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FRUTO DE NUESTRO AMOR: JOSE MIGUEL ALCARAZ LEÓN.
Fuimos novios, y un día decidimos casarnos, el 9 de marzo de 2002. Ya el Señor se hizo presente en esta unión a través de su palabra: Sirácides 26, 2-4 , 13-18. “Feliz el marido de una buena mujer: el número de sus días se duplicará. Una mujer valiente es la alegría de su marido, éste vivirá en paz todos los días de su vida.” Salmo 127 (126). Lo que se construye sin Dios fracasará.”Un regalo de Dios son los hijos, recompensa, el fruto de las entrañas. Como flechas en manos del guerrero son los hijos de la juventud”. Efesios 5, 23-33. Maridos amen a sus esposas. “ ...Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre para unirse con su esposa, y los dos formarán un solo ser...”. Lectura que lee Luis el de Josefina en nuestra boda y es una lectura de su matrimonio. Mateo 19, 1-8. Matrimonio, divorcio y continencia por el Reino. “... lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre....”. Dios no me ha dejado, yo iba teniendo palabras día a día, pero quizás yo no escuchaba tan claro como ahora. Además encontraba personas a mi alrededor que decían que no les gustaba esto tanto y yo tenía miedo. Yo antes de ir a la boda de Almu rezo porque tengo una situación en la que José Miguel le dice a su madre que nos vamos a la boda, y es una boda un tanto especial, y tengo miedo porque no entiende la situación. Y me sale la lectura Juan 1, 10-18. “ y la palabra se hizo carne, puso su tienda entre nosotros, y hemos visto su Gloria”. Explicación: “Algún día Dios cambiaría el corazón del pecador para que empezarán relaciones de amor y fidelidad mutua entre él y los hombres.” Así llegó el día 1 de febrero de 2003, donde se casaba Almudena. En la que coincidía la lectura de Mateo de mi boda. Además les hice una petición. Desde el Jimenado hemos compartido muchas cosas: estamos aquí para desearte que cuidéis ese amor, que es muy importante, todos los días. En Septiembre u Octubre de 2003 yo siento ya durante algún tiempo un vacío y necesito llenarme. Por eso comienzo a dar catequesis de confirmación a un grupo de jóvenes de 13- 14 años. Para mi fue un reto a pesar de que los chicos están en una edad difícil, rebotados y que venían sólo para conseguir confirmarse. Aunque este no era el alimento que yo había sentido otras veces con las catequesis de la comunidad, por lo menos me sentía con un poco mas de cercanía al Señor y se fueron dando pequeñas experiencias. Un día decidimos formar una familia y el 7 de enero de 2004 dan positivas las pruebas, es tal nuestra alegría que el 12 de enero con la excusa de tener una cena navideña con nuestras familias, nos reunimos en casa y hacemos una cena donde anunciamos la buena noticia de que vamos a ser padres, y ellos abuelos, tíos y primos. Aquí comienzan nuestras ilusiones y nuestra historia. Cuando llevaba un poco tiempo embarazada tengo una mancha, y después de que me vea el médico y ver que era una falsa alarma, pensamos disfrutar día a día el embarazo pero siempre teniendo presente que pueden pasar dos cosas, que esto llegue o no a término, va a ser lo que Dios quiera. Llega el mes de Septiembre y el día 9 me pongo de parto, durante el mismo sigo las indicaciones de mi matrona pensar en algo que me relaje: los paisajes verdes de Asturias y realizar las respiraciones en cada contracción. A pesar de ir todo bien, en el último momento, tienen que hacer cesárea porque José Miguel lleva una vuelta de cordón. Yo le digo al médico que si es por salud que no pasa nada. Y le pido a la enfermera que le diga a mi marido que esté tranquilo, que yo estoy bien y no tengo miedo. Después del nacimiento mi marido y los cuatro abuelos vieron salir al peque. Al salir de la recuperación estaba tan contenta y con tantas ganas de ver a mi hijo que le dije a mi marido que preparara churros con chocolate para almorzar. Todos estábamos llenos de felicidad. El salmo 138 fue el del día, que rezó mi madre: “Dios lo sabe todo: ... pues eres tú quién formó mis riñones, quien me tejió en el seno de mi madre. Te doy gracias por tantas maravillas, admirables son tus obras, y mi alma bien lo sabe.” A los cuatro días, el 13 de Septiembre, a mi me dan el alta del hospital y a José Miguel le detectan un tercer sonido en el corazón, pues lo normal son dos sonidos. El pediatra nos dice que no sabe qué es y nos remite al hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia, donde ha contactado con los cardiólogos infantiles y los pediatras. Hacemos nosotros el traslado del niño, y comienzan a hacerle pruebas. El niño se tiene que quedar ingresado en observación en la sala de neonatología. Al cabo de dos días, el miércoles, el cardiólogo nos informa que la situación es estable, que tiene unas pequeñas dificultades de contracción en un ventrículo y una aurícula, pero que vamos a esperar hasta el lunes, a ver si hay un cambio normal después del nacimiento o, si no, comenzaría un estudio para determinar la enfermedad cardiaca que padece. No llegamos al lunes, al día siguiente jueves 16 nos avisan por la noche, que el niño había tenido una crisis cardiaca, el equivalente a un paro cardíaco en los adultos, había sido traslado a la UCI neonatal. Nos quedamos esa noche en el hospital, pues todos tememos por su vida, pero pasa la noche estable. El viernes 17 fue un día largo, a las 7 de la mañana visitamos al niño y se encuentra estable, regresamos a casa para descansar y cambiarnos. Además, nos encontramos con que la situación del niño es gravísima, y los abuelos paternos se encuentran de viaje en Tarragona y hay que decirles algo. Después de todo el cansancio, ellos llaman por teléfono al igual que el resto de la semana, y poco a poco les habíamos ido preparando para que se fueran haciéndose a la idea. Los primeros días les dijimos que a mi se me habían infectado los puntos, luego que al niño lo tenían en observación y esa mañana, después de ver a nuestro hijo con respiración artificial, con tres vías, los pulsímetros y completamente sedado, aunque se movía algo por las molestias que le ocasionaba el respirador, el Señor me dio la paz para hablar por teléfono con los abuelos, y decirles que el niño estaba bien, con ayuda de un poco de oxígeno, estaba dormido pero movía sus bracitos, él estaba tranquilo. La abuela me respondió: Juani, si tu me dices que está bien yo me lo creo y me quedo tranquila, pero si se pone peor avisarnos y regresamos porque no estamos disfrutando del viaje si el niño esta mal. Yo le dije que al mediodía hablaríamos con los médicos y según nos dijeran les llamaríamos para que regresaran, pero que si de todas formas querían regresar porque estaban mas tranquilos, que lo hicieran. La información médica fue como una espiral, todo empieza en un punto pero empiezas a dar vueltas a su alrededor y cada vez se va haciendo más y más grande, muy dura y realista. El cardiólogo nos dice que su posible enfermedad, aunque con pocas posibilidades de duda, es la miocardiopatía restrictiva, es decir, enfermedad del músculo del corazón que no se contrae bien, tiende a contraer menos poco a poco, se cansa. En primer lugar, la única solución es un trasplante, puede estar sostenido con ayuda de una medicación, drogas, pero no saben el tiempo que puede aguantar; además, en cualquier momento puede tener una arritmia y fallecer, o en caso de que aceptemos que le hagan un trasplante, puede fallecer en la lista de espera. Si llega al trasplante puede no aguantar la intervención, o después de ella, puede rechazar el órgano y fallecer. En caso de que salga bien el trasplante, la calidad de vida del niño no iba a ser igual que la de un niño normal, y estaría sujeto a continuas revisiones, con lo cual es una decisión que hay que pensarla muy bien porque implica a los padres, sus profesiones, su vida. Y esto suponiendo que haya trasplante porque las posibilidades de tener un donante de tan corta edad es muy escasa. Nosotros le planteamos al médico, que si nuestro hijo fallecía podríamos donar sus órganos, como último recurso de que por lo menos fuera una oportunidad de vida para otros, pero nos dijo que sería imposible por que el niño tendría un deterioro de todos los órganos. Después de hablar con el médico llamamos a los abuelos para que regresaran, y le dimos la noticia al resto de la familia que nos acompañaba. Por la tarde, en un momento, me acerqué con mis padres a la capilla del hospital, y rezamos. Yo le decía al Señor en voz alta: Señor nosotros queremos formar una familia, y José Miguel es nuestro hijo, lo queremos mucho, y esa familia la vamos a formar esté José Miguel con nosotros o esté de otra forma, él siempre va a formar parte de nuestra familia. Señor hágase tu voluntad así en la Tierra como en el Cielo. A lo largo de esa tarde surgió la idea de bautizar a José Miguel, pero pensamos que estuviera toda nuestra familia, los abuelos y los tíos. Nos tocó pedir al hermano de José Miguel y su mujer que fueran los padrinos, algo muy duro, aunque era una idea que ya teníamos decidida mucho antes. Toda esta situación la vivimos con mucha angustia y con ayuda de tranquilizantes, estábamos destrozados. A las 10 de la noche celebramos el bautismo, y estuvo toda la familia, rezamos el padre nuestro y al despedirme de nuestro hijo le dije: Te hemos dado lo mejor, el Señor. En cada visita, yo hablaba con José Miguel como si él estuviera escuchándome, y le cantaba, le decía quién preguntaba por su salud, quién venía a verlo, cuánto lo queríamos, le contaba cuentos. Y su padre le decía: Animo, tú eres fuerte. Los días sucesivos José Miguel iba mejorando y el lunes comenzó a tomar biberón, yo empecé a dárselo en algunas tomas y pronto, al siguiente jueves, pasó otra vez a la sala de neonatología. Aparentemente, se había recuperado. Pasaron los días, y su padre y yo íbamos a hablar con los médicos, a las visitas y a cada toma de leche. El lunes 27 me llega la lectura del día, Job 1, 6-22. Dios da poder a Satán sobre todo cuanto tiene Job, el servidor que teme a Dios y se mantiene fiel hasta el final. Yo afronto esta situación con paciencia. Pues si Dios nos había regalado estar tan bien anteriormente, cómo nos iba a abandonar de aquí en adelante en esta situación tan dura. A los pocos días, el viernes 1 de octubre a la toma de las 9 de la mañana, José Miguel vuelve a tener otra crisis cardiaca. Y cuando asistimos a la información médica a las 11 de la mañana, el niño había sido traslado otra vez a la UCI, el medico salió a decirnos que estaba intentando estabilizarlo y que no sabían si sobreviviría, su vida pendía de un hilo. Al mediodía lo estabilizan y ahora las próximas horas son vitales, no saben si conseguirá recuperarse. José Miguel consigue recuperarse aunque menos que la vez anterior y sigue en marcha la única posibilidad, el trasplante. Sería trasladado al Hospital Gregorio Marañón con el que tienen más trato los médicos. Pero pasan los días y la posibilidad del traslado se demora por falta de camas libres en la UCI de ese hospital. Durante estos días los médicos van apreciando que su situación es cada vez peor, deciden hacerle un cateterismo para descartar otra complicación en el corazón, y ese día es el último día que lo tomamos en brazos los dos. El cateterismo es una prueba necesaria para el trasplante y se lleva a cabo con éxito, José Miguel sale bien, llorando y con hambre, pero a la mañana siguiente voy a darle el biberón a las siete de la mañana, y después de la toma vuelve a tener fatiga, al intentar intubarlo los médicos casi llega al paro cardíaco de nuevo, pero logra resistir. Ante esta situación, los médicos creen necesario el traslado a cualquiera de los tres hospitales de España donde se llevan a cabo trasplantes de corazón infantiles. Y el lunes 18 nos marchamos a Córdoba al Hospital Reina Sofía, porque es el único que tiene disponibilidad de cama en la UCI. Nos marchamos con paz y yo tenía presente las lecturas del día: 2 Timoteo 4, 9-17 / Salmo 144 / Lc 10, 1-9. Lo que en ese momento me dio mas paz fue del evangelio: “Los envió de dos en dos, delante de él, .... la cosecha es abundante, pero los obreros son pocos... Al entrar en cualquier casa bendíganla antes diciendo: la paz sea en esta casa”. Bueno, la diferencia de ciudad y de hospital era abismal, de no tener miedo a llegar a Madrid que conocíamos poco la ciudad, y mucho a algunos hermanos de la comunidad y teníamos una casa donde dormir y nos íbamos a sentir como en casa, pasamos al lado opuesto. Llegamos a Córdoba, donde no conocíamos la ciudad y no lográbamos conectar con Angustias de Rute, la única hermana de la comunidad conocida por nosotros en Córdoba Ante todo esto yo me sentía con paz, de saber que Dios estaba con nosotros, y poco a poco se nos irían dando las cosas. Y las cosas se fueron dando, la primera noche dormimos en el coche, y las dos siguientes en un hotelito cercano. El martes, estaba diluviando y después de la visita a José Miguel, salimos a buscar un piso para alquilar, y el primer teléfono al que llamamos era un señor mayor, que fue a vernos y nos invitó a ir a su casa. Vivía en un séptimo, y subimos a su casa. Se llamaba Andrés, y realmente nos dijo que el piso que tenía para alquilar no era suyo, lo gestionaba él, y era un piso para estudiantes. Prefería un alquiler para todo el año o nueve meses. Pero a pesar de que no lo íbamos a alquilar, lo escuchamos largo rato hablarnos. Al final, nos dijo que una señora, llamada Carmeli, podría ayudarnos, era la persona mas buena del mundo, se dedicaba a dejar su casa a personas que tuvieran familiares en el hospital. La llamó por teléfono y, casualmente, no tenía sitio en su casa y le era imposible recibirnos para hablar con nosotros, pues tenía vértigos y se sentía fatal y con angustia y vómitos. Yo percibí la explicación del evangelio de Lucas: Cuando se visitan las casas, en primer lugar, se debe dar la paz, o sea, llegar como amigo de parte de Cristo y de su Iglesia, con tiempo para escuchar a los que se visita y conocer sus inquietudes. Sólo así se les podrá dar una respuesta buena y se les podrá decir: el Reino ha llegado a ustedes, o sea, aunque tengan mil problemas, crean que Dios se ha acercado hoy. Este es el momento de reconciliarse con los hermanos y vecinos, deponer las amarguras y confiar en que Dios va a solucionar, a su manera, lo que supera nuestras fuerzas. Y al despedirnos, le dije: la paz. Y me quedé pensando que realmente era cierto lo que decía la lectura, sólo que me faltaba fiarme más, confiar plenamente en el Señor. Seguimos buscando piso, y llamando a inmobiliarias, y en nuestra angustia, apareció el Señor. Vamos a ver a la trabajadora social, Alicia, y vuelve a hablar con Carmeli, el jueves hacemos el traslado a su casa. Carmeli es una señora, que cree mucho en Dios, lleva 19 años ofreciendo su casa a familiares de enfermos. Ella nos consuela, nos anima y nos dice que son muchos los niños trasplantados que han pasado por su casa, que la espera se hace larga, pero que es en esos momentos cuando hay que coger fuerzas para lo que viene después. Para nosotros fue un alivio estar en su casa, y nos emocionó el ver los álbumes de fotos de todos los niños que había conocido. El salmo de este jueves 21 de octubre es: salmo 33 (32): La providencia de Dios cuida del mundo. Y así nos sentimos en casa de Carmeli. El sábado 23 y el domingo 24 José Miguel sonríe de oreja a oreja. Es la cara más bonita que ha puesto nunca. Cada visita que tengo con él rezo el padrenuestro subrayando “hágase tu voluntad así en la Tierra como en el Cielo. Y le digo: “José Miguel, confía en el Señor, ánimo arriba, espera en el Señor.” Precisamente el domingo nos llama a casa de Carmeli, el señor Andrés, y después de pensarlo se decide a alquilarnos el piso, así que hacemos el traslado y el martes nos encontramos con un piso donde vivir. Durante toda la semana seguimos esperando la donación de un corazón, y comienzan a hacerse evidentes los daños producidos por el mal funcionamiento de su corazoncito, comienza a hincharse, pues retiene líquidos. Llega el viernes 29 y los médicos nos informan que en cualquier momento puede fallecer, pues su corazón trabaja muy poquito y están empezando a deteriorarse seriamente los demás órganos. Ante esto avisamos a nuestras familias y los abuelos vienen esa noche a Córdoba, y entre el sábado, el domingo y el lunes nuestros hermanos y cuñados. Nos sentimos arropados con nuestra familia y es la despedida de José Miguel. Ese mismo sábado nos visita Alfonsa de Córdoba con el cura de su parroquia Paco. Paco nos cuenta dos historias: La primera, y más reciente, la de su sobrina con 40 años aproximadamente, que padeció un cáncer que acabó con su vida, pero que su enfermedad sirvió a su madre para ver la muerte de otra manera, de hecho le cambió la vida, a partir de ahí esa madre, estaba con más paz, sentía a su hija de otra forma. La segunda fue la historia de la comunidad de Córdoba, pues llegó un día en que se iban a reunir, y el motivo era deshacer la comunidad porque ya no tenía sentido. Pero ese mismo día la hija de Alfonsa, Beatriz, que contaba con 5 años, enferma de meningitis y en 12 horas fallece. Beatriz hizo que la comunidad resurgiera con más fuerza y que no desapareciera. Además hacemos las lecturas del día y leemos la carta a los Filipenses 1, 18- 26: “Pero al fin, ¿qué importa? Sea con sinceridad o por hipocresía, de todas formas se anuncia a Cristo y eso me alegra. Yo tengo de qué alegrarme, pues sé que todo esto se convertirá en bien para mí gracias a sus oraciones y a la asistencia que me presta el Espíritu de Cristo Jesús. Tengo esperanza y estoy seguro de que no seré defraudado. Al contrario, no me cabe duda de que esta vez, como las anteriores, Cristo aparecerá más grande a través de mí, sea que viva o que muera. Cristo es mi vida, y de la misma muerte saco provecho. Pero veo que, mientras estoy en este cuerpo, mi trabajo da frutos, de modo que ya no sé qué escoger. Estoy apretado por los dos lados: por una parte, siento gran deseo de largarme y estar con Cristo, lo que sería sin duda mucho mejor. Pero, pensando en ustedes, conviene que yo permanezca en esta vida. Esto me convence; veo que me quedaré y permaneceré con todos ustedes; su fe progresará con esto y será más alegre. A causa de mí y con mi presencia ustedes se sentirán todavía más contentos de Cristo Jesús”. El cura Paco nos dice que estas son palabras de nuestro peque José Miguel. Y nos emocionamos. Al día siguiente domingo, rezo con mi madre el salmo del día, 144, y yo le digo a mi madre llena de gozo: bendigo al Señor. Realmente el Señor no nos ha dejado, durante este tiempo atrás, y ahora no nos va a dejar. Mi madre me dijo: estoy orgullosa de ti. Desde el comienzo de toda esta situación de la enfermedad de José Miguel, yo siempre he pensado, si Dios estuvo siempre con su siervo Job, a pesar de todas las dificultades y Job nunca renegó de Él, ¿porqué ahora nos iba a abandonar? Vivimos un fin de semana intenso, es el puente de todos los santos del día 1 de noviembre, pues vienen todos nuestros hermanos, a fin de cuentas yo lo percibo como una despedida, pero no una despedida de adiós, sino un hasta luego. Esta última semana de vida de José Miguel, vamos viendo cómo su estado va empeorando, el miércoles su situación es más grave, entra en un cuadro taquicárdico, el corazón esta muy débil, aún continúa en lista de espera para trasplante, y aunque se intentaría un trasplante, si viniera un órgano los médicos no nos dan seguridad de que sea exitoso, pues el resto de órganos, hígado, riñón, pulmón están afectados. Apenas hace pipi, y tiene al máximo los cinco medicamentos-drogas que impulsan el corazón, además del sedante, la morfina para que no sienta dolor, es como si durmiera. Respira gracias al respirador al que está enganchado. El deterioro interno se aprecia superficialmente también, al no funcionar bien el riñón, retiene líquidos, y se hincha paulatinamente todo su cuerpo, tomando el rostro una apariencia distinta a la que estábamos acostumbrados. El jueves los médicos nos informan que debido a la insuficiencia de la actividad cardíaca y pulmonar se esta produciendo un encharcamiento de los pulmones, su estado es cada vez peor. Pero aún no lo han sacado de la lista de espera para el trasplante porque continua haciendo un poco de pipi. El viernes 5, la víspera de la confirmación de Antonio, mi hermano, rezo las lecturas del día y me llama la atención Filipenses 3, 17- 4,1: “Sean imitadores míos, hermanos, y fíjense en los que siguen nuestro ejemplo. Por eso, hermanos míos, a quienes tanto quiero y echo de menos, que son mi alegría y mi corona, sigan así firmes en el Señor, amadísimos.” Le mando un mensaje después de leer las lecturas del día, para que estuviera atento a las palabras del Señor no sólo el día de su confirmación, sino todos los días de su vida. Y le mando un mensaje a mi hermano José Juan, pues él va a ser el padrino virtual de Antonio, para que sea nuestra representación en la fe para Antonio, pues nosotros nos encontramos en Córdoba. El sábado 6 de noviembre de 2004, me llama la atención el Salmo 111. Así es el justo. ¡Aleluya! ¡Feliz el hombre que teme al Señor y valora mucho sus mandamientos! Su semilla será pujante en el país, Los retoños del hombre bueno serán benditos. Habrá en su casa bienes y riquezas, Y su honradez, que durará para siempre. Brilla como luz en las tinieblas Para los de recto corazón; Él comprende, es clemente y justo. Le va bien al compasivo y que presta, Y lleva sus negocios en conciencia, Pues nada logrará perturbarlo: El recuerdo del justo será eterno. No tiene miedo a las malas noticias, Pues en su corazón confía en el Señor; su corazón está firme, nada teme, al final, despreciará a sus adversarios. Es generoso en dar a los pobres, Su honradez permanece para siempre, Su cuerno aumenta en gloria. El malvado lo ve y se irrita, Le rechinan los dientes, se debilita; Nada queda al deseo de los malos. Esa mañana visitamos a nuestro hijo, seguimos rezando con él, cantando, hablándole, y él como los días anteriores, sigue dándonos muestras de su presencia aquí. Aún, cuando lo acariciamos, mueve sus labios y sus brazos, como cuando alguien nos toca y respondemos, sí te siento ya se que estás conmigo y me das todo tu cariño en tus caricias, gracias. Esa mañana, salen los padrinos de nuestro peque José Miguel, Isidro y Toñi de camino a Córdoba, quieren verlo. En la información médica del sábado el pediatra nos dice que su situación es muy delicada y en cualquier momento se pueden romper los hilos que lo mantienen. Los médicos nos avisan de que en cualquier momento pueden avisarnos en sus últimos momentos para que estemos con él. Nos vamos a comer, y mi marido José Miguel y yo, nos quedamos después en la puerta del hospital un rato solos. José Miguel me pregunta, ¿Juani, tienes miedo a que muera, crees que aún quedan esperanzas? Yo le respondo: No tengo miedo a que muera, va a ser la voluntad de Dios, y él no va a morir, va a vivir de otra forma. Me fío de Dios pase lo que pase. Nada más acabar la conversación, mi teléfono móvil suena, eran las 5 de la tarde, el pediatra quiere hablar con nosotros. Nos informa que José Miguel se está apagando y podemos entrar a despedirnos. Al igual que los días anteriores, tras recibir la información médica, nos embarga una sensación de paz, y tranquilidad ante las palabras médicas. Entro para estar con José Miguel, y hago como en cada visita, cantamos nuestra canción de Buenas Tardes compañeros, Buenas tardes como estáis, Vamos a empezar la tarde, Vamos a empezarla ya. ¡¡Biennnnn!!, rezamos el Padre Nuestro, resaltando la frase; hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo y rezamos las oraciones de cuando yo era pequeña: “Jesusito de mi vida, tú eres niño como yo, por eso te quiero tanto que te doy mi corazón, tómalo, tómalo, tuyo es mío no. “Ángel de la guarda dulce compañía, no me dejes solo ni de noche, ni de día, no me dejes solo que me perdería.” Le dije a mi hijo, cogiendo con ternura su manita, llena de paz y de sosiego: Cariño, no tengas miedo, la mama está contigo, confía en el Señor, ánimo, arriba, espera en el Señor, Él nos va a dar fuerzas para seguir adelante. No te preocupes, José Miguel, no estás sólo, yo estoy aquí contigo, y papá y yo te queremos mucho, tranquilo que no va a pasar nada, la mama está contigo (sólo puede haber un familiar dentro de la UCI por paciente). El médico me informa que la abuela Angelita quiere entrar, está preocupada por mí y quiere verme y también al peque. La dejan entrar y rezamos las dos junto a la cama de José Miguel el padrenuestro. Es un momento especial, José Miguel mueve enérgicamente sus bracitos y yo le digo a su abuela, aún tiene fuerzas para decirnos adiós, es muy fuerte y muy valiente hasta el último momento. He pasado un largo rato junto a mi hijo trasmitiéndole paz, alegría y serenidad, salgo un rato a la sala de espera para ver a mi marido y nuestros padres. Les digo que él está tranquilo, sereno, mi marido aún no quiere entrar, está reuniendo fuerzas. Se abren las puertas del ascensor y aparecen los padrinos del peque José Miguel, Isidro y Toñi. Nos saludamos e Isidro me pregunta: ¿Cómo está? Yo le respondo, apagándose. Pero tranquilo, Isidro, no pasa nada. Él está tranquilo. Mi cuñado se siente deshinchado y se emociona, pero me pregunta si puede verlo. Pasamos los dos a verlo, y se despide de él. Cuando salimos, mi marido entra, para estar con José Miguel antes de despedirnos. Mi Hijo se ha marchado. Y nos preparamos para regresar a casa. Mi madre llama al Jimenado y le da la noticia a mi padre. Después llama a Chicha de Madrid, y también le da la noticia. Al enterarse ésta, se pone a rezar y abre la Biblia al azar y le sale: Mateo 19, 13, Jesús y los niños. “Entonces trajeron a Jesús algunos niños para que les impusiera las manos y rezara por ellos. Pero los discípulos los recibían muy mal. Jesús les dijo: Dejen a esos niños y no les impidan que vengan a mi: el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos”. Entretanto avisamos a Alfonsa para decirle que nos marchamos y vienen a despedirse a casa, viene con el cura Paco de Córdoba, y nos cuentan que nos han tenido presentes en la eucaristía que acaban de celebrar con la comunidad, en las lecturas del Domingo, lecturas de resurrección: 2Macabeos 7, 1-2.9-14: Vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se espera que Dios mismo nos resucitará; Salmo 16: Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor; 2 Tesalonicenses 2, 16-3,5: Que el Señor dirija vuestro corazón. Lucas 20, 27-38: No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos. Paco nos cuenta que se ha vivido en la eucaristía cómo José Miguel esta vivo de otra forma, vivo plenamente, está resucitado. Hace hincapié en que Dios es un Dios de vivos y no de muertos. Recogemos nuestros enseres del piso y nos despedimos del casero el señor Andrés; queda impactado y triste ante la noticia de nuestra marcha, yo le digo: Andrés, me marcho de Córdoba con un buen recuerdo, ustedes nos han acogido, y ha sido como un padre para nosotros, y nos ha dado una casa donde vivir. Muchas gracias. El señor Andrés es especial, porque hace muchos años, un día cuando era joven, perdió a su hermano con 23 años al regresar de Barcelona, en un accidente de tráfico que tuvo lugar en Murcia. Guarda un recuerdo triste y amargo de esta Tierra. Mientras preparamos el regreso, el sábado a las 9 de la noche, en el Jimenado tiene lugar la confirmación de mi hermano Antonio. Las lecturas de la confirmación son las del Domingo, y Antonio lee el Salmo 16. Súplica del inocente. Y yo, como justo, contemplaré tu rostro, y al despertar, me saciaré de tu semblante. Mi padre, José María, ya sabe durante la confirmación que regresamos, él es el catequista de Antonio, y en las peticiones pide por una pareja que está pasando momentos difíciles. Se emociona. También llamamos a Carmeli, para despedirnos de ella, y viene a vernos al hospital, y le damos las gracias por todo lo que ha hecho por nosotros. Salimos de Córdoba pasada la media noche y llegamos a Murcia a las 6 de la mañana. Por fin estamos en casa. Vamos a velar a nuestro hijo en el tanatorio junto con nuestros familiares y amigos. Durante todo el día la sensación que tengo es que me inunda una gran paz. Y no veo en el féretro a mi hijo, sino su cuerpo, es el atuendo que ha llevado en esta tierra. Él está de otra forma, es un verdadero ángel, y no tiene sentido mirar hacia el cuerpo. Él está en espíritu en forma de ángel, José Miguel está con nosotros de otra forma. Ahora se encuentra bien, con el Señor. Y el Señor es el que me ha regalado el vivir todo esto con la fuerza y la paz con la que lo estoy llevando. A media mañana, llegan al tanatorio Chicha y Aurelio, que han venido desde Madrid, para mí es un regalo, el poder estar con los hermanos en estos momentos tan duros. Y me alegra el poder compartir con ellos la forma de ver a mi hijo, por que él está con nosotros ahora más que nunca. El entierro es a las 5 de la tarde y, para nuestra sorpresa, nuestro hijo José Miguel es despedido por los dos párrocos de Torre Pacheco, el del Jimenado, el párroco que nos casó y un amigo de la infancia diácono. El funeral fue para mi esplendoroso, las lecturas hablaban de alguien vivo. Porque Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos. El momento de la homilía fue impresionante, mientras el párroco hablaba sobre la resurrección, yo me encontraba con entereza, con paz, y entendía lo que decía, pero lo más asombroso fue que era como sentir que alguien más grande que yo me abrazaba, me sostenía, me alentaba; era como si Dios mismo me estuviera llevando de la mano. Todas estas sensaciones me daban más fuerzas aún para alentar y animar a mi marido, que lo necesitaba. Cuando acabó el funeral fuimos al cementerio, y lo que tenía muy claro es que estábamos enterrando el cuerpo, pero el alma no se puede enterrar, está entre nosotros. Pedí en voz alta: Vamos a rezar un padrenuestro para que José Miguel nos de muchas fuerzas. Y lo rezamos junto con todos los familiares y amigos que nos acompañaban. Cuando todo acabó, mi marido con mucha paz me cogió del brazo y en medio del silencio de todos los familiares y de sus miradas, nos marchamos con paso firme a casa a descansar. Mi marido dijo: Cariño, ya estas tranquilo. Los días que han sucedido a esta historias son hermosos y llenos de vida, mi hijo se que está con nosotros. Bueno, también han sucedido esas "casualidades" que llaman algunos, te cuento. La semana siguiente al funeral por las noches veíamos un ratito juntos la televisión, daban las típicas series que hacen reír a cualquiera. Pero a nosotros nos dejaron dos veces sorprendidos. En días distintos, y en series distintas aparecían dos actores que los llamaban José Miguel, y mi marido y yo nos mirábamos con sorpresa. Yo con agrado de ver que mi hijo se hace notar, y mi marido, tristemente para él decía, es que no hay otro nombre todo el mundo se llama José Miguel. Para mi era como un mensaje de buenas noches de mi hijo. No me olvido de dos cositas que han pasado, una fue a Chicha, que le dijo a su hermana Pili lo que le había sucedido a José Miguel, y su hermana en esos momentos escuchó una canción de un autor, Cano, que narraba la historia de un niño fallecido y de que estaba en cielo. También fue curioso lo de Josefina que al abrir la Biblia se encontró con la fotografía de una niña con la carita sucia, y despeinada, y en el pie de foto dice: Experiencias dolorosas preparan los ojos limpios que verán a Dios. Cada día rezo las lecturas del día, veo y siento como Dios cuida de nosotros. Me ha dado tanta fuerza, que he pedido dar catequesis a mis chicos del año pasado. También nos acordamos de la familia UCI, es decir, todos aquellos familiares que tienen y han tenido a alguien enfermo, le pido a Dios y a mi hijo que los cuiden, y que sea su voluntad. Como conclusión, Dios me ha demostrado que nos ayuda en el día a día, y que está muy cercano a nosotros, sólo tenemos que estar atentos, y El no me ha dejado, me ha ayudado en esta situación. GRACIAS, DIOS MIO.
Juana León Marín |