61. PONEDLO POR ESCRITO

 

1.- Los evangelios nacen poniendo por escrito la experiencia pascual de Jesús. Es su parte más antigua. Aunque no suele tenerse en cuenta, la indicación pertinente estaba allí: Ponedlo por escrito (Tb 12, 20). Si leemos con atención el capítulo 12 de Tobías, entendemos mejor los pasajes del Evangelio que anuncian la resurrección del crucificado. El texto de Tobías sirve de base al mensaje del ángel, que recogen los evangelios. En principio, la experiencia de los discípulos es de fracaso (Lc 24,21), de dolor, de desconcierto: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos donde lo han puesto (Jn 20,2). En ese contexto, se anuncia la resurrección de Jesús.

2.- Mateo habla del ángel del Señor: su aspecto era como el relámpago y su vestido blanco como la nieve (Mt 28,2-3); Marcos habla de un joven vestido con una túnica blanca (Mc 16,5); Lucas, de dos hombres con vestidos resplandecientes (Lc 24,4), a quienes después se llama ángeles (24,23);  Juan habla de dos ángeles de blanco (Jn 20,12). Son diversas formas de narrar la misma experiencia, la resurrección de Jesús. En los Hechos vemos dos hombres vestidos de blanco (Hch 1,11-12;ver 23,7). En el pasaje de la transfiguración los dos hombres son Moisés y Elías, que conversan con Jesús (Mc 9,4) y aparecen en gloria (Lc 9,29). En la Biblia, el blanco es el color de los seres gloriosos, transfigurados, resucitados (Mt 17,2; Ap 3,5; 7,14).

3.- Pero vayamos al libro de Tobías. Dos historias se desarrollan en paralelo. La del viejo Tobit, de la tribu de Neftalí (Tb 1,1), deportado a Nínive en el exilio del reino del Norte (1,2; 722 a.C.). Tobit se mantiene creyente en medio de la indiferencia general; da pan a los hambrientos, viste a los desnudos, entierra a los muertos. Un día de Pentecostés, fiesta judía de la Ley, recoge el cuerpo de un compatriota, tirado en la plaza; cuando se pone el sol, lo entierra. Esa misma noche, sale al patio, se recuesta en la pared, le cae excremento de ave sobre los ojos y se queda ciego; sufre la incomprensión de los vecinos, también de su mujer (2,1-14). Denunciado ante el rey Senaquerib, tiene que huir y le confiscan sus bienes. Un sobrino suyo, que dirige la administración en tiempo de Asarjadón, intercede por él, pudiendo regresar a Nínive y reunirse con su mujer Ana y con su hijo Tobías (1,21-2,1). Tobit cree en la palabra de Dios sobre la caída de Nínive (Na 3,7): cercana ya su muerte, aconseja a Tobías trasladarse con su familia a Media, donde habrá más seguridad (Tb 14, 3-4). Antes de morir, Tobías contempla la deportación de ninivitas a Media (14,15; 612 a.C.).

4.- La otra historia es la de la joven Sara, desgraciada en amores. Un demonio (Asmodeo, que hace perecer) mata a los pretendientes que va teniendo. El viejo y la joven, en sitios muy distantes, le piden a Dios que les envíe la muerte (3,6 y 3,15). No se conocen, pero Dios hace confluir sus respectivos destinos de modo que se produzca un desenlace feliz (3,16-17). Aquel día, Tobit se acordó de un dinero que podía recuperar en un país lejano (4,1). Antes de emprender el largo viaje, Tobías recibe consejos de su padre (4,3-21). Azarías, un hombre que busca trabajo, le acompaña: conoce bien el camino (5,5-17), el peligro de un pez lo convierte en remedio (6,2-9), facilita el encuentro de Tobías y Sara (6,10-19;7,1-16;10,1-14), devuelve la vista a Tobit (11,7-14).

5.- Le dice su padre a Tobías: Ya es tiempo de pagar el salario al hombre que te acompañó (12,1). Responde Tobías: Aun entregándole la mitad de la hacienda que traje conmigo, no salgo perdiendo. Me ha guiado por el camino, ha cuidado de mi mujer, me ha traído el dinero y te ha curado a ti. ¿Qué salario puedo darle? Le dice su padre: Bien merece que tome la mitad de cuanto trajo (12,2-4). El hombre lleva aparte a los dos y les dice: Bendecid a Dios y proclamad ante todos los vivientes los bienes que os ha concedido... Manifestad a todos los hombres las acciones de Dios (12,6; ver Hch 2,11).

6.- En la boda de Isaac interviene no sólo el criado de Abraham, sino también el ángel que va por delante (Gn 24,2.7). De modo semejante, en la boda de Tobías no sólo interviene Azarías, sino también el ángel del Señor: Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están siempre presentes y tienen entrada a la gloria del Señor (Tb 12,15;ver Ap 1,20;8,2). En la Biblia, ángel es nombre de función, significa mensajero. Apenas difiere del mismo Dios, que actúa en la historia a través de mediaciones. Ante el mensaje del ángel, padre e hijo se llenan de temor: Se turbaron ambos y cayeron sobre sus rostros, llenos de miedo. El les dice: No temáis. La paz sea con vosotros (12,16-17). Es lo que sucede a las mujeres ante aquellos (ángeles, hombres) que anuncian la resurrección de Jesús: Como ellas temiesen e inclinasen el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? (Lc 24,5). Y también: Vosotras no temáis, ... buscáis a Jesús, el Crucificado; no está aquí, ha resucitado (Mt 28,5-6;ver Mc 16,6). La señal de la paz es la tarjeta de visita del resucitado: La paz con vosotros (Jn 20,19.21.26; ver Lc 24,37).

7.- Rafael no reclama nada para sí, sino para Dios. A él se le debe la gloria. Si he estado con vosotros no ha sido por pura benevolencia mía hacia vosotros, sino por voluntad de Dios. A él debéis bendecir todos los días, a él debéis cantar. Os ha parecido que yo comía, pero era apariencia (Tb 12,18-19). La experiencia de los discípulos trasciende el pasaje que sirve de base. A su manera, el resucitado también come. Los caminantes de Emaús le reconocen en la fracción del pan: Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado (Lc 24,30-31; 24,33).

8.- A los discípulos la presencia del resucitado se les escapa de las manos. Querrían retenerlo, pero es imposible. Es la experiencia de María Magdalena, a quien le dice Jesús: No me retengas (Jn 20,17). Jesús tiene un nuevo modo de presencia, a la manera de Dios. Su vida no termina en las honduras de la muerte, sino en las alturas de Dios: Subo al que me ha enviado (Tb 12,20). En el fondo, es lo que María Magdalena comunica a los discípulos de parte de Jesús: Subo a mi padre y vuestro padre, a mi Dios y vuestro Dios (Jn 20,17). La resurrección es ascensión, gloria, transfiguración. La última palabra la tiene Dios. Y se elevó. Ellos se levantaron, pero ya no le vieron más (Tb 12,21). Algo semejante dice el evangelio de Lucas: Y sucedió que, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo (Lc 24,51).

9.- Todo termina en acción de gracias: Alabaron a Dios y entonaron himnos, dándole gracias por aquella gran maravilla de habérseles aparecido un ángel de Dios (Tb 12,21). De modo semejante, concluye el evangelio de Lucas: Ellos, después de postrarse ante él, se volvieron a Jerusalén con gran gozo, y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios (Lc 24,52-53). La experiencia del resucitado desborda la experiencia de fe, que le sirve de base. Los discípulos se postran en actitud de adoración. Hasta el incrédulo Tomás queda satisfecho. El que había dicho: Si no lo veo, no lo creo, retira las condiciones que había puesto para creer, sus exigencias críticas, y confiesa con la Iglesia naciente: ¡Señor mío y Dios mío! (Jn 20,28). Los discípulos no olvidan la recomendación: Poned por escrito todo cuanto os ha sucedido (Tb 12,20). Los relatos de la experiencia pascual son la parte más antigua de los evangelios. A ella se añade lo que dijo e hizo Jesús.

10.- Los evangelios, dice el concilio Vaticano II, son "de origen apostólico" (DV 18), "narran fielmente...lo que Jesús hizo y enseñó", "escogiendo datos de la tradición oral o escrita, reduciéndolos a síntesis, adaptándolos a la situación de las diversas Iglesias, conservando el estilo de la proclamación" (DV 19). Los otros escritos del Nuevo Testamento "confirman la realidad de Cristo, van explicando su doctrina auténtica, proclaman la fuerza salvadora de la obra divina de Cristo, cuentan los comienzos y la difusión maravillosa de la Iglesia, predicen su consumación gloriosa" (DV 20).

Papiro P52, anverso

Papiro P52, reverso

11.- Los libros del Nuevo Testamento son 27 y están distribuidos así: evangelios, Hechos de los Apóstoles, cartas y Apocalipsis. Al acercarnos a ellos, nos encontramos con algunos problemas. No se conserva la primera redacción de ninguno de los libros. Las copias completas del Nuevo Testamento no van más allá de la segunda mitad del siglo IV. Con los textos clásicos, sucede algo semejante. Las copias más antiguas del filósofo Platón (428-347 a.C.) son del siglo IX y la copia más antigua del poeta Virgilio (70-19 a.C.) es del siglo VI. Otro problema es el de las variantes: ninguna de las copias coincide totalmente con otra. Además, está el problema de fijar las diversas fuentes utilizadas. La escuela de historia de las formas intenta señalar en las fuentes la tradición subyacente. La escuela de historia de la redacción intenta señalar la labor personal de cada autor. Cada texto, si se quiere entender bien, hay que situarlo en su contexto. El papiro P52, de la primera mitad del siglo II, es el testimonio más antiguo del evangelio de Juan (18,31-33 y 37-38) y, para muchos, del Nuevo Testamento. Comprado en Egipto en 1920, se publica en 1935. Se conserva en la biblioteca  John Rylands de Manchester. 

12.- A diferencia de los apócrifos, la Iglesia ha reconocido los libros del Nuevo Testamento como canónicos. Para que un libro sea reconocido como canónico, se necesita que la Iglesia lo tenga por inspirado (DV 11). El concilio de Trento definió, en 1545, el canon o lista de libros inspirados. No hizo más que reafirmar la tradición de la Iglesia, clara ya desde los concilios de Hipona y Cartago en el siglo IV.

13.- El Antiguo Testamento está dividido en tres partes: la Ley, los Profetas y los otros escritos (Eclo, Prólogo, 8-10). En total, 46 libros. "Estos libros, aunque contienen elementos imperfectos y pasajeros, nos enseñan la pedagogía de Dios" (DV 15). Los rabinos de la escuela de Yamnia (cerca de Joppe, hacia el año 100 d.C.) admiten sólo los que se leen en comunidad judía de Jerusalén antes del año 70. Sin embargo, en las sinagogas de Alejandría se leen también otros escritos. Judíos y protestantes admiten solamente los que se leen en Jerusalén. Los católicos admiten también los otros, que son: Judit, Tobías, 1 y 2 Macabeos, Eclesiástico, Sabiduría, Baruc y algunos capítulos redactados en griego de Ester y Daniel. La traducción griega de la Biblia, llamada de los Setenta (hacia la mitad del siglo III a.C. se traduce el Pentateuco) se hace en Alejandría e incluye todos los escritos.

14.- Cuando se difunde el cristianismo, la lengua común del mundo mediterráneo es el griego. Los cristianos utilizan el Antiguo Testamento (según los Setenta) y el Nuevo Testamento en griego, llamado koiné, es decir, común, popular. En el Africa romana, la traducción del griego al latín se lleva a cabo muy rápidamente. Hacia el año 150 comienza esta traducción, llamada después Vetus latina (antigua latina). La Editio vulgata (edición corriente) se realiza bajo la dirección de San Jerónimo (+420).

15.- Tras las persecuciones de Diocleciano (284-305), en que se queman numerosos libros sagrados, el cristianismo se convierte en religión del Imperio (edicto de Milán, año 313 d.C.). El emperador Constantino encarga a Eusebio de Cesarea 50 copias del Nuevo Testamento de buena calidad. En diferentes regiones, las Iglesias se dan un texto "oficial". Los copistas trabajan a partir de varios manuscritos. Inteligentes ellos (¡ay!) corrigen, armonizan, eliminan los giros no clásicos, fabrican el "mejor" texto a su parecer (Ver DUPONT-MERCIER, Los manuscritos de la Biblia y la crítica textual, Ed. Verbo Divino, Estella, 2000, p. 55). Algunas observaciones al respecto. Se distinguen tres tipos de crítica textual: la crítica verbal intenta eliminar aquello que se puede señalar como faltas accidentales de los copistas y, más raramente, sus correcciones intencionadas; la crítica verbal no puede decidir sola, debe recurrir a la crítica externa (número y calidad de los testigos o manuscritos anteriores) y a la crítica interna (estilo y vocabulario del autor, coherencia del pasaje, autenticidad doctrinal).

16.- Lo anterior puede ser útil, conveniente o necesario. Sin embargo, podría suceder que los árboles no dejen ver el bosque. Conviene recordar que, en el fondo del Nuevo Testamento, está la experiencia de la buena nueva (eso significa evangelio), la experiencia de los discípulos de haber encontrado lo que buscaban (Jn 2,41). Entrar en la experiencia del Evangelio es pasar de la parábola a los secretos del reino de Dios. Jesús anuncia a la muchedumbre el Evangelio por medio de parábolas (Mc 4,2), pero a los discípulos les dedica  una enseñanza especial (4,10-11), la acción de Dios en medio de la historia. Entrar en la experiencia del Evangelio, después de la pascua o paso de Jesús (Jn 13,1), es reconocer que vive a pesar de la muerte, sale a nuestro encuentro, nos dirige su palabra, nos dice como al ciego de nacimiento que pregunta por él: Le has visto; el que está hablando contigo, ése es (9,37). 

 

* Diálogo:

- la indicación pertinente: Ponedlo por escrito

- las dos historias del libro de Tobías

- el mensaje del ángel

- libros del Nuevo Testamento

- algunos problemas: copias, variantes, fuentes

- apócrifos, canónicos, inspirados

- libros del Antiguo Testamento

- 50 copias del Nuevo Testamento de buena calidad, "mejoradas"

- la experiencia de fe