- La Carta a los Romanos es, por
antonomasia, la carta de Pablo. No es un escrito intemporal
y abstracto. Tiene un contexto histórico que conviene conocer.
A lo largo de la historia ha sido clave para Agustín y para Lutero.
Hoy tiene gran importancia ecuménica. Pablo proclama la fe
que salva, la fe como respuesta personal a la palabra de Dios,
es decir, lo esencial del Evangelio, que es fuerza de Dios
para la salvación de todo el que cree (Rm 1,16). A esa fe
se refiere Jesús cuando dice: Tu fe te ha salvado (Mc 5,34;Lc
17,19).
- Pablo no ha fundado la comunidad de Roma,
pero está informado, quizá por Aquila y Priscila (Hch 18,2)
o por otras personas: Vuestra fe es alabada en todo el mundo
(Rm 1,8). La comunidad pudo tener su origen en los forasteros
romanos (Hch 2,10) presentes en Jerusalén el día de Pentecostés
o, sin más, en la movilidad del mundo antiguo. Está compuesta,
sobre todo, de gentiles. Pablo sitúa a los romanos entre
los demás gentiles (Rm 1,13;1,5-6).
- La carta está escrita, al parecer, durante
la última estancia de Pablo en Grecia, en Corinto, quizá en el
invierno del año 57-58. Tras la revuelta de los orfebres, Pablo
deja Efeso y sale camino de Macedonia: Después marchó a Grecia.
Pasó allí tres meses (Hch 20,2-3).
- Pablo cierra una etapa y abre otra. Desde
Jerusalén hasta Iliria (Dalmacia), ha dado cumplimiento al Evangelio
de Cristo, teniendo como punto de honra no anunciar el Evangelio
sino allí donde el nombre de Cristo no era aún conocido (Rm
15,20). Ahora tiene nuevos planes, no teniendo ya campo de
acción en estas regiones y deseando vivamente desde hace muchos
años ir donde vosotros, cuando me dirija a España, espero veros
al pasar, y ser encaminado por vosotros hacia allá... Mas, por
ahora, voy a Jerusalén para el servicio de los santos, pues Macedonia
y Acaya (Grecia) tuvieron a bien hacer una colecta a favor de
los pobres de entre los santos de Jerusalén (15,22-26).
- Pablo cambia su plan de viaje: Los
judíos tramaron una conjuración contra él cuando estaba a punto
de embarcarse para Siria; entonces él tomó la determinación de
volver por Macedonia (Hch 20,3). Le acompañan seis gentiles
(Sópatros, hijo de Pirro, de Berea; Aristarco y Segundo, de Tesalónica;
Gayo, de Derbe; Tíquico y Trófimo, de Asia) y un judío (Timoteo):
Estos se adelantaron y nos esperaron en Tróade. Nosotros, después
de los días de los Acimos, nos embarcamos en Filipos y al cabo
de cinco días nos unimos a ellos (20,5-6). En Mileto, Pablo
se despide de los ancianos, responsables de la comunidad de Efeso.
Les dice: Mirad que ahora yo, encadenado en el espíritu, me
dirijo a Jerusalén, sin saber lo que allí me sucederá (20,22).
- Pero ¿por qué va Pablo a Jerusalén? Si
se trata sólo de la colecta, la pueden llevar otros. Cuando escribe
a la comunidad de Corinto, desde Efeso, todavía no lo tiene claro:
Cuando me halle ahí, enviaré con cartas a los que hayáis considerado
dignos, para que lleven a Jerusalén vuestra liberalidad. Y si
conviene que vaya también yo, irán conmigo....Tal vez me detenga
entre vosotros, hasta pase ahí el invierno, para que vosotros
dispongáis lo necesario para donde vaya (1 Co 16,3-6).
- Pablo quiere afirmar la unidad de la Iglesia
constituida por judíos y gentiles, la unidad que triunfó en el
concilio de Jerusalén, superando el legalismo judío. Pero ¿cómo
están ahora las cosas? Pablo pide oraciones para verse libre
de los incrédulos de Judea y para que la colecta sea bien
recibida por los santos (Rm 15,31). El apóstol quiere cerrar
su etapa griega e iniciar su etapa romana de acuerdo con la comunidad
de Jerusalén. Por la unidad de la Iglesia no ahorra ningún esfuerzo,
pero no está dispuesto a mantenerla a costa del Evangelio. Lleva
consigo la carta a los romanos, que le servirá para responder
adecuadamente a las graves objeciones que se le pueden formular
en Jerusalén.
- Pablo y sus acompañantes se hacen a la
mar, bordeando la costa de Asia Menor. Toman una nave que va a
Fenicia y llegan a Tiro, donde pasan siete días con los hermanos.
Ellos, movidos por el espíritu, dicen a Pablo que no suba a Jerusalén
(Hch 21,4). Pasando por Tolemaida, llegan a Cesarea, donde
se quedan en casa de Felipe. Agabo, un profeta llegado de Judea,
toma el cinturón de Pablo, se ata sus pies y sus manos y dice:
Así atarán los judíos en Jerusalén al hombre de quien es este
cinturón. Y le entregarán en manos de los gentiles (21,10-11).
Pero Pablo está dispuesto a morir en Jerusalén por el nombre del
Señor.
- Llegan a Jerusalén con algunos discípulos
de Cesarea. Se hospedan en casa de un tal Mnasón, de Chipre. Al
día siguiente, se reúnen en casa de Santiago, con la presencia
de todos los ancianos, responsables de la comunidad. Pablo les
saludó y les fue exponiendo una a una todas las cosas que Dios
había obrado entre los gentiles por su ministerio (21,19).
Ellos, al oírle, glorificaban a Dios, pero le dijeron: Ya ves,
hermano, cuántos miles y miles de judíos han abrazado la fe, y
todos son fervientes partidarios de la ley. Pero han oído decir
de ti que enseñas a todos los judíos que viven entre los gentiles
que se aparten de Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus
hijos ni observen las tradiciones. ¿Qué hacer, pues? Porque va
a reunirse la muchedumbre, al enterarse de tu venida (21,20-22).
- Entonces, para salir al paso de la desconfianza
que tienen contra él, le aconsejan participar en un acto ritual
que va a celebrarse en el templo: Así todos entenderán que
no hay nada de lo que han oído decir de ti, sino que tú también
te portas como un fiel cumplidor de la ley. En cuanto a los gentiles
que han abrazado la fe, ya les escribimos nosotros nuestra decisión
(21,23-25). Dos cosas quedan claras: nada más lejos de Pablo
que prohibir sin más toda observancia de la ley; las decisiones
del concilio de Jerusalén siguen en pie.
- La ceremonia del templo acaba mal. Unos
judíos procedentes de Asia (Efeso) acusan a Pablo de haber introducido
en el templo a un gentil, a Trófimo. Provocan tal tumulto que
la fuerza romana tiene que intervenir para evitar que le maten.
Pablo queda detenido por los romanos. Cuando le llevan al cuartel,
dice al tribuno: ¿Me permites decirte una palabra? El le contesta:
¿Pero sabes griego? ¿No eres tú entonces el egipcio que estos
últimos días ha amotinado y llevado al desierto a cuatro mil terroristas?
Pablo se identifica, pide permiso para hablar al pueblo en lengua
hebrea y relata la historia de su conversión (21,27-22,21). Más
de cuarenta judíos traman una celada contra él, pero es descubierta
(23,20-22). En Cesarea permanece detenido durante dos años (24,27).
Ante la perspectiva de ser juzgado en Jerusalén, apela al César
(25,11-12). Trasladado a Roma, permanece en libertad vigilada
durante dos años en una casa que había alquilado (28,30).
- La carta tiene las siguientes partes:
una introducción (Rm 1,1-17); tres temas de fondo: la justificación
por la fe (1,18-4,25), la vida nueva que nace de la misma
(5,1-8,39), los judíos que rechazan el evangelio (9,1-11,36);
una exhortación práctica (12,1-15,13); y un epílogo
(15,14-33).
- En la introducción, Pablo, siervo de
Cristo Jesús, apóstol por vocación, escogido para el Evangelio
de Dios, saluda a todos los amados de Dios que estáis en
Roma: a vosotros gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y
del Señor Jesucristo (Rm 1,1-7).
- Judíos y gentiles son llamados a la fe.
Unos y otros necesitan cambiar: Tanto judíos como griegos están
todos bajo el pecado, como dice la Escritura: No hay quien
sea justo, ni siquiera uno solo. No hay un sensato, no hay quien
busque a Dios (Rm 3,10-11). Los gentiles, jactándose de
sabios, se volvieron estúpidos (1,22). Los judíos están igual:
Tú que instruyes a los otros a ti mismo no te instruyes. Predicas
no robar ¡y robas!. Prohíbes el adulterio ¡y adulteras! Aborreces
los ídolos, ¡y saqueas sus templos!... Como dice la Escritura:
por vuestra causa el nombre de Dios es blasfemado entre
las naciones (2,21-24), la circuncisión es útil si cumples
la ley; pero si eres un trasgresor de la ley, tu circuncisión
se vuelve incircuncisión. Mas si el incircunciso guarda las prescripciones
de la ley ¿no se tendrá su incircuncisión como circuncisión. Y
el que, siendo físicamente incircunciso, cumple la ley, te juzgará
a ti, que con la letra y la circuncisión eres trasgresor de la
ley (2,25-27).
- En el fondo hay un tenso diálogo
entre un adversario judío y el apóstol Pablo: - ¿Cuál es,
pues, la ventaja del judío?¿Cuál la utilidad de la circuncisión?
(3,1). – Grande, de todas maneras. Ante todo, a ellos les fueron
confiadas las palabras de Dios (3,2). – ¿Entonces qué? ¿Llevamos
ventaja? (3,9).- ¡No del todo! Pues ya demostramos que tanto judíos
como griegos están todos bajo el pecado (3,9). - ¿Entonces por
la fe privamos a la Ley de su valor? (3,29).- ¡De ningún modo!
Más bien, la consolidamos (3,29).- ¿Qué diremos, pues, que la
Ley es pecado? (7,7).- ¡De ningún modo! Sin embargo, yo no conocí
el pecado sino por la Ley (7,7).- ¿Es que Dios ha rechazado a
su pueblo? (11,1).- ¡De ningún modo! ¡Que también yo soy israelita!
(11,1), queda un resto (11,5).- ¿Es que han tropezado para caer?
(11,11).- ¡De ningún modo! Su caída ha traído la salvación de
los gentiles...Si su caída ha sido una riqueza para el mundo,...
¡qué no será su plenitud! (11,11-12).- Entonces ¿hacemos el mal
para que venga el bien? (3,8). – Eso es lo que algunos calumniosamente
nos acusan que decimos (3,8).
- La fe es la respuesta personal a la palabra
de Dios, ya sea del judío o del gentil. Así se cumple la justicia
de Dios, la justificación por la fe: Ahora, independientemente
de la ley, la justicia de Dios se ha manifestado, atestiguada
por la ley y los profetas, justicia de Dios por la fe en Jesucristo,
para todos los que creen (3,21-22), porque pensamos que
el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la ley. ¿Acaso
Dios lo es únicamente de los judíos y no también de los gentiles?
¡Sí, por cierto, también de los gentiles!, porque no hay más que
un solo Dios, que justificará a los circuncisos en virtud de la
fe y a los incircuncisos por medio de la fe (3,28-30). Ese
el caso de Abraham: creyó en Dios, que le dijo:
Sal de tu tierra (Gn 12,1); su fe le fue reputada como
justicia (Rm 4,3). Pero ¿cómo le fue reputada? ¿siendo
él circunciso o antes de serlo? No siendo circunciso, sino antes
(4,10). De este modo, es padre de todos nosotros, como
dice la Escritura: Te he constituido padre de muchas naciones,
padre nuestro delante de Aquel a quien creyó, de Dios
que da la vida a los muertos y llama a las cosas que no son para
que sean (4,16-17).
- La fe que salva supone una vida
nueva: Habiendo, pues, recibido de la fe nuestra justificación,
estamos en paz con Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien
hemos obtenido también, mediante la fe, el acceso a esta gracia
en la que estamos, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria
de Dios. Más aún, nos gloriamos hasta en las tribulaciones...
porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones,
por el espíritu santo que nos ha sido dado (5,1-5). La
experiencia de fe (Cristo) irrumpe en la experiencia humana común
(Adán) y la transforma (5,15): Todo el que invoque el nombre
del Señor se salvará (10,11). Hemos sido bautizados con Cristo
en su muerte y en su resurrección, para que también
nosotros vivamos una vida nueva (6,2-4), aunque el bien y
el mal combaten en nuestro interior (7,22-23).
- Sin embargo, ninguna condena pesa ya
sobre los que están en Cristo Jesús, la ley del espíritu que da
la vida en Cristo Jesús te liberó de la ley del pecado y de la
muerte (8,1-2), todos los que son guiados por el espíritu
de Dios son hijos de Dios (8,14), sabemos que la creación
entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto (8,22),
en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le
aman (8,28).
- Pablo siente una gran tristeza
(9,2) por el endurecimiento de su pueblo, no es que haya fallado
la palabra de Dios, pues no todos los descendientes de Israel
son Israel, ni por ser descendientes de Abraham son todos hijos
(9,6-7), tienen celo de Dios, pero no conforme a un pleno
conocimiento (10,2), Dios no ha rechazado a su pueblo,
en quien de antemano puso sus ojos (11,2), subsiste un
resto (11,5), su caída ha traído la salvación de los gentiles
(11,11), si su caída ha sido una riqueza para el mundo...
¡qué no será su plenitud! (11,12), si algunas ramas fueron
desgajadas, mientras tú –olivo silvestre- fuiste injertado...
no te engrías contra las ramas... no eres tú quien sostiene la
raíz, sino la raíz quien te sostiene (11.17-18).
- Pablo exhorta a vivir un culto
espiritual: No os acomodéis al mundo presente, transformaos mediante
la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir
cuál es la voluntad de Dios (12,2), siendo muchos, no formamos
más que un solo cuerpo (12,5), sin devolver a nadie mal
por mal (12,17), sometiéndoos a la autoridad civil (13,1),
con nadie tengáis otra deuda que la del mutuo amor (13,8),
teniendo en cuenta el momento en que vivimos (13,11), nada
de la mala vida, revestíos de Cristo (13,13-14), acoged
al que es débil en la fe (14,1).
- En el epílogo Pablo hace memoria
de su misión, comenta sus nuevos planes, se despide (15,14-33).
El capítulo 16 parece pertenecer a una copia de la carta enviada
a Efeso (Asia) desde Corinto (Rm 16,23;Hch 19,22;2 Tm 4,20).
- El momento es crítico. En el año
62, el sumo sacerdote Anás, aprovechando el vacío de poder que
deja la sustitución del procurador Festo por Albino, manda lapidar
a “Santiago, hermano de Jesús llamado Cristo, y a algunos otros,
acusándoles de haber faltado contra la Ley” (F.Josefo, Antigüedades
judías, XX, 200). Tras el incendio de Roma, en julio del 64,
se denuncia a los cristianos como responsables del mismo. Hasta
el historiador romano Tácito manifiesta su compasión por las víctimas
inocentes que arden como antorchas en los jardines del Vaticano
(Anales, XV,44). Se habló de una denuncia saducea, llevada
a Roma por medio de Popea, esposa de Nerón y prosélita judía.
El caso es que en unos años queda decapitada la Iglesia naciente:
Santiago, Pedro y Pablo.
* Diálogo sobre la fe que salva:
- es la respuesta personal
a la palabra de Dios
- va más allá del legalismo
judío o cristiano
- judíos y gentiles necesitan
cambiar
- una vida nueva nace
de la fe que salva
- en todas las cosas interviene
Dios para bien de los que le aman
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