- GUARDADO EN EL CORAZON

 

1. Cuando los evangelios (Mateo y Lucas) hablan de los orígenes de Jesús, recogen lo que María guardaba en el corazón (Lc 2,19). Lo presentan como buena noticia, como historia en la que aparece la acción de Dios, no como cuento de navidad. Lucas lo ha investigado diligentemente todo desde sus orígenes (Lc 1,3). Suponemos que Mateo también. Como Marcos y Juan, Pablo es muy sobrio al respecto: previene a Timoteo frente a fábulas y genealogías interminables (1 Tm 1,4;ver 2 P 1,16-19) y presenta a Jesús, según lo humano, como nacido de mujer (Ga 4,4), del linaje de David (Rm 1,3). Pero ¿qué dicen los evangelios?

2. Los evangelios dicen que Jesús no es hijo de José y que esto supuso un grave problema para la nueva familia. Antes de empezar a estar juntos, María se encontró encinta y José pensó repudiarla en secreto (Mt 1,18-19). Un mensaje recibido en sueños le sacó de dudas: José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del espíritu santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados (Mt 1,18-21;ver Dt 22,20-21). El mensaje del sueño llega con nombre y apellido: José, hijo de David. Le indica a José su función: dar nombre y apellido a Jesús, asumir una paternidad no biológica. Le confirma la palabra recibida por María: Vas a dar a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande, se le llamará hijo del Altísimo y el Señor le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos (Lc 1,31-33). Cuando en la Escritura se dice que algo lo ha hecho Dios, no se excluye una mediación que quizá no conocemos, porque no se sabe o no se nos dice. Lo que se dice es que María no es adúltera, es llena de gracia, el Señor está con ella (1,28), lo que tiene dentro es obra del espíritu de Dios.

3. De grandes figuras del Antiguo Testamento, nacidos de mujer estéril, se afirma que fueron fruto de la acción de Dios: Isaac (Gn 17,16), Jacob (Gn 25,21), Sansón (Jue 13,2), Samuel (1 Sm 1-2), Juan el Bautista (Lc 1,13-17). Por supuesto, en ninguno de estos casos se excluye por ello la natural colaboración de los padres (ver Hb 10,11). Pero lo de Jesús es algo especial. Se cumple la Escritura que dice: Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa: Dios con nosotros (Mt 1,23). Por su parte, María acoge la Palabra: Hágase en mí (Lc 1,38). La acoge incluso sin comprender todavía el plan de Dios: ¿Cómo será esto, pues no conozco varón? (1,34).

4. Los evangelios dicen más cosas. Hablan del censo de Quirino, gobernador romano (Lc 2,1-2). Sabemos por el monumento de Ancyra, hoy Ankara, que se hicieron tres censos en tiempo del emperador Augusto. Uno de ellos se hizo entre el 6 y el 8 a.C., pero -como la fecha del nacimiento de Cristo puede situarse en el año 7 a.C.- vienen a coincidir así los datos históricos y los datos evangélicos. Y gracias a este censo ordenado por el emperador, María y José fueron a Belén, donde tenía que censarse José por ser de la casa y familia de David (Lc 2,4). La cosa no es sólo meramente legal. Jesús es también hijo de José (2,38), porque ha nacido de su corazón, aunque no de sus entrañas. Sirvió a los planes de Dios la orden del emperador, pues -aun siendo el hombre más poderoso de la tierra- está por debajo de Dios. Y de este modo Jesús nació en Belén.

5. Los sacerdotes y escribas lo sabían: ¿Dónde ha de nacer el rey esperado? En Belén de Judá, como dijo el profeta Miqueas: Y tú Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre las ciudades de Judá, pues de ti saldrá un jefe que será pastor de mi pueblo (Mt 2,4-6; Miq 5,11). El nacimiento de Jesús es acogido como historia que manifiesta la acción de Dios: Proclama mi alma la grandeza del Señor, dice María (Lc 1,46). Mateo habla de magos, aunque el asunto pueda ser interpretado como magia, fábula, superstición. Lucas relata el acontecimiento de otro modo, no habla de magos, sino de ángeles (mensajeros de Dios) y de pastores que vigilan de noche su rebaño y la gloria del Señor los envuelve con su luz (Lc 2,8-9). Sin embargo, Mateo se  atreve a ponerlo: ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Hemos visto su estrella en el Oriente (Mt 2,2). A su manera, los magos ven cumplida la vieja esperanza: De Jacob avanza una estrella, un cetro surge de Israel (Nm 24,17).

6. El astrónomo J.Kepler hizo una hipótesis en 1606. Según sus cálculos, Jesús nació el año 7 a.C. Por cierto, en la antigüedad la palabra mago significa también sabio, astrónomo. Pero una cosa es la astronomía y otra la astrología, una cosa es la ciencia y otra la superstición. Hoy sabemos por los medios que actualmente tenemos (planetarios, ordenadores, etc) que efectivamente el año 7 a.C. hubo un fenómeno especial, como dijo Kepler: triple conjunción de Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis. La conjunción apareció el 12 de abril y se repitió tres veces con puntos de culminación el 29 de mayo, el 3 de octubre y el 4 de diciembre.

7. Además, el fenómeno pudo coincidir con las principales fiestas judías (pascua, pentecostés, tiendas), las tres fiestas de peregrinación a Jerusalén que todo judío conoce: Tres veces al año se presentarán todos tus varones ante el Señor tu Dios, en el lugar elegido por él: en la fiesta de los Acimos, en la fiesta de las Semanas, y en la fiesta de las Tiendas. Nadie se presentará ante el Señor con las manos vacías, sino que cada cual ofrecerá el don de su mano (Dt 16,16-17;ver Mt 2,11). Si ese trasfondo astronómico, que hoy puede reproducirse en el planetario, lo ponemos sobre el fondo del pasaje evangélico, encaja perfectamente. Se trata de un fenómeno que se repite en el espacio de unos meses. Cuando los magos se ponen camino de Belén, aparece de nuevo la señal: Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría (Mt 2,10).

8. Es de suponer que los magos sean, como Daniel (Dn 4,6), judíos de la diáspora, no gentiles. Sólo unos creyentes judíos pueden percibir la señal que les pone camino de Jerusalén. Para los demás no deja de ser un fenómeno más, que -como se sabe- fue observado en la escuela de astronomía de Sippar en Babilonia. No obstante, los magos lo perciben como señal, una señal en su trabajo, una señal dada en lo alto del cielo.

9. Cuando los magos preguntan dónde ha nacido el rey de los judíos, se meten en la boca del lobo. El rey Herodes se sobresalta y quiere saber con precisión cuándo apareció la estrella (Mt 2,3.7). En la casa del rey no ha nacido nadie. Además, el rey esperado no tiene dónde nacer, no hay lugar para él en la posada (Lc 2,7). El falso rey (el impostor, el extranjero puesto por los romanos) vive en un palacio y el ungido de Dios (el mesías) nace en un pesebre. Pero en su nacimiento los cielos cantan la gloria de Dios: Gloria a Dios en las alturas, dicen los mensajeros (Lc 2,14). Lucas, sin hablar de magos, está invitando a mirar al cielo, lo mismo que Mateo. Los mensajeros de Dios anuncian las señales que acompañan el nacimiento de Jesús.

10. Avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, los magos regresan a su país por otro camino (Mt 2,12). Desde el principio, Jesús es señal de contradicción (Lc 2,34). El historiador judío Flavio Josefo recoge la represión de un movimiento mesiánico muy vivo (el año 6 a.C.) por parte de Herodes (Mt 2,16), indicando que éste castigaba con medidas drásticas tales entusiasmos (Antigüedades judías,XVII,44ss). Recoge también el rumor popular de que Dios había decidido acabar con el dominio de Herodes, pues una señal divina había anunciado la venida de un rey judío (Guerra judía I,17). El escritor pagano Macrobio, hacia el 400 d.C., recoge una alusión de Augusto a la matanza de Herodes: de dos años para abajo (Saturnalia V,2). Los padres de Jesús tienen que emigrar (Mt 2,14-23). Herodes murió el año 4 a.C. de una terrible enfermedad, cada vez más virulenta. Dios vengaba sus crímenes (Ant. Jud.,XVII,168ss). El calendario cristiano, fijado por el monje Dionisio el año 525, presenta un error de cálculo de unos 7 años. O sea, Cristo nació el año 7 a.C. Todo encaja, también el final de Herodes: Derribó del trono a los poderosos y exaltó a los humildes (Lc 1,52).

 

            * Diálogo: ¿Qué es lo que María guardaba en el corazón? ¿Qué señales acompañan el nacimiento de Jesús?