Y TU, BELEN
  1. El pasaje es universalmente conocido. En el evangelio de San Mateo, cuando los magos preguntan en Jerusalén por el lugar de nacimiento del rey esperado, los sumos sacerdotes y escribas responden: En Belén de Judá, porque así está escrito por el profeta: Y tú Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre las aldeas de Judá, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel (Mt 2,5-6). El profeta es Miqueas. Vive en tiempos de Ezequías (716-687), rey de Judá (Mi 1,1). Anuncia y denuncia. Jeremías recuerda lo que dijo a todo el pueblo: Sión será un campo que se ara, Jerusalén será un montón de ruinas, y el monte del templo un otero salvaje (Jr 26, 18). La esperanza está en Belén; la desolación, en Jerusalén. ¿Qué supone esto hoy?
  2. En nombre de Dios, el profeta denuncia la injusticia. El juicio de Dios afecta tanto al norte como al sur, tanto a Samaría como a Jerusalén: ¿Cuál es el delito de Jacob? ¿No es Samaría? ¿Cuál es el pecado de Judá? ¿No es Jerusalén? (Mi 1,5). La injusticia y la corrupción no pueden traer nada bueno: ¡Ay de aquellos que planean injusticias, que traman maldades en sus lechos y al despuntar el día las ejecutan, porque acaparan el poder! Codician campos y los roban, casas y las usurpan; atropellan al hombre y a su casa, al individuo y a su heredad (2,1-2)
  3. La denuncia del profeta provoca una fuerte oposición. Sus adversarios creen que no hay nada que temer, porque Dios es bueno y ellos también: ¿Acaso está maldita la casa de Jacob? ¿Ha perdido el Señor la paciencia? ¿Es ese su proceder? ¿No son propicias sus palabras para quien actúa correctamente? (2,7).  Consideran al profeta como enemigo del pueblo. Sin embargo, responde Miqueas: Sois vosotros los que os levantáis como enemigos contra mi pueblo. Al irreprochable le arrancáis el manto... Si llegase un profeta diciendo mentiras y pronunciando brindis ese sería un profeta digno de este pueblo (2,8-11).
  4. La denuncia llega muy alto, alcanza a las autoridades civiles y religiosas, así como a los falsos profetas: Escuchadme, jefes de Jacob, príncipes de Israel ¿No os toca a vosotros ocuparos del derecho, vosotros que odiáis el bien y amáis el mal? Arrancáis la piel del cuerpo, la carne de los huesos, os coméis la carne de mi pueblo, lo despellejáis... Pues cuando griten al Señor, no les responderá, les ocultará el rostro entonces por sus malas acciones (3,1-4), sus jefes juzgan por soborno, sus sacerdotes enseñan a sueldo, sus profetas vaticinan por dinero, y se apoyan en el Señor diciendo: ¿No está el Señor en medio de nosotros? ¡No nos alcanzará ningún mal! Por eso, por culpa vuestra, Sión será un campo que se ara, Jerusalén será un montón de ruinas, y el monte del templo un otero salvaje (3,11-12).
  5. El enfrentamiento con los falsos profetas es total: Así dice el Señor a los profetas que extravían a mi pueblo: Cuando tienen algo que morder, anuncian paz, y declaran guerra santa a quien no les llena la boca. Por eso tendréis noche sin visión, oscuridad sin oráculo;... los videntes se avergonzarán, los adivinos se confundirán y se taparán todos la boca, porque Dios no responde (3,5-7).
  6. El profeta no sólo denuncia, también anuncia la restauración, la renovación.  Pero la discusión religiosa se manifiesta también a este nivel: ¿qué entendemos por restauración, por renovación? ¿cuándo será?  Pues bien, lo de ahora no es restauración, no es renovación. Será en el futuro: En aquel tiempo estará firme el monte de la casa del Señor... Hacia él confluirán las naciones, caminarán pueblos numerosos; dirán: Venid, subamos al monte del Señor... él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén la palabra del Señor. Será el árbitro de muchas naciones, el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados; de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra... Aquel día yo recogeré a la oveja coja, reuniré a la perseguida y a la que yo había maltratado. De las cojas haré un resto, de las alejadas una nación fuerte. Entonces reinará el Señor sobre ellos en el monte Sión (4,1-7). Miqueas vive en tiempos de Isaías. Sus mensajes coinciden (Is 2,1-5).
  7. ¿De dónde vendrá la restauración? No vendrá de Jerusalén, sino de Belén. Hay que volver a los orígenes: Y tú Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre las aldeas de Judá, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel (Mi 5,1). ¿Cómo vendrá la restauración? No vendrá por la fuerza, como un león entre fieras salvajes (5,7), vendrá sin violencia: El resto de Jacob será en medio de muchas naciones como rocío del Señor, como lluvia sobre el césped (5,6).
  8. La naturaleza es convocada para que asista al pleito de Dios con su pueblo: Escuchad, montes, ...prestad oído, cimientos de la tierra... Pueblo mío, ¿qué te he hecho? ¿En qué te he ofendido? Respóndeme (6,2-3).  La gente se pregunta cómo agradar al Señor: ¿Con qué me presentaré ante el Señor?...¿Me presentaré con holocaustos? (6, 6). El único camino es la justicia y la lealtad: Se te ha hecho saber, hombre, lo que es bueno, lo que el Señor quiere de ti; tan sólo respetar el derecho, amar la lealtad y proceder humildemente delante de tu Dios (6,8-9). Pero eso es precisamente lo que falta: ¿Tengo que soportar la casa del malvado con riquezas injustas y una medida escasa e indignante? ¿Daré por justa la balanza tramposa y la bolsa de pesas fraudulentas? Sus ricos están llenos de violencia, sus habitantes dicen falsedades, y tienen lenguas mentirosas! (6,9-12). Se observan los decretos de Omrí y las prácticas de Ajab, reyes de Israel (6,16). Ambos hicieron el mal a los ojos del Señor (1 R 16,25.30)
  9. El profeta se queja de la situación general: ¡Ay de mi! Me sucede como al que rebusca terminada la vendimia: no quedan racimos que comer...han desaparecido del país los hombres leales, no queda un hombre honrado; todos acechan para matar, se tienden redes unos a otros; sus manos son buenas para la maldad: el príncipe exige, el juez actúa por soborno, el poderoso declara su propia codicia... El día de la cuenta que anuncia el centinela llegará  (7,1-4). Ha desaparecido la lealtad, nadie puede fiarse de nadie: No os fiéis del compañero, no confiéis en amigo, guarda las puertas de tu boca de la que duerme en tus brazos, porque el hijo deshonra al padre, la hija se alza contra su madre, la nuera contra la suegra y los enemigos de cada cual son los de su casa (7,5-6). El pasaje remite a la división creada por causa del Evangelio: No creáis que vine a traer paz a la tierra (Mt 10,34). La paz es fruto de conversión. En esa situación, sólo cabe confiar en el Señor: Espero en el Dios de mi salvación (Mi 7,7).
  10. Al final, Jerusalén reconoce su pecado. Entonces el Señor está por ella: No cantes victoria, mi enemiga: si caí, me alzaré; si me siento en tinieblas, el Señor es mi luz... Mi enemiga al verlo se cubrirá de vergüenza, la que me decía: ¿Dónde está tu Dios? (Mi 7,8-10). Entonces es posible la restauración: Es el día de reconstruir tu cerca, es el día de ensanchar tus lindes, el día en que vendrán a ti desde Asiria hasta Egipto, del Nilo al Eúfrates, de mar a mar, de monte a monte (7,11-12; ver salmo 32).
  11. Sigue una súplica confiada:  Pastorea a tu pueblo con tu cayado, el rebaño de tu heredad, que vive solitario en el bosque, ... como cuando saliste de Egipto, renueva tus señales. Que los pueblos al verlo se avergüencen de toda su prepotencia; que se lleven la mano a la boca y se tapen los oídos; que muerdan el polvo como la serpiente, como los reptiles de la tierra  (7,14-18; ver Eclo 36,5).
  12. En su trayectoria vital, Jesús va de Belén a Jerusalén. Como David, aunque de forma distinta: Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas, y no habéis querido. Pues bien, se os va a dejar desierta vuestra casa (Mt 23,37-38). Jesús sube a Jerusalén (Lc 19,28), llora por la ciudad (19,41) y anuncia su desolación: No dejarán en ti piedra sobre piedra (19,44). Por su infidelidad, Jerusalén será abandonada, otros pueblos la sustituirán. San Pablo ve cumplida en los gentiles la profecía de Oseas:  En el lugar mismo en que se les dijo: No sois mi pueblo, serán llamados: Hijos de Dios vivo (Rm 9,26).
* Diálogo:  Sobre lo que nos parece más importante

      - la esperanza está en Belén; la desolación, en Jerusalén 

      - la misión es anuncio y denuncia

      - el camino es la justicia, la paz es fruto de conversión,

      - el reconocimiento del pecado obtiene su perdón

      - pastorea a tu pueblo, renueva tus señales

      - los gentiles que vendrán