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CURACIÓN DE SABINO
Nuestro grupo es pequeño y sencillo, con situaciones familiares que nos superan. Son demasiadas las veces que nos quedamos sin palabras para dar aliento, como aquel lunes 28 de abril de 2003. Nos reunimos, como siempre, en casa de Juanjo y Nieves. Estábamos cansados, pero dispuestos a escuchar la palabra del Señor. Estrella estaba abatida, como nunca, porque los problemas de su casa estaban acabando con ella. Ya no podía más. Yo no pensé que aquél día fuera a ser especial, tanto que cambiara su vida y la de su marido, como de la noche al día. Él, que no viene a nuestras reuniones y que es una persona alejada, reconoce el milagro y la felicidad que está viviendo gracias a la ayuda de su mujer y de la comunidad. Ella nos cuenta lo que estamos viviendo. Soy Estrella, mujer de Sabino. Llego al grupo de la comunidad desesperada, porque no encuentro salida a mi problema: mi marido es alcohólico desde que tenía 15 años (tiene 42) y la cosa cada vez iba a peor. Ha intentado, sin éxito, desintoxicarse tres veces pero nunca ha reconocido que es alcohólico. Rezando con la Biblia nos encontramos una lectura en la que escuchamos que siguiendo el camino del Señor todo se soluciona. A María, nuestra catequista, se le ocurre llamar a su cuñada, que conoce un centro de desintoxicación de Cruz Roja en Córdoba. Nos da el teléfono y yo, por la mañana, me pongo en contacto con ellos. Y cual es mi sorpresa cuando me dan cita para dentro de tres días. El problema es: ¿cómo se lo digo a mi marido? Me encuentro con mi cuñado y entre los dos se lo decimos. A regañadientes, Sabino acepta ir. El día anterior al viaje quedamos con María para ultimar los preparativos y cuando nos despedimos llega, por casualidad, Pedro, un alcohólico desintoxicado hace 18 años, amigo de María. Ella le pide que salude a Sabino y le anime ante el tratamiento que va a empezar. Él le estrecha la mano y le cuenta su experiencia, le comunica la necesidad de cambiar por el daño que hace a los que están cerca y, sobre todo, a sí mismo. Y sin soltarle la mano le dice: Soy Pedro, alcohólico. Y tú Sabino ¿qué eres? Dilo: Soy alcohólico. Y Sabino, con trabajo, lo reconoció por primera vez en su vida. Al día siguiente nos vamos a Córdoba. En la situación tan angustiada en la que me encontraba (Sabino en el centro de Cruz Roja en Córdoba y mi hijo ingresado en Madrid para una operación) cogí la Biblia y me encontré un salmo, que decía: Pon tu suerte en el Señor, confía en Él que Él obrará (Sal 37). A día de hoy, 6 de julio de 2003, Sabino lleva dos meses y medio sin probar el alcohol y se ha dado cuenta de que se puede vivir sin ello perfectamente. Y da gracias por su mujer y el grupo que le han ayudado. Celebrando esto nos encontramos con una lectura que lleva por título “la salvación para los débiles” y que dice: Yo le curaré y le guiaré y le daré ánimos a él y a los que con él lloraban, poniendo alabanza en los labios. ¡Paz, paz al de lejos y al de cerca! (Is 57,18-19). La promesa del Señor se ha hecho realidad (María y Estrella).
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