74. CIELO NUEVO Y TIERRA NUEVA

 

1. Los nombres son diversos: vida eterna, cielo, gloria. Los interrogantes, profundos: ¿Hay algo después? ¿En qué consiste? ¿El cielo sólo o también la tierra? Por supuesto, es algo que desborda toda filosofía. No lo podemos imaginar: Ni el ojo vio ni el oído oyó lo que Dios prepara a los que le aman (1 Co 2,9). Sin embargo, en la experiencia presente de fe, podemos vivir ya ahora las señales del reino de Dios, que anticipa el futuro absoluto del mundo. Es la buena nueva de Jesús: El reino de Dios está en medio de vosotros (Lc 17,1). Con el reino de Dios comienza un mundo nuevo, transfigurado, distinto. Del principio sale el fin, como del grano la espiga. Hacia el año 95, durante la persecución de Domiciano, Juan, desterrado en la isla de Patmos por causa de la palabra de Dios (Ap 1,9), vio un cielo nuevo y una tierra nueva (Ap 21,1). ¿Qué vemos nosotros? ¿Es posible un cielo nuevo y una tierra nueva?

2. El reino de Dios comienza en medio de un mundo que no reconoce nada de él. Pero algunos perciben ya en sus humildes comienzos las señales de la acción de Dios: A vosotros se os ha dado conocer los misterios del reino de Dios (Lc 8,10). Dios establece su reino a partir de un pequeño grupo, insignificante a los ojos humanos: No temas, pequeño rebaño, que a vuestro padre le ha parecido bien daros a vosotros el reino (Lc 12,32). La acción creadora de Dios convertirá ese pequeño grupo en una muchedumbre inmensa, reunida de todos los pueblos de la tierra.

3. ¡Ahí están las señales!, responde Jesús a los enviados de Juan: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la buena nueva (Lc 7,22). El reino de Dios ha comenzado donde parecía imposible: en el destierro, en tierra extraña. Se hace posible la alegría en medio del sufrimiento, la libertad en medio de la esclavitud, la fuerza en medio de la debilidad, incluso la vida en medio de la muerte. El espíritu de Dios sopla de nuevo sobre la tierra seca. ¡La nueva creación ha comenzado! Como dice el Concilio, “la plenitud de los tiempos ha llegado”, “y en cierta manera se anticipa realmente en este siglo” (LG 48).

4. Es el cumplimiento de lo que anunciaron los profetas: Que el desierto y el sequedal se alegren, regocíjese la estepa y florezca como flor; estalle en flor y se regocije hasta lanzar gritos de júbilo. Fortaleced las manos débiles, afianzad las rodillas vacilantes. Decid a los de cobarde corazón: ¡Animo, no temáis!... El vendrá y os salvará. Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces saltará el cojo como el ciervo, y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo... Los redimidos del Señor volverán, entrarán en Sión entre aclamaciones, y habrá alegría eterna sobre sus cabezas. ¡Regocijo y alegría les acompañarán! ¡Adiós penar y suspiros (Is 35,1-10;11,6-9;Ez 36,1-15;Am 9,13-15). La liberación de Israel, la vuelta del destierro, será una nueva creación: Voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva; de lo pasado no habrá recuerdo ni vendrá pensamiento, sino que habrá gozo y alegría perpetua por lo que voy a crear; mirad, voy a transformar a Jerusalén... ya no se oirán en ella gemidos ni llantos (Is 65,17-19).

5. Ni siquiera la muerte violenta, que sufrió Cristo, lo pudo impedir. Al contrario. Se dice en el Apocalipsis: Yo fui muerto y he aquí que vivo por los siglos de los siglos y tengo las llaves de la muerte y del hades (Ap 1,18). Y también: Entonces vi, de pie en medio del trono y de los cuatro vivientes y de los ancianos, un cordero, como degollado. Tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios, enviados a toda la tierra. Y se acercó y tomó el libro de la mano derecha del que está sentado en el trono (5,6-7;ver 4,6-7;1 Cr 24,7-19). Es el Siervo constituido Señor: fue como cordero llevado al matadero (Is 53,7), pero está de pie, resucitado, y en medio del trono, es el Señor. Se le ha dado todo poder, tiene la plenitud del espíritu de Dios, viene a juzgar. El reino de Dios se hace presente en la persona de Jesús: Ha llegado el reinado sobre el mundo de nuestro Señor y su Cristo (Ap 11,15). Estaba anunciado:  el Señor viene con poder (Is 40,10), ¡Ya reina tu Dios! (52,7).

6. Como anunciara el profeta Daniel (Dn 7,13), el hijo del hombre viene: Viene sobre las nubes (Ap 1,7), es decir, como Dios. Viene a juzgar: De su boca sale una espada afilada (1,16), lo que veas escríbelo en un libro (1,11), la hora del juicio ha llegado (14,7), te voy a mostrar el juicio de la gran ramera (17,1), es decir, de Roma. Como está escrito, el Siervo anunciará el juicio a las naciones: Hizo mi boca como espada afilada (Is 49,2;42,1). El juicio es la respuesta a las oraciones de los creyentes, perseguidos por dar testimonio: ¿Hasta cuándo, Señor? (Ap 6,10;Sal 79).

7. El Señor juzga a los obispos de las iglesias. De Efeso: Date cuenta de dónde has caído (Ap 2,5). De Esmirna: Mantente fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida (2,10). De Pérgamo: Mantienes a algunos que sostienen la doctrina de Balaam (2,14;Nm 31,16). De Tiatira: Toleras a Jezabel, esa mujer que se llama profetisa y está enseñando y engañando a mis siervos para que forniquen y coman carne inmolada a los ídolos (2,20;1 Re 16,30-33). De Sardes: Tienes nombre como de quien vive, pero estás muerto (3,1). De Filadelfia: Aunque tienes poco poder, has guardado mi palabra y no has renegado de mi nombre (3,8). De Laodicea: Puesto que eres tibio, ni frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca (3,16). El Señor juzga a las naciones: Tienes que profetizar todavía contra muchos pueblos, naciones, lenguas y reinos (10,10). Dios reina por medio de aquellos que dan testimonio: Vosotros sois mis testigos (Is 43,12;44,8). Es preciso estar atentos: Lo de antes ya ha llegado y anuncio cosas nuevas (42,9). Una y otra vez, promete Jesús la recompensa a quienes consigan la victoria: Al vencedor le daré mana escondido; y le daré también una piedrecita blanca, y, grabado en la piedrecita, un nombre nuevo, que nadie conoce sino el que lo recibe (Ap 2,17). La victoria es el testimonio en nombre de Jesús.

8. Luego vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra han pasado y el mar no existe ya (Ap 21,1). El mundo viejo, desfigurado por el pecado, pasa. El mar (de donde sale la Bestia) no existe ya: Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni fatiga. Porque lo de antes ha pasado. Y el que está sentado en el trono dijo: Todo lo hago nuevo (21,4-5). Dios “nos prepara una nueva morada y una nueva tierra donde habita la justicia, y cuya bienaventuranza es capaz de saciar los anhelos de paz que brotan del corazón humano” (GS 39).

9. Es un mundo en el que Dios tiene su casa, se cumple la nueva alianza: Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo. Y escuché una voz potente que decía desde el trono: Esta es la morada de Dios con los hombres (21,2-3; Ez 36,26-28). Se dice en el salmo 16: A tu derecha, delicias para siempre.

10. El reino de Dios coincide con la nueva Jerusalén. Tiene doce puertas y en ellas doce nombres, de las doce tribus (21,12). El Siervo tiene la función de reunir a Israel (y a las Iglesias), pero no sólo esto: Te voy a poner por luz de las gentes, para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra (Is 49,6).Vienen de todo pueblo y nación. El pequeño grupo con el que comenzó el reino de Dios crece inmensamente: Después miré y había una muchedumbre inmensa que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas (Ap 7,9). En la casa de mi Padre hay muchas moradas (Jn 14,2), dice Jesús en la última cena.

11. Es un mundo nuevo donde Dios reina, donde se cumple su voluntad en la tierra como en el cielo: para que Dios sea todo en todo (1 Co 15,28), para que “no haya ya diferencia entre el cielo y la tierra” (San Juan Crisóstomo, Hom. sobre Mateo, 19,5). Mientras tanto, la creación entera está gimiendo con dolores de parto, y también nosotros, que poseemos las primicias del espíritu, gemimos en nuestro interior (Rm 8,22-23).

12. La nueva creación se identifica con el paraíso de Dios: Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios (Ap 2,7). La liberación de todo dolor, de toda fatiga, de todo llanto es la corrección del error original del hombre  (Gn 3,16-19). Como dice San Cirilo de Jerusalén, “el cielo bien podía ser también aquellos que llevan la imagen del mundo celestial y en los que Dios habita y se pasea” (Catequesis mistagógicas, 5,11). Estando en la cruz, el buen ladrón le pide a Jesús: Acuérdate de mi cuando vengas con tu reino. Jesús le responde: Hoy estarás conmigo en el paraíso (Lc 23,43). El mundo nuevo no es un mundo bestial, sino un mundo humanizado, divinizado, según el proyecto original de Dios.