55. EL DIA DEL SEÑOR

 

1. El día del Señor está devaluado. En muchos casos, se convierte en un rito, en una costumbre, en un cumplimiento. Cuando el profeta Sofonías lo anuncia, es un día de juicio que irrumpe en la historia: Voy a aventarlo todo de la haz de la tierra, ... haré tropezar a los impíos (Sof 1,2-3). El juicio alcanza también a un pueblo que se dice creyente, pero da culto a dioses extranjeros, llena el templo de violencia y de fraude, y dice en su corazón: Ni bien ni mal hace el Señor (1,4-13). ¿Sucede ahora lo mismo? ¿Se relega el día del juicio al más allá? ¿Es también para el tiempo presente? ¿Qué es lo que el Señor está aventando?

2. La palabra de Dios se le dirige a Sofonías en tiempo de Josías, antes de la reforma del mismo (a. 622) y de la predicación de Jeremías (a. 627). La palabra denuncia la profunda degeneración moral y religiosa de un pueblo que se dice creyente, pero adora a otros dioses. Durante medio siglo adopta una actitud servil ante el imperio asirio. El rey Manasés envía tropas para apoyar al ejército asirio en su campaña contra Egipto (667-664).

3. En este contexto, el profeta anuncia que el día del Señor está cerca, un día que puede parecer increíblemente duro y espantoso, pero pone a los pueblos en el fiel de la balanza, ante las consecuencias terribles de sus terribles acciones: Día de ira el día aquel, día de angustia y de aprieto, día de devastación y desolación, día de tinieblas y de oscuridad, día de nublado y densa niebla, día de trompeta y de clamor, contra las ciudades fortificadas y las torres de los ángulos. Yo pondré a los hombres en aprieto, y ellos como ciegos andarán, porque pecaron contra el Señor, su sangre será derramada como polvo, y su carne como excremento (1,14-17). Es una ley de la historia: El que a espada mata, a espada muere (Mt 26,52), dice Jesús.

4. En realidad, los hombres y los pueblos se encuentran ante una opción clave, entre dos caminos. De una forma especial, debería saberlo el pueblo creyente: Mira que yo pongo ante ti vida y felicidad, muerte y desgracia (Dt 30,15). Antes de que llegue el día del Señor, urge un cambio de mentalidad y de conducta: Reunios, congregaos, gente sin vergüenza, antes de que seáis aventados como el tamo que en un día pasa, antes que caiga sobre vosotros el ardor de la ira del Señor (Sof 2,1-2).

5. La conversión permite escapar al juicio que viene: Buscad al Señor, vosotros todos, humildes de la tierra, que cumplís sus normas; buscad la justicia, buscad la humildad, quizá encontréis cobijo el día de la ira (2,3). Por supuesto, ese día hace falta encontrar cobijo y protección. Sin embargo, el creyente no teme el día del Señor. Se canta en los salmos: ¡Viene a juzgar la tierra! (Sal 96). Se lo dice Jesús a Nicodemo: El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado... Y el juicio está en que vino la luz al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz porque sus obras eran malas (Jn 3,18-19).

Edom, Moab y Amón6. El día del Señor es el juicio de las naciones. Hay que mirar a los cuatro puntos cardinales. Al oeste, los filisteos, los pueblos del mar: Quedará la liga del mar convertida en pastizales (Sof 2,6). Al este, Moab y Amón: He oído los insultos de Moab y los denuestos de Amón, cuando insultaban a mi pueblo y se engrandecían a costa de su territorio (2,8). Al sur, los etíopes, que en este caso son los egipcios: Víctima de mi espada serán (2,12). Al norte, el imperio asirio: el Señor extenderá su mano contra el norte, destruirá Asur y dejará a Nínive en desolación... la ciudad alegre que reposaba en seguridad, la que decía en su corazón: ¡Yo y nadie más! (2,13-15). La caída de Nínive se producirá el año 612 a.C. Si miramos hoy al mapa del mundo, ¿qué encontramos?

7. El juicio alcanza también a Jerusalén, la ciudad rebelde, manchada y opresora: No ha escuchado la voz, no ha aceptado su corrección, no ha puesto su confianza en el Señor, a su Dios no se ha acercado. Sus príncipes en medio de ella como leones rugientes, sus jueces, lobos de la tarde, que no dejan un hueso para la mañana. Sus profetas, fanfarrones, hombres traicioneros, sus sacerdotes profanan lo que es santo y violan la Ley (3,1-4).

8. El profeta no anuncia sólo el juicio, anuncia también la salvación de Dios, también su salvación alcanza a las naciones, depende de la actitud de cada uno: Yo entonces purificaré el labio de los pueblos, para que invoquen todos el nombre del Señor y le sirvan de común acuerdo. Desde allende los ríos de Etiopía, de la dispersión, los que me rezan me traerán ofrendas (3,9-10).

9. La salvación alcanza también a Jerusalén, en realidad, al resto de Israel: Yo dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre, y en el nombre del Señor se cobijará el resto de Israel (3,12-13), aquel día se dirá a Jerusalén: ¡No tengas miedo, Sión, no desmayen tus manos! El Señor tu Dios está en medio de ti, ¡un poderoso salvador! El exulta de gozo por ti, te renueva por su amor; danza por ti con gritos de júbilo, como en los días de fiesta. Yo quitaré de tu lado la desgracia, el oprobio que pesa sobre ti. He aquí que yo haré exterminio de todos tus opresores, en el tiempo aquel; y salvaré a la coja y recogeré a la descarriada ... En aquel tiempo, os haré venir, en aquel tiempo os congregaré (3,16-20). Es el pasaje de la anunciación:  Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo...No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios (Lc 1,28-30), derribó del trono a los poderosos y exaltó a los pobres (1,32).

10. Como dirá Juan Bautista, no basta la religión heredada: Dad, pues, frutos dignos de conversión, y no andéis diciendo en vuestro interior: Tenemos por padre a Abraham, porque os digo que puede Dios de estas piedras dar hijos a Abraham. Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no de buen fruto será cortado y arrojado al fuego (Lc 3,8-9). El día del Señor está cerca: En su mano tiene el bieldo para limpiar su era, y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará con fuego que no se apaga; pero la paja la quemará en fuego que no se apaga (3,17).

11. Jesús anuncia también el día del juicio. A aquel día remite a las ciudades que rechazan las señales del evangelio: Habrá menos rigor en el juicio para Tiro y para Sidón que para vosotras (Mt 11,21-22). Los ninivitas, que escucharon la predicación de Jonás, y la reina del sur, que admiró la sabiduría de Salomón, se levantarán en el juicio contra esta generación y la condenarán  (Mt 12, 41-42). De una forma especial, Jesús anuncia la caída de Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados  (Lc 13,34), la que no comprende lo que le lleva a la paz (19,41-44). La paz es fruto de conversión. En el año 70, las tropas de Vespasiano toman la ciudad. En el momento oportuno, la comunidad cristiana huye fuera de Jerusalén y percibe el cumplimiento de la palabra del Señor, que viene sobre las nubes del cielo: Lo veréis, dijo Jesús a Caifás (Mt 26,64).

12. Una gran sesión judicial más allá de la historia es la imagen tradicional (apocalíptica) del juicio final, con el hijo del hombre como juez: enviará a sus ángeles y reunirá de los cuatro vientos a sus elegidos (Mc 13,27). La medida según la cual serán juzgadas las naciones es ésta: Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y medisteis de beber, era forastero y me acogisteis, estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme... cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis (Mt 25,35-40).

13. El día del juicio llega como el reino de Dios. Dios reina, Dios actúa, Dios habla, Dios juzga. No es un acontecimiento más. Es una realidad trascendente, pero irrumpe en la historia: Viene sin dejarse sentir, y no dirán: Vedlo aquí o allí. Porque el reino de Dios está dentro de vosotros  (Lc 17,20-21). El día del Señor llega como el relámpago, que es percibido desde cualquier parte: Como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el hijo del hombre en su día (17,24).

14. El día de Pentecostés, con el anuncio de Jesús como Señor, Pedro llama a la conversión, anuncia el don del espíritu y exhorta a escapar de aquella generación perversa: Convertíos y bautizaos en el nombre de Jesucristo para que se os perdonen los pecados, y recibiréis el espíritu santo, pues la promesa es para vosotros y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos, para cuantos llame el Señor Dios nuestro. Con otras muchas palabras... les exhortaba: Escapad de esta generación perversa (Hch 2,38-40).

15. En la Iglesia naciente, una Iglesia perseguida, el día del Señor es un día esperado. Se pide con insistencia: Ven, Señor Jesús (Ap 22,20). Juan,  desterrado en la isla de Patmos por causa de la palabra y del testimonio de Jesús, cae en éxtasis un día del Señor y oye una gran voz, como de trompeta, que dice: Lo que veas escríbelo en un libro y envíalo a las siete iglesias (1,11). Para Juan no es un rito, una costumbre, un cumplimiento. El día del Señor recibe una palabra que juzga la historia.

* Diálogo:

- El día del Señor está devaluado

- El juicio se deja para el mas allá

- Como el reino de Dios, comienza ya ahora

- El Señor tiene en su mano el bieldo para limpiar su era

- Lo que veas escríbelo en un libro

- Si miramos hoy al mapa del mundo, a los cuatro puntos cardinales, ¿qué encontramos?