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LA DOCTRINA SOCIAL
- Durante siglos, el mensaje social del
Evangelio se fue quedando en la sombra hasta llegar a una negación
total del mismo. En la encíclica Quod apostolici muneris
(1878), dirigida contra el socialismo, el papa León XIII
habla en estos términos de la propiedad privada: "Mientras
los socialistas presentan el derecho de propiedad como una invención
humana contraria a la natural igualdad de los hombres, y aspirando
a la comunidad de los bienes, consideran que no se debe soportar
con buen ánimo la pobreza, y que se pueden violar impunemente
los fundamentos y los derechos de los más poderosos, la
Iglesia, mucho más sabia y útilmente, reconoce también
en la posesión de los bienes la desigualdad entre los hombres,
debido a fuerzas físicas y aptitudes de ingenio naturalmente
diversas, y quiere que el derecho de propiedad y dominio sea para
todos intacto e inviolable, derecho que deriva de la misma naturaleza".
El texto carece de todo aliento profético y responde al
liberalismo económico, al capitalismo liberal de la época,
no a la genuina tradición cristiana.
- Sin embargo, durante el siglo XIX hubo
tendencias sociales (minoritarias) en ambientes católicos.
Por ejemplo, en Francia Jean-Marie de Lamennais y Frédéric
Ozanam denuncian el liberalismo económico y defienden el
derecho de asociación de los obreros, la primacía
de la persona, la intervención del Estado y el salario
vital, que no puede ser dejado al puro juego del mercado.
- En este contexto, surge la doctrina social
de la Iglesia con la encíclica Rerum novarum (1891)
de León XIII, que trata del nuevo problema social. Cosas
nuevas son el capital (nueva forma de propiedad privada), el trabajo
(reducido a mercancía, bajo la ley de la oferta y la demanda)
y el conflicto entre ambos (la lucha de clases). León XIII
enumera los errores que llevan a la "inmerecida miseria" del proletariado
y excluye al socialismo como solución de la "cuestión
obrera", porque "poseer las cosas privadamente como propias es
un derecho dado al hombre por la naturaleza". Son fundamentales
estos puntos: el trabajo, el derecho de propiedad, el principio
de colaboración contrapuesto a la lucha de clases, el derecho
a tener asociaciones profesionales. Se pide la intervención
del Estado, pues "es estricto deber del Estado el cuidarse debidamente
del bienestar de los obreros". Así pues, se presenta como
ideal cristiano la "colaboración de las clases", no la
superación de las grandes diferencias sociales, es decir,
el ideal de una sociedad sin clases.
- Cuarenta años después,
Pío XI con su encíclica Quadragesimo anno
(1931) ofrece una panorámica de la sociedad industrial
y de la producción, subraya la necesidad de que tanto el
capital como el trabajo contribuyan a la producción y a
la organización económica, establece las condiciones
para el restablecimiento del orden social, busca un nuevo enfoque
de los problemas para afrontar los grandes cambios ocasionados
por el nuevo desarrollo de la economía y del socialismo,
apoya una organización corporativa afín al sistema
sindical fascista.
- En su radiomensaje de 1 de junio de 1941
Pío XII afirma que "el orden natural, derivado de Dios,
requiere también la propiedad privada y el libre recíproco
comercio de los bienes con intercambios y donaciones, así
como la función reguladora del poder público sobre
ambas instituciones". Son básicos estos principios éticos
y sociales orientados a promover la reconstrucción tras
las ruinas de la segunda guerra mundial: el destino universal
y uso de los bienes, los derechos y deberes de los trabajadores
y de los empresarios, la función del Estado en las actividades
económicas, la necesidad de la colaboración internacional
para llevar a cabo una mayor justicia y asegurar la paz, el restablecimiento
del derecho como regla de las relaciones entre las clases y entre
los pueblos, el salario mínimo familiar.
- La Declaración Universal de los
Derechos del Hombre (ONU, 10-12-1948) es un acontecimiento, que
será acogido y valorado por el magisterio de la Iglesia
(sobre todo, Juan XXIII y el Concilio Vaticano II) como signo
de la acción del espíritu de Dios en nuestro tiempo
(Mt 16,3). Algunos derechos humanos más importantes: de
reunión y de asociación, de participación
política, de participación laboral, de expresión
e información, derecho a la educación, a no ser
sometido a torturas ni a tratos crueles, inhumanos o degradantes,
a una vida verdaderamente humana, a la libertad religiosa.
- Juan XXIII en su encíclica Mater
et magistra (1961) hace un análisis histórico
y sociológico de la moderna sociedad industrial y del papel
que pueden tener en ella los sistemas de previsión y seguridad
social, las capacidades profesionales y los derechos fundados
en el trabajo, afirma "el carácter natural del derecho
de propiedad incluso en los bienes de producción", denuncia
las desigualdades existentes no sólo entre los distintos
sectores económicos sino también entre los países
y regiones, así como el fenómeno de la superpoblación
y subdesarrollo que, a causa de la falta de entendimiento y de
solidaridad entre las naciones, origina situaciones insoportables,
especialmente en el Tercer Mundo.
- Ante el peligro de una guerra nuclear,
la encíclica Pacem in terris (1963) es una llamada
urgente a construir la paz basada en el respeto de las exigencias
éticas que deben regir las relaciones entre los hombres
y entre los Estados. En su primera parte se asumen "los derechos
del hombre": a la existencia y a un nivel de vida digno, a los
valores morales y culturales, a la libertad religiosa, a la elección
del propio estado, a la libre asociación, a la libertad
de emigración e inmigración, a la participación
política.
- Se consolida cada vez más el proceso
de descolonización de muchos países del Tercer Mundo,
pero al colonialismo político vigente hasta entonces le
sucede otro colonialismo de carácter económico.
Especialmente en América Latina, surge una toma de conciencia
ante los desequilibrios del desarrollo y las situaciones de injusticia,
y estalla en varios modos un fermento de liberación. El
mundo espera de la Iglesia un mensaje nuevo y esperanzador. A
esta expectativa responde el Concilio Vaticano II con la Constitución
Gaudium et spes (1965).
- El Concilio proclama que "toda forma
de discriminación de los derechos fundamentales de la persona,
sea social, sea cultural, por razones de sexo, raza, color, condición
social, lengua o religión, debe ser superada y suprimida,
como contraria al plan de Dios"(GS 29); "para satisfacer las exigencias
de la justicia y de la equidad hay que hacer todos los esfuerzos
posibles para que, dentro del respeto a los derechos de las personas
y a las características de cada pueblo, desaparezcan lo
más rápidamente posible las enormes diferencias
económicas que existen hoy, y frecuentemente aumentan,
vinculadas a discriminaciones individuales y sociales" (GS 66);
el desarrollo ha de estar al servicio del hombre, sin dejarse
dominar por las implicaciones socio-económicas de los dos
principales sistemas, capitalismo y socialismo; hay que promover
el bien de todo el hombre, "del hombre integral", teniendo en
cuenta sus necesidades de orden material y espiritual (GS 64-65),
superando así la tradicional contraposición entre
productor y consumidor, y las discriminaciones que ofenden la
dignidad humana; "el trabajo humano que se ejerce en la producción
y en el comercio o en los servicios es muy superior a los demás
elementos de la vida económica, pues estos últimos
no tienen otro papel que el de instrumentos" (GS 67); "el derecho
de propiedad privada no es incompatible con las diversas formas
de propiedad pública existentes" (GS 71).
- Con la encíclica Populorum
progressio (1967) Pablo VI propone una nueva comprensión
del desarrollo: desarrollo integral del hombre y desarrollo solidario
de la humanidad. El desarrollo es "el paso de condiciones de vida
menos humanas a condiciones de vida más humanas", tanto
en los aspectos puramente temporales, como en los valores auténticos
sin los cuales no es posible un verdadero desarrollo de la sociedad.
Dice Pablo VI, tras hacer referencia a la primera carta de San
Juan (3,17): "Sabido es con qué firmeza los Padres de la
Iglesia han precisado cuál debe ser la actitud de los que
poseen respecto a los que se encuentran en necesidad: No es parte
de tus bienes – dice San Ambrosio – lo que tú das al pobre,
lo que le das le pertenece. Porque lo que ha sido dado para el
uso de todos, tú te lo apropias. La tierra ha sido dada
para todo el mundo y no solamente para los ricos". Dice también
el Papa: "La propiedad privada no constituye para nadie un derecho
incondicional y absoluto. No hay ninguna razón para reservarse
en uso exclusivo lo que supera a la propia necesidad cuando a
los demás les falta lo necesario" (PP 23;ver GS 69).
- Ochenta años después de
la Rerum novarum, Pablo VI publica la Octogesima adveniens
(1971). Se precisa una reflexión para la comprensión
de la dimensión política de la existencia y del
compromiso cristiano, estimulando a la vez el sentido crítico
con relación a las ideologías vigentes.
- Juan Pablo II publica la encíclica
Laborem exercens en 1981. La clave central de toda la cuestión
social se encuentra en el trabajo humano (LE 3). Se requiere una
revisión profunda del sentido del trabajo, que supone una
distribución más equitativa no sólo de la
renta y de la riqueza, sino también del trabajo mismo,
con el fin de lograr que haya ocupación para todos. Se
afirma la prioridad del trabajo respecto al capital, lo que tiene
una importancia clave en cualquier sistema, capitalista o socialista
(LE 15). Este postulado podría firmarlo el propio Marx.
Sin embargo, a la hora de la verdad (por ejemplo, respecto a la
situación de América Latina), Juan Pablo II es más
conservador que Pablo VI.
- En la encíclica Sollicitudo
rei socialis (1987), Juan Pablo II actualiza y profundiza
la noción de desarrollo. Lamenta el desarrollo fallido
del Tercer Mundo, y aborda el sentido, las condiciones y las exigencias
de un desarrollo digno del hombre. Entre las causas del fallido
desarrollo se señalan las siguientes: la diferencia persistente
y, a menudo, incluso acrecentada entre Norte y Sur, la oposición
entre los bloques oriental y occidental con la consiguiente carrera
de armamentos, el comercio de armas y diversos obstáculos
de carácter político que se entrecruzan con las
decisiones de cooperación y solidaridad entre las naciones.
El carácter moral del verdadero desarrollo está
vinculado a los derechos humanos (también de libertad religiosa).
- A cien años de la Rerum novarum,
Juan Pablo II publica la encíclica Centesimus annus
(1991). Ve en los acontecimientos ocurridos en 1989 en el seno
de Europa central y oriental la culminación del proceso
histórico puesto en marcha por la Rerum novarum.
El socialismo real ha cometido un "error fundamental, de carácter
antropológico": el olvido de la trascendencia de la persona
humana (CA 13). Como fruto positivo, señala la legitimación
de "una auténtica teología de la liberación
humana integral" (CA 26). La pregunta clave es: ¿se puede
decir que, después del fracaso del comunismo, el sistema
vencedor es el capitalismo? La respuesta es, obviamente, compleja
(CA 42). La Iglesia no tiene modelos para proponer: "reconoce
la positividad del mercado y de la empresa, pero al mismo tiempo
indica que estos han de estar orientados hacia el bien común"
(CA 43), "la doctrina social tiene de por sí el valor de
un instrumento de evangelización" (CA 54).
- Se ha comentado que la encíclica
CA ignora prácticamente lo que la teología de la
liberación ha aportado a la Iglesia. Se ha discutido su
concepto de democracia: una auténtica democracia sería
posible solamente "sobre la base de una recta concepción
de la persona humana" (CA 46). Se ha criticado su alabanza sin
pudor del modelo polaco (ahora, pulverizado), así como
su visión sesgada y parcial de la caída del bloque
comunista: "casi en todas partes...a través de una lucha
pacífica, que emplea solamente las armas de la verdad y
de la justicia" (CA 43).
- El cristianismo no puede dar un modelo
político, sindical, económico, etc. Lo que debe
facilitar es la conversión sincera a los grandes valores
sociales. Los valores cristianos fundamentales que inciden en
el orden social son la fraternidad, la comunicación de
bienes (Hch 2,44 y 4,32), el amor al prójimo (1 Jn 4,20),
la fe con obras (St 2,14-26), el compromiso por la justicia (Rm
13,10), el trabajo con espíritu social de servicio (Hch
20, 33-35), la liberación de la codicia con el empeño
solidario por la suficiencia de bienes para todos (1 Tm 6, 6-10).
El cristianismo necesita liberar a las grandes Iglesias de su
pecado histórico: anunciar un Evangelio, que es buena noticia
para los pobres, y – sin embargo – estar con los ricos.
- En la carta de Santiago se afirma que,
según el Evangelio, la condición humilde es una
exaltación y la condición del rico una humillación:
El hermano de condición humilde gloríese en su exaltación;
y el rico, en su humillación, porque pasará como
flor de hierba: sale el sol con fuerza y seca la hierba y su flor
cae y se pierde su hermosa apariencia; así también
el rico se marchitará en sus caminos (1,9-10). Porque
los pobres son objeto de elección por parte de Dios: ¿Acaso
no ha elegido Dios a los pobres según el mundo para hacerlos
ricos en la fe y herederos del reino que prometió a los
que le aman? (2,5).
- El gran principio cristiano no es ni
la lucha de clases ni la colaboración entre las clases.
El principio cristiano es el amor al prójimo, incluso al
enemigo, y el empeño por la justicia, porque el amor no
hace injusticia: "Lo que es contrario al cristianismo es la resistencia,
por parte de las clases privilegiadas, al establecimiento de una
sociedad sin discriminaciones, de una sociedad sin clases" (J.Mª
Diez Alegría).
* Diálogo sobre la doctrina social:
- es una reacción de
tipo filosófico y ético
- es una vuelta al Evangelio,
buena noticia para los pobres.
- intensifica poco a poco la
crítica del sistema capitalista.
- relativiza el valor de la
propiedad privada.
- acentúa la prioridad
de los derechos de los trabajadores.
- atenúa la cerrazón
frente al socialismo.
- es un instrumento de evangelización.
- es irreal frente al mundo
capitalista.
- denuncia la lucha de clases.
- promueve la colaboración
entre las clases
- promueve la superación
de las grandes diferencias sociales
- favorece la toma de conciencia
del pecado histórico de las grandes Iglesias cristianas:
estar con los ricos.
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