64. EL EVANGELIO DE LOS GENTILES

 

1.- La tradición cristiana, desde Ireneo (hacia 140-202), atribuye a Lucas el evangelio que lleva su nombre: “Lucas, seguidor de Pablo, puso también en un libro el evangelio que había sido predicado por este” (Contra las herejías, 3,1,1). Por tanto, si Pablo es el apóstol de los gentiles  (Ga 2,9), el evangelio de Lucas puede llamarse el evangelio de los gentiles.

2.- Natural de Antioquía de Siria o establecido allí, Lucas es gentil (Col 4,11), un gentil que se hace discípulo. Colabora con Pablo, que le llama médico querido (Co 4,14). Cuando Pablo escribe la segunda carta a Timoteo, el único que está con él es Lucas (2 Tm 4,11). Y en la carta a Filemón, Lucas y Marcos aparecen como colaboradores de Pablo (Flm 24). Para llevar la colecta a Jerusalén, Pablo envía con Tito al hermano, cuyo renombre a causa del evangelio se ha extendido por todas las iglesias (2 Co 8,18).  Pablo escribe la segunda carta a los corintios desde Macedonia a finales del 55. Por tanto el evangelio de Lucas, ya conocido en todas las iglesias, es anterior. El uso de la primera persona del plural (nosotros) en los Hechos (16,10-17;20,5-15;21,1-18;27,1-44;28,1-16) supone que el autor (Lucas) acompaña a Pablo.  De una forma especial, las comunidades paulinas reciben el evangelio de Lucas, al fin y al cabo, el evangelio de Pablo: mi evangelio (Rm 16,25;2 Tm 2,8), el evangelio que proclamo entre los gentiles (Ga 2,2). Los viajes de Pablo revelan la trayectoria de su evangelio.

3.- Los destinatarios del evangelio son de mentalidad griega o gentil, especialmente miembros de las comunidades paulinas. La tradición habla de Acaya (Grecia) como del lugar en que se redactó. Lucas explica costumbres judías (22,1.7) y evita la identificación entre gentiles y pecadores, que aparece en otros evangelios (Lc 6,32-35;Mt 5,47;18,17). Con Jesús termina una etapa de la historia de la salvación (el tiempo de Israel) y se abre otra (el tiempo de los gentiles). El evangelio de Lucas recoge la experiencia de un gentil que se hace discípulo.

4.- En el prólogo, Lucas da preciosas indicaciones sobre el proceso de formación de su evangelio: “Puesto que muchos han intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros, tal como nos las han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la Palabra, he decidido yo también, después de haber investigado todo desde los orígenes, escribírtelo por su orden, ilustre Teófilo, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido” (1,1-4)

5.- El evangelio de Lucas presenta las sentencias o palabras de Jesús (el llamado documento Q,  fuente común a Mateo y Lucas) y asume gran parte del evangelio de Marcos, cuyo esquema general sigue: actividad de Jesús en Galilea y en Jerusalén, destacando la subida a Jerusalén, que ocupa casi la mitad del evangelio (desde 9,51). Desde Jerusalén se extenderá el evangelio a todas las naciones. En el evangelio de la infancia Lucas recoge lo que María llevaba en el corazón (Lc 2,51); después viene la preparación de la misión de Jesús: predicación de Juan, bautismo y tentaciones de Jesús (1,1-4,13); después, la actividad de Jesús en Galilea (4,14-9,50) y la subida a Jerusalén (9,51-19,28); finalmente, la actividad de Jesús en Jerusalén, tiempo final, misterio pascual (19,29-24,53).

6.- Ahora bien, ¿qué es lo que distingue al evangelio de los gentiles? En primer lugar, se puede destacar el alcance universal de la Buena Nueva. Cristo es de todos y para todos. Sus raíces alcanzan a toda la humanidad (3,23-38). Las comunidades que reciben el evangelio de Lucas celebran con gozo la salvación de Dios que llega también a los gentiles.

7. En la sinagoga de Nazaret Jesús manifiesta lo esencial de su misión. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y, desenrollándolo, halló el pasaje donde estaba escrito: El espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva. Me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos (4,18-19).  En la misión de Jesús está la acción del espíritu. El espíritu de Dios es el don propio de los tiempos mesiánicos. Jesús aparece como profeta (7,16), poderoso en obras y en palabras (24,19), ungido por el espíritu de Dios, el  dedo de Dios (11,20).

8.- La salvación de Dios es para hoy. No hay que esperar más: Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy (Lc 4,21), dice Jesús en la sinagoga de Nazaret. El hoy de la salvación es una característica del evangelio de Lucas: os ha nacido hoy un salvador (2,11), tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy (3,22), hoy hemos visto cosas increíbles (5,26), realizo curaciones hoy y mañana (13,32), hoy ha llegado la salvación a esta casa (19,9), hoy estarás conmigo en el paraíso (23,43).

9.- Jesús anuncia las señales que liberan: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la buena nueva (7,18-35). Donde hay opresión, hay Palabra de liberación. Una muchedumbre de pobres, sometida por los poderosos y los ricos, acoge como buena noticia el anuncio de Jesús: Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios (6,20). En cambio, ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya recibisteis vuestro consuelo! (6,24). Lucas manifiesta una especial atención a los pobres, oprimidos, enfermos, marginados, extranjeros, publicanos, pecadores.

10.- El perdón de Dios forma parte de la buena nueva del Evangelio: Tus pecados te son perdonados, le dice Jesús al paralítico por su conversión inicial (5,20). Jesús acoge a publicanos y pecadores: No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal (5,31). Tres parábolas ponen de relieve el amor de Dios: la oveja perdida, la dracma perdida, el hijo perdido (15,1-32).

11.- Jesús invita a sus discípulos a amar a los enemigos: Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada a cambio; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos (6,35. Los discípulos han de ser compasivos y misericordiosos (6,36-38).

12.- La discusión sobre el ayuno (común a Marcos y Mateo) es especialmente asumida por el gentil que se hace discípulo. La religiosidad tradicional choca con la experiencia nueva del Evangelio: Nadie rompe un vestido nuevo para echar un remiendo a uno viejo, nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos (5,33-39).

13. Lucas recoge la confesión de Pedro de este modo: Jesús es el Cristo de Dios (9,20), el ungido de Dios, el rey esperado. Entra en Jerusalén como el rey que viene: Bendito el rey que viene en el nombre del Señor (19,38). Eso sí, es el rey rechazado, crucificado. Se pondrá en el letrero de la cruz: Este es el rey de los judíos (23,38).

14.- La conversión al evangelio se manifiesta en el amor al prójimo. La parábola del samaritano (10,29-37) manifiesta que cualquier persona puede cumplir el evangelio, quizá sin darse cuenta. El amor al prójimo se expresa en comunicación de bienes. Zaqueo, jefe de publicanos y rico, recibe con gozo a Jesús y, al compartir la mitad de sus bienes, da una señal de que su dios no es el dinero. La salvación llega a su casa (19,1-10). Las parábolas del dinero injusto (16,1-13) y la de Lázaro y el rico (16,19-31) suponen una fuerte conciencia social: No podéis servir a Dios y al dinero (16,13). El pasaje del joven rico (18,18-27) manifiesta lo que importan los mandamientos referidos al prójimo: No cometas adulterio, no mates, no robes, no levantes falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre. Importa también compartir los bienes. Esto revela lo difícil que es para un rico entrar en el reino de Dios.

15.- Estando orando Jesús a solas, le dicen los discípulos: Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos (11,1). Lucas y Mateo dan versiones ligeramente distintas del padre nuestro (11,2-4; 6,9-13). Jesús no da una fórmula fija de repetición, sino un modo de orar en el espíritu de Dios. Las parábolas del amigo inoportuno y del padre y el hijo (Lc  11,5-13) invitan a orar con insistencia y con confianza: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá...Si vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el espíritu santo a los que se lo pidan!  La parábola del fariseo y el publicano (18,9-19) invita a orar con humildad.

16.- Lucas destaca la presencia de la mujer: María, que acoge la Palabra y nos la entrega (1,38); Isabel, que vive la fecundidad de la estéril (1,36); Ana, la anciana profetisa (2,36); la viuda de Naim, que recupera a su hijo resucitado (7,12); la pecadora perdonada (7,37); las mujeres que acompañan a Jesús y comparten su misión (8,2); la hemorroisa que es curada de su mal (8,43); la hija de Jairo que vuelve a la vida (8,42); Marta y María (10,38-42); la mujer encorvada (13,10-17); la viuda que comparte aquello que necesita (21,2); las mujeres que le compadecen camino del calvario (23,28); las mujeres que le siguen hasta la tumba (23,55); las mujeres que anuncian la resurrección, María Magdalena, María la de Santiago y las demás (24,9).

17. La fuerte conciencia social no lleva a olvidar, como frecuentemente sucede, la posición de Jesús sobre el matrimonio. No se puede decir de forma más breve: Todo el que repudia a su mujer y se casa con otra comete adulterio; y el que se casa con una repudiada por su marido, comete adulterio (16,18). Tampoco impide anunciar que los muertos resucitan, que son como ángeles, que son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección, que Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven (20, 36-38).

18.- Jesús comparte su misión con los doce: Escogió a doce de ellos, a los que llamó también apóstoles (6, 13). Comparte también su misión con otros: El Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir (10,1). Los discípulos anuncian que el reino de Dios está cerca (10,9), sus nombres están escritos en los cielos (10,20), son dichosos porque sus ojos ven lo que muchos profetas y reyes quisieron ver y no lo vieron (10,23-24), son el pequeño rebaño a quienes el Padre ha querido dar el reino (12,32), han perseverado con Jesús en sus pruebas y están llamados a sentarse sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel (22,28-30).

19.- La subida a Jerusalén es parte esencial de la misión de Jesús. Jerusalén rechaza su mensaje. Jesús llora por la ciudad: Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz. Pero ahora está oculto a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de empalizadas, te cercarán y te apretarán por todas partes, y te estrellarán contra el suelo a ti y a tus hijos que estén dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de tu visita (19,41-44). La subida a Jerusalén supone la denuncia del templo: Mi casa será casa de oración, pero vosotros la habéis hecho una cueva de bandidos (19,46).

20.- Jerusalén es una ciudad monstruo, que se traga a los profetas (13,34). Es símbolo vivo de esta generación, una generación malvada que pide una señal y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque así como Jonás fue una señal para los ninivitas, así lo será el hijo del hombre para esta generación  (11,29-32). Los fariseos y legistas tienen una responsabilidad especial: ¡Ay de vosotros, los fariseos... sois como los sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo...¡ay también de vosotros los legistas, que imponéis a los hombres cargas intolerables, y vosotros no las tocáis ni con uno de vuestros dedos... Por eso dijo la sabiduría de Dios: Les enviaré profetas y apóstoles, y a algunos los matarán y perseguirán...sí, os lo aseguro, se pedirá cuenta a esta generación (11,51). La viña del Señor será arrendada a otros (20,9-19), pasará a otras manos.

21.- Tras el proceso y muerte de Jesús, las mujeres reciben el mensaje de la resurrección: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? (24,5) El resucitado no es un fantasma. Los discípulos tardan en reconocerle. Le reconocen por medio de signos. La resurrección es un acontecimiento trascendente, pero tiene su palpabilidad. Los caminantes de Emaús descubren que el Señor camina con ellos, come y bebe con ellos (24,13-32), está en el corazón de la historia. En su nombre se anuncia la conversión y el perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén: Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la promesa de mi padre. Por vuestra parte, permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de poder desde lo alto (24,49). En el evangelio de Lucas, resurrección y ascensión suceden el mismo día, el día primero de la semana (24,1). Son dos aspectos del misterio pascual de Jesús. Se cumple plenamente el salmo 110: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos por escabel de tus pies (20,41-47).

 

* Diálogo: ¿Qué es lo que más impacta al gentil que se hace discípulo?

-         la Buena Nueva es para todos los hombres

-         la salvación es para hoy

-         la conciencia social del Evangelio: buena noticia para los pobres

-         las señales que liberan

-         la buena nueva del perdón de parte de Dios

-         el amor al prójimo

-         la presencia de la mujer

-         la denuncia del templo

-         el testimonio por causa de Cristo

-         la experiencia de los caminantes de Emaús