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53. LOS PIES DEL MENSAJERO
1. El mensaje del profeta Nahum está guardado en el baúl de los olvidos. Hay que sacarlo y airearlo. Por algo estará incluido en la Biblia. Es preciso descubrirlo, averiguarlo. Es preciso descubrir también lo que nos dice hoy. Al fin y al cabo, todo cuanto fue escrito en el pasado, se escribió para enseñanza nuestra (Rm 15,4).
3. Pues bien, el mensajero anuncia la paz, pero también el acontecimiento del siglo: la caída de Nínive, capital del imperio asirio. Veamos el texto en su contexto. Asiria viene de Asur, el dios del imperio. Para ellos, cualquier pueblo del mundo debe someterse a su dios. Los enemigos son exterminados sin compasión. Las tropas imperiales siembran por doquier la crueldad y el terror. Senaquerib, emperador asirio en el siglo VII a. C., no lo oculta: “Con el mandato del dios Asur, el Gran Señor, caí sobre el enemigo como un huracán... Los derroté y los hice retroceder. Atravesé las unidades del enemigo con flechas y jabalinas... Corté sus gargantas como a borregos... Mis caballos encabritados, enjaezados, se sumergieron en la sangre que corría como en un río; las ruedas de mi carro de batalla se salpicaron de sangre y despojos. Llené la llanura de cadáveres de los guerreros, como si fueran hierba” 4. La caída de Nínive se produce el año 612 a.C., cien años después de que el imperio asirio invadiera Israel (721). El profeta cita la caída de Tebas (663), capital del imperio egipcio (Na 3,8). Por tanto, su mensaje ha de situarse después. La opresión asiria está en su apogeo; también lo está el largo reinado de Manasés (698-643), un vasallo rendido a la voluntad del imperio: Derramó tanta sangre inocente que inundó Jerusalén de punta a punta (2 R 21,16). Según la tradición judía, el profeta Isaías fue una de sus víctimas. 5. El título del mensaje dice así: Oráculo sobre Nínive, texto de la visión de Nahum. Por tanto, es un oráculo, una profecía, una visión. El mensaje está escrito antes de que suceda. Es el procedimiento que se le indica a Habacuc: Escribe la visión, ponla en tablilla, para que se puede leer de corrido... Si se atrasa, espérala, pues vendrá ciertamente sin retraso (Ha 2,2-3). 6. El profeta comienza cantando el poder de Dios, que se manifiesta en la naturaleza y en la historia: Los montes tiemblan ante él, se estremecen las colinas; en su presencia se levanta la tierra, el orbe y los que lo habitan. Ante su enojo ¿quién aguantará?... Bueno es el Señor para quien espera en él, un refugio el día de la angustia; conoce a los que a él se acogen, cuando pasa la inundación (Na 1,5-6). Algo semejante se canta en los salmos: Brame el mar y cuanto encierra, el mundo y cuantos lo habitan, aplaudan los ríos, aclamen los montes ante el Señor, que llega a juzgar la tierra (Sal 98), el Señor frustra el plan de las naciones, hace vanos los proyectos de los pueblos (Sal 33). Y en el Magnificat canta María: Derribó a los poderosos de sus tronos y levantó a los pobres (Lc 1,52). 7. Ciertamente, el mensaje va contra corriente e interpela a muchos: ¿qué meditáis contra el Señor? (Na 1,9), es decir, ¿qué pensáis contra él? Vuestros pensamientos no son sus pensamientos, vuestros planes no son los suyos. El profeta contempla con antelación la caída de un imperio poderoso y cruel. Y ve llegar la hora de la liberación del oprimido: Ahora quebraré tu yugo, romperé tus cadenas (1,13). Ese acontecimiento manifestará la acción de Dios en la historia. El profeta invita a esperar lo anunciado, a estar vigilantes para discernir los hechos cuando sucedan. 8. El Dios vivo, Señor de la historia, no es neutral frente a la opresión y el crimen: No se alzará dos veces la opresión, porque ellos, maraña de espinos, borrachos del alcohol de sus festines, como paja seca serán consumidos (1,9-10). El opresor, ebrio de poder, está condenado. Y está identificado: de Asiria salió el que tramaba el mal contra el Señor (1,11). Esto es lo que le espera a su rey: el fin de su dinastía, la destrucción de su dios, la preparación de su tumba, el desprecio general (1,14). 9. Entonces ¿se puede uno alegrar? ¡Por supuesto! ¡Hay que anunciarlo y celebrarlo! Mirad sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz. Celebra tus fiestas, Judá, cumple tus votos, que el criminal no volverá a pasar por ti, ha sido aniquilado (2,1-2). La fiesta puede incluir un viaje a Jerusalén para cumplir los votos prometidos durante los malos tiempos pasados. La buena noticia es anunciada con la imagen de la viña que es reparada: El Señor repara la viña de Jacob, como la viña de Israel. Devastadores la habían devastado, habían destruido sus sarmientos (2,3). 11. La ciudad, símbolo de opresión y crueldad, es la prostituta de la historia: ¡Ay de la ciudad sanguinaria y traidora, repleta de rapiñas, insaciable de despojos!... Por las muchas fornicaciones de la prostituta, tan hermosa y hechicera, que compra pueblos con sus fornicaciones y tribus con sus hechicerías. Aquí estoy contra ti, oráculo del Señor, levantaré tus faldas hasta tu cara, mostraré a las naciones tu desnudez, a los reinos tu vergüenza...¿Eres mejor que la ciudad de Amón, la asentada entre los Nilos? Su fuerza era el mar, las aguas su muralla, incontables... sus defensores. También ella fue al destierro, marchó prisionera, también sus hijos fueron estrellados en el cruce de todas las calles (Na 3,1-10). También ella padeció los horrores del asedio. No, Nínive no es mejor que Tebas, capital del imperio egipcio, que cayó asediada por las tropas de Asurbanipal. Nínive está condenada, sin remedio: Haz acopio de agua para el asedio, fortifica las defensas... el fuego te consumirá... la espada te aniquilará (3,14). El imperio asirio (con sus mercaderes, soldados y escribas) es una plaga de langostas y pulgones, que se van sin que nadie sepa adónde (3,17). 12. El mensaje termina con la derrota del imperio opresor: ¡Ay, cómo yacen tus pastores, rey de Asiria! Yacen tus capitanes, tu tropa anda dispersa por los montes y no hay quien la reúna. ¡Tu herida no tiene remedio, tu llaga es incurable! Los que tienen noticias tuyas baten palmas contra ti, pues ¿sobre quién no cayó sin tregua tu maldad? (3,17-19). 13. En el libro de la consolación el mensajero anuncia el final del destierro: ¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvación, que dice a Sión: !Ya reina tu Dios! Ya podéis salir de Babilonia, ya podéis volver a vuestra tierra: No saldréis apresurados ni iréis a la desbandada, pues va al frente de vosotros el Señor (Is 52,7-12). 14. Jesús anuncia la caída de Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados (Lc 13,34). En su marcha sobre Jerusalén, al acercarse a la ciudad, Jesús llora por ella, diciendo: ¡Si también tú comprendieras en este día lo que te lleva a la paz! Pero no, queda oculto a tus ojos. Pues vendrán días en que tus enemigos te rodearán de empalizadas, te cercarán y te apretarán por todas partes, te estrellarán contra el suelo a ti y a tus hijos que estén dentro de ti y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de tu visita (19,41-44). Es decir, no has sabido aprovechar la ocasión que el Señor te dio, has rechazado la buena nueva de la paz (Hch 10,36;Rm 10,16). La paz es fruto de conversión (Mt 10,34-36). 15. Un discípulo se deja impresionar por la grandeza del templo. Dice Jesús: No quedará piedra sobre piedra (Mc 13,2). Tras el anuncio, viene la catequesis. Los discípulos no deben dejarse engañar (13,5), surgirán falsos cristos y falsos profetas (13,22), deben perseverar en medio de la persecución, la traición y el odio (13,13), han de esperar el cumplimiento de las palabras de Jesús: no pasará esta generación hasta que todo esto suceda, pero no se conoce el día ni la hora (13,30-32); por tanto, han de estar vigilantes (13,33): cuando veáis la abominación de la desolación, erigida donde no debe (el que lea, que entienda), entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes (13,14). En el año 70, las tropas de Vespasiano toman la ciudad y el templo es totalmente destruido. La comunidad cristiana huye fuera de Jerusalén. 16. El concilio Vaticano II (1962-1965) ve en la primera comunidad cristiana (Hch 2,42-47) el modelo de la renovación eclesial (LG 13;DV 10). El concilio establece una nueva relación de la Iglesia con el mundo. La Iglesia abandona la vieja identificación entre cristianismo y sociedad, sale de la situación de cristiandad, opta por vivir como comunidad en medio de la sociedad, respeta la autonomía de lo temporal, reconoce el legítimo pluralismo social, renuncia a imponer el Evangelio por la fuerza, ofrece el Evangelio en la debilidad de la libertad.
* Diálogo: ¿Qué es lo que vemos caer? - el imperio americano - el bloque soviético (1989) - la dictadura franquista (1975) - la democracia cristiana italiana (1995) - la vieja iglesia de cristiandad (1965) - un largo pontificado, que ha pretendido restaurarla (2005) - el sistema clerical (su media de edad: 67 años; un 40% pasa de los 75) - la violencia de ETA: alto el fuego permanente (22-3-2006) |