| LA FIESTA DE LA ASCENSION
1. Puede parecer un problema abstruso, pero importa siempre la solidez de las enseñanzas recibidas (Lc 1,4). Antes se celebraba la Ascensión en jueves, cuarenta días después de Pascua. Ahora se celebra el domingo siguiente. El planteamiento es el mismo, el que en su Compendio (2005) presenta el Catecismo de la Iglesia Católica: “Cuarenta días después de haberse mostrado a los Apóstoles bajo los rasgos de una humanidad ordinaria, que velaban su gloria de Resucitado, Cristo subió a los cielos y se sentó a la derecha del Padre” (n.132). ¿Es esto así? ¿Cristo ascendió cuarenta días después de Pascua? ¿Es preciso revisar la propia tradición a la luz de la Escritura? 2. Dice Lucas en su evangelio que Jesús, tras su pasión, entró en su gloria (Lc 24,26), fue llevado al cielo (24,51). Lo mismo dice al comienzo de los Hechos, resumiendo lo que escribió en su evangelio, lo que Jesús hizo y enseñó desde un principio hasta el día en que, después de haber dado instrucciones a sus discípulos, fue llevado al cielo (Hch 1,1-2). Como es de suponer, en ambos libros Lucas dice lo mismo: Jesús resucitó y ascendió el mismo día, el día de Pascua. Veamos. 3. Los discípulos lo descubren el primer día de la semana: así las mujeres, que lo anuncian a los once y a todos los demás (Lc 24,9-11); los caminantes de Emaús que reconocen a Jesús al partir el pan y vuelven a Jerusalén a contar lo sucedido (24,33-35); los once y los que estaban con ellos, cuando, hablando de estas cosas, Jesús se presenta en medio y les dice: La paz con vosotros (24,36). Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dice: ¿Tenéis ahí algo de comer? Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. El lo tomó y comió delante de ellos (24,41-43). Prestemos atención a esta comida y a las instrucciones que vienen después. 4. Los discípulos no podían entender el fracaso de Jesús, el escándalo de la cruz. Entonces Jesús abre su inteligencia para que comprendan las Escrituras. Les dice: Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas. Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la promesa de mi padre. Por vuestra parte permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de poder desde lo alto (24,45-49). El Señor sacó a los discípulos hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo: Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos, después de postrarse ante él, se volvieron a Jerusalén con gran gozo (24,50-52). La muerte supone separación y descenso. La vida nueva, la gloria, supone resurrección y ascensión. 5. Lo repetimos. Al comienzo de los Hechos, Lucas resume lo que escribió en su evangelio, lo que Jesús hizo y enseñó desde un principio hasta el día en que, después de haber dado instrucciones a sus discípulos, fue llevado al cielo (Hch 1,1-2). Dice también que, después de su pasión, Jesús se presentó a sus discípulos dándoles muchas pruebas de que vivía, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios. Según Pablo, Jesús se apareció durante muchos días sin precisar más (Hch 13,31). Es simbólico. Jesús pasa cuarenta días en el desierto antes de comenzar su misión (Lc 4,2); Moisés los pasa en el Sinaí al recibir los mandamientos de Dios (Ex 24,18) y Elías camino del monte de Dios, volviendo a los orígenes (1 R 19,8). Durante cuarenta días, el Señor resucitado y ascendido prepara a los discípulos para la misión. 6. Mientras estaba comiendo con ellos, les mandó que no se ausentasen de Jerusalén, sino que aguardasen la promesa del padre, que oísteis de mi: Que Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados en espíritu santo no dentro de muchos días (Hch 1,3-5). Atención, dice Lucas: Mientras estaba comiendo con ellos...¿Cuándo? El día primero de la semana. (Lc 24,1.13). Lucas se refiere a la comida que cita en su evangelio (24,41-43) y a las instrucciones que el Señor da a sus discípulos (24,44-49). Los que estaban reunidos le preguntaron: Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel? Los discípulos siguen aferrados a su esperanza política. Identifican el reino de Dios con la liberación de Israel, pero el reino de Dios no tiene fronteras. Jesús les dice: No os toca a vosotros conocer el tiempo y el momento que el padre ha fijado con su autoridad, sino que recibiréis la fuerza del espíritu santo y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines de la tierra (Hch 1,6-8). 7. Dicho esto, fue levantado en presencia de ellos, y una nube le ocultó a sus ojos (1,9). ¿Cuándo? Lo dice Lucas en su evangelio: el mismo día, todo sucede el mismo día (Lc 24,51). La nube simboliza la presencia de Dios, que levanta a Jesús. Estando ellos mirando fijamente al cielo mientras se iba, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: Galileos, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo? Este que os ha sido llevado, este mismo Jesús, volverá como le habéis visto subir al cielo. Entonces se volvieron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos, que dista poco de Jerusalén, el espacio de un camino sabático (1,10-12). 8. El detalle de la nube aparece en el monte Sinaí (Ex 24,15-18), en el torbellino (muerte violenta) de Elías (2 R 2,1-17), en el monte de la transfiguración (Lc 9,34-35). En el salmo 68 se dice que el Señor cabalga sobre las nubes. El hijo del hombre viene sobre las nubes (Dn 7,13), viene con Dios, a la manera de Dios. Los dos hombres vestidos de blanco, vestidos de gloria, aparecen también en la experiencia de las mujeres ante el sepulcro vacío (Lc 24,4) y en el pasaje de la transfiguración, donde Lucas dice que son Moisés y Elías y que hablan de la muerte de Jesús en Jerusalén (9,30-31). El monte de los Olivos (1,12), cerca de Betania (Lc 24,50), es el lugar donde Jesús pasa la noche (21,37), donde es detenido y separado de sus discípulos (22,39), donde éstos le ven subir al cielo (24,51;Hch 1,9). 9. Hasta bien entrado el siglo IV los calendarios litúrgicos no mencionan para nada una fiesta de la Ascensión que se celebre cuarenta días después de Pascua. En realidad, la ascensión y la resurrección son dos aspectos del misterio pascual de Jesús. Su pascua es el paso del descenso más profundo al ascenso más alto, de la humillación a la gloria, de la muerte a la vida que no acaba. Los discípulos lo descubren el primer día de la semana (Lc 24,1), el tercer día (18,33) después de la muerte. Esto no impide lo que Jesús dice al buen ladrón: Hoy estarás conmigo en el paraíso (Lc 23,43). 10. Tras su pasión y su muerte, Jesús resucitó y ascendió. ¿Hasta donde? Por así decirlo, hasta lo más alto. Como había anunciado Jesús, se cumple el salmo 110: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos como escabel de tus pies (Lc 20,41-44). Pedro lo proclama el día de Pentecostés: Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús que vosotros habéis crucificado (Hch 2,36). 11. El Señor resucitado, el Señor ascendido, no está ausente del mundo. Está presente de una forma nueva, a la manera de Dios: Estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28,20). A su manera, el Resucitado camina, come, pesca con sus discípulos (Jn 21,7), les habla, les instruye. No es un fantasma separado de la realidad. No es un espíritu separado de la materia. No es un alma separada del cuerpo. No es un cadáver reanimado que vuelva a la vida anterior. Es una realidad nueva, un cuerpo espiritual (1 Co 15,44), "penetra todos los estratos de la creación, no sólo los espirituales, sino también los materiales" (M.Schmaus), "está en el corazón de las pequeñas cosas que forman la vida de la tierra" (K.Rahner). * Diálogo: ¿Qué significa la Ascensión del Señor? ¿Cristo ascendió cuarenta días después de Pascua? ¿Es preciso revisar la propia tradición a la luz de la Escritura?
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