TORRES GEMELAS
- El 11 de septiembre fue tremendo. Cuando el presidente de Estados Unidos
pretendía vender a Occidente el sofisticado y caro escudo antimisiles,
el mundo entero contemplaba en directo el brutal ataque de aviones comerciales,
secuestrados y convertidos en infernal bomba contra las Torres Gemelas y
el Pentágono, símbolos del poder económico y
militar de EE UU.
- Las Torres Gemelas, se decía, no se podían derrumbar ni
se podían quemar. En cierto sentido, recuerdan la torre de Babel,
símbolo colectivo de poder, cuyo lenguaje no se entiende (Gn 11).
Pues bien, 110 plantas de vidrio y de metal se vinieron abajo, envueltas
en fuego y humo. El espectáculo era apocalíptico: "una carnicería
inimaginable, devastadora", dice uno de los testigos. El número total
de víctimas está todavía sin cerrar, pero supera
los 6.000 muertos (el primer día se habló de 10.000) y los
6.000 heridos.
- Las reacciones son diversas: el espanto, la venganza, la cruzada,
la guerra, la represalia, la justa condena, la morbosa satisfacción,
la petición de una acción coordinada de la ONU y de una justicia
llevada a cabo en tribunales internacionales.
- El día 19, el presidente Bush inicia la Operación Justicia
Infinita, enviando un centenar de aviones militares y varios buques
de guerra al Golfo Pérsico y al Indico. El objetivo probable, aunque
aún no ha sido especificado, es Afganistán, donde (al parecer)
se encuentra el principal sospechoso, Osama Bin Laden. Un 90 % de los norteamericanos
apoya la guerra y un 67% acepta que mueran inocentes.
- Sin embargo, el presidente francés, Jacques Chirac (de acuerdo
con el secretario general de la ONU, Kofi Annan) insiste en crear una amplia
coalición internacional para luchar contra el terrorismo: "La acción
militar no puede ser la única solución, hay que montar una
acción coordinada internacional a medio plazo contra el terrorismo.
Esto es algo que sólo la ONU es capaz de hacer".
- La iniciativa Justicia sí, guerra no ( http://peace.moveon.org)
pide a quienes están en el poder recurran, donde sea posible, a
las instituciones judiciales internacionales para juzgar a los responsables
de los ataques, en vez de recurrir a los instrumentos de la guerra, la violencia
o la destrucción.
- La horrible tragedia no debe impedir que se formulen algunas preguntas
: ¿Por qué Estados Unidos provoca tanto odio? ¿Se
pueden lanzar bombas en medio mundo (Vietnam, Chile, Panamá, Somalia,
Irak, Nicaragua, El Salvador, Afganistán, Sudán, Yugoslavia...)
sin temer que se produzcan reacciones violentas? Además,
¿hacia dónde conduce la espiral de la violencia
? En los terribles atentados contra las embajadas americanas en Dar es Salam
(Tanzania) y Nairobi (Kenia) el 7 de agosto de 1998 hubo 257 muertos y más
de 4.000 heridos. Después vinieron los bombardeos americanos de supuestas
bases terroristas con sus errores y efectos colaterales. Lo de ahora es
mucho peor. Pero ¿qué sucedería, por ejemplo, si el
ataque se dirige contra centrales nucleares? ¿Qué sucedería
si un día se emplean armas atómicas, químicas, bacteriológicas?
Es preciso recordar el aviso del Evangelio: El que a hierro mata a hierro
muere (Mt 26, 52). Ciertamente, el futuro es inquietante. Pero no lo
hagamos más aún.
- El papa Juan Pablo II ha pedido al pueblo estadounidense que no ceda
"a la tentación del odio y de la violencia". Por su parte, la Conferencia
Episcopal de Estados Unidos ha enviado al presidente Bush una carta, en
la que se apoya la decisión de responder al terrorismo con las armas:
"Nuestra nación, en colaboración con las demás, tiene
el derecho moral y la obligación sacrosanta de defender el bien común
contra los ataques terroristas". Se precisa, no obstante, que "cualquier
acción militar debe respetar los sanos principios morales". El presidente
de la Conferencia explica que "la respuesta debe tener cuidado de proteger
a la población civil inocente". En una línea semejante, el
portavoz vaticano, Navarro Valls, ha asegurado que la Santa Sede "entendería
el uso de la fuerza".
- Un afgano-americano, Tamim Ansary, dice lo siguiente: "Hace algunos años
la ONU estimó que hay 500.000 huérfanos discapacitados en
Afganistán, un país sin economía, sin alimentos. Hay
millones de viudas", "nuevas bombas sólo removerían las ruinas
dejadas por las viejas bombas... Quizá las bombas alcanzarían
a algunos de esos huérfanos incapacitados, que no se pueden mover
y ni siquiera tienen sillas de ruedas", "estamos flirteando con una guerra
mundial entre el Islam y Occidente ¿Y saben qué? Este es el
plan de Bin Laden...Probablemente está equivocado, al final Occidente
ganaría, sea cual sea su significado, pero la guerra duraría
años y millones de personas morirían, no sólo los suyos,
también los nuestros". Por supuesto, hablarían de "guerra
justa" los unos y de "guerra santa" los otros.
- El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR)
informa sobre la catástrofe humanitaria de Afganistán,
después de 3 años de sequía y más de 20 de conflicto
continuado, con violación de derechos humanos: "Antes de que ocurrieran
los acontecimientos de la semana pasada, ya había cerca de un millón
de desplazados internos en territorio afgano" (17-9-2001). El personal humanitario
ha sido evacuado. La situación puede empeorar rápidamente,
provocando éxodos masivos y miles de muertes.
- El domingo día 16 se leía en todas las iglesias el pasaje
del toro de metal, todo un símbolo, el falso dios del becerro
de oro ante el que se postra el pueblo (Ex 32, 7-14). Pues bien,
el domingo día 23, la denuncia del profeta Amós sacude el
embotamiento general (Am 8, 4-7; ver Hch 28, 27): robar a los pobres
clama al cielo. Dios hace suya la causa del desvalido: "El que la vilipendia
y la sofoca, se dice en la introducción a la lectura, tiene enfrente
de sí la justicia infinita". Es toda una réplica a la Operación
que ahora cambia de nombre: Libertad Perdurable.
- El Evangelio es el pasaje del dinero injusto. Plantea una opción
radical: No podéis servir a Dios y al dinero (Lc 16,13). El
dinero es un dios falso e injusto, que embota el corazón y abre abismos
sociales entre ricos y pobres (Lc 16,19-31). Los pobres plantean cuestiones
tan vivas y universales como el pan, la salud, el trabajo, la vivienda,
la educación, la justicia, la libertad. Como dice el Concilio Vaticano
II, para satisfacer las exigencias de la justicia se han de eliminar las
grandes diferencias sociales (GS 66). Las diferencias escandalosas
entre ricos y pobres son una injusticia y, además, un peligro social:
generan violencia. El fanatismo no lo explica todo.
- La segunda lectura (1 Tm 2, 1-8) es muy oportuna. San Pablo pide
oraciones por los que tienen grandes responsabilidades para que podamos
llevar una vida tranquila y apacible. Nos invita a rezar alzando
las manos limpias de ira y de divisiones. En un pequeño grupo,
el tremendo día 11, nos encontramos un salmo impresionante. Hablaba
de superar el miedo y de confiar en Dios, a pesar de todo: No temerás...
el azote que devasta a mediodía (Sal 91).
- Estados Unidos debe aprender de su propia historia. No es sólo
un imperio dominador de pueblos. Esto es lo que ahora se ataca, como un
día hicieron con el imperio romano los galileos violentos (Lc 13,
1-5; Jn 10, 1-21). Estados Unidos es también un país nacido
de la emigración, convertido en tierra prometida para masas
inmensas de inmigrantes y refugiados. Se han recordado estos días
las palabras grabadas en la base de la Estatua de la Libertad, un símbolo
tan distinto de los otros, los símbolos machacados: "Dadme
a vuestras masas apiñadas, cansadas y pobres, que anhelan respirar
en libertad, el triste deshecho de vuestra rebosante orilla. Enviádmelos,
a los sin hogar, a los que hacia mí arrojó la tempestad. ¡Alzo
mi antorcha junto a la puerta dorada!". Esto sí es perdurable.
- Diálogo: ¿Qué posiciones nos parecen cristianas?
¿Cuáles no?
- condenar la locura de los ataques terroristas.
- apoyar la guerra, aunque mueran inocentes.
- la guerra es un derecho y un deber, teniendo en cuenta los sanos
principios morales.
- pensar en las repercusiones de la guerra.
- promover una acción coordinada internacional contra el terrorismo.
- juzgar a los responsables en tribunales internacionales.
- reflexionar sobre las causas de la violencia.
- denunciar la espiral de la violencia.
- Jesús de Nazaret no está con los galileos violentos,
pero tampoco con el imperio.
- el Evangelio denuncia las situaciones de injusticia que generan
violencia.
- el Evangelio es buena noticia para los pobres.