63. UN ESCRIBA SE HACE DISCÍPULO

 

1.- La antigua tradición cristiana atribuye a Mateo el publicano, recaudador de impuestos en Cafarnaún (Mt 9,9-13) y uno de los doce (10,3), el evangelio que lleva su nombre. El testimonio más antiguo es de Papías, obispo de Hierápolis (Frigia), que escribe hacia el año 130 en sus Explicaciones de las sentencias del Señor: “Mateo recopiló en lengua hebrea (en arameo) las sentencias de Jesús y cada uno las interpretó (tradujo) como pudo” (Eusebio de Cesarea, Historia eclesiástica, III, 39,1-16).

2.- Como es obvio, para Papías las sentencias (logia) o palabras (logoi) son términos equivalentes: "En su propia obra transmite Papías todavía otras interpretaciones de las palabras del Señor" (Eusebio, HE, III, 39, 14). Ciertamente, la sentencia es más solemne. Según el diccionario, es "un dicho grave y sucinto que encierra doctrina o moralidad"; al fin y al cabo, Jesús enseña como quien tiene autoridad (Mt 7,29), es el Señor. Pero se trata de lo mismo: de lo que dijo Jesús.

3.- Hace un siglo se descubrieron fragmentos del Evangelio de Tomás, una colección de dichos que empieza así: "Estas son las palabras secretas que dijo Jesús el Viviente y que Dídimo Judas Tomás consignó por escrito". En 1945 se descubrió el texto completo en Nag Hammadi (Egipto). Es un evangelio apócrifo que contiene 114 dichos atribuidos a Jesús. Algunos de ellos se parecen a los que recogen los evangelios canónicos. Los dichos se llaman sencillamente "palabras". Este tipo de evangelio, como colección de dichos, se parece al de Mateo, atestiguado por Papías. 

4.- Ireneo de Lyon (hacia 140-202), discípulo de Policarpo, que a su vez había sido discípulo del apóstol Juan, escribe lo siguiente: "Mateo publicó entre los hebreos, en su propia lengua, un evangelio escrito, mientras que Pedro y Pablo en Roma anunciaban el evangelio y fundaban la iglesia. Fue después de su partida, cuando Marcos, discípulo e intérprete de Pedro, nos transmitió también por escrito lo que había sido predicado por Pedro. Y Lucas, seguidor de Pablo, puso también en un libro el evangelio que había sido predicado por este. Luego Juan, discípulo del Señor, que había descansado sobre su pecho (Jn 13,23), publicó también un evangelio, mientras residía en Efeso de Asia" (Contra las herejías, 3,1,1).

5.- El texto hebreo (arameo) de Mateo se ha perdido. Sin embargo, Panteno, que dirigió la escuela de catequesis de Alejandría hacia el año 180 y fue enviado como heraldo del Evangelio  “hasta las tierras indias”, “se encontró con que el Evangelio de Mateo se le había adelantado en su llegada entre algunos habitantes del país que conocían a Cristo: Bartolomé, uno de los apóstoles, les había predicado y les había dejado el escrito de Mateo en los propios caracteres hebreos, escrito que conservaban hasta el tiempo mencionado” (Eusebio, HE, V,10,2-3).

 6.- En el prólogo de su evangelio, Lucas nos da preciosas indicaciones sobre el proceso de formación de los Evangelios: “Muchos han intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros, tal como nos las han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la Palabra” (Lc 1,1-2). Encontramos aquí tres niveles: la narración ordenada (la redacción), las cosas que se han verificado entre nosotros (lo que se narra, la historia de Jesús), la transmisión de los que fueron testigos oculares y servidores de la Palabra (tradición oral o escrita). Lucas asume el intento: “He decidido yo también, después de haber investigado todo desde los orígenes, escribírtelo por su orden, ilustre Teófilo, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido” (1,3-4)

7.- Del evangelio de Mateo, lo que nosotros conocemos es el texto griego. Tal y como nos llega, presenta las sentencias o palabras de Jesús (el llamado documento Q,  del alemán Quelle, fuente, común a Mateo y Lucas) y asume gran parte del evangelio de Marcos. Tiene tres grandes bloques: el evangelio de la infancia (1,1-2,23), lo que dijo e hizo Jesús (3,1-25-46), el misterio pascual (26,1-28,20).

8.- Los destinatarios de Mateo son judíos, que tienen por padre a Abraham (Mt 3,9), pero se apartan de la doctrina oficial judía, al convertirse al Evangelio. El conflicto es inevitable. Para muchos, los judíos que se hacen discípulos de Jesús son una secta (Hch 24,14), que en todas partes se la persigue (28,22), pero ellos entienden que siguen siendo tan judíos, tan creyentes, como antes. Incluso más y mejor. Por ellos da gracias Jesús: Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a pequeños (Mt 11,25).

9.- Si Mateo publicó entre los hebreos su evangelio, la comunidad de Jerusalén tendría algo que ver,  sobre todo, el sector judío de lengua aramea, dirigido por Santiago, el hermano del Señor (Ga 1,19). En Jerusalén, dice Santiago, son muchos los judíos que abrazan la fe y todos son fervientes partidarios de la Ley (Hch 21,20). Por Pablo sabemos que en Jerusalén Santiago, Cefas y Juan eran considerados como columnas (Ga 2,9). Clemente de Alejandría (hacia el 190) elogia a aquellos “hombres, que conservaban la verdadera tradición de la enseñanza bendita proveniente en línea recta de los santos apóstoles, de Pedro y de Santiago, de Juan y de Pablo” (Eusebio, HE,V, 11,5).

10.- De una forma especial, el evangelio de Mateo recoge la experiencia del escriba que se hace discípulo: Es como el dueño de la casa que saca del arca lo nuevo y lo viejo (13,52). Ahora bien,  en el arca del escriba ¿dónde está lo nuevo y dónde lo viejo? Además ¿puede un escriba hacerse discípulo? Este evangelio nos dice cómo. De suyo, el escriba “se aplica de lleno a meditar la ley del Altísimo” y enseña a muchos “la instrucción recibida” (Eclo 39,1-11). El escriba Esdras presenta al pueblo el libro de la ley, aclarando e interpretando su sentido (Ne 8, 1-10). Pero no todos son así. Los escribas que bajan de Jerusalén dicen de Jesús: Está poseído por el diablo (Mc 3,22). 

11.- Una cosa importante para Mateo y para el escriba que se hace discípulo. En  Jesús se cumple la plenitud de lo que estaba escrito, es el Mesías (Ungido), hijo de David, hijo de Abraham (1,1). Se cumple la Escritura en la concepción de Jesús:  le pondrán por nombre Emmanuel, que significa Dios con nosotros (1,23); en el relato de los magos: nacerá en Belén de Judea (2,5); en la huida a Egipto: de Egipto llamé a mi hijo (2,15); en la matanza de los inocentes: es Raquel que llora a sus hijos (2,17); en la vuelta a Nazaret: será llamado nazoreo (2,23); en el comienzo de su misión: El pueblo que habitaba en tinieblas vio una gran luz (4,16); en diversas curaciones: él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades (8,17); en su función de siervo del Señor: He aquí mi siervo...Pondré mi espíritu sobre él (12,18); en la enseñanza en parábolas: oír, oiréis, pero no entenderéis (13,14), abriré con parábolas mi boca, publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo (13,35); en la entrada en Jerusalén: he aquí que tu rey viene a ti, manso y montado en un asno (21,4); en el fin de Judas:  y tomaron las treinta monedas de plata (27,9).

12.- Mateo reúne lo que dijo Jesús en colecciones o series de dichos. Una primera serie recoge el anuncio del reino de Dios, la novedad del Evangelio. El Evangelio se anuncia en medio de felicitaciones y bienaventuranzas: ¡Dichosos! (5,7), y así hasta nueve veces, vosotros sois la sal de la tierra... vosotros sois la luz del mundo (5,13-16). Los discípulos son los verdaderos continuadores de la tradición viva. Jesús es el nuevo Moisés, que lleva la Ley a su plenitud: No penséis que he venido a abolir la ley y los profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento (5,17). Los traidores son precisamente los representantes de la doctrina oficial, con su legalismo y su formalismo. Ellos son los que realmente traicionan aquello que dicen defender. Con la gracia de Dios la nueva ley del Evangelio se puede cumplir y transforma al hombre: Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos (5,20). La contraposición que aparece en la fórmula: habéis oído que se dijo..., pues yo os digo... alerta a los discípulos sobre la diferencia que existe con la antigua ley.

13.- Por tanto, no sólo no tendrás otros dioses (Dt 5,7), sino que buscarás por encima de todo el Reino de Dios y su justicia (6,33). No sólo no jurarás en falso (Dt 5,11), sino que no jurarás en modo alguno (Mt 5,33-34), te bastará el sí o el no, la sinceridad fraterna. No sólo santificarás el sábado (Dt 5,12-15), sino que el sábado estará al servicio del hombre (Mc 2,27), el hijo del hombre es señor del sábado (Mt 12,8). No sólo honrarás a tu padre y a tu madre (Dt 5,16), sino que todos aquellos que escuchan la Palabra serán tu familia (Mt 12,46-50). No sólo no matarás (Dt 5,17), sino que amarás a tu enemigo (Mt 5,43-46). No sólo no cometerás adulterio (Dt 5,18) ni fornicarás (Eclo 41,17) ni codiciarás la mujer de tu prójimo (Dt 5,21), sino que serás fiel con todo el corazón (Mt 5,27-30). No sólo no robarás (Dt 5,19) ni codiciarás los bienes ajenos (Dt 5,21), sino que compartirás tus bienes (Mt 6,1-4). No sólo no darás falso testimonio contra tu prójimo (Dt 5,20) ni mentirás (Pr 12,22), sino que disculparás, perdonarás (Mt 18,21-22) y caminarás en la verdad (Jn 8,32), hablarás francamente y sin temor (Mt 10,26-33).Todo ello sin olvidar la limosna en secreto, la oración personal, el padre nuestro, el ayuno, el verdadero tesoro, la necesaria opción entre Dios o el dinero, la confianza en Dios, el amor fraterno, los dos caminos, el cumplimiento de la palabra de Jesús en la práctica (Mt 6-7).

14.- La segunda serie de dichos de Jesús recoge la misión de los doce: Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo habéis recibido, dadlo gratis (10,7-8), mirad que os envío como corderos en medio de lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes y sencillos como las palomas... Seréis odiados de todos por causa de mi nombre (10,16-22), no les tengáis miedo... lo que os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a la luz, y lo que os digo al oído, proclamadlo desde los terrados (10,26-33), no penséis que he venido a traer paz a la tierra (10,34-36), el que no toma su cruz y me sigue no es digno de mi (10,37-39), quien a vosotros recibe, a mi me recibe, y quien me recibe a mi, recibe a Aquel que me ha enviado... Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua a uno de estos pequeños por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa (10,40-42).

15.- La tercera serie de dichos recoge las parábolas del reino de Dios: Una vez salió un sembrador a sembrar (13,3), un hombre sembró buena semilla en su campo, pero, mientras dormía, vino su enemigo, sembró cizaña entre el trigo, y se fue (13,24-25), el reino de los cielos es como un grano de mostaza (13,31), como la levadura que fermenta la masa (13,33), como un tesoro escondido en el campo (13,44), como una perla de gran valor (13,46), como una red que recoge todo género de peces (Mt 13,47).

16.- La cuarta serie de dichos aborda la vida de la comunidad: quien se haga pequeño como este niño, ese es el mayor en el reino de los cielos (18,4), al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una piedra de molino, y le hundan en lo profundo del mar (18,6), si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve para ir en busca de la descarriada? (18,12), la corrección fraterna (18,15-18), la oración en común (18,19-20), el perdón de las ofensas (18,21-22), la parábola del siervo sin entrañas (18,23-35). 

17.- La quinta serie de dichos recoge la denuncia de escribas y fariseos: ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar... ¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo vais a escapar de la condenación de la gehenna? Por eso, he aquí que yo os envío a vosotros profetas, sabios y escribas; a unos los matareis y los crucificaréis; a otros los azotaréis en vuestras sinagogas y los perseguiréis de ciudad en ciudad... (23,13-35). La misma denuncia recae sobre esta generación y sobre Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados (23,36-37). El reino de Dios les será arrebatado. Señal de ello será la destrucción de Jerusalén y del templo.

18.- La sexta serie de dichos se centra las señales del fin, el futuro que viene: del templo no quedará piedra sobre piedra (24,2), mirad que no os engañe nadie (24,4), se levantará nación contra nación y reino contra reino, y habrá en diversos lugares hambre y terremotos (24,7), os entregarán a la tortura y os matarán, y seréis odiados de todas las naciones por causa de mi nombre (24,9), se proclamará esta buena nueva del reino en el mundo entero (24,14), cuando veáis la abominación de la desolación...los que estén en Judea que huyan a los montes (24, 15), como el relámpago sale por oriente y brilla hasta occidente, así será la venida del Hijo del hombre (24,27-28), se conmoverán los cimientos (24,29-31), parábola de la higuera (24,32-35), invitación a la vigilancia (24,36-44), parábola del mayordomo (24,45-51), las diez doncellas (25,1-13), los talentos (25, 14-30), el juicio de las naciones (25,31-46). Las naciones serán juzgadas por la actitud adoptada ante los discípulos.

19.- No sólo importa lo que dijo e hizo, sino también lo que pasó con Jesús. En el proceso que se le hace, el sumo sacerdote le dice: Yo te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el Cristo, el hijo de Dios. Responde Jesús: Sí, tú lo has dicho. Y yo os digo que a partir de ahora veréis al hijo del hombre sentado a la derecha del poder y venir sobre las nubes del cielo (26, 63-64). Es lo que se cumple después, el mensaje que reciben María Magdalena y la otra María: Vosotras no temáis, pues sé que buscáis a Jesús, el crucificado; no está aquí, ha resucitado, como lo había dicho... Y ahora, id enseguida a decir a sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis (28,5-7). El crucificado va por delante a Galilea, ha resucitado, es el Señor. La misión de los discípulos es universal: Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos... enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo (28,19-20). El escriba que se hace discípulo acoge la palabra de Jesús y reconoce su misteriosa presencia.

 

* Diálogo:

-         ¿Qué nos aporta el evangelio de Mateo?

-         ¿Puede un escriba hacerse discípulo?

-         En el arca del escriba ¿dónde está lo nuevo y dónde lo viejo?

-         Acogemos la palabra de Jesús

-         Reconocemos su misteriosa presencia