70. ESCUCHAR Y ACTUAR
1.- Los hechos valen más que las palabras: “Poned por obra la palabra y no os contentéis con escucharla” (St 1,22), dice la Carta de Santiago. Hay que escuchar y actuar. Santiago (Sant-Iacob), “siervo de Dios y del Señor Jesucristo” se dirige “a las doce tribus de la Dispersión”(1,1), es decir, a las comunidades judeocristianas que viven en medio de una sociedad pagana. Según Eusebio de Cesarea (+339), la carta “no se considera auténtica”, pero se lee públicamente "en la mayoría de las iglesias” (HE II,23,25). Está escrita en griego. Pudo ser redactada en el grupo de lengua griega de la comunidad de Jerusalén (Hch 6,1). En cualquier caso, refleja la experiencia original y la tradición oral del Evangelio. 2.- Según la tradición, el autor es Santiago, el hermano del Señor, que dirige el grupo de lengua aramea de la comunidad de Jerusalén (Ga 1,19;2,12), el grupo judeocristiano observante de la ley judía. Incorporado a la comunidad cristiana tras la muerte de Jesús (Hch 1,14), es testigo del Señor Resucitado (1 Co 15,7), interviene decisivamente en el concilio de Jerusalén, aceptando que la ley judía no se imponga a los gentiles que se convierten a Dios (Hch 15,6-20). Santiago, Pedro y Juan son considerados como “columnas” (Ga 2,9). Según Eusebio, “al apelar Pablo al César y ser enviado por Festo a la ciudad de Roma, los judíos, frustrada la esperanza que les indujo a tenderle asechanzas, se volvieron contra Santiago, el hermano del Señor”. Muere lapidado y apaleado el año 62 (HE II, 23,1; Josefo, Antigüedades judías, XX,9,1; Hegesipo, Memorias, V). Santiago, el hermano de Juan, murió decapitado el año 44 (Hch 12,2). Santiago el de Alfeo es uno de los doce (Mt 10,3). 3.- La carta llama dichoso a quien soporta la prueba: "Considerad como un gran gozo, hermanos míos, el estar rodeados de toda clase de pruebas, sabiendo que la calidad probada de vuestra fe produce la paciencia en el sufrimiento; pero la paciencia ha de ir acompañada de obras perfectas para que seáis perfectos e íntegros” (St 1,2-4), “!feliz el hombre que soporta la prueba¡ Superada la prueba recibirá la corona de la vida que ha prometido el Señor a los que le aman” (1,12). Es la experiencia del Evangelio: “Dichosos seréis cuando os insulten, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos” (Mt 5,11-12), “sed perfectos, como es perfecto vuestro padre celestial” (5,48). 4.- Dios da la sabiduría a quien la pide con fe. La oración es eficaz: “Si alguno de vosotros está falto de sabiduría, que la pida a Dios, que da a todos generosamente y sin echarlo en cara, y se la dará. Pero que la pida con fe, sin vacilar; porque el que vacila es semejante al oleaje del mar, movido por el viento y llevado de una a otra parte” (St 1,5-7). Es lo que dice Jesús: “Pedid y se os dará”, “todo el que pide recibe”, vuestro padre que está en los cielos da “cosas buenas” a los que se la piden (Mt 7,7-11). 5.- Es fundamental la opción por los pobres: “El hermano de condición humilde gloríese en su exaltación; y el rico en su humillación" (St 1,9-10), “no entre la acepción de personas en la fe que tenéis en nuestro Señor Jesucristo glorificado. Supongamos que entra en vuestra asamblea un hombre con un anillo de oro y un vestido espléndido; y entra también un pobre con un vestido sucio; y que dirigís vuestra mirada al que lleva el vestido espléndido y le decís: Tú siéntate aquí en un buen lugar, y en cambio al pobre le decís: Tú quédate ahí de pie, o siéntate a mis pies. ¿No seria esto hacer distinción entre vosotros y ser jueces con criterios malos? ¿Acaso no ha escogido Dios a los pobres según el mundo como ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que le aman?... ¿No son acaso los ricos los que os oprimen y os arrastran a los tribunales? ¿No son ellos los que blasfeman el hermoso nombre que ha sido invocado sobre vosotros? (2,1-8). El Evangelio es buena noticia para los pobres (Lc 4,18), "derriba del trono a los poderosos y exalta a los humildes" (1,52), “dichosos los pobres en el espíritu” (Mt 5,3) o (sin más) “dichosos los pobres” (Lc 6,20), “ay de vosotros los ricos” (6,24), “no podéis servir a Dios y al dinero” (Mt 6,24). En la comunidad de Jerusalén la comunicación de bienes es fuerte (Hch 4,32-35). Pablo hace una colecta para los pobres de Jerusalén (Rm 15,26). 6.- Las palabras contra los ricos son muy duras: “Vosotros los ricos, llorad y dad alaridos por las desgracias que están para caer sobre vosotros. Vuestra riqueza está podrida y vuestros vestidos están apolillados; vuestro oro y vuestra plata están tomados de herrumbre y su herrumbre será testimonio contra vosotros y devorará vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado riqueza en estos días que son los últimos. Mirad, el salario que no habéis pagado a los obreros que segaron vuestros campos está gritando, y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido sobre la tierra regaladamente y os habéis entregado a los placeres; habéis hartado vuestros corazones en el día de la matanza. Condenasteis y matasteis al justo, él no os resiste” (St 5,1-6). 7.- Todo don viene de Dios, El nos engendra con su palabra: “No os engañéis, hermanos míos queridos; toda dádiva buena y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del padre de las luces, en quien no hay cambio ni sombra de rotación. Nos engendró por su propia voluntad, con palabra de verdad, para que fuésemos como las primicias de sus criaturas” (1,16-18). Jesús nos invita a confiar en Dios: “Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan ni recogen en graneros, y vuestro padre celestial las alimenta” (Mt 6,24). Quienes acogen la palabra se hacen hijos de Dios (Jn 1,12). 8.- Hay que escuchar la palabra y cumplirla: “Que cada uno sea diligente para escuchar y tardo para hablar, tardo para la ira. Porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. Por eso, desechad toda inmundicia y abundancia de mal y recibid la palabra sembrada en vosotros, que es capaz de salvaros. Poned por obra la palabra y no os contentéis sólo con oírla, engañándoos a vosotros mismos”, “en cambio, el que considera atentamente la ley perfecta de la libertad y se mantiene firme, no como oyente olvidadizo, sino como cumplidor de ella, ése, practicándola, será feliz” (St 1,19-25). “Dichosos los que escuchan la palabra y la cumplen”, dice Jesús (Lc 8,21). Es preciso escuchar la palabra y ponerla en práctica (Mt 7,24-27). La palabra sembrada produce fruto (Mc 4,20). 9.- Importa el Decálogo, también la misericordia, la compasión, el perdón: “Porque quien observa toda la ley, pero falta en un solo precepto, se hace reo de todos. Pues el que dijo: No adulteres, dijo también: No mates. Si no adulteras, pero matas, eres trasgresor de la ley. Hablad y obrad como quienes han de ser juzgados por la ley de la libertad. Porque tendrá un juicio sin misericordia el que no tuvo misericordia, pero la misericordia se siente superior al juicio” (St 2,10-13). Jesús asume el Decálogo y lo lleva a su plenitud: “No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir sino a dar cumplimiento” (Mt 5,17), “si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro padre celestial” (6,14). 10.- La verdadera fe se conoce por las obras: “¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga: Tengo fe, si no tiene obras? Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y hartaos, pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe, si no tiene obras, está realmente muerta. Y al contrario, alguno podrá decir: ¿Tú tienes fe?, pues yo tengo obras. Pruébame tu fe sin obras y yo te probaré por las obras mi fe. ¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien. También los demonios lo creen y tiemblan. ¿Quieres saber tú, insensato, que la fe sin obras es estéril?”(St 2,14-20). "la religión pura e intachable ante Dios Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en su tribulación y mantenerse incontaminado en este mundo” (1,27). Dice Jesús: “Por sus frutos los conoceréis” (Mt 7,20),. Y también: “Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro padre que está en los cielos” (Mt 5,16). Es “la fe que actúa por el amor” (Ga 5,6). 11.- Cuidado con la lengua: “Si alguno se cree religioso, pero no pone freno a su lengua, sino que engaña a su propio corazón, su religión es vana. (St 1,26), “si alguno no cae hablando, es un hombre perfecto, capaz de poner freno a todo su cuerpo. Si ponemos a los caballos frenos en la boca para que nos obedezcan, dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves: aunque sean grandes y vientos impetuosos las empujen, son dirigidas por un pequeño timón adonde la voluntad del piloto quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño y puede gloriarse de grandes cosas". También puede hacer grandes estragos: "Mirad qué pequeño fuego abrasa un bosque tan grande” (3,2-5). En conclusión, “no habléis mal unos de otros, hermanos” (4,11). 12.- La verdadera sabiduría: “¿Hay entre vosotros alguien que tenga sabiduría o experiencia? Que muestre por su buena conducta las obras hechas con la dulzura de la sabiduría. Pero si tenéis en vuestro corazón amarga envidia y espíritu de contienda, no os jactéis ni mintáis contra la verdad. Tal sabiduría no desciende de lo alto, sino que es terrena, natural, demoníaca. Pues donde existen envidias y espíritu de contienda, allí hay desconcierto y toda clase de maldad” (3,13-16). "No ha de ser así entre vosotros, dice Jesús; el que quiera ser grande entre vosotros, será vuestro servidor" (Mt 20,26). 13.- Como el reino de Dios (Mc 1,14), el Señor está cerca: “Tened, pues, paciencia, hermanos hasta la venida del Señor. Mirad, el labrador espera el fruto precioso de la tierra, aguardándolo con paciencia...fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cerca. No os quejéis, hermanos, unos de otros para no ser juzgados; mirad que el Juez está ya a las puertas. Tomad, hermanos, como modelo de sufrimiento a los profetas que hablaron en nombre del Señor....Habéis oído la paciencia de Job en el sufrimiento y sabéis el final que el Señor le dio, porque el Señor es compasivo y misericordioso. Ante todo, hermanos, no juréis ni por el cielo ni por la tierra, ni por ninguna otra cosa” (St 5,7-12). No juréis en modo alguno, dice Jesús (Mt 5,34-36). En su proceso declara ante Caifás: “A partir de ahora veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del poder y venir sobre las nubes del cielo” (Mt 26,64). Lo proclama Pedro el día de Pentecostés: "Dios ha constituido Señor y Cristo a ese Jesús a quien vosotros habéis crucificado" (Hch 2,36). 14.- Curación, reconciliación, conversión: “¿Sufre alguno entre vosotros? Que ore. ¿Está alguno alegre? Que cante salmos. ¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros (ancianos) de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos, pues, mutuamente vuestros pecados, y orad los unos por los otros para que seáis curados. La oración ferviente del justo tiene mucho poder”, “si alguno de vosotros, hermanos míos, se desvía de la verdad y otro le convierte, sepa que el que convierte al pecador de su camino desviado, salvará su alma de la muerte y cubrirá multitud de pecados” (St 5,13-20). 15.- En diálogo con el islam, la influencia judeocristiana en el Corán fue estudiada primero por Adolf von Harnack (1851-1930), historiador y teólogo protestante alemán. Según algunos investigadores actuales, el Corán refleja entre otras la influencia ebionita (ebion, pobre). En el Corán estos son los “profetas” o figuras bíblicas precedentes: Adán y Noé, Abrahán, Isaac y Jacob, José, Moisés y Aarón, Elías, David y Salomón, Esdras, Jesús. La famosa expresión "sello de los profetas", aplicada a Mahoma (hacia 570-632), se encuentra en uno de los escritos de Tertuliano (Adversus Judaeos, anterior al año 200) aplicada a Cristo. Judíos, cristianos y musulmanes reconocen un origen común, cumplimiento de la palabra de Dios a Abrahán: "Te hago padre de muchos pueblos" (Gn 17,5). Los musulmanes, dice el Concilio, "confesando adherirse a la fe de Abraham, adoran con nosotros a un Dios único, misericordioso, que juzgará a los hombres en el día postrero" (LG 16). 16.- La escritura árabe clásica se desarrolló a partir de la forma nabatea del arameo. El antiguo pueblo nabateo, que tiene por capital Petra, se sitúa al sur de Palestina. Se le identifica con la tribu de Nebayot, primogénito de Ismael (Gn 25,13). El judaísmo estuvo extendido durante siglos en Arabia. El relato de Pentecostés recoge la presencia de peregrinos árabes (Hch 1,12). Ireneo de Lyon (hacia 130-200), de forma totalmente indiferenciada, incluye a los judeocristianos entre los herejes con el calificativo de "ebionitas". Jerónimo (347-420) conoce una pequeña comunidad judeocristiana de "nazarenos" en Alepo (Siria), que utiliza una versión hebrea del evangelio de Mateo. En nuestro tiempo, la opción por los pobres se hace actual en la teología de la liberación. En las madrazas (escuelas coránicas) los pobres encuentran techo y comida, además de un mensaje religioso y político. 17.- Hoy la presencia judeocristiana en Arabia es reconocida también por parte musulmana: “Tales judeocristianos, probablemente ebionitas, estaban todavía presentes en Arabia en tiempos del profeta Mahoma...En árabe se les denominaba nasara, que era asimismo el nombre que se daba a los cristianos en general. Del Corán se desprende que los auténticos nasara confesaban a Jesús como Mesías...pero no atribuían a su persona rasgos divinos, como sí hacían otros nasara, ni entendían al Dios uno como Trinidad” (Hassan bin Talal, arqueólogo). Las analogías entre la imagen coránica de Jesús y la judeocristiana “son asombrosas”, dice Hans Küng (El islam, Ed. Trotta, Madrid, 2007, 63-66, 55 y 60). Obviamente, hay una diferencia fundamental: el reconocimiento de Jesús como Señor de la historia. Es lo que descubre Pablo en el camino de Damasco (Hch 9,5).
* Diálogo: ¿Es actual la Carta de Santiago? - refleja la experiencia original del Evangelio - no incide en el legalismo, tampoco en el dogmatismo - escuchar la palabra y cumplirla - dichoso el que soporta la prueba - la oración es eficaz - opción por los pobres - Decálogo y Evangelio - la fe se conoce por las obras - cuidado con la lengua - el Señor está cerca - curación, reconciliación, conversión - en diálogo con el islam |