54. LA VISION EN TABLILLA

 

1.- El domingo 7 de octubre de 2001 se leía en todas las iglesias un impresionante pasaje de Habacuc (1,2-2,4). El profeta ve una violencia tras otra (crímenes, injusticias, luchas, catástrofes) y no entiende el silencio de Dios. Por ello le interpela directamente: ¿Hasta cuándo clamaré, Señor, sin que me escuches? ¿Te gritaré: ¡Violencia! sin que me salves? Esta es la respuesta de Dios: Escribe la visión, ponla en tablilla... El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por la fe. Ese mismo día, aniversario de la batalla de Lepanto (1571), comenzaban los bombardeos contra Afganistán, la respuesta violenta de Estados Unidos a los violentos atentados del 11 de septiembre.

2.- Los norteamericanos apoyan en masa la decisión del presidente Bush: el 90 % está por la guerra y el 67 % aunque caigan inocentes. Los obispos de Estados Unidos también la apoyan, respetando “los sanos principios morales”. El Vaticano declara “legítima defensa” la ofensiva militar de Estados Unidos contra el terrorismo. Por su parte, el ACNUR  denuncia la catástrofe humanitaria que sufría previamente Afganistán: cerca de un millón de desplazados internos. La situación puede empeorar rápidamente, provocando éxodos masivos y miles de muertos.

3.- Una violencia tras otra... Pues bien, ¿qué escuchamos en el pasaje de Habacuc? ¿Qué nos dice hoy? ¿Dónde está el injusto que tiene el alma hinchada? ¿Dónde está el justo que vive por la fe? La lectura de la liturgia es muy corta. Para comprenderla a fondo, es preciso leer el texto y su contexto. Además, hace falta una catequesis: La visión en tablilla.

4.- El profeta Habacuc, preocupado por la injusticia y la violencia, afronta el problema de la historia y de la acción de Dios en ella. Corren los años 625-621 a. C. En otra parte de la Biblia, Habacuc aparece (no sabemos cómo) en  Babilonia, llevando comida al profeta Daniel (Da 14,33-39), que sufre en el foso de los leones los zarpazos del poder.

5.- La profecía de Habacuc es un diálogo, cara a cara, con Dios: en primer lugar, la queja del profeta, que denuncia la violencia y no comprende el silencio de Dios (1,1-17); en segundo lugar, la respuesta de Dios, que anuncia el fin del injusto y asume los ayes de los pueblos oprimidos contra el imperio opresor (2,1-20); finalmente, una confesión de fe y una oración, donde se dice que Dios mismo lucha para acabar con el imperio arrogante (3,1-19). Es cuestión de tiempo.   

6.- Denunciando una violencia tras otra (¡tiene que gritar!), el profeta se dirige a Dios y le  presenta una queja: ¿Hasta cuándo clamaré, Señor, sin que me escuches? ¿Te gritaré: ¡Violencia! sin que me salves?¿Por qué me haces ver crímenes, me enseñas injusticias, violencias y catástrofes; surgen luchas, se alzan contiendas? Pues la ley cae en desuso y el derecho no sale vencedor, los malvados cercan al inocente y el derecho sale conculcado (Ha 1,2-4). Donde el imperio dice: ¡justicia!, el profeta grita: ¡violencia! Además, no comprende que Dios contemple impasible la dura realidad: el dominio de la injusticia y el atropello del derecho, que la ley debería garantizar.

7.- El profeta dice a Dios que le explique su extraña manera de gobernar el mundo: ¿A esa violencia se llama justicia? No puede creer que la obra de Dios, la que nadie creerá aunque se la cuenten, sea precisamente ésta: Yo movilizaré a un pueblo cruel y resuelto que recorrerá la anchura de la tierra conquistando poblaciones ajenas. Es temible y terrible: él con su sentencia impondrá su voluntad y su derecho. Sus caballos son más veloces que panteras, más afilados que lobos esteparios. Sus jinetes brincan, sus jinetes vienen de lejos volando como rauda águila sobre la presa... Se mofa de los reyes, se burla de los jefes; se ríe de todas las plazas fuertes, levanta un terraplén y las conquista. Después toma aliento y continúa. Su fuerza es su dios (1,5-8).

8.- ¿Un pueblo injusto y violento viene a hacer justicia? En vez de derecho trae violencia. Además, ese pueblo está divinizando su potencia militar: Su fuerza es su dios. El profeta se queja a Dios. Le duele la alegría con que esta gran potencia se apodera de los pueblos y teme que la situación se prolongue indefinidamente: ¿Hiciste tú a los hombres como peces del mar? Pues ese pueblo los apresa en la red, los reúne en el copo y luego ríe satisfecho...¿Y va a seguir vaciando sus redes y matando pueblos sin compasión? (1,14-17). A hombres, que han sido hechos para dominar sobre los peces del mar (Sal 8,9), se les somete a una relación antinatural de dominio y de poder: ¿es ésta la voluntad de Dios?

9.- El profeta se queda a la espera, como centinela. Espera la respuesta de Dios, lo que responde a su queja. Y el Señor respondió: Escribe la visión, ponla clara en tablilla para que se pueda leer de corrido. Porque es aún visión para su fecha, aspira ella al fin y no defrauda; si se tarda, espérala, pues vendrá ciertamente sin retraso. El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo por su fidelidad vivirá (2,1-4). El injusto, que se hincha con su ambición y arrogancia, perecerá. Sin embargo, el justo, que no recurre a la fuerza y se fía de Dios, vivirá.

10.- Los pueblos oprimidos y explotados profetizan la caída del imperio agresor: ¡Ay del que amontona lo que no es suyo... por haber saqueado a naciones numerosas, los demás pueblos te saquearán...; ¡Ay del que mete en casa ganancias injustas y anida muy alto para librarse de la desgracia! Derribando a muchos pueblos,  preparas la desgracia de tu casa...; ¡Ay del que construye con sangre la ciudad y asienta la capital en el crimen! El Señor de los ejércitos ha decidido que trabajen los pueblos para el fuego...; ¡Ay del que emborracha a su prójimo, lo embriaga con una copa drogada, para mirar su desnudez!...te pasará la copa la diestra del Señor y la ignominia caerá sobre tu honra...; ¡Ay...!¿de qué le sirve al artífice confiar en su obra o fabricar ídolos mudos? (2,6-20). Los ídolos mudos no hablan. Sin embargo, el Señor de la historia denuncia la violencia y asume los ayes de los pueblos oprimidos: ¡Ay del imperio! 

11.- La profecía de Habacuc termina con una confesión de fe y una oración (¡Señor, he visto tu acción, actúa!): ¡He oído tu fama, Señor, he visto tu acción¡ En medio de los años actúala, en medio de los años manifiéstala, en la ira acuérdate de tener compasión... Tranquilo espero el día de la angustia, que va a venir sobre el pueblo que nos asalta. Aunque la higuera no eche yemas y las cepas no den uvas, aunque falle la cosecha del olivo y de los campos, aunque se acaben las ovejas del redil y no queden vacas en el establo, yo celebraré al Señor, me alegraré en Dios, mi salvador; el Señor es mi fuerza, me da pies como de gacela, me hace caminar por las alturas (3,2-19). El justo pone su confianza en Dios, aunque se conmuevan los cimientos de la tierra. El Señor es su fuerza frente a los arrogantes (Sal 91, 75, 46).

12.- En medio de la conmoción mundial por los atentados del 11 de septiembre, se han recordado los terribles versos de Rafael Alberti, escritos en 1980 con motivo de su visita a Nueva York. Las Torres Gemelas acababan de construirse. Los versos son estos: “Aquí no baja el viento, / se queda allí en las torres, / en las largas alturas, / que un día caerán, / batidas, arrasadas de su propia ufanía. / Desplómate, ciudad, de hombros terribles, / cae desde ti misma./ Qué balumba / de ventanas cerradas, / de cristales, de plásticos, / de vencidas, dobladas estructuras. / Entonces entrará, / podrá bajar el viento / hasta el nivel del fondo / y desde entonces no existirá / más arriba ni abajo” (ABC, 24-9-2001).

13.- El magistrado de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, tuvo la valentía de denunciar la respuesta de las armas como atentado contra la legalidad: Frente al terrorismo, el derecho, no las armas. “Resulta preocupante, dice, que países como Francia o España no hayan alzado la voz en forma clara para decir no, para no aceptar la solución violenta como única posible, para desvelar la gran mentira de la ‘solución final’ contra el terrorismo. Se predica la legalidad y a la vez se prescinde de la misma, aduciendo la necesidad y la urgencia para acabar con el peligro que la organización terrorista representa, e igualmente se exige la aceptación sin condiciones de que ‘existen’ pruebas que, curiosamente, están siendo analizadas por los políticos, y no por los jueces, y, con base a ello, se sentencia a los ‘culpables’ y a los que no lo son. Realmente grave” (El País, 2-10-2001).

14.- El régimen talibán de Afganistán denuncia la muerte de 1500 civiles en las tres primeras semanas de bombardeo. El Pentágono admite errores y daños colaterales. Las bombas arrasan barrios, aldeas, una residencia de ancianos, almacenes de la Cruz Roja con ayuda humanitaria destinada a las viudas y a los mutilados, un pantano que afecta a la supervivencia de miles de familias... El uso de bombas de fragmentación, llamadas también de racimo, agudiza el riesgo de bajas en la población civil. La CIA estudia cometer asesinatos selectivos. Aviones B-52 bombardean letalmente el frente de Kabul y todo lo que existe en la zona atacada queda pulverizado. El Papa manifiesta “angustia y preocupación”, ruega “para que puedan ser salvadas vidas inocentes y para que la comunidad internacional disponga una ayuda inmediata y eficaz para los muchos prófugos”. Según cifras de UNICEF, diez años después de la guerra del Golfo y del embargo de Estados Unidos, se registran en Irak 500.000 casos de muerte infantil. Por lo demás, la guerra impulsa las bolsas: coincidiendo con el comienzo de los bombardeos, los mercados recuperan el nivel que tenían antes de los atentados del 11 de septiembre.

 

 * Diálogo: ¿Qué vemos en la tablilla?