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NO OS EXTRAÑEIS
- El mensaje de la primera carta
de Pedro puede resumirse así: No os extrañéis de
que os persigan, siempre que sea por causa de Cristo. Pedro
quiere orientar y confirmar a los cristianos que pasan por
diversas pruebas. Sin embargo, hoy es una carta olvidada:
¿en qué medida es una catequesis válida para nosotros? ¿Nos
sirve? ¿Por qué pruebas pasamos?
- Pedro se presenta como apóstol
de Jesucristo (1 P 1,1), también como anciano,
responsable de comunidad según el modelo de las sinagogas
judías, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe
de la gloria que está para manifestarse (5,1). Dirige
la comunidad de Jerusalén (Hch 1,15). Encarcelado y liberado
de la cárcel, marcha a otro lugar (Hch 12,17).
Participa en el concilio de Jerusalén (15,7-11). Desarrolla
su misión especialmente entre los judíos (Ga 2,8), también
entre los paganos (Hch 10). En Antioquia recibe la reprensión
de Pablo (Ga 2,14). Cuando Pablo escribe a los romanos,
hacia el año 58, no dice nada de él; el apóstol de los gentiles
permanece dos años detenido en Cesarea (Hch 24,27); cuando
llega a Roma y permanece durante dos años en una casa alquilada
(28,16), tampoco se dice nada.
- Lugar y fecha. Pedro sabe donde
está y lo dice enigmáticamente: en Babilonia (1 P
5,13), es decir en Roma, entonces centro del imperio y del
culto pagano correspondiente. Escribe la carta poco antes
de la persecución de Nerón (años 64-67), que cargó sobre
los cristianos la responsabilidad del incendio de Roma (julio
del 64). Dice el historiador romano Tácito: “Nerón presentó
como culpables y entregó a los tormentos más refinados a
unas gentes detestadas por sus torpezas, que la multitud
llamaba cristianos” (Anales, XV,44).
- Pedro escribe por medio de Silvano,
hermano fiel (1 P 5,12), a quien se identifica con Silas,
dirigente de la comunidad de Jerusalén (Hch 15,22). Con
Pedro está su hijo Marcos (1 P 5,13). Eusebio de
Cesarea (hacia 264-339) recoge este importante testimonio
de Papías, obispo de Hierápolis y compañero de Policarpo
(+156): “Marcos, que fue el intérprete de Pedro, puso puntualmente
por escrito, aunque no con orden, cuantas cosas recordó
referente a los dichos y a los hechos del Señor. Porque
ni había oído al Señor ni le había seguido, sino que más
tarde, como dije, siguió a Pedro, quien daba sus instrucciones
según las necesidades, pero no como quien compone una ordenación
de las sentencias del Señor” (Historia Eclesiástica, III,39).
- La carta es circular (eso significa
encíclica) y va dirigida a los cristianos que viven como
extranjeros en la diáspora: en el Ponto, Galacia, Capadocia,
Asia y Bitinia, provincias del Asia Menor. Según Eusebio
de Cesarea, Pedro “escribe a los hebreos de la diáspora”,
“se ve claro en qué provincias predicó él a Cristo y transmitió
la doctrina del Nuevo Testamento a los que procedían de
la circuncisión” (HE III,4). La diáspora (dispersión) es
el mundo visto desde la perspectiva judía, el extranjero
y, también, el lugar de destierro.
- Pues bien, lo primero el saludo:
A vosotros gracia y paz abundantes (1,2). Y la acción
de gracias a Dios que nos ha dado una vida nueva: Bendito
sea el Dios y padre de nuestro Señor Jesucristo quien, por
su gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo
de entre los muertos, nos ha reengendrado a una esperanza
viva, a una herencia incorruptible, inmaculada e inmarcesible,
reservada en los cielos para vosotros, a quienes el poder
de Dios, por medio de la fe, protege para la salvación,
dispuesta ya a ser revelada en el último momento (1,3-5).
- Cuando se escribe la carta, los
cristianos pasan por diversas pruebas: Os calumnian
como malhechores (1 P 2,12). Pedro quiere orientarlos
y confirmarlos en la fe (Lc 22,32). Para ello, no recurre
al legalismo. Lo hace desde la palabra de Dios, viva y permanente.
Veamos algunas claves más importantes.
- Esta es fundamental: No os extrañéis
del fuego que ha prendido en medio de vosotros para probaros,
como si os sucediera algo extraño, sino alegraos en la medida
en que participáis en los sufrimientos de Cristo, para que
también os alegréis alborozados en la revelación de su gloria.
Dichosos vosotros, si sois injuriados por el nombre de Cristo,
pues el espíritu de gloria, que es el espíritu de Dios,
rebosa sobre vosotros. Que ninguno de vosotros tenga que
sufrir ni por criminal ni por ladrón ni por malhechor ni
por entrometido, pero si es por cristiano, que no se avergüence,
que glorifique a Dios por llevar este nombre (1 Pe 4,12-17).
El Evangelio no está escrito todavía, pero –sin duda- Pedro
recuerda la palabra del Señor: Dichosos seréis cuando
os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase
de mal contra vosotros por mi causa (Mt 5,11).
- La alegría propia del Evangelio
está por encima de las dificultades que los cristianos,
elegidos de Dios, encuentran en el ambiente pagano, en el
trabajo, en la familia: Por lo cual rebosáis de alegría,
aunque sea preciso que todavía por algún tiempo seáis afligidos
con diversas pruebas, a fin de que la calidad probada de
vuestra fe, más preciosa que el oro perecedero que es probado
por el fuego, se convierta en motivo de alabanza, de gloria
y de honor en la revelación de Jesucristo (1 P 1,6-7).
- Pedro tiene presente este pasaje
del libro de la Sabiduría: La vida de los justos está
en manos de Dios y ningún tormento les afectará. Los insensatos
pensaban que habían muerto; su tránsito les parecía una
desgracia y su partida de entre nosotros, completa destrucción,
pero ellos están en paz... Dios los puso a prueba y los
halló dignos de sí, los probó como oro en el crisol... En
el día del juicio resplandecerán y se propagarán como el
fuego en el rastrojo..., pues la gracia y la misericordia
están destinadas a sus elegidos (Sb 3,1-9).
- Los cristianos estamos unidos a
Cristo: A quien amáis sin haberle visto; en quien creéis,
aunque de momento no le veáis, rebosando de alegría inefable
y gloriosa, al lograr la meta de la fe, la salvación de
vuestras almas (1 P 1,8-9). Sobre esta salvación
indagaron los profetas, que anunciaron la gracia destinada
a vosotros. Es decir, el espíritu que habló por los profetas
venía por vosotros: Les fue revelado que no administraban
en beneficio propio sino en favor vuestro este mensaje que
ahora os anuncian quienes os predican el Evangelio (1,12).
- Se requiere la vigilancia propia
de la noche pascual, sabiendo que hemos sido rescatados
de la conducta necia, recibida por herencia y educación:
Por lo tanto, ceñios los lomos de vuestro espíritu, sed
sobrios, poned toda vuestra esperanza en la gracia que se
os procurará mediante la revelación de Jesucristo. Como
hijos obedientes, no os amoldéis a las apetencias de antes,
del tiempo de vuestra ignorancia... Y si llamáis Padre a
quien, sin acepción de personas, juzga a cada cual según
su conducta, conducios con temor durante el tiempo de vuestro
destierro, sabiendo que habéis sido rescatados de la conducta
necia heredada de vuestros padres... con una sangre preciosa,
como de cordero sin tacha y sin mancilla, Cristo (1,13-19).
- Es fundamental el amor fraterno,
si hemos nacido a una vida nueva por medio de la palabra
de Dios viva y permanente: Amaos intensamente unos a
otros con corazón puro, pues habéis sido reengendrados de
un germen no corruptible, sino incorruptible por medio de
la palabra de Dios viva y permanente. Pues toda carne es
como hierba y todo su esplendor como flor del campo; se
seca la hierba y cae la flor, pero la palabra del Señor
permanece eternamente (1,22-25). Pedro tiene presente
un importante pasaje del libro de Isaías. Frente a la fragilidad
humana, se proclama una palabra de consolación: la palabra
de Dios permanece eternamente (Is 40,6-8). Por supuesto,
hemos de evitar toda malicia y todo engaño, hipocresías,
envidias, maledicencias (2,1).
- Pedro no remite a su propia autoridad,
remite a Cristo, piedra viva, desechada por los hombres,
pero elegida, preciosa ante Dios. También nosotros,
como piedras vivas, hemos de entrar en la construcción
de un edificio espiritual (2,4-5). Sin duda, Pedro recuerda
la palabra del Señor: Edificaré mi Iglesia (Mt 16,18).
Para los creyentes, Cristo es piedra angular; para
los incrédulos, piedra de tropiezo y roca de escándalo
(2,8; Sal 118;Is 28,16; 8,14). La comunidad es templo
vivo de Dios.
- Toda la comunidad, no sólo uno,
ejerce el sacerdocio nuevo de Cristo. Somos pueblo de Dios,
antes no lo éramos: Sois linaje escogido, sacerdocio
real, nación santa, pueblo de su propiedad, para anunciar
las alabanzas de aquel que os llamó de las tinieblas a su
admirable luz, vosotros que en un tiempo no erais pueblo
y que ahora sois pueblo de Dios, de los que antes no se
tuvo compasión, pero ahora son compadecidos (2,9-10;
Ex 19,5-6;Is 43,20-21;Os 1,6-9;2,25).
- Esto supuesto, Pedro hace una exhortación
general: Queridos, os exhorto a que, como forasteros
y peregrinos, os abstengáis de los deseos carnales (2,11).
¿Qué se quiere decir? En la Doctrina de los doce apóstoles
se usa el mismo término y se explica, remitiendo al Evangelio:
Al que te golpee en la mejilla derecha, ofrécele también
la izquierda.
- La carta, tal y como nos llega (repetición
de queridos: 2,11 y 4,12, y de amén: 4,11 y
5,11; ¿añadido posterior?), invita a llevar entre los gentiles
una conducta ejemplar (2,12) y ofrece unos consejos
de actuación en medio de una sociedad, que presenta la
estructura social del mundo antiguo. Son las exhortaciones
a la sumisión. Sin embargo, no aparece la visión paulina de
la libertad cristiana: Ya no hay ni judío ni griego,
ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer (Ga 3,28). Además,
las exhortaciones a la sumisión no aparecen en el Evangelio.
Ver catequesis Relaciones
de dependencia.
- Sumisión a la autoridad civil: Someteos
a toda institución humana a causa del Señor, ya al rey como
soberano, ya a los gobernadores como enviados por él para
castigar a los malhechores y elogiar a los que hacen el
bien. Porque esta es la voluntad de Dios, que obrando el
bien amordacéis la ignorancia de los hombres insensatos:
Vivid como libres, no usando la libertad como disfraz de
la maldad, sino como siervos de Dios (2,13-16).
- Sumisión de los esclavos a los amos:
Esclavos, someteos a vuestros amos con todo temor no
sólo a los buenos y comprensivos, sino también a los severos.
Es meritorio tolerar penas, por consideración a Dios,
cuando se sufre injustamente. Pues ¿qué mérito tiene soportar
golpes cuando habéis faltado? Pero si los soportáis por
haber hecho el bien, es meritorio ante Dios ... al padecer,
(Cristo) no amenazaba, sino que se ponía en manos de aquel
que juzga con justicia (2,18-23).
- Sumisión de las mujeres a sus maridos:
Igualmente vosotras, mujeres, sed sumisas a vuestros
maridos para que, si incluso algunos no creen en la palabra,
sean ganados no por las palabras sino por la conducta de
sus mujeres, al considerar vuestra conducta casta y respetuosa...
Así obedeció Sara a Abraham, llamándole señor. De ella
os hacéis hijas cuando obráis bien, sin tener ningún temor
(3,1-6; ver 1 Co 7,10-11). Exhortación a los maridos:
De igual manera vosotros, maridos, en la vida común sed
comprensivos con la mujer que es un ser más débil, honrándolas
como coherederas que son de la gracia de la vida (3,7).
- En conclusión: Tened todos unos
mismos sentimientos, ser compasivos, amaos como hermanos,
sed misericordiosos y humildes. No devolváis mal por mal,
ni insulto por insulto; por el contrario, bendecid, pues
habéis sido llamados a heredar la bendición... Mantened
una buena conciencia, para que aquello mismo que os echan
en cara, sirva de confusión a quienes critiquen vuestra
buena conducta en Cristo. Pues más vale padecer por obrar
el bien, si esa es la voluntad de Dios, que por obrar el
mal (3,8-17).
- La exhortación final a los ancianos,
responsables de comunidad, recuerda la palabra que Pedro
recibe del Señor resucitado (Jn 21,15-17): Apacentad
el rebaño de Dios que os está encomendado, vigilando, no
forzados, sino voluntariamente, según Dios; no por mezquino
afán de ganancia, sino de corazón; no tiranizando a los
que os ha tocado cuidar, sino siendo modelos del rebaño
(1 P 5,2-4).
- Exhortación a
los jóvenes: Sed sumisos a los ancianos. A todos:
Revestios todos de humildad en vuestras relaciones, pues Dios
resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes. Humillaos,
pues, bajo la poderosa mano de Dios para que, llegada la ocasión,
os ensalce; confiadle todas vuestras preocupaciones, pues
él cuida de vosotros (5,5-7).
- Estad alerta. La persecución criba:
Sed sobrios y velad. Vuestro adversario, el diablo, ronda
como león rugiente, buscando a quien devorar. Resistidle firmes
en la fe, sabiendo que vuestros hermanos que están en el mundo
soportan los mismos sufrimientos. El Dios de toda gracia,
que os ha llamado a su eterna gloria, después de breves sufrimientos,
os restablecerá, afianzará, robustecerá y os consolidará.
A él el poder por los siglos de los siglos. Amén (5,5-11).
- Algunos datos más. A finales del
siglo I, San Clemente Romano cita en su Carta a los Corintios
el testimonio de Pedro y de Pablo: “Por emulación
y envidia fueron perseguidos los que eran máximas y justísimas
columnas de la Iglesia y sostuvieron combate hasta la muerte.
Pongamos ante nuestros ojos a los santos apóstoles. A Pedro,
quien por inicua emulación hubo de soportar no uno ni dos,
sino muchos más trabajos. Y después de dar así su testimonio,
marchó al lugar de la gloria que le era debido. Por envidia
y rivalidad mostró Pablo el galardón de la paciencia. Por
seis veces fue cargado de cadenas; fue desterrado, apedreado;
hecho heraldo de Cristo en Oriente y Occidente, alcanzó
la noble fama de su fe” (V,2-4). A principios del siglo
II, San Ignacio en su Carta a los romanos dice: “No
os doy mandatos como Pedro y Pablo” (IV,3). Hacia el año
200, el canon de Muratori habla de la “pasión de
Pedro” como de un hecho conocido y el presbítero
romano Cayo afirma: “Yo puedo mostrarte los trofeos de los
apóstoles, porque, si quieres ir al Vaticano o a la vía
de Ostia, encontrarás los trofeos de los que fundaron esta
iglesia”. Según Tertuliano, se dice que “Pablo fue decapitado”
y “Pedro fue crucificado” (Eusebio, HE II,25).
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