RECUERDO DE UN VIAJE

 

- ¿Qué recuerdo tiene de aquel viaje a Fátima con el cardenal Luciani?

- Recuerdo aquella mañana de finales de agosto (el 9 de julio) de 1977, éramos 35 personas unidas a nuestro patriarca y al coordinador de la peregrinación el presidente de Unitalsi monseñor Antenore Carli, en el aeropuerto de Tessera esperando salir hacia Portugal, a Fatima; era un espléndido día de sol; recuerdo que a causa de una avería en el sistema eléctrico del avión, salimos con retraso, y esto produjo un problema de conexión en Roma con el avión que nos debía llevar a Lisboa; el caso es que nuestras maletas salieron mientras nosotros nos quedamos en tierra. El incidente se resolvió dándonos un provisionalmente alojamiento en un hotel de Roma, para después seguir viaje al atardecer y llegar a destino en plena noche.

Durante las horas transcurridas en el hotel de Roma el patriarca se paraba a hablar con los peregrinos del grupo para animarlos, permaneciendo un poco acá y un poco allá, su palabra y su sonrisa hicieron que desapareciera el enfado por lo que había pasado, y el tiempo pasó veloz sin ningún malhumor. Por la tarde nos llevaron al aeropuerto, y ¡finalmente salimos!

Porque su Eminencia sabía que yo en aquella ocasión iba como colaborador de monseñor Carli, durante el vuelo me pidió si podía conseguirle un vaso de agua para tomar una pastilla; después, con gran sorpresa de mi parte, me dijo que sería deseo suyo poder gozar de una panorámica de Madrid mientras sobrevolábamos la ciudad. Enseguida procuré poder satisfacer este deseo, me acerqué a la azafata, le dije que el patriarca de Venecia quería gozar de esta visión, ella fue inmediatamente a pedir al comandante este excepcional permiso, y volvió con el visto bueno del comandante. Enseguida noté la alegría del patriarca, en su rostro brotó natural aquella sonrisa que en su corazón canta el amor.

Cuando la azafata nos indicó que fuéramos hacia ella, fuimos rápidamente; nos abrió la puertecilla de la cabina de mando y tras un fugaz saludo del comandante y del personal de vuelo, fuimos invitados a acercarnos a los cristales para poder ver mejor Madrid todo iluminado: el espectáculo era maravilloso, miré al patriarca, estaba embelesado por la maravilla, miraba a derecha y a izquierda. Estaba satisfecho y feliz, lo agradeció sinceramente al comandante y a todos los presentes con su estilo cordial y sencillo.

Nos alojamos en un hotel cercano al santuario de Fátima, él se levantaba pronto, una mañana le encontré a pocos pasos de la escalinata, le pedí una oración particular por mi familia; me hizo una señal de bendición, le saludé familiarmente, era lo que quería de nosotros los peregrinos.

- ¿Qué emoción tuvo al participar en la misa del patriarca en la capilla del monasterio donde vivía sor Lucía?

- Otro recuerdo de este maravilloso viaje fue cuando todos juntos visitamos el lugar de las apariciones de la Virgen, y la casa donde vivió sor Lucía y su familia...Después nos pusimos camino de la ciudad de Coimbra donde está el convento de sor Lucía. En la capilla el patriarca celebró una particular misa, con la presencia de sor Lucía, tras la rejilla.

También en este caso participé en los preparativos en la sacristía, para mi fue una alegría servir a su Eminencia. Al terminar la celebración, el patriarca se retiró a hablar con sor Lucía, mientras todo el grupo esperamos con ansia poder saber cualquier novedad.

Era hora de comer, una sala reservada de un restaurante nos esperaba; tomamos asiento, una mesa estaba reservada para su Eminencia, monseñor Carli y otros colaboradores; a viva voz un poco todos le preguntamos si sor Lucía le había revelado algún secreto; el patriarca se levantó y nos dijo: "Esta monja pequeñita pero grande en el diálogo me llamaba Santidad; aunque yo le decía que era un simple cardenal, ella seguía dirigiéndose con gran respeto, e inclinándose me decía ¡Santidad! Nada me ha revelado, es una queridísima persona".

Visitamos Lisboa y después con pesar el patriarca nos abandonó por compromisos que tenía ya programados y con una bendición a todos nos deseó una buena continuación del viaje.

Nos quedamos con pena y al mismo tiempo con infinita alegría por haber podido vivir intensamente esos tres días junto a un hombre que desprendía verdadero amor por la humanidad.

Por ello llevo conmigo este recuerdo para siempre y vislumbro siempre su imagen con la sonrisa feliz que te da la fuerza de vivir en paz.

Cierro este recuerdo mío diciendo que sor Lucía fue profética llamándolo "Santidad".   

Ugo Padoan (Humilitas, octubre 2005, 11)