|
58. EL MENSAJERO DE DIOS
1. Malaquías no es nombre propio, sino común. Es nombre de función. Significa mi mensajero (Mal 3,1), el que prepara el camino delante de Dios. Estamos en Jerusalén, hacia el año 460. Cincuenta años antes, el templo se ha reconstruido, pero lo que soñaron los profetas no acaba de llegar. Crece la indiferencia religiosa. El culto es un rito vacío y exterior. La fidelidad conyugal es una palabra olvidada, la justicia social también. En ese contexto surge un profeta, que denuncia la situación y anuncia un futuro mensajero de Dios. 2. El profeta denuncia la indiferencia religiosa y el paganismo real de sus contemporáneos. Se consideran creyentes, pero no se sienten amados por Dios: Os he amado, dice el Señor, pero vosotros decís: ¿En qué nos has amado? (1,2). Les falta la experiencia del Dios vivo, una experiencia personal de fe. 3. Los sacerdotes (levitas, hijos de Leví) no toman en serio su función, no dan al culto su verdadero sentido, se conforman con un mezquino formalismo, desprecian el nombre del Señor y se preguntan: ¿En qué lo despreciamos? (1,6). Pues bien, dice el Señor: No me es grata la oblación de vuestras manos (1,10); si no escucháis ni os tomáis en serio dar gloria a mi nombre, yo lanzaré sobre vosotros la maldición y maldeciré vuestra bendición; y hasta la he maldecido ya, porque ninguno de vosotros toma nada a pecho (2,2). 4. La alianza con Leví era otra cosa (Nm 18,21). Era el mensajero de Dios, lo que tanto se echa en falta: La verdad estaba en su boca, e iniquidad no se hallaba en sus labios; en paz y en rectitud caminaba conmigo, y a muchos recobró de la culpa. Pues los labios del sacerdote guardan la ciencia, y la Ley se busca en su boca, porque él es el mensajero del Señor. Pero vosotros os habéis apartado del camino, habéis hecho tropezar a muchos en la Ley, habéis corrompido la alianza de Leví, dice el Señor. Por eso yo también os he hecho despreciables y viles ante todo el pueblo (Mal 2,6-9). 5. La fidelidad matrimonial es una palabra olvidada. Se dicen creyentes y repudian a la mujer de su juventud para casarse con otra: El Señor es testigo entre ti y la esposa de tu juventud, a la que tú traicionaste, siendo así que ella era tu compañera y la mujer de tu alianza. ¿No ha hecho él un solo ser que tiene carne y espíritu? Y este uno, ¿qué busca? ¡Una posteridad dada por Dios! Guardad, pues, vuestro espíritu; no traiciones a la esposa de tu juventud. Pues yo odio el repudio (2,13-16). 6. Estos creyentes cansan a Dios y no se enteran: Vosotros cansáis al Señor con vuestras palabras. Y decís: ¿En qué le cansamos? Cuando decís: Todo el que hace el mal es bueno a los ojos del Señor, y él lo acepta complacido; o también: ¿Dónde está el Dios del juicio? (2,17). Estos creyentes no perciben el juicio de Dios y envidian la dicha de los impíos: Duras me resultan vuestras palabras, dice el Señor. Y todavía decís: ¿Qué hemos dicho contra ti? Habéis dicho cosa vana es servir a Dios; ¿qué ganamos con guardar sus mandamientos? ...Más bien, llamamos felices a los arrogantes: aun haciendo el mal prosperan, y aun tentando a Dios escapan libres (3,13-15;Sal 73). 7. En el marco de una tradición viva, Malaquías remite al profeta esperado, al mensajero de Dios. En realidad, se le espera en Israel desde los tiempos de Moisés: El Señor tu Dios suscitará de en medio de ti, entre tus hermanos, un profeta semejante, a quien escucharéis (Dt 18,15). Se recuerda que el mensajero de Dios condujo al pueblo hacia la tierra prometida: He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, para que te guarde en el camino y te conduzca al lugar que te tengo preparado (Ex 23,20). 8. ¿Qué rasgos tendrá el profeta esperado? Según las Escrituras, será el siervo del Señor, su predilecto, llamado por Dios desde el seno materno (Is 49,1-3). Será ungido con el espíritu de Dios (el mesías, el cristo), sobre él reposará su espíritu, anunciará la buena nueva a los pobres, vendará los corazones rotos, proclamará a los cautivos la liberación y a los presos la libertad (Is 61,1-3). Todo esto se cumple en la sinagoga de Nazaret: Esta palabra que acabáis de oír se cumple hoy, dice Jesús (Lc 4,16-21). 9. Al ver la vida de Jesús, muchos tienen la impresión de que es un profeta (Mc 6,15). Jesús se acepta a sí mismo como tal (Mc 6,4). El pueblo estaba a la espera (Lc 3,15). Juan envía a dos discípulos a preguntar a Jesús: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro? (Mt 11,2). Jesús responde con el lenguaje de los hechos. Se dan las señales esperadas: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la buena nueva (11,5). Los discípulos de Emaús consideran a Jesús como un profeta poderoso en obras y palabras (Lc 24,19). 10. Malaquías remite al futuro mensajero de Dios: He aquí que yo envío mi mensajero delante de mi (Mal 3,1). Recordará la alianza de Dios. Vendrá con el espíritu y con el poder de Elías: Recordad la ley de Moisés... yo os envío al profeta Elías antes de que llegue el día del Señor, grande y terrible. El hará volver el corazón de los padres a los hijos y de los hijos a los padres (3,23-24). 11. El mensajero juzgará en nombre de Dios, lo que ahora no se tiene en cuenta: ¿Quién podrá soportar el día de su venida?... Purificará a los hijos de Leví y los acrisolará como el oro y la plata (3,2-3), yo me acercaré a vosotros para el juicio... contra los hechiceros y contra los adúlteros, contra los que juran con mentira, contra los que oprimen al jornalero, a la viuda y al huérfano, contra los que hacen agravio al forastero, sin ningún temor de mi, dice el Señor (3,5), todos los arrogantes y los que cometen iniquidad serán como paja... Pero para vosotros, los que teméis mi nombre, brillará el sol de justicia con la salud en sus rayos (3,19-20). 12. Jesús identifica al mensajero de Dios con Juan Bautista: Este es de quien está escrito: He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que preparará por delante tu camino (Mt 11,10). Elías vino ya en la persona de Juan: Elías vino ya, pero no le reconocieron, sino que hicieron con él cuanto quisieron. Así también el hijo del hombre tendrá que padecer de parte de ellos. Entonces los discípulos entendieron que se refería a Juan el Bautista (Mt 17,12-13). 13. Por su parte, Juan Bautista remite a Jesús: Yo os bautizo en agua para conversión, pero aquel que viene detrás de mi es más fuerte que yo, y no soy digno de llevarle las sandalias. El os bautizará en espíritu santo y fuego. En su mano tiene el bieldo y va a limpiar su era; recogerá su trigo en el granero, pero la paja la quemará con fuego que no se apaga (Mt 3,11-12). 14. Jerusalén, la que mata a los profetas (Lc 13,34), prepara el mismo destino a Jesús. Está en la parábola de los viñadores homicidas (Mt 21,33-46): Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se marchó. Lo que hace el dueño de la viña manifiesta su amor, su cuidado, su prudencia. La cerca protege la viña del exterior. La torre facilita la vigilancia. El lagar está cavado, dispuesto para pisar la uva. El dueño arrienda la viña a unos labradores. 15. Los labradores deben rendir cuentas al dueño. Sin embargo, se niegan a ello y son capaces de todo: Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus siervos a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los siervos, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo envió otros siervos, en mayor número que los primeros, e hicieron con ellos lo mismo. 16. El dueño decide poner en juego toda su autoridad enviando a su hijo: Por último, les envió a su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: Este es el heredero. Vamos, lo matamos y nos quedamos con su herencia. Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando venga el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores? Le contestaron: Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo. Y Jesús les dice: ¿No habéis leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de los cielos y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.
* Diálogo: ¿Es actual la palabra del mensajero? - crece la indiferencia religiosa - el culto es un rito vacío y exterior - la fidelidad matrimonial está olvidada - se olvida la justicia social - se mata al mensajero |