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LA ORACION EUCARISTICA
1.- El problema secular de relación entre las dos partes de la Eucaristía, la escucha de la Palabra y la oración eucarística, lo recoge Benedicto XVI en El sacramento de la caridad: “Se ha de evitar que, tanto en la catequesis como en la celebración, se de lugar a una visión yuxtapuesta de las dos partes del rito”. Ahora bien, una parte es variable y la otra es (en gran parte) fija e intocable (SC 22): ¿cómo evitar la yuxtaposición?, ¿es cuestión de participación (SC 56)?, ¿cuáles son los elementos esenciales de la oración eucarística? 2.- Hay que volver a las fuentes. En la última cena, dice Jesús: Haced esto en memoria mía (1 Co 11,23-25; Mc 14,22-24; Mt 26, 26-28; Lc 22,14-20). Pero ¿qué hace Jesús?, ¿qué hacemos nosotros? Jesús cena con sus discípulos (Jn 13,1-2), celebra la pascua (Lc 22, 15), la fiesta de los ácimos, llamada pascua (Lc 22,1). El ambiente es pascual: la casa y los preparativos (Mc 14,12), el lavatorio (Jn 13,5), el pan mojado en la salsa (13,26), la copa después de cenar (Lc 22,20), los salmos (Mt 26,30), la conversación amplia en la que Jesús revela el sentido de aquella cena (Jn 13-17). Ahora bien, nada se nos dice acerca de las fórmulas que usa Jesús. Jesús bendice, da gracias. Según Lucas y Pablo, sencillamente da gracias. Eso significa eucaristía, acción de gracias. 3.- La pascua judía es una cena con lecturas y salmos (relato del éxodo; salmos 113-118;ver Mc 14,26). El pan ácimo (como las hierbas amargas) es símbolo de las dificultades pasadas, el pan de los perseguidos, el pan de la miseria y de la prisa, el pan que hubo que llevar y cocer antes de que fermentara. Así lo dice el ritual judío de la Pascua: He aquí el pan de miseria que nuestros antepasados han comido en Egipto, que aquel que esté necesitado venga a celebrar la pascua. La pascua celebra como actual el éxodo liberador: el Dios vivo, que actúa en la historia, abre un camino de liberación. El creyente levanta la copa de la salvación (Sal 116,13;Lc 22,20). En el marco de la pascua, cada uno relata su historia. Y todos juntos celebran la historia común de Israel. Repitiendo un estribillo (dayenou: nos habría bastado), proclaman la acción liberadora de Dios. La eucaristía, celebrada en la Iglesia primitiva el primer día de la semana o día del Señor (Hch 20,7; Ap 1,10), queda desligada desde el primer momento de la pascua judía. 4.- Jesús pudo utilizar en la última cena una oración de bendición de la comida, que se amplía en la cena pascual. Por ejemplo, esta: “Bendito seas, Señor, Dios nuestro, Rey del universo, que nos alimentas a nosotros y al mundo entero con bondad, gracia, generosidad y misericordia. Bendito seas, Señor, que alimentas el universo”. Otra oración: “Te alabamos (te damos gracias), Señor, Dios nuestro, que nos has dado en herencia la tierra deseada, fértil y ancha, la Alianza y la Ley, la vida y el alimento; te damos gracias y bendecimos tu Nombre eternamente. Bendito seas, Señor, por la tierra y por el alimento”. Otra: “Ten misericordia de nosotros, Señor, Dios nuestro, de Israel, tu pueblo, y de Jerusalén, tu ciudad, del santuario donde habitas, y de Sión, morada de tu gloria, de tu casa grande y santa sobre la que se invoca tu Nombre, restaura el reino de la familia de David en su lugar y en nuestro tiempo” (Ver Max Thurian, El misterio de la eucaristía. Un enfoque ecuménico, Herder, Barcelona, 1983, 22-24). 5.- Veamos un embolismo (una variante) que se utiliza en la pascua judía: “El Dios nuestro y Dios de nuestros padres se levante y venga, acérquese, sea vista y aceptada, oída y visitada y recordada nuestra memoria y nuestra visitación, y la memoria de nuestros padres, y la memoria del Mesías, el hijo de David, tu siervo; y la memoria de Jerusalén, la ciudad de tu santidad; y esté ante tu presencia la memoria de la casa de Israel, tu pueblo, para liberación y bien, para gracia y misericordia, para la vida y la paz, en esta fiesta de los Acimos. Acuérdate, Señor, en este día de nosotros para concedernos la prosperidad, y visítanos en él con bendición, y sálvanos con una vida buena. Por tu palabra salvadora y misericordiosa, perdónanos, concédenos la gracia, ten piedad de nosotros y sálvanos, pues hacia ti están vueltos nuestros ojos, porque tú eres, oh Dios, rey clemente y de gran misericordia. Reedifica, Jerusalén, la ciudad de tu santidad, en seguida, en nuestros mismos días. Bendito seas, Señor, que por tu misericordia reedificas Jerusalén”. 6.- En los primeros siglos encontramos una amplia selección de textos eucarísticos, que se presentan bajo el signo de la unidad y la variedad: “Todos ellos alaban a Dios”, “son la misma alabanza al Padre, por el Hijo en el Espíritu Santo”, “todos ellos son, sin embargo, distintos, diversos, varios, según la particular idiosincrasia de cada pueblo y cada grupo de hombres” (V. Martín Pindado y J.M. Sánchez Caro, La gran oración eucarística. Textos de ayer y de hoy, La Muralla, Madrid, 1969, 23). 7.- Uno de los textos más antiguos sobre la eucaristía está en la Didajé, obra escrita en Siria en la segunda mitad del siglo I: “Respecto a la acción de gracias, daréis gracias así: Primero por la copa: Te damos gracias, Padre nuestro, por la santa viña de David, tu siervo, que nos has dado a conocer por medio de Jesús, tu siervo. A ti la gloria por los siglos. Luego por el pan partido: Te damos gracias, Padre nuestro, por la vida y el conocimiento que tú nos has manifestado por medio de Jesús, tu siervo. A ti la gloria por los siglos”. Se añade una oración por la Iglesia: “Como este pan partido estaba disperso sobre los montes y reunido se hizo uno, así sea reunida tu Iglesia de los confines de la tierra en tu reino. Porque tuya es la gloria y el poder (por Jesucristo) eternamente” (n. 9). Se dice también: “Venga la gracia y pase este mundo. Hosanna al Dios de David. El que sea santo, que venga. El que no lo sea, que se convierta. Maranatha. Amén” (n.10). 8.- Justino, a mediados del siglo II, describe una celebración de la eucaristía en Roma: “El día que se llama del Sol, se celebra una reunión de todos los que habitan en las ciudades o en los campos. Allí se leen, mientras el tiempo lo permite, las memorias de los apóstoles o los escritos de los profetas. Luego, cuando el lector termina, el presidente de palabra hace una exhortación e invitación a que imitemos estos bellos ejemplos. Seguidamente, nos levantamos todos a una y elevamos nuestras plegarias; cuando se terminan, como ya dijimos, se ofrece, pan y vino y agua, y el presidente, según sus fuerzas, eleva igualmente a Dios su oración y su acción de gracias, y todo el pueblo aclama, diciendo: Amén. Viene a continuación la distribución y participación de los alimentos eucaristizados y su envío, por medio de los diáconos, a los ausentes. Los que tienen bienes, y quieren, cada uno según su libre determinación, dan lo que bien les parece; y lo recogido se entrega al presidente y él socorre con ello a huérfanos y viudas, a los que por enfermedad o por otra causa están necesitados, a los que están en las cárceles, a los forasteros de paso. En una palabra, él se constituye en provisor de cuantos se hallan en necesidad” (Apología I, 67). 9.- El año 154, Policarpo, obispo de Esmirna, hizo una viaje a Roma para visitar al papa Aniceto. Este invitó al obispo a presidir la eucaristía en su lugar, sin temor alguno a que la intervención de su invitado, por el cambio de persona y de rito, causase la menor dificultad. A principios del siglo III tenemos ya en Hipólito de Roma la primera fórmula eucarística completa (canon, anáfora), un formulario para la oración eucarística, en el que las palabras de Jesús aparecen intercaladas dentro de la acción de gracias. Incluso el diálogo inicial (Levantad los corazones, Los tenemos levantados hacia el Señor, Demos gracias al Señor, Es justo y necesario) tiene ya la forma actual. Sin embargo, “el texto de Hipólito fue considerado durante largo tiempo como un simple ejemplo, como un modelo. No existe aún un misal, y el celebrante improvisa cada vez el texto, aunque siempre dentro de un marco fijo” (L. Hertling, Historia de la Iglesia, Herder, Barcelona, 1981, 51). 10.- El Concilio de Constantinopla (381) establece una división eclesiástica que sigue la del imperio romano: Roma, Antioquia, Alejandría, Cesarea, Efeso, Constantinopla. A estas ciudades se añade Jerusalén. En los siglos IV-V se forman las grandes familias litúrgicas orientales: la alejandrina, la siro-occidental y la siro-oriental. La primera tiene su centro en Alejandría. La segunda, con sus centros primitivos en Jerusalén y Cesarea, termina en Antioquia y Constantinopla, influyendo en la liturgia armena. La tercera tiene su centro en la ciudad de Edesa, dando origen a las liturgias maronita y siro-malabar, que llegarán a la India e, incluso, a China. 11.- Las grandes familias litúrgicas occidentales son dos. Una tiene su centro en Roma y extiende su influencia a Cartago. La otra es la liturgia hispano-gálica. La liturgia hispánica, llamada después impropiamente mozárabe, recibe un gran impulso de san Julián (+683), arzobispo de Toledo, así como de san Leandro (+600) y san Isidoro (+636), arzobispos de Sevilla. La liturgia galicana, que parece conocerse ya en tiempo de san Hilario (+368), tiene su mayor desarrollo en Lyon. En Milán, residencia de los emperadores en el siglo IV, se desarrolla la liturgia ambrosiana. En Escocia e Irlanda, la liturgia céltica. La liturgia hispánica recibe la influencia africana (Cartago) y oriental (Constantinopla). La liturgia ambrosiana tiene influencia oriental a través de la liturgia bizantina del exarcado de Rávena. La liturgia céltica tiene influencia de la liturgia gálica, que está en estrecho contacto con la liturgia hispánica. 12.- Con el tiempo, la oración eucarística se fue complicando. De la simplicidad primitiva, que encontramos en los textos del Nuevo Testamento, se pasa a las formas litúrgicas de los siglos IV-VI, llegando a veces a exageraciones. Sin embargo, los elementos esenciales son, prácticamente, siempre los mismos. 13.- En las liturgias orientales la oración eucarística suele llamarse anáfora (palabra griega, que significa repetición). La estructura de la misma varía según los diversos ritos, pero de uno u otro modo presenta estos elementos: diálogo inicial, exhortación a la acción de gracias; acción de gracias más o menos larga, cuyo contenido es muy variable; santo, santo, santo, situado en diversos lugares, aunque en las anáforas más primitivas no aparece; intercesiones por vivos y difuntos y conmemoración de los santos, que aparecen antes o después; narración eucarística, que falta en alguna anáfora y relata lo que hizo Jesús en la última cena; anámnesis, memoria (o memorial) de la muerte y resurrección de Jesús; su extensión puede ser variable y en algunas anáforas no aparece claramente; epíclesis, invocación generalmente dirigida al Padre para que envíe el espíritu santo y haga eficaces las palabras de Jesús; puede estar situada antes o después; doxología final, que suele ser trinitaria, aunque no siempre, y falta en algunos casos. 14.- En las liturgias occidentales la oración eucarística suele llamarse canon (palabra latina y griega, que significa regla, modelo). De uno u otro modo, aparecen estos elementos: diálogo inicial, exhortación a la acción de gracias; prefacio, acción de gracias que recorre los principales misterios cristianos a lo largo del año y termina con el santo, santo, santo; súplica por la aceptación del sacrificio, por la Iglesia y sus pastores, memento de vivos y conmemoración de los santos, petición del espíritu; narración eucarística, relato de lo que hizo Jesús la noche en que iba a ser entregado; anámnesis, memoria (o memorial) de la muerte y resurrección de Jesús; intercesiones por los difuntos y por los ministros celebrantes; doxología final. 15.- En medio de esta variedad oriental y occidental, ¿cuáles son los elementos esenciales de la oración eucarística? Tenemos un punto de referencia, lo que hace Jesús en la última cena: bendice, da gracias, celebra la pascua, su paso de este mundo al Padre (Jn 13,1). Dios pasa salvando, abriendo un camino de liberación. La presencia real de Jesús en la eucaristía no es algo automático, mágico o rutinario. Es siempre don de Dios. Por ello pedimos al Padre que haga vivas las palabras de Jesús, que sigue diciendo: Haced esto en memoria mía. 16.- Como la homilía, que significa conversación, la oración de los fieles es (en una liturgia renovada) parte variable y abierta a la participación de todos. Podemos revisar si esa oración tiene relación con la palabra escuchada; si la oración (como la escucha de la palabra de Dios) tiene relación con lo que estamos viviendo, con los acontecimientos personales, sociales o eclesiales (en el fondo, la eucaristía es la brújula de la historia); podemos revisar si nuestra oración es católica, es decir, universal; si nuestra oración es invocación, acción de gracias, petición; si oramos sin muchas palabras (Mt 6,7), en el espíritu de Jesús (Lc 11,2-4); si cumplimos el salmo que dice: Dad gracias al Señor, invocad su nombre, proclamad sus hazañas a los pueblos (Sal 105).
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