MUJERES EN LA BIBLIA (II)

Una mujer vestida del sol

 

1.-En el mundo antiguo, salvo casos aislados, la mujer se limita a sus labores, se la considera inferior, vive en relación de dependencia, está sometida. Según La Misná, que recoge la tradición oral judía hasta el siglo II d.C., la hija "permanecerá siempre bajo la autoridad paterna hasta que no pase, con las nupcias, a la dependencia del marido” (Orden tercero, IV,5). El historiador judío Flavio Josefo lo atestigua: “La mujer, dice la ley, está sometida al marido en todo” (Contra Apionem, 2,24). ¿Cambia la situación de la mujer con la experiencia del Evangelio? Veamos la figura de cuarenta mujeres en el Nuevo Testamento: ¿qué papel tienen?, ¿el papel tradicional?, ¿un papel nuevo?

2.-En el evangelio de Lucas, María aparece como modelo de discípulo que acoge la Palabra: "He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra" (Lc 1,38). Cantamos así el anuncio que recibe: "No temas llena de gracia, que está contigo el Señor, alégrate, en tu esperanza, alumbra la luz del sol". María guarda en el corazón lo que se dice del niño (2,51). En Nazaret va tejiendo el lenguaje humano de Jesús. En el evangelio de Juan "la madre de Jesús", sin decir su nombre, aparece en la boda de Caná (Jn 2,5) y al pie de la cruz (19,25). En los demás evangelios, María aparece poco y, cuando aparece, se dice que lo que importa no es la relación familiar, sino la escucha de la palabra de Dios. Una vez, hablando Jesús a la gente, alzó la voz una mujer y dijo: "Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron". Replicó Jesús: "Dichosos más bien los que escuchan la palabra de Dios y la guardan" (Lc 11,27-28). En los Hechos de los apóstoles, María aparece en oración con los discípulos (Hch 1,14).

3.-Isabel  vive en la montaña. Está casada con un sacerdote llamado Zacarías. No tienen hijos y ambos son de edad avanzada (Lc 1,5-7). Pero Isabel concibe un hijo, que le ha sido anunciado: “estará lleno de espíritu santo desde el seno de su madre” (1,15). Estando encinta, recibe la visita de su prima María: “en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de espíritu santo, y exclamó: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, y ¿de dónde a mi que la madre de mi Señor venga a mi?", "feliz la que ha creído que se cumplirán en ella las cosas que le fueron dichas de parte del Señor”. Y dijo María: “Proclama mi alma la grandeza del Señor” María permaneció con ella unos seis meses (1,39-56).

4.- Ana, la profetisa, vivió siete años con su marido y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro: "No se apartaba del templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones". Presenciando el momento de la presentación de Jesús en el templo, "alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén" (Lc 2,36-38).

5.-El Evangelio remite al plan original de Dios sobre marido y mujer: "serán los dos una sola carne" (Mc 10,8). Con los discípulos que le siguen, Jesús comparte su misión (Mt 10,8). Están los doce (Mc 3,14-15), están los setenta y dos (Lc 10,1-20), están las mujeres que acompañan a Jesús (8,2-3). El verdadero parentesco de Jesús no es de tipo biológico: "Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la palabra de Dios y la cumplen" (Lc 8,21). La comunidad es la nueva familia del discípulo. La relación es de fraternidad: "vosotros sois hermanos", "no llaméis a nadie padre vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro padre, el del cielo” (Mt 23,8-9).

6. Muchas mujeres descubren la liberación del Evangelio: la mujer encorvada, la hemorroísa, la viuda de Naím, la mujer cananea, la samaritana, la pecadora perdonada, la mujer sorprendida en adulterio. Son curadas y participan en la misión de Jesús, que enseña y cura (Mc 1,21-28). Como aparecen tres varones (Pedro, Santiago y Juan) en momentos importantes (la resurrección de la hija de Jairo, la transfiguración, la agonía de Getsemaní), también aparecen tres mujeres en momentos cruciales y decisivos. Mientras los varones huyen, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé se mantienen fieles hasta la muerte (Mc 15,40). María Magdalena, Juana, María la de Santiago y las que estaban con ellas anuncian a los demás la resurrección de Jesús (Lc 24,10).

7.-Llega Jesús a una ciudad de Samaría. Los discípulos han ido a comprar comida. Cansado del camino, se sienta Jesús junto al pozo. Es hacia el mediodía. Llega una mujer samaritana a sacar agua. No se dice su nombre. Le dice Jesús: “Dame de beber”. Ante la perplejidad de la samaritana, Jesús habla del don de Dios y de la cuestión de quién da el agua viva: La mujer toma al pie de la letra las palabras de Jesús: "Señor, no tienes con qué sacarla y el pozo es hondo; ¿de dónde tienes tú esa agua viva? ¿Es que tú eres más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo?". Jesús habla de otra agua: "Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé, se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna". Le dice la mujer: “Señor, dame de esa agua” (Jn 4,1-15). El le dice: “Vete, llama a tu marido y vuelve acá”. Responde la mujer: “No tengo marido”. Le dice Jesús: “Has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es marido tuyo; en eso has dicho la verdad”. La conversación pasa al terreno religioso: ¿dónde hay que adorar?, ¿en Samaría o en Jerusalén? Responde Jesús: Llega la hora (ya estamos en ella) en que los verdaderos adoradores adorarán al padre en espíritu y en verdad”. Cuando venga el Cristo nos lo explicará todo, dice la mujer. Jesús le dice: “Yo soy, el que está hablando contigo”. En esto llegaron sus discípulos y se sorprendieron de que hablara con una mujer, pero nadie le dijo nada. La mujer, dejando su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: “Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?” (Jn 4,1-30).

8.-Estando Jesús a la orilla del lago de Galilea, llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo. Cayó a sus pies y le suplicaba diciendo: "Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella para que se salve y viva". Y se fue con él. Entonces una mujer que padecía hemorragias desde hacía doce años, que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado toda su fortuna sin obtener ninguna mejoría, e incluso había empeorado, al oír hablar de Jesús, se acercó a él por detrás entre la gente y le tocó el manto, pues se decía: “Con solo tocar sus vestidos, me curo”. Inmediatamente se secó la fuente de las hemorragias y sintió que su cuerpo estaba curado. Jesús se volvió a la gente y dijo: “¿Quién me ha tocado?". Sus discípulos le contestaron: “Ves que la multitud te apretuja, ¿y dices quién te ha tocado?”. El seguía mirando alrededor. Entonces la mujer se acercó asustada y temblorosa, se postró ante Jesús y le dijo toda la verdad. El dijo a la mujer: “Hija, tu fe te ha curado, vete en paz, libre ya de tu enfermedad” (Mc 5,21-34).

9.- Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga diciendo: "Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al maestro?". Jesús que oyó lo que habían dicho, dijo al jefe de la sinagoga: "No temas, solamente ten fe". Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos. Entra y del dice: "¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto. Está dormida". Y se burlaban de él. Entró donde estaba la niña y le dice: "Talitá kum", que quiere decir: "Muchacha, a ti te digo, levántate". Se levantó y se puso a andar (Mc 5,35-42)

10.- Al llegar Jesús a la casa, vio a la suegra de Pedro en cama, con fiebre. Le tocó la mano, y la fiebre la dejó, y se levantó y se puso a servirle. Una vez curada, ayuda a curar. Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; expulsó a los espíritus con una palabra, y curó a todos los enfermos, para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: "El tomó nuestras flaquezas y curó nuestras enfermedades" (Mt 8,14-17). Por "demonios" podemos entender problemas, flaquezas, enfermedades.

11.- Fue Jesús a la región de Tiro y de Sidón. Entró en una casa, pero no logró pasar inadvertido. Una mujer cananea salió de aquellos contornos y se puso a gritar: “¡Ten compasión de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está atormentada por un demonio”. Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le dijeron: “Despídela, porque viene gritando detrás de nosotros”. El respondió: “No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Ella se acercó, se puso de rodillas delante de él y le suplicó: “¡Señor, ayúdame!”. Los judíos no podían admitir a su mesa a los paganos. Jesús le dijo: “No está bien quitarle el pan a los hijos para echárselo a los perros”. Pero ella respondió: “Cierto, Señor, pero también los perros comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Entonces Jesús le dijo: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que te suceda como quieres”. Y desde aquel momento quedó curada su hija (Mt 15,21-28).

12.- Fue Jesús a una ciudad llamada Naím, e iban con él sus discípulos y una gran muchedumbre. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre que era viuda, a la que acompañaba mucha gente de la ciudad. Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: “No llores”. Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y él dijo: “Joven, a ti te digo: Levántate”. El muerto se incorporó y se puso a hablar, y él se lo dio a su madre. El temor se apoderó de todos, y glorificaban a Dios diciendo: “Un gran profeta se ha levantado entre nosotros, y Dios ha glorificado a su pueblo” (Lc 7,11-16).

13.- Un fariseo invitó a Jesús a comer. Había en la ciudad una mujer pecadora, la cual, al enterarse de que Jesús estaba en casa del fariseo, se presentó allí con un frasco de alabastro lleno de perfume, se puso detrás de él a sus pies y, llorando, comenzó a regarlos con sus lágrimas y a enjugarlos con los cabellos de su cabeza, los besaba y ungía con el perfume. El fariseo que le había invitado, al verlo, se decía: “Si este fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que lo toca. ¡Una pecadora!”. Jesús le dijo: “Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía diez veces más que el otro. Como no podía pagarle, se lo perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?” El fariseo respondió: “Supongo que aquel a quien perdonó más”. Jesús le dijo: “Has juzgado bien”...Y dijo a la mujer: “Tus pecados te son perdonados”, “tu fe te ha salvado, vete en paz” (Lc 7,36-50).

14.-Llegó Jesús a una aldea y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Tenía una hermana llamada María. Esta, sentada a los pies del Señor, escuchaba sus palabras. Marta andaba afanosa en los muchos quehaceres, se paró y dijo: “Señor, ¿te parece bien que mi hermana me deje sola con las faenas? Dile que me ayude”. El Señor contestó: “Marta, Marta, tú te preocupas y te apuras por muchas cosas, y sólo es necesaria una. María ha escogido la mejor parte y no se la quitarán” (Lc 10,38-42).

15.- Un sábado estaba Jesús enseñando en una sinagoga y había una mujer encorvada que llevaba  dieciocho años enferma y no podía  enderezarse. Al verla, Jesús le dijo: "Mujer, quedas libre de tu enfermedad" (Lc 13,12). Muchas mujeres se han visto encorvadas por el peso de la enfermedad, por las cargas sociales y religiosas, por la marginación que sufren, pero también (en el encuentro con Jesús) se han enderezado, quedando libres de ataduras y condicionamientos.

16.- Un día estaba Jesús enseñando en el templo. Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio. Le dicen para tener de qué acusarle: “Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?”. La desigualdad entre hombre y mujer es evidente: ¿Dónde está el cómplice del adulterio? Jesús, inclinándose se puso a escribir con el dedo en la tierra. Como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: “Aquel de vosotros que esté sin pecado que le tire la primera piedra”. E inclinándose de nuevo escribía en la tierra. Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos. Y se quedó Jesús sólo con la mujer. Incorporándose Jesús le dijo: “Mujer, ¿dónde están?, ¿nadie te ha condenado?”. Ella respondió: “Nadie, Señor”. Jesús le dijo: “Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más” (Jn 8,2-11). Por tanto, conversión, sí; penalización, no.

17.- Sentado Jesús frente al tesoro del templo, miraba cómo la gente echaba en las arcas. Muchos ricos echaban mucho. Pero llegó una viuda pobre y echó unos céntimos. Llamó a sus discípulos y les dijo: “Os aseguro que esta pobre viuda ha echado más que todos, pues todos han echado de lo que les sobra; en cambio ella ha echado de su indigencia todo lo que tenía para vivir” (Mc 12,41-44). Lo dice la canción: "Cuando el pobre nada tiene y aún reparte...va Dios mismo en nuestro mismo caminar"

18.- Jesús: "Jesús amaba a Marta, a su hermana María y a Lázaro" (Jn 11,5). Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. Le dieron allí una cena. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. Y la casa se llenó del olor del perfume. Dice Judas Iscariote, el que lo había de entregar: "Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?". Pero no decía esto porque le preocuparan los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella. Jesús dijo: “Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura. Porque pobres siempre tendréis con vosotros, pero a mi no siempre me tendréis" (Jn 12,1-8). María realiza un gesto que no tiene precio, la unción anticipada del cuerpo de Jesús.

19.-María de Magdala, ciudad situada junto al lago de Galilea, es una mujer curada por Jesús. De ella "habían salido siete demonios" (Mc 16,9), o sea, varios problemas. Anuncia la resurrección de Jesús a los demás. El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro. Echa a correr y dice a Simón Pedro y a Juan: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos donde le han puesto". Estaba María junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y vio dos ángeles, dos mensajeros, vestidos de blanco, vestidos de gloria, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Le dicen: "Mujer, ¿por qué lloras?" Ella expresa su desconcierto: "Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto". Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: "Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?". Ella, pensando que era el hortelano, le dice: "Señor, si tú lo has llevado, dime donde lo has puesto, y yo me lo llevaré". Jesús le dice: "María". Ella se vuelve y le dice en hebreo: "Rabbuní", que quiere decir: "Maestro". Le dice Jesús: "No me toques, que todavía no he subido al padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi padre y a vuestro padre, a mi Dios y vuestro Dios". Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras (Jn 20,1-18). En los primeros siglos se la llama apóstol de los apóstoles. El evangelio de Mateo dice que ella y la otra María, la de Santiago, "acercándose, se asieron a sus pies y le adoraron" (Mt 28,9). Pero el resucitado no puede ser tocado, agarrado, retenido (ver Cc 3,4). Se escapa de las manos, sube a la casa del padre.

20.-Las mujeres toman la palabra en la comunidad: "Profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas" (Hch 2,17; 1 Co 11,5). Muchas se distinguen en el servicio del evangelio, como María, madre de Juan Marcos, y su sirvienta Rode (Hch 12,12-13). Hay profetisas, las cuatro hijas de Felipe (Hch 21,9); también diaconisas. Junto a las grandes comunidades, como Jerusalén o Antioquía, están las pequeñas comunidades, cuya dirección puede corresponder al cabeza de familia, varón o mujer (Rm 16,3-5;Col 4,15). En Filipos, la comunidad empieza por un grupo de mujeres: Una de ellas es Lidia, vendedora de púrpura, natural de Tiatira, que adoraba a Dios. El Señor le abrió el corazón para que se adhiriese a las palabras de Pablo. Cuando ella y los de su casa recibieron el bautismo, suplicó: "Si juzgáis que soy fiel al Señor, venid y quedaos en mi casa" (Hch 16,12-15). En la carta a los Filipenses Pablo: ruega "a Evodia, lo mismo que a Síntique, que tengan un mismo sentir en el Señor" (Flp 4,2). En la carta a los Colosenses, saluda "a los hermanos, a Ninfas y a la Iglesia de su casa" (Col 4,15). En la primera carta a los Corintios, les dice que sabe "por los de Cloe, que existen discordias entre vosotros" (1 Co 1,11). En la carta a Filemón, saluda a la hermana Apia (Flm 2).

21.-En Corinto se encuentra Pablo con un judío llamado Aquila, originario del Ponto, que acababa de llegar de Italia, y con su mujer Priscila, por haber decretado Claudio que todos los judíos saliesen de Roma; se llegó a ellos y como era del mismo oficio, se quedó a vivir y a trabajar con ellos. El oficio de ellos era fabricar tiendas (Hch 18,1-3). Poco después, en Efeso, se encuentran con un judío llamado Apolo, originario de Alejandría, hombre elocuente, que dominaba las Escrituras. Había sido instruido en el camino del Señor, y con fervor de espíritu hablaba y enseñaba con todo esmero lo referente a Jesús, aunque solamente conocía el bautismo de Juan: "Al oírle Aquila y Priscila, le tomaron consigo y le expusieron más exactamente el Camino" (18,24-27)

22.-En la carta a los Gálatas, la carta de la libertad cristiana, dice Pablo: "Ya no hay ni judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Ga 3,28). El Evangelio pone en cuestión la circuncisión y la ley judía, la esclavitud y la sumisión de la mujer. El concilio de Jerusalén supone para los gentiles convertidos al cristianismo la liberación de la ley judía (Hch 15,18). Es la lucha de Pablo. Por eso afirma tajantemente: "Habéis roto con Cristo todos cuantos buscáis la justicia en la ley, os habéis apartado de la gracia" (Ga 5,4).

23.-En la carta a los Romanos, Pablo recomienda a Febe, "nuestra hermana, diaconisa (servidora, ministra, matrona) de la Iglesia de Céncreas": "recibidla en el Señor de una manera digna de los santos, y asistidla en cualquier cosa que necesite de vosotros, pues ella ha sido protectora de muchos, incluso de mí mismo" (Rm 16,1-2). Dice también Pablo: "Saludad a Prisca y Aquila, colaboradores míos en Cristo Jesús. Ellos expusieron sus cabezas para salvarme. Y no soy yo solo en agradecérselo, sino también todas las Iglesias de la gentilidad; saludad también a la Iglesia que se reúne en su casa" (16,3-5), "saludad a María, que se ha afanado mucho por vosotros. Saludad a Andrónico y Junia, mis parientes y compañeros de prisión, ilustres entre los apóstoles" (16,6-7), "saludad a Trifena y a Trifosa, que se han fatigado en el Señor. Saludad a la amada Pérside, que trabajó mucho en el Señor. Saludad a Rufo, el escogido del Señor, y a su madre, que lo es también mía. Saludad a Asíncrito y Fregonta, ...a Filólogo y a Julia, a Nereo y a su hermana, lo mismo que a Olimpas" (16,12-15).En los Hechos se recoge el fraude de Ananías y Safira (Hch 5,1-11), y la resurrección de Tabitá en Joppe por medio de Pedro(9,34-42).

24.-A finales del siglo I, en época de persecución, Juan dice ver en el cielo (en el lenguaje de las constelaciones) lo que está pasando en la tierra: "Una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; está encinta, y grita con los dolores del parto" (Ap 12,1-2). La mujer es la Iglesia naciente, la comunidad cristiana, vestida del sol, ciertamente "sol de justicia" (Ml 3,20), vestida del Señor Resucitado, iluminada por la gloria de Dios (Ap 21,23). La luna puede ser María. La corona de doce estrellas, los apóstoles. Es una Iglesia que está dando a luz, un Iglesia fecunda. Frente a ella, amenazante, aparece "un gran dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos", "su cola arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo y las precipitó sobre la tierra" (12,3-4). El dragón es "la serpiente antigua" (12,9), el imperio, el poder. La lucha es brutal, pero "ahora ya ha llegado la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo, porque ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos" (12,10).

 

* Diálogo:

- ¿la situación de la mujer cambia con la experiencia del Evangelio?

- ¿cómo aparecen las mujeres en el Nuevo Testamento?

- ¿qué papel tienen?, ¿el papel tradicional?, ¿un papel nuevo?

- ¿qué lecciones sacamos?, ¿qué experiencia tenemos?