CAMBIO ESTRUCTURAL DE LA IGLESIA. Asentamiento eclesial y civil de la comunidad

Creado en Lunes, 13 Marzo 2017 Última actualización en Martes, 14 Marzo 2017

CAMBIO ESTRUCTURAL DE LA IGLESIA

Asentamiento eclesial y civil de la comunidad

 

1. El teólogo alemán Karl Rahner (1904-1984) con su libro Cambio estructural de la Iglesia (Ed. Cristiandad, Madrid, 1974) respondía a estos interrogantes: ¿Dónde nos encontramos?, ¿qué hemos de hacer?, ¿cómo imaginar la Iglesia del futuro? Más de cuarenta años después, es útil revisar y preguntarnos: ¿Dónde estamos?, ¿qué hemos de hacer?, ¿qué supone el asentamiento eclesial y civil de la comunidad?, ¿cuáles son los desafíos del momento presente?

2. "La situación de los cristianos de hoy y, por tanto, de la Iglesia es la de la transición de una Iglesia de masas (en concordancia con una sociedad y una cultura homogénea) a una Iglesia como comunidad de los creyentes, que en una opción personal y libre de fe se colocan también a distancia de la mentalidad y del comportamiento ordinario en el entorno social". Esto supone mantener "una relación crítica" frente a la sociedad y a los poderes dominantes en ella. “Así será la Iglesia del futuro, o bien dejará ya de ser", "los responsables oficiales de la Iglesia, junto a una función legítima de conservar lo recibido, tienen asimismo en cuanto tales el derecho y el deber sagrado de cuidar previsoramente de que la Iglesia pueda subsistir en una situación futura" (pp 30-34).

3. Pequeño rebaño: "En la sociedad somos una pequeña grey, y seremos una grey aún más pequeña, porque la erosión de los presupuestos de una sociedad cristiana sigue progresando en la sociedad profana y cada vez le quita más base al cristianismo tradicional", "la posibilidad de conseguir nuevos cristianos de un medio ya no cristiano es la única prueba vital y convincente de que el cristianismo tiene hoy también una posibilidad real de futuro" (pp. 40-41).

4. Por diversos motivos (de mentalidad, de sentido de la vida, de modelos), se dan en la Iglesia grupos de todo tipo “desfasados entre sí": "Entonces al cristiano no le queda otro recurso que contar con esa situación, soportarla con paciencia y mantener en la Iglesia una unidad eficiente, pese a todas las dificultades resultantes de ese hecho". Ahora bien, “¿por qué un grupo no debería considerar al otro como una instancia crítica para sí mismo, cosa que le es absolutamente imprescindible?" (pp. 45-46 y 53).

5. Hacia un futuro imprevisible: "Toda planificación del futuro de la Iglesia en las próximas décadas no nos dispensa de la necesidad de marchar hacia un futuro imprevisible, de la audacia y el riesgo y la esperanza en la insondable gracia de Dios". Se impone una libertad creativa: "es preciso tener el valor de llegar a auténticos imperativos y directrices con una imaginación creadora, en definitiva inspirada carismáticamente". Hay que sentar prioridades: "Tampoco la Iglesia puede hacer en cada época con la misma intensidad todo lo que está incluido en el ámbito de su misión y su tarea" (pp. 57-60).

6. Somos y seguiremos siendo “la Iglesia católica romana”, pero una relación crítica con la Iglesia pertenece a la esencia del cristianismo: "el ejemplo de Pablo frente a Pedro en la Carta a los Gálatas tiene sin duda aún un significado para nosotros", "se puede desear ciertamente que los procesos decisorios en la Iglesia tengan lugar con la participación activa del mayor número posible y transcurran de modo transparente" (pp. 66-69).

7. Será una Iglesia desclericalizada, es decir, "una Iglesia en la que incluso los responsables oficiales cuenten con alegre humildad con que el Espíritu sopla donde quiere, con que no les ha dejado a ellos una herencia exclusiva; con que los carismas, que nunca son enteramente regulables, pertenecen a la Iglesia de una forma tan necesaria como los cargos oficiales", será una Iglesia que crezca desde abajo, “cuya realidad se apoye más allá de la mera teoría en esa opción libre de fe de los individuos”, “habrá naturalmente también un estamento oficial, porque sin él no puede darse una sociedad”, “este estamento dirá también con todo derecho que estriba en la misión procedente de Cristo y no en la mera asociación de los creyentes", "la eficacia de esos poderes oficiales vendrá constituida o mediatizada en el futuro realmente por la obediencia de la fe, que los creyentes prestan desde abajo a Jesucristo y su mensaje", "los responsables oficiales tendrán en el futuro tanta autoridad efectiva, ejercida no sólo en teoría, cuanta les sea concedida por la libertad de los creyentes a través de su fe". Esto tiene unas consecuencias para el estilo de vida de los responsables oficiales, "hoy todavía demasiado similar al estilo de vida de los funcionarios públicos de la sociedad profana" (pp. 71-74).

8. Evitando la introversión, será una Iglesia solícita en el servicio. La Iglesia, pese a estar enviada a todos, no puede ya decir que “fuera de su forma visible no hay salvación”. Entonces, la consecución de nuevos cristianos "no es tanto ni ante todo la salvación de los que, en caso contrario, estarían perdidos, sino la consecución de testigos que como signo para todos pongan de manifiesto la gracia de Dios que actúa en todas partes del mundo", "ha de luchar por la justicia y la libertad, por la dignidad humana, incluso cuando más bien se perjudica a sí misma, cuando una alianza con los poderes dominantes, aunque fuese oculta, a primera vista más bien le favorecería", "nos debería sorprender lo poco que la Iglesia entra en conflicto con las instituciones sociales y con los poderosos" (pp. 77-79).

9. La Iglesia ha de ser una institución  moral, pero no moralizante. Con esto no se pretende atenuar el mensaje de Cristo en sus exigencia morales: "Uno está moralizando cuando expone las normas del comportamiento moral de un modo desabrido y doctrinario", "cuando los principios morales no quedan referidos al núcleo íntimo del mensaje cristiano, que es el mensaje del espíritu vivo, el mensaje de la liberación de una ley meramente externa, el mensaje del amor que, cuando se impone, no está sometido ya a ninguna ley" (p. 84).

10. Hemos de ser una Iglesia de puertas abiertas: "No vamos a negar la importancia teológica y también social del bautismo para pertenecer a la Iglesia. Pero, según la doctrina católica, el mero hecho de estar bautizado no es ya de por sí constitutivo para ser miembro auténtico y pleno de la Iglesia. Y mucho menos en una época en que todo lo meramente ritual se considera con el máximo recelo", "el puro empadronamiento civil en una Iglesia confesional no basta desde luego para esa pertenencia a la Iglesia desde un punto de vista personal y teológicamente auténtico. Para ello es necesaria una fe cristiana de verdad",  "tenemos en la Iglesia un gran número de personas que pertenecen a ella por causas sociológicas, por tradición, por costumbre familiar, por influjos de la primera infancia, de un modo folklórico”, “en muchos casos no serán nada distintos de muchos que sociológicamente están dentro de ella", "más si suponemos la existencia de bautizados en ambos”, “la Iglesia debe tratar a los dos grupos más o menos igual". Además, están "quienes poseen un vivo interés por la vida de la Iglesia, por su misión en el mundo, por una confrontación intelectual con la fe cristiana. Propiamente ellos son hoy los que antes se llamaba catecúmenos, que no comienzan a serlo sólo cuando ponen de manifiesto una decisión firme de pertenecer plenamente a la Iglesia" Ahora bien, “si uno no confiesa al Dios vivo y a Jesús como Señor, está fuera de la Iglesia. Ni aun la Iglesia de puertas abiertas es una feria donde pudieran darse cita todas las opiniones" (pp. 89-93).

11. La Iglesia debería ser hoy una Iglesia con valor para dar directrices concretas, "incluso en la actuación sociopolítica de los cristianos en el mundo", "los principios cristianos, mantenidos y expuestos como doctrina autorizada por el magisterio eclesiástico, incurren en una notable abstracción y también en una singular ineficacia" (p. 95).

12. Hemos de ser una Iglesia de espiritualidad auténtica: "En el terreno de lo espiritual, somos, hasta un extremo tremendo, una Iglesia sin vida", "¿dónde hay, por encima de toda inculcación racional de la existencia de Dios, una mistagogía de cara a la experiencia viva de Dios que parta del núcleo de la propia existencia?", "¿cuándo nos convencemos de que todo compromiso crítico y sociopolítico, que hoy es deber sagrado de los cristianos y de la Iglesia en cuanto lucha por una mayor libertad y justicia, encierra o ha de encerrar en sí una espiritualidad oculta, porque para el cristiano nace del compromiso íntimo y absoluto que coloca al hombre ante Dios, se dé cuenta o no de ello?". La Iglesia "no debe degenerar en una asociación humanitaria de beneficencia".

13. Hemos de anunciar la experiencia de Jesús: “Si la cristología tradicional ha de resultar inteligible y creíble hoy, no puede consistir tan sólo en el enunciado de una "cristología de arriba", sino que ha de partir de la experiencia de Jesús. Si se parte de esta cristología más primigenia, "se podría conseguir un acuerdo muy amplio (lo cual no quiere decir que sea general sin más) entre quienes se quieren llamar cristianos. Y al revés, la confesión de Jesús como el Cristo y el Señor, palabra última y definitiva de Dios en la historia, podría cobrar vitalidad y tener un talante más libre y alegre". Con esta "doble y única confesión de Dios y de Jesús", la Iglesia puede ser cada vez mejor la Iglesia del misterio (pp.102-110).

14. Hemos de ser una Iglesia abierta: "No podemos quedarnos en el ghetto ni debemos volver a él". Se da una secta "cuando la gran mayoría de un grupo social se retira de hecho o a propósito de la vida pública de la sociedad y se limita a protestar, a ver alrededor un mundo que va de mal en  peor, cuyos objetivos y deberes intramundanos no le interesan ya a uno, al menos en cuanto miembro de ese grupo sectario, cuyo estilo de vida está encuadrado por la mayor cantidad posible de prohibiciones de tipo tabú; cuando se procura ofrecer dentro de la secta, de modo autárquico, lo máximo posible de la vida que, al fin y al cabo, hay que llevar; cuando con toda naturalidad se considera como enemigos más o menos peligrosos a quienes no pertenecen a ese grupo; cuando se sabe con toda exactitud y en cada momento cuál es el partido político al que ha de dar su voto un miembro de esa secta" (pp. 114-115).

15. En el futuro habrá pluralismo en la Iglesia: "No tiene por qué amenazar la propia consistencia de una Iglesia firme dogmáticamente y consciente de sí misma, puesto que hay un ministerio que preserva, fomenta y defiende siempre el depósito entero de la fe cristiana, sin por ello tener que tratar expresamente en cada caso de reducir al silencio las voces que surgen en la Iglesia y en torno a ella en contra o con riesgo de esa doctrina" (p. 123).

16. Será una Iglesia ecuménica. La unidad pretendida y posible será mucho mayor que la que ha presentado nuestra Iglesia desde los tiempos de la Reforma: "una unidad del tipo exacto al que estábamos acostumbrados no se puede ni se debe perseguir siendo realistas, pues ni es realizable ni el dogma católico lo exige de verdad", "la función futura del papado queda referida al mantenimiento de la unidad de la Iglesia, con una gran autonomía de las Iglesias parciales, y a la salvaguardia animosa y decidida de la sustancia fundamental de la fe cristiana" (pp. 125-129).

17. Será una Iglesia desde la base: "Una Iglesia que se construirá desde abajo por medio de comunidades de base de libre iniciativa y asociación". La Iglesia no se hará presente como antes, asumiendo y prolongando los hijos el estilo de vida de los padres y siendo bautizados y adoctrinados por la Iglesia: "La Iglesia sólo se hará presente al irse haciendo de modo continuo mediante la decisión libre de fe y la libre formación de comunidades por parte de los individuos, inmersos en una sociedad profana que no estará ya de entrada marcada cristianamente".

18. "Es claro que aquí y ahora no se puede ni se debe suprimir sin más las parroquias, repartidas territorialmente de un modo uniforme, al estilo casi de los puestos de policía. Tanto más cuanto que es posible que ya hoy haya parroquias concretas que por su concreta estructura y vitalidad se aproximen a las comunidades de base a que nos referimos o al menos tengan la oportunidad de llegar a ser como ellas. Pero las parroquias en el sentido de distritos administrativos de la Iglesia oficial, que atiende desde arriba a las personas, no son las comunidades de base que desde abajo han de edificar la Iglesia del futuro. Por razones teológicas y también por el testimonio de la historia resulta que las parroquias concebidas a partir de un determinado territorio no pueden constituir por sí mismas los elementos básicos de la Iglesia".

19. "Si a partir de los cristianos mismos se constituyen comunidades vivas, si tienen y alcanzan una cierta estructura, una cierta firmeza y estabilidad, tienen tanto derecho como una parroquia territorial a ser reconocidas como elementos básicos de la Iglesia, como Iglesia, por la Iglesia del obispo y por la Iglesia universal, aunque su principio asociativo concreto no sea un territorio señalado por la curia diocesana y que comprende sin más a los cristianos allí residentes".

20. "Naturalmente que una comunidad de base se habrá desarrollado más allá de un grupo de afinidad, de una pequeña asociación eclesial de pocos cristianos, para convertirse en un elemento básico de la Iglesia, en una iglesia local, tal como antes lo era o al menos lo debía ser la parroquia, tan sólo cuando esa comunidad de base pueda realmente hacerse cargo de las funciones esenciales de la Iglesia (en el anuncio organizado del evangelio, en la administración de los sacramentos, en el amor cristiano, etc) y ser el lugar evidente para la celebración siempre renovada de la eucaristía. Pero si se da una tal comunidad procedente de abajo y formada por la libre opción de fe de sus miembros, tiene derecho a ser reconocida como Iglesia del obispo y a que éste reconozca, mediante la ordenación a su dirigente, en tanto que pueda cumplir las funciones necesarias".

21. "Las cualidades y condiciones exigidas para ese dirigente pleno de la comunidad (también en cuanto presidente de la eucaristía) no han de adecuarse al modelo de un sacerdote universal que pudiera llevar a cabo su misión en cualquier otra parte y ejercer también funciones que sobrepasan las de una pequeña comunidad de base, sino que han de ser consideradas con relación a la comunidad de base y a las necesidades de su dirección en la situación concreta", "el sacerdote, en cuanto dirigente de una comunidad local, no tiene por qué ser considerado según el esquema de un funcionario estatal, que es trasladado, asciende y es el representante de un Estado, que se presenta como un poder extraño ante un determinado grupo humano, siendo propiamente el que lo organiza", "si la Iglesia en una situación concreta no puede encontrar, sin renunciar a la obligación del celibato, un número suficiente de esos dirigentes sacerdotales de comunidad, entonces es evidente que ha de renunciar a esa obligación y no tiene por qué discutirse más teológicamente".

22. "Estas comunidades de base tienen desde luego el deber de mantener la unidad con la Iglesia del obispo; deben por ello constituirse como miembros de la gran Iglesia, aunque ello requiera, desde su propio punto de vista, ciertos sacrificios y renuncias; tienen que observar las leyes legítimas de la Iglesia universal que se puedan cumplir; con todas sus peculiaridades, incluso teológicas, que puedan tener, no han de pretender desarrollar una teología propia sectaria y herética; tienen que mantenerse abiertas, de un modo autocrítico, a la vida de la Iglesia universal en verdad y amor, prestando también su contribución concreta por encima de las fronteras; su peculiaridad no debe extremarse tanto que no se lleven a cabo o queden atrofiadas determinadas funciones necesarias, supervisadas por la Iglesia del obispo en orden a su ejecución. Pero todo ello no excluye que una comunidad de base tenga su propia estructura y, si se quiere llamar así, una constitución que exija de sus miembros, libremente adheridos a ella, algo que raya realmente más allá de lo que una parroquia actual puede esperar de los suyos".(pp. 132-136).

23. "En este contexto podría plantearse también hoy la pregunta de si hoy o al menos mañana no hay que tener en cuenta, a partir de la situación social profana, a una mujer igual que a un hombre para dirigir una comunidad de base, confiándosele mediante la ordenación el ministerio sacerdotal".

24. "Si una comunidad de base es realmente viva, si es el resultado de una opción libre de fe cristiana en medio de un mundo secularizado, en el que el cristianismo no puede apenas ser ya transmitido con el poder de la tradición social, entonces la organización eclesial en su conjunto es un servicio a esas comunidades, y no son, al revés, las comunidades medios para el fin de una burocracia eclesial que pretende defenderse y propagarse a sí misma", "no se niega que en muchos casos, o incluso en la gran mayoría, una comunidad de base, necesaria en el futuro, surja de un desarrollo vital de las actuales parroquias. El concepto de comunidad de base no excluye el principio territorial para formar la comunidad, aun cuando tampoco lo incluya necesariamente. En la práctica, la mayor parte de las comunidades de base estarán también condicionadas territorialmente en alguna medida, porque de hecho las cosas son así, aunque con ello no se afirma tampoco que el territorio de una comunidad de base excluya de suyo geográficamente el territorio de otra" (pp. 139-141).

25. En una comunidad de base será normal que todos se responsabilicen del servicio divino, colaborando activamente; que todos, cada uno a su estilo, tomen parte activa en el anuncio del evangelio y en su actualización con vistas a la situación concreta de la comunidad; que, por tanto, se lleve a cabo la llamada homilía participada; que se suscite en la comunidad en cuanto tal una conciencia cristiana; que los miembros de la comunidad, y también las familias en cuanto tales, asuman una responsabilidad mutua con una ayuda muy concreta; que la comunidad desempeñe su misión a la Iglesia y al mundo, más allá de sus propias fronteras. Además, "hay que procurar un auténtico término medio, evitando tanto una introversión sectaria de la comunidad en sí misma como también una atenuación tal de las exigencias a cada uno que la comunidad de base vuelva de nuevo al nivel de una parroquia a la antigua, en la que quizá un núcleo, pero no la comunidad en cuanto tal, se aproxime al ideal de una comunidad de base" (pp.142-143).

26. "Un cristianismo concreto y vivo no puede transmitirse hoy ni sobre todo mañana, simplemente con el poder de una sociedad cristiana homogénea, que cada vez la hay en menor medida, ni con medidas administrativas desde arriba ni con la enseñanza religiosa, por mucho que se dé en todas las escuelas públicas y llegue a todo niño, sino que ha de ser llevado al futuro mediante el testimonio y la vida de una comunidad cristiana auténtica, que vive en concreto lo que quiere decir propiamente cristianismo. Estas comunidades no pueden abarcar ya en el futuro territorial y socialmente el conjunto de la población; pero si al mismo tiempo están volcadas hacia fuera con auténtica intensidad y apertura, podrán ser exponentes de la auténtica fuerza misionera de la Iglesia para el futuro".

27. "Quizá sería muy útil que los juristas se fuesen preocupando con tiempo de cómo podría constituirse jurídicamente (según el derecho de asociación, patrimonial, etc) una tal comunidad de base del futuro, de cómo podría concebirse según el derecho civil su relación con la Iglesia del obispo, etc., para que así la comunidad de base obtenga una consistencia jurídica profana lo más firme posible, estando asentada también de un modo eclesial y teológicamente correcto", "en una previsión correcta del futuro habría que incluir esas consideraciones jurídicas sobre el status de una comunidad de base en la sociedad profana, yendo más allá de las necesidades de ese tipo que ya hoy tiene una comunidad de base, si es que es de nueva formación y no significa simplemente nueva vida dentro de la parroquia tradicional, con lo cual estaría ya respaldada jurídicamente" (pp. 143-145). Ver a este respecto Asociaciones canónicas de fieles, Simposio celebrado en Salamanca del 28 al 31 de octubre de 1986, organizado por la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Pontificia.

28. La Iglesia del futuro ha de ser una Iglesia democratizada. Dejando por el momento de lado al ministerio supremo del Papa, "no hay propiamente derecho divino alguno referente a la manera de elegir y designar en concreto al que haya de ocupar otro cargo cualquiera en la Iglesia" (pp. 146-147).

29. Hemos de ser una Iglesia con actitud crítica ante la sociedad. No se puede dejar fuera la cuestión del servicio de la Iglesia al mundo, el compromiso social y crítico de la Iglesia en todos sus miembros y grupos diversos. Si por las razones más diversas la sociedad puede y debe ser cambiada, "en una tal sociedad, el amor al prójimo adquiere también (no sólo) un carácter sociopolítico, se vuelve necesariamente voluntad de mejorar la sociedad; no es sólo sentimiento ni relación privada entre los individuos, sino que aboca al cambio de las instituciones sociales, si es que es lo que ha de ser". En caso contrario, estaría justificada la sospecha de que "la Iglesia es una potencia conservadora, defensora de lo establecido" (pp. 151-153).

30. "Una vez que una persona ha recibido ya todas las cosas que necesita, que le corresponden por derecho o por deseo, le falta aún siempre aquello de lo que tiene más necesidad”, “aquí hay una tarea social para las comunidades de base", “en la comunidad de base se da el ámbito adecuado para un amor al prójimo lejano, que no es ni mera simpatía espontánea ni justicia institucionalizada", "sólo allí puede ser una misma cosa la ayuda material y el encuentro personal" (pp. 158-159).

 

* Diálogo: ¿Dónde estamos?, ¿qué hemos de hacer?, ¿qué supone el asentamiento eclesial y civil de la comunidad?, ¿cuáles son los desafíos del momento presente?