben en sus padres, y en su interior surge otra frase: "Mejor que sea yo que tú". El hijo prefiere morir antes que el padre o la madre se muera. Estos hijos se sienten inspirados por una creencia mágica, pensando que podrían llevar la suerte fatal en lugar de sus padres. Así, la hija de Monika quisiera llevar el sufrimiento y la muerte en lugar de su madre, cayendo melancólica ella misma.

Robert una y otra vez se siente atormentado por sentimientos de culpabilidad de los que desconoce toda causa. También sus sentimientos se explican por la vinculación de la familia a través de las generaciones, ya que otra ley vigente en toda familia es la siguiente: Sentimientos importantes que fueron reprimidos por un miembro de la familia serán adoptados y vividos por otro miembro posterior.
Acerca de este fenómeno citaremos un ejemplo referido por Bert Hellinger en otro contexto:
Una pareja participa en un grupo. A todos los participantes les llama la atención la excesiva e inexplicable agresividad con la que la mujer muchas veces reacciona ante su marido.
Hellinger pregunta: ¿Qué mujer en tu sistema con razón estuvo enfadada con su marido?
La mujer responde: Mi abuela. Ella sí que hubiera tenido motivos para estar enfadada. Su marido, mi abuelo, la maltrataba y humillaba una y otra vez. Una vez, delante de todos los comensales, la arrastró por los pelos a través del comedor del restaurante.
Esta abuela había reprimido su cólera, por lo que este sentimiento parece errar por el sistema familiar buscando a alguien que lo viva. Finalmente, la nieta adopta la cólera reprimida de la abuela, sintiéndola continuamente y dirigiéndola contra su propio marido, en este caso, inocente.
Por tanto, se le pregunta a Robert: ¿Qué hombre en tu familia hubiera tenido motivos reales para sentirse culpable?"
A Robert le viene a la mente que su padre, durante la guerra, abandonó a su primera mujer y esta pereció en consecuencia. Más tarde, su padre volvió a casarse, aparentemente olvidándose por completo de la primera mujer. Robert descubre que él vive los sentimientos que su padre reprimió.

El orden que reina en las familias procura que toda injusticia sea expiada. Por tanto, una pregunta importante es ésta: ¿Hubo algún tipo de injusticia o de culpa en la familia? Así, por ejemplo, una familia campesina vivirá como injusticia el hecho de que no se respete la sucesión, es decir, que no sea el hijo mayor quien herede la finca sino su hermano menor. En tales casos, esa finca suele "traer mala suerte".
Un hecho especialmente apropiado para alborotar a una familia es un asesinato cometido por uno de sus miembros. Un acto así no puede ser olvidado sino que requiere la expiación. El perpetrador pierde el derecho de pertenencia a la familia y debería abandonarla. De lo contrario, los hijos y otros miembros de la familia nacidos posteriormente se verán implicados en la culpa. En tales casos, frecuentemente se producen más asesinatos o suicidios en la primera o segunda generación siguiente. Así, por ejemplo, en Alemania la culpa del Tercer Reich una y otra vez reaparece en las familias.

En el caso de Marita se muestra otro tipo de implicaciones en el destino familiar que aparecen con frecuencia. A pesar de su innegable éxito con el otro sexo, todas sus relaciones amorosas acaban fracasando. ¿Cuál es la razón de fondo?
Una relación de pareja tiene buenas posibilidades de lograrse cuando ambos miembros son fiables y suficientemente maduros para, en algún momento, formar una familia y cumplir el papel de padre o de madre. Para ello es necesario que (hablando en un sentido figurativo) la madre se encuentre detrás de la mujer y el padre detrás del marido. Si esta relación está perturbada, también la capacidad de establecer una relación y un vínculo se encontrará perturbada.
Una causa sistémica habitual de este trastorno radica en el pasado de los padres: la madre o el padre tuvieron otra relación vinculante antes de casarse, por ejemplo, un gran amor, un compromiso u otro matrimonio. Esta primera pareja también forma parte del sistema, dado que otra ley de la familia dice que también forma parte del sistema aquél que hizo sitio a favor de otro. Si esta persona es olvidada (como ocurre en muchas familias) será representado por un hijo.
Así, el padre de Marita estuvo comprometido antes de su matrimonio y se separó para casarse con la madre de Marita. En la familia nadie habla de aquella mujer, el tema es demasiado delicado. Marita representa a la novia anterior de su padre sin que nadie lo sepa o advierta. Por eso, desde un principio había sido la preferida de papá como representante de su primer amor. Con su madre, por el contrario, nunca se había entendido muy bien, ya que inconscientemente percibía la rivalidad. Como resultado de esta situación, Marita sabe muy bien cómo jugar con los hombres y ganárselos. Ahora bien, mientras permanezca cogida en el campo de tensión entre el padre y la madre, le faltará la fuerza femenina madura para un vínculo duradero.

Agudizando lo suficiente la mirada hasta llegar a las raíces de estas conexiones, se evidencia un profundo amor original de hijos a padres. Los hijos aman de una manera ciega e incondicional. No sólo son dependientes y necesitados de amor como la Psicología afirmaba hasta ahora, sino que ellos mismos aman con un amor inconsciente, fuerte. Durante toda su vida permanecen profundamente unidos a los padres, dispuestos incluso a entregar sus vidas por sus padres y su familia. Esta misma lealtad lleva a los hijos a tomar sobre sí la desdicha de los padres. Así, por ejemplo, una pareja vive en una relación infeliz. Sus hijos difícilmente tendrán el valor o la fuerza de ser felices en sus propias relaciones. En sus corazones sería como una traición.
Y esto se aplica a todos los hijos. En la superficie, el contacto entre hijos y padres puede haberse roto o incluso puede que exista una relación de hostilidad, pero también estos hijos están al servicio de la familia, cumpliendo misiones transmitidas de generación en generación.
¿Es posible disolver o transformar estas conexiones nefastas? Para este fin Bert Hellinger ha desarrollado el instrumento de las constelaciones familiares en su forma peculiar.
Con la ayuda de los participantes de un grupo alguien configura la imagen de su familia. Se configura o bien la familia de origen, es decir, la familia de la que uno proviene, con los padres, hermanos y, en caso necesario, también miembros de otras generaciones anteriores, o bien el sistema actual, es decir, su propia familia con el cliente como marido, la cliente como mujer, la pareja y los propios hijos. Aquí también pertenecen las parejas anteriores.
Cada uno de nosotros lleva en su interior la imagen de un orden en su familia. En la constelación esta imagen se exterioriza y cobra vida. El cliente elige representantes para cada miembro vivo o muerto de su sistema, inclusive su propia persona. A continuación asigna a cada uno de ellos un lugar y una dirección en qué mirar en un campo libre. En todo este proceso, sin embargo, no se determina ninguna postura ni ningún sentimiento concreto.
Muchas constelaciones evidencian un gran número de tensiones subliminales existentes en el sistema que los representantes expresan. Así, por ejemplo, el representante de un hijo o un padre que en una constelación es colocado al margen y mirando al vacío, percibe esta posición como una carga. Cada lugar tiene su propia fuerza, de manera que cualquier persona que lo ocupe tendrá percepciones similares. Más allá de la mera percepción, los representantes experimentan una sorprendente variedad de sentimientos y relaciones en la respectiva familia.
El que ocupa el lugar de otra persona comunica las tensiones percibidas en ese papel, tensiones que se disuelven en cuanto son descubiertas y expresadas. En el trabajo concreto se emplean una serie de frases simples con un efecto curativo. Los efectos sobre los demás participantes de la constelación muestran si una frase es acertada y produce un cambio real. De esta manera se permite experimentar con diferentes soluciones posibles y comprobarlas.
Un paso decisivo consiste en variar las posiciones para así buscar un orden bueno, es decir, un orden en el que cada participante se encuentra a gusto en su posición. Frecuentemente, el orden para una familia significa que los padres se encuentren enfrente de los hijos, ligeramente girados el uno hacia el otro. Los hijos, a su vez, forman un semicírculo en el que el hijo mayor ocupa el primer lugar, y después los demás, por orden de edades. En éste ámbito resulta especialmente beneficioso que los hasta ahora olvidados o excluidos reciban también el lugar que les corresponde.
También la hija que murió al nacer obtiene ahora el lugar que le corresponde al lado de los hermanos de Monika. Es como si se llenara un hueco negro en su interior. La representante de Monika expresa su respeto ante esta hermana con una reverencia, pronunciando la siguiente frase curativa: "Por favor, mírame con cariño".
Para Robert, que vivía los sentimientos de culpabilidad que su padre había reprimido, son otras las frases liberadoras. El se halla ante el representante de su padre y le dice: "Es tu sentimiento de culpa que he llevado durante tanto tiempo. Por favor, vuelve a cogerlo tú".
En la constelación de Marita fue especialmente importante que la novia anterior de su padre, hasta entonces excluida, fuera introducida en la configuración del sistema de origen. De repente, está claro a quién se dirigen realmente los sentimientos del padre, y la hija queda aliviada. Así puede volver enteramente al papel de hija y, desde esa posición, buscar un nuevo contacto con la madre.
Al final de la constelación, el participante que configuró su sistema ocupa el lugar de su representante. Hasta ese momento ha estado observando la historia de su familia desde fuera, con distancia, en un proceso que puede haber durado quince minutos o incluso toda una hora. Muchos aspectos le habrán quedado claros. Así pues, interioriza con todos sus sentidos la imagen y el orden nuevos.
Como preparación de este tipo de trabajo se recomienda investigar en la propia familia, preguntando a padres, tíos o abuelos por sucesos incisivos.
Estas serían las preguntas más importantes para aclarar hechos decisivos del pasado: ¿Hubo casos de muertes tempranas en la familia? ¿Entre los hermanos, en la línea del padre o de la madre? ¿Hubo injusticia o culpa? ¿Infortunios? ¿Hubo algún compromiso anterior por parte del padre o de la madre?
La red de vínculos que une a la familia se hace visible en una constelación familiar. Lo que ocurre y se mantiene por amor, tan sólo por amor puede encontrar la solución. Esta atmósfera constituye la base necesaria para disolver viejos enredos e implicaciones funestas. Finalmente, se encuentran un amor y una unión más maduros, dando paso a un orden nuevo en el que cada uno recibe un lugar bueno. Así es posible disolver tensiones antiquísimas, perpetuadas de generación en generación, para dar lugar a una vida futura más independiente.

Traducción: Sylvia Gómez Pedra