16. LA PASCUA, EL PASO DEL SEÑOR

1. Odo Casel (1886-1948), monje de la abadía benedictina María Laach (fundada en 1093) y pionero de la renovación conciliar, publicó en 1938 un artículo sobre "la forma y el sentido de la celebración pascual entre los primeros cristianos" (Jahrbuch). Quería hallar el sentido primitivo de la Pascua examinando los testimonios anteriores a la mitad del siglo IV. Unos años después, se dio la voz de alarma: "Incluso para quienes la celebran hoy día con fervor, (el sentido de la Pascua) no es el que tenía para los cristianos antiguos" (E. Duployé, La Maison-Dieu 6, 1946). Volviendo a las fuentes ¿qué significa la Pascua?, ¿es lo que fue?, ¿qué significan hoy las palabras de Jesús: Id y preparad la pascua (Lc 22,8)?

2. Veamos algunos aspectos. La Pascua asume lo esencial de dos tradiciones: de la pascua judía, el paso de la opresión a la libertad; de la pascua cristiana, el paso de Jesús de este mundo al Padre y su presencia nueva entre nosotros como Señor de la historia: El pasa salvando. Son dos pasos en uno, profundamente integrados. La mesa de la Pascua es la mesa del éxodo. El Dios vivo, que actúa en la historia, abre un camino para la liberación de los oprimidos: Esa noche yo pasaré (Ex 12,12). Antes del siglo IV, sólo hay una celebración, que tiene lugar en la noche de pascua.  

3. La pascua judía es una cena en medio de salmos (Sal 113-118;ver Mc 14,26). Se celebra en un ambiente familiar, por las casas, con cordero, el día catorce del mes (Ex 12,6;ver 12,1-5), en la primera luna llena de primavera. El pan ácimo (como las hierbas amargas) es símbolo de las dificultades pasadas: el pan de los perseguidos, el pan de la miseria y de la prisa (Ex 12,24.39), el pan que hubo que llevar y cocer antes de que fermentara. Así lo dice el ritual judío de la Pascua: "He aquí el pan de miseria que nuestros antepasados han comido en Egipto, que aquel que esté necesitado venga a celebrar la Pascua".

4. En el marco judío de la Pascua, cada uno relata su historia y todos juntos celebran la historia común. Repitiendo un estribillo (dayenou, nos habría bastado), proclaman la acción liberadora de Dios: "!Con cuántos favores nos ha colmado!...Si hubiese dividido para nosotros el mar sin habérnosle hecho pasar a pie seco, eso nos habría bastado... Si nos hubiera dado la Ley sin hacernos entrar en el país de Israel, eso nos habría bastado. Si nos hubiera hecho entrar en el país de Israel sin levantar para nosotros la Casa de Elección, eso nos habría bastado". Es la experiencia de fe: Cuando el Señor tomó en sus manos nuestro destino, nos parecía soñar (Sal 126). El creyente levanta la copa de la salvación (Sal 116), la piedra que los constructores desecharon en piedra angular se ha convertido. Es el Señor quien lo ha hecho (Sal 118).

5. La Pascua es una noche con nuevo amanecer. El poema de las cuatro noches, que evoca la celebración de la Pascua (aquella noche veló el Señor: Ex 12,43), recuerda las noches en las que nuestro destino estuvo en las manos de Dios: creación, alianza, éxodo, futuro. En ellas reconocemos que Dios es amor (Sal 103), está en el origen mismo del ser (Sal 139), se manifiesta en los acontecimientos de la vida (Gn 15,5-18), está con nosotros (Ex 3,15) también en los días duros y aciagos, abre un camino donde no lo hay, en el desierto, en el mar, en la muerte.

6. Gozos y esperanzas, tristezas y angustias sobre todo de los pobres y de cuantos sufren (GS 1) encuentran eco en nuestro corazón. No es posible ignorarlo: mil millones de pobres en el mundo, cuatro millones de parados en España, casi 3000 muertos en 2008 en su intento de alcanzar las costas españolas. Según datos de la FAO, con 50.000 millones de dólares por año se podría erradicar el hambre en el mundo, pero triunfa el “imperialismo del dinero y de las armas” (Casaldáliga). EE UU, el país más poderoso del mundo, tiene la mayor deuda externa: 10'7 billones de dólares. Desde finales de 2001, los gastos han excedido los ingresos. El ciclo es infernal: por un lado, la especialización de las industrias en el sector del armamento hace imposible la vuelta a una economía de paz; por otro, las guerras en Irak y Afganistán pueden costar 2'4 billones de dólares en el próximo decenio.

7.- Se necesita otro mundo, otra sociedad, otra Iglesia. Las palabra del Concilio fueron proféticas: “Mientras se emplean ingentes sumas en la preparación de armas siempre nuevas, no es posible ofrecer un remedio suficiente a las inmensas miserias actuales del mundo” (GS 81), “la carrera de armamentos es una gravísima plaga de la humanidad y perjudica intolerablemente a los pobres” (GS 81), "sepan los hombres de hoy que habrán de dar muy seria cuenta de sus acciones bélicas” (GS 79). Hay que evitar "la monstruosidad de las guerras" (GS 79), superar las “grandes desigualdades” sociales (GS 63 y 66), el inmenso abismo que separa a ricos y pobres (Lc 16, 19-31).

8. En los primeros siglos, la pascua cristiana va precedida de un ayuno corto y riguroso (un día, dos o más). Este ayuno parece proceder de una interpretación literal del pasaje en el que se le pregunta a Jesús por qué sus discípulos no ayunan. El día en que sean privados de su presencia, entonces ayunarán (Mt 9,15). Sí, pero de otra forma. Se olvida pronto la enseñanza de Jesús: Lo que contamina al hombre no es lo que entra por la boca, sino lo que sale del corazón (ver Mc 7,5-23). En este sentido, vale la pregunta: ¿de qué ayunamos en esta Pascua?

9. La fracción del pan, celebrada en la Iglesia primitiva el primer día de la semana (Hch 20,7), llamada también cena del Señor (1 Co 11,21) y eucaristía, no queda ligada a la comida del cordero. Jesús es el cordero de Dios (Jn 1,29), sacrificado el día de la preparación de la Pascua (19,14;1 Co 5,7). Se cumple el salmo 40: No quisiste sacrificios ni holocaustos, pero me has preparado un cuerpo. A mediados del siglo II, la eucaristía se separa de la cena y se traslada a la mañana. La Iglesia griega usa pan con levadura; la Iglesia latina pan ácimo (Concilio de Florencia, 1439).

10. La eucaristía queda ligada a las palabras de Jesús. Tomando el pan, el pan de los perseguidos, dijo: Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía. Del mismo modo, después de cenar, tomó la copa, la copa de la salvación, diciendo: Esta copa es la nueva alianza en mi sangre que se derrama por vosotros (Lc 22,19-20).  No lo podemos olvidar. Después del Concilio e intentado aplicarlo, desaparece Juan Pablo I (1978) en medio de una oscuridad eficazmente mantenida por intereses ocultos. Igualmente, en la época de Medellín (1968) y Puebla (1979), decenas de miles de personas son asesinadas en América Latina; entre ellas, más de 850 sacerdotes y monjas.

11. La Pascua tiene forma de uve (V), con los dos trazos unidos desde abajo. Es un movimiento de descenso y de subida. No celebra dos aspectos sucesivos y separados. Es el paso del uno al otro: de la opresión a la libertad, de la muerte a la vida, de la tristeza al gozo. En la última cena dice Jesús: La mujer, cuando va a dar a luz, está triste...pero cuando ha dado a luz al niño ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha nacido un hombre en el mundo (Jn 16,20), dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros sí me veréis (Jn 14,19). Hay que recuperar, dice el Concilio, "el sentido pascual de la muerte cristiana" (SC 81). 

12. La Pascua es una vigilia. Por tanto, se va a velar: Aquella noche el Señor veló (Ex 12,42). En primer lugar, el contenido de esta vigilia es la palabra de Dios viva y abundante. Los caminantes de Emaús escuchan de Jesús lo que había sobre él en todas las Escrituras (Lc 24,27). Después, la eucaristía (acción de gracias). Testimonios muy antiguos como la Carta de los Apóstoles (mediados del siglo II) y la Didascalia (siglo III) nos muestran una vigilia celebrada durante la noche hasta el canto del gallo; por tanto, comenzada al anochecer y terminada después de medianoche con la eucaristía. Antes o después, sobre todo en la época del catecumenado (siglos III-IV), la vigilia pascual atrae hacia sí la celebración del bautismo (ver Rm 6,3-11). En los primeros siglos la Pascua es la culminación del proceso catecumenal, el paso de la sed al agua de la vida (Jn 4), de la ceguera a la luz (Jn 9), de la muerte a la vida (Jn 11), la confesión de Jesús como Señor de la historia: Creo, Señor (Jn 9, 18). Se cumple el salmo 110: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos como escabel de tus pies. También se cumple el salmo 2: Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy. Quien pasó entre nosotros como siervo (Is 42,1-7; 52,13-53,12), fue procesado (Mt 26,57-66) y crucificado (Jn 19,12-37), ha resucitado (20,1-9), ha sido constituido Señor y Cristo (Hch 2,36).  

13. Por cuestión de fecha se discute mucho en el siglo II. Las comunidades del Asia Menor celebran la Pascua el 14 de nisán, lo mismo que los judíos y los primeros discípulos. El resto de la Iglesia lo hace en la noche del sábado al domingo, destacando más la resurrección. Víctor (+199), obispo de Roma, lanza la excomunión a quienes mantienen el calendario judío. Ireneo de Lyon y Polícrates de Efeso, con los obispos de Asia, le recuerdan la tradición eclesial. Policarpo de Esmirna y Aniceto de Roma (por encima de esas diferencias) están en comunión (Eusebio, HE V, 24,17). Según el Concilio de Nicea (325), se ha de evitar la coincidencia con la pascua judía. La Iglesia ortodoxa sigue el calendario juliano (Julio César, 46 a.C.). Gregorio XIII (1582) estableció el calendario gregoriano. Es de desear, dice el Concilio, un acuerdo de todos los cristianos para celebrar la Pascua en el mismo día (OE, 20).

14. A finales del siglo IV aparece ya la tradición del triduo santo, en el que se celebran los aspectos sucesivos del misterio pascual. Dice San Ambrosio: "Este es el triduo sagrado...durante el cual (Cristo) padeció, descansó y resucitó" (Ep. 23,12-13:PL 16,1030). San Agustín relaciona el pasaje de Jonás dentro del cetáceo con el triduo durante el cual el Señor murió y resucitó: viernes, sábado, domingo (De consensu Evang.,3,66:PL 34,1199).

15. A partir del siglo V, el catecumenado desaparece progresivamente y, también, el aspecto bautismal de la vigilia pascual. Se intenta entonces paliar este defecto mediante una ampliación del simbolismo ritual: bendición del fuego, del cirio, del agua. Esta fase es pronto seguida por la representación: bajo la influencia de la liturgia de Jerusalén, se escenifican las circunstancias de la pasión.

16. Ya en el siglo V, el domingo inaugural de la semana santa, la liturgia oriental celebra la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén, mientras que la liturgia romana (con León Magno) celebra la pasión (que se lee también el miércoles y el viernes). Por su parte, San Agustín responde a una consulta sobre qué había que hacer el jueves santo: para él, la regla de oro es seguir la práctica de la iglesia en que cada uno se encuentra (Ep.54,5:PL 32,202). Desde el siglo VIII, una nueva concepción del triduo se impone en la Iglesia latina, el triduo antes de pascua: jueves, viernes y sábado. Poco a poco, la degradación de la pascua sigue adelante. Pío V (1566) prohíbe celebrar la misa después del mediodía, con lo que se adelanta el oficio de la vigilia pascual a la mañana del sábado. Sin embargo, el 9 de febrero de 1951 la Congregación de Ritos decreta la restauración de la vigilia pascual.

17. A pesar de las reformas (1955, 1970), sigue habiendo problemas: el domingo de ramos se mezcla la entrada mesiánica con la pasión, omitiendo la denuncia del templo que provoca la muerte de Jesús (Mc 11,18; Jn 12,13-17); el jueves santo prevalece el lavatorio de los pies sobre la cena pascual (Jn 13-17;1 Co 11,23-26); el viernes santo se ignora la impresionante palabra de la cruz (Sal 22, que se incluye en el domingo de ramos o de pasión); en la vigilia pascual, las lecturas siguen la historia de la salvación, pero podrían recoger mejor lo que hay sobre Cristo en todas las Escrituras (Lc 24,27); la renovación de las promesas bautismales resulta insuficiente y meramente formal; el déficit actual de evangelización de los bautizados requiere algo más: un proceso de inspiración catecumenal que ayude a descubrir lo que el bautismo significa; finalmente, no se destaca el dinamismo indivisible del misterio pascual (el paso de la opresión a la libertad, de la muerte a la vida, el paso del Señor) y la Pascua no llega a ser lo que fue. Es preciso recuperarla.

18. Se celebre cuando se celebre, antes de la fiesta de la Pascua (Jn 13,1), el primer día de la semana (Jn 20,1), ocho días después (Jn 20,26), durante cuarenta días (Hch 1,3), durante cincuenta (2,1), cada semana (20,7;Ap 1,10), durante todo el año, el hecho fundamental es éste: Dios ha constituido Señor y Cristo a ese Jesús a quien vosotros habéis crucificado (Hch 2,36). También nosotros podemos reconocer su presencia y su acción en los múltiples signos (1 Co 15,16;Jn 21,7), que se producen como fruto de su Pascua. Su paso inaugura para el mundo el amanecer de un nuevo día, que no acabará jamás.

* Diálogo: sobre el sentido de la Pascua

- es la mesa del éxodo

- es una cena en medio de salmos (Sal 113-118)

- el pan ácimo, símbolo de las dificultades pasadas

- nos habría bastado, levantaré la copa de la salvación (Sal 116)

- es una noche con nuevo amanecer, el poema de las cuatro noches 

- gozos y esperanzas, tristezas y angustias (GS 1)

- denunciar la monstruosidad de las guerras (GS 79), superar las "grandes desigualdades sociales" (GS 63 y 66), el abismo que separa a ricos y pobres (Lc 16,19-31)

- ¿de qué ayunamos en esta Pascua?

- la fracción del pan, la cena del Señor, la eucaristía

- la Pascua tiene forma de uve (V), los dos trazos unidos desde abajo

- es una vigilia: palabra de Dios viva y abundante, eucaristía (acción de gracias)

- culminación del proceso catecumenal

- la cuestión de fecha

- a finales del siglo IV aparece el triduo santo

- a partir del siglo V desaparece el catecumenado, se amplia el simbolismo ritual, se va por la representación

- se prohíbe la misa después del mediodía (1566), la vigilia pasa a la mañana del sábado

- a pesar de las reformas (1955,1970), sigue habiendo problemas